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Sección: Economía y Petróleo
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Capitalismo: fracasos y evoluciónDomingo FontiverosDomingo, 12 de octubre de 2008
El capitalismo se ha recuperado de varios fracasos a lo largo de dos siglos. Al monolítico comunismo soviético, en cambio, le bastó una sola crisis para derrumbarse hace casi 20 años. Con el capitalismo, volverá a ocurrir lo mismo en esta terrible ocasión, a un grave costo, sin duda, que tomará tiempo en ser recuperado. Aunque estamos en una nueva realidad, y por tanto hay que aprender muchas cosas nuevas. Nuevo es que ahora no caen solo las grandes y antiguas bolsas de Europa, EE.UU. y otras economías libres, sino también las de Rusia y China, entre otras recién llegadas al ruedo. La crisis, evidentemente, es por primera vez un fenómeno realmente global, gracias a cambios institucionales y tecnológicos, y no puede atribuirse responsabilidad exclusiva por ella a algún país individual, ni siquiera a los EE.UU.. Por ello, los remedios inmediatos deben ser emprendidos globalmente, como está tratando de hacerse, lo cual implica algún grado de coordinación entre gobiernos, bancos centrales y, deseablemente también instituciones privadas. Pero estos remedios inmediatos sólo pueden estar orientados a detener el efecto dominó por el cual la pérdida de valor de papeles y compañías de un país se transmite al resto, en cascada, a medida que va rotando el planeta sobre su eje y avanza el reloj. Estas pérdidas ya han creado condiciones de pánico que conducen a correcciones excesivas a la baja en estos valores, aunque a diferencia de otros momentos, no ha llevado a corridas masivas de depósitos bancarios, que tendrían efectos destructivos mucho mayores a los vistos hasta ahora, y nadie quiere que ocurran. El escenario global está afectado también por la presencia activa y a veces militante, de actores estatales o paraestatales en los mercados financieros, lo que altera aspectos sustanciales de las pautas usuales de comportamiento, donde se da por descontado que la motivación de los participantes es económica y no política. Pero ello puede no estar presente cuando los actores son de naturaleza política o semipolítica, máxime si se trata de entes financieros o comerciales poseídos por gobiernos de países no democráticos, con escasos controles internos y mucho dinero. La creciente participación de entidades públicas en el comercio y finanzas internacionales se está convirtiendo de hecho en un condicionante adverso del mercado libre y constituye ya una forma de intervención directa de los Estados en la economía mundial, que representa desventajas, en algunos aspectos importantes, para los participantes privados. Adicionalmente, el gobierno americano, y otros muchos, están a punto de convertirse en accionistas de bancos, y pudieran serlo también de compañías no financieras, por imperativo de la crisis actual y la aparente ausencia de alternativas. Con ello se reafirma la tendencia anterior y se abre otro camino a la macrocefalia de los gobiernos en los escenarios de cooperación, competencia y conflicto en el marco de la globalización. De esta circunstancia, el sector privado sale debilitado y se fortalece el sector público en todo el mundo. Ello no le conviene al ciudadano común, y esperemos que esta dirección no llegue a consolidarse, para lo cual serán necesarios esfuerzos deliberados y coordinados también a nivel mundial. No deja de sorprender, entre paréntesis, que los macroreacomodos que están teniendo lugar, hayan sido disparados en apariencia por disparatadas operaciones individuales de financiamiento, circuladas a través de las centrales hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, que por contar con "carta" del Congreso americano, fueron consideradas como garantes triple AAA de sus obligaciones, como en efecto terminó ocurriendo "de facto", aunque en forma abrupta y desequilibrante. Mucha gente, sin embargo, compró casa y la conservará en lo adelante. Como decía al principio, tomará tiempo para que el mercado esté dispuesto a pagar por los activos inmobiliarios y otro títulos valores privados los mismos precios que hasta hace poco. Ello significa una pérdida neta de la "riqueza" social para buena parte del mundo, lo que deprimirá por un tiempo el consumo, vía efecto "Pigou", y la inversión. Ello apunta hacia una fuerte desaceleración para este último trimestre de 2008 y una contracción económica para algunos trimestres en 2009. Los índices de precio del comercio internacional mostrarán, como consuelo para el ciudadano del mundo, pero no para los grandes exportadores de "commodities", un descenso prolongado, que contribuirá a la siguiente recuperación global. Para ese entonces, la competencia entre productores de todo el mundo, será feroz. |
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