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Venezuela: una economía dependiente
José Guerra

Martes, 18 de marzo de 2008

Entre los economistas venezolanos y latinoamericanos estuvo en boga durante las décadas de los sesenta y setenta, el tema de la dependencia externa de las economías. Con ello se hacía referencia a la incapacidad crónica de fomentar la producción nacional, con el objeto de satisfacer la demanda interna y generar una base exportadora que permitiese diversificar los ingresos para de esa manera superar o mitigar la vulnerabilidad. Con ese fin se promovió la política de sustitución de importaciones para producir localmente lo que se importaba. Fueron líderes de ese proceso Brasil, México y Argentina quienes lo iniciaron a comienzo de los años cuarenta. En Venezuela, esa política sustitutiva comenzó a ejecutarse, como acción deliberada del Estado, de la mano del primer gobierno de Rómulo Betancourt, en 1959, mediante un conjunto de incentivos tales como créditos baratos, subsidios y restricciones a las importaciones. A partir de allí en Venezuela se inicia un proceso claro de industrialización primaria, pero industrialización al fin y al cabo y de esa manera en dos décadas Venezuela conformó un plantel industrial nada despreciable comparado con sus pares de América Latina, orientado básicamente a satisfacer el mercado interno

Todo ese esfuerzo se ha venido perdiendo, gradual pero sostenidamente a partir de 1996, cuando es visible una caída significativa en el número de establecimientos manufactureros de Venezuela. Durante el gobierno de Hugo Chávez no se ha hecho otra cosa que agudizar esa tendencia hasta hacer del parque y las zonas industriales de Venezuela especie de escombros, debido a una política nefasta cuyas vertientes han sido las siguientes. En primer lugar, un ataque sostenido contra el sector productor lo que se ha traducido en invasiones, expropiaciones y confiscaciones de propiedades y medios de producción. En segundo término, una política suicida que desde 2003 ha mantenido el tipo de cambio fijo con la vana pretensión de disminuir la inflación, todo lo cual se ha expresado en importaciones masivas que destruyen el empleo nacional y lo fomentan en el exterior. Tercero, un sistema de control de cambios que hace complicado el acceso a las divisas para satisfacer los requerimientos de materias primas y bienes de capital para ampliar la capacidad de producción. Finalmente, un esquema de control de precios inútil que lo que hace es acumular la inflación sin resolverla al tiempo que destruye la rentabilidad de los sectores productores. Todo ello se ha expresado en una disminución del parque industrial de Venezuela desde 11.117 establecimientos productivos hasta 7.208 unidades en 2006, lo que se traduce en una disminución de 35,2%. Aquí reside una de las causas del desabastecimiento cíclico que se observa en la economía venezolana. Los grupos económicos con los cuales el presidente Chávez soñaba con desplazar a los tradicionales han sido un completo fiasco y mucho de sus representantes lo único que han hecho es servir de tramitadores de oficio de préstamos en diferentes entes del Estado, utilizando para ello los generosos recursos financieros puestos a su disposición.

De esta manera, en 2007 y tras haber recibido recursos inimaginables por exportaciones petroleras, la economía Venezolana ha involucionado hacia una situación de debilidad tal que la retrotrae algo así como a 1950, transformándola de nuevo en una factoría petrolera, que nada produce y casi todo lo importa. La base de exportaciones no petrolera que con tanto esfuerzo y luchando contra la corriente se estableció en Venezuela a lo largo los años setenta, ochenta y noventa, prácticamente ha desaparecido al punto tal que en 2007 se exportó menos que en 2004, no obstante el vertiginoso aumento de los precios de los bienes exportados. Así, se ha conformado un cuadro muy peligroso de dependencia y vulnerabilidad externa que hace colgar la economía nacional del hilo petrolero, lo que puede comprometer la alimentación de los venezolanos en un contexto en el cual todas las materias primas y bienes agrícolas están experimentando alzas de precios en el mercado internacional. Por ahora nos ha salvado el petróleo. Como es evidente del cuadro anexo, al cierre de 2007 es notoria la situación de precariedad del abastecimiento interno para satisfacer la demanda, lo que ha hecho de Venezuela más una economía de consumo que de producción.

joguerra@gmail.com

 
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