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Sección: Economía

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El debate sobre la libra esterlina y el euro

Nick Herbert

Lunes, 28 de agosto de 2000

AIPE- El ex presidente de Francia, Francois Mitterrand, en una ocasión dijo: “Francia no lo sabe, pero estamos en guerra con Estados Unidos. Sí, una guerra permanente, una guerra vital, una guerra económica, una guerra sin muertos. Los americanos quieren dominar al mundo”. Esas no son las expresiones de un aliado, pero revelan la perspectiva franco-alemana que condujo a la creación del euro, la moneda única europea.

Actualmente, Gran Bretaña es un freno natural en el proceso de Europa en convertirse en un súper estado. Alrededor de 70% de los ciudadanos británicos se oponen al euro. Pero el gobierno británico ha decidido lanzar una campaña costosa y deshonesta para cambiar la opinión pública y esperamos un referéndum en menos de dos años.

Quienes apoyan el euro alegan que el debate es sólo acerca de la moneda, lo cual es un engaño que implica que el proyecto no tiene ramificaciones constitucionales y que es un debate meramente económico.

El proyecto es definitivamente político y la moneda única es el pretexto, el puente, hacia una integración aún más profunda, surgiendo propuestas para una constitución europea en el camino hacia el objetivo final: los Estados Unidos de Europa.

El principal beneficio que se nos ofrece a los ciudadanos británicos es una estabilidad en el cambio con la zona del euro, pero el costo es una política monetaria común y un mismo tipo de interés fijado por el Banco Central Europeo.

El euro no ofrece una puerta de emergencia; se trata de una unión irrevocable y es muy temprano para saber si una misma talla nos acomoda a todos en política económica. Ya hay presiones inflacionarias en cinco de los once países del euro, pero están disfrutando de crecimiento económico impulsado parcialmente por la devaluación del euro. La verdadera prueba vendrá con los malos tiempos y el peligro es que Europa haya creado una moneda antes de crear una nación.

Las economías del euro sufren de impuestos muy altos, regulación exagerada, mercados laborales inflexibles y alto desempleo endémico. Peor todavía, tienen un sistema de pensiones quebrado. Hasta el mismo Otmar Issing, economista jefe del Banco Central Europeo, advirtió recientemente que esta combinación de problemas es una amenaza mortal para la unión monetaria.

En Gran Bretaña el peso que tienen los patronos es mucho menor y el desempleo es más bajo. Hemos creado más puestos de trabajo en la última década que toda la zona del euro combinada. Gran Bretaña es el país menos regulado de las naciones industrializadas, según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), por lo que el mayor riesgo es el de tratar de integrar la economía británica a un modelo totalmente diferente al nuestro y uno que francamente no está teniendo éxito en el mundo moderno.

El propósito de la zona del euro es coordinar. No es buscar mayor flexibilidad sino “armonizar” los impuestos y la agenda a ser considerada en Niza a fines de año incluye una propuesta de eliminar el veto británico a las medidas impositivas y la adopción de una Carta de Derechos Fundamentales que volvería a imponer una serie de medidas que destruyen el empleo y que Gran Bretaña eliminó hace varias décadas.

Existe una diferencia filosófica fundamental entre el modelo económico anglosajón y el modelo dirigista europeo. Nosotros consideramos que el nuestro es un ambiente competitivo y de bajos impuestos. Ellos lo llaman competencia desleal. Nosotros señalamos al récord estadounidense en la creación de empleo y ellos lo descartan llamándolo un sistema de sueldos bajos en la “economía de la hamburguesa”, enfatizando la importancia de la protección social.

Europa, tras la retórica liberalizadora, se inclina a eliminar la competencia de afuera, en lugar de hacer reformas internas. Y mientras hablan de la “nueva economía” anhelan el desplome de Wall Street y de Nasdaq para probar que la “economía del casino” es un fracaso.

El verdadero peligro es que los países del euro no pueden competir en la economía global y recurrirán al proteccionismo. Los primeros forcejeos comerciales son con respecto a las bananas y la carne tratada con hormonas, ilustrando las crecientes tensiones entre América y Europa. Y Gran Bretaña sería la gran perdedora, ya que los estadounidenses invierten el doble en mi país que en Europa y Gran Bretaña es el mayor inversionista extranjero en Estados Unidos.

Si nos unimos al euro, nuestro poder de influenciar el comercio europeo declinará. Ha sido nuestra política internacional independiente lo que nos ha hecho servir de puente trasatlántico, pero eso no se lograría mantener con la actitud derrotista de algunos de mis compatriotas, quienes no saben distinguir entre consenso y concesión.

Nick Herbert es Presidente de Business for Sterling, la principal campaña empresarial en contra del euro en Gran Bretaña. Adaptado de una conferencia dictada en Heritage Foundation.

Artículo de la Agencia de Prensa AIPE© para Venezuela Analítica

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