Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Síntesis de Noticias - Economía

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El asunto no es "defender" las empresas básicas, es sanearlas

Eliécer Calzadilla

Martes, 26 de junio de 2012

Entre las costosas barbaridades que ha implantado el chavismo gobernante se cuenta la demonización del trabajo tercerizado; incluso se ilegalizó su práctica en la nueva Ley del Trabajo que, en uso de las facultades monárquicas de una inconstitucional ley habilitante, decretó el Presidente de la República







   Foto: Google

En los días del borracho entusiasmo estatizador de Sidor (ahora está virtualmente quebrada), varios representantes del régimen proclamaron que el trabajo tercerizado se equipara a la esclavitud. Aquellas inflamadas y patrióticas proclamas surtieron su efecto: hace un par de meses el movimiento de tercerizados de Sidor, que agrupaba unos cuantos miles de trabajadores de contratistas de la siderúrgica, denunció en la prensa local que más de 600 patriotas, falsos tercerizados, fueron ingresados a la nómina de Sidor a cambio de pagar un precio por el empleo.

Eso significa que los “vivos” de siempre cabalgan en el discurso demagógico del gobierno y que Sidor tiene ahora que ingresar también a los “verdaderos” 600 tercerizados que fueron desplazados por los que pagaron por el cupo de empleo sin haber estado jamás en Sidor, ni como visitantes. (A propósito del trabajo tercerizado: no descarto que se preste para abusos, que de hecho los hubo en muchos centros de trabajo, pero proscribirlo es una estupidez que hace inviables, inservibles e irrecuperables las llamadas empresas básicas de Guayana y otras estatales y privadas.

Parafraseo a Savater, que cuando le preguntan por asuntos parecidos dice que él no está de acuerdo en proscribir la electricidad porque se le use para energizar las sillas eléctricas donde se ejecutan las penas de muerte: lo que hay que eliminar es la silla eléctrica. Los abusos con la tercerización se deben a la ausencia de Estado y a la corrupción de los entes públicos).

El caso que he contado es apenas uno de los muchos ilícitos y desastres administrativos y gerenciales con los que el régimen ha contaminado las empresas básicas. Hay otros: mafias que suministran y compran, y excluyen a los que pueden competir, integradas por parientes, amigos y compadres de los funcionarios y gerentes; cobro de comisiones por y para toda gestión; centenares, miles tal vez, de trabajadores que no trabajan y cobran completo, bien porque desempeñan nominalmente funciones de supuesta representación laboral, bien porque son fichas partidistas, suerte de comisarios políticos, vagos de oficio. Hay otros cientos que están en nóminas, acuden al sitio de trabajo y no trabajan porque no tienen competencias para estar allí. Hay en los patios y oficinas de las grandes empresas malandros armados que atracan y amedrentan a los trabajadores a diario.

Tengo amigos y gente que conozco trabajando duro en los diagnósticos y propuestas para “salvar las empresas básicas”. Tengo para mí que ese planteamiento es infeliz: las empresas están allí, unas peor que otras desde el punto de vista técnico, financiero, ambiental y productivo propiamente dicho. Desde mi punto de vista, las empresas básicas son un cementerio donde lo que se vende se produce al doble del precio de venta, y se pagan unas nóminas en parte con dinero del petróleo y en parte con liquidación de activos bajo la corrupta figura de préstamos ilegales, encubiertos con el ropaje mafioso de “ventas a futuro”. Pienso también que el deterioro de la ética laboral y administrativa que el régimen implantó en esas empresas es peor que la destrucción de instalaciones, equipos, líneas de producción y plantas, que costará reconstruir con mucho dinero y trabajo.

Tengo información que dice que si hoy se restablecieran las destruidas capacidades instaladas de las plantas (valga la paradoja), no hay energía eléctrica para arrancarlas ni la habrá en el corto o cercano mediano plazo: se quedaría sin energía la mitad del país, por eso Alcasa, Venalum, Bauxilum y Carbonorca son plantas fantasmas (Alcasa y Venalum han importado aluminio a $ 4.30 y lo han vendido a dólar a mayor precio para pagar la nómina, una vergüenza).

Hay tres cuentos gastados de tanto manoseo: uno, las fulanas plantas termoeléctricas que habrá que construir para que se pueda restituir la energía que requieren las plantas; eso lleva tiempo y de aquí allá, con bajos precios petroleros, ¿quiénes construirán las plantas? Dos, “el desarrollo aguas abajo”; tengo 37 años oyendo este cuento, ¿en un mundo globalizado, de alta y compleja competitividad, cómo se le da contenido a esta frase hueca de “aguas abajo”?, ¿qué producir, a qué precios, para cuáles mercados? Y tres, el cuento más inverosímil, “salvar las empresas” cuando lo que hay que salvar es a la gente, a la ética que queda, a los trabajadores honestos que trabajan.

Sanear es el verbo. Con el régimen chavista en el poder no es posible. Guayana, su destino, su gente, sus trabajadores y sus sueños dependen de una derrota al régimen el 7 de octubre, es decir, de una victoria de Capriles, lo demás es un cuento, un desgaste, una mentira, habladera de paja.


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