Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

Opinión y análisis

El sistema bancario venezolano: ¿Una externalidad negativa?
  Miércoles, 23 de octubre de 2002

AR presenta una entrevista con el Dr. Ignacio Oberto, especialista en los problemas de banca de inversión y con amplia experiencia en los procesos de reestructuración. Según su visión, la banca ha sido la beneficiaria de las olas de reestructuración, existe un proceso de transferencias de recursos de la economía real al sector financiero.

Analítica Research (AR): Dr. Oberto, quisiéramos conocer su opinión acerca de un tema donde Ud tiene amplia experiencia, el funcionamiento del sistema bancario venezolano y su relación con la economía real.

Ignacio Oberto (IO): Yo tengo una vieja preocupación acerca del mal funcionamiento del sistema bancario, y la vengo planteando a mis amigos economistas. Por lo general suponen que estos problemas sólo son una respuesta a las distorsiones macroeconómicas. Tengo la impresión de que los problemas son más complejos. Una parte de mi actividad profesional, y de muy vieja data, ha sido la reestructuración de deudas de compañías de todos los tamaños con el sistema bancario, y el problema de las negociaciones producto de las distintas olas de reestructuración financiera por las que ha atravesado el país.

Sí hay algo interesante en todo esto, es el carácter estructural que ha tomado el problema de las altas tasas de interés: creo que han dejado de ser un efecto para convertirse en una causa importante de los serios problemas que enfrentan las empresas.

Este problema dejó de ser el efecto de desequilibrios macroeconómicos, para en sí mismo convertirse en causa de los mismos.

Las olas de reestructuración. La actual es la más virulenta

Venezuela ha sufrido en los últimos años, tres grandes olas de reestructuraciones de deuda. Primero, la ola de 1989 producto del no reconocimiento de las cartas de crédito que en definitiva afectó básicamente a empresas del sector importador, empresas que tenían compromisos derivados de cartas de créditos en divisas bajo el antiguo régimen de divisas preferenciales. La segunda ola de 1993-1995, producto del colapso del sistema bancario que produjo el control de cambio que afectó también de manera significativa a empresas disímiles, pero que tenían un denominador común, que era deuda en divisas y en algunos casos fue producto de la imposibilidad legal de acceder a la divisa para el repago de la deuda, y también muchas empresas vinculadas a los satélites de los grupos financieros que colapsaron.

La última gran ola podría iniciarse en 1998 y dura hasta el 2002, para nosotros es la ola producto de la recesión económica generalizada. Las empresas, por razones históricas, se caracterizan por insuficiencia patrimonial con altos niveles de endeudamiento. Dentro de este contexto, las altas tasas de interés combinadas con una drástica caída en la demanda, convierten esta tercera ola en la ola más virulenta de todas. Las empresas no sólo se han tenido que reestructurarse desde el punto de vista financiero, que era lo que hacían en las olas anteriores, sino que han tenido que reestructurarse operativamente, bajando drásticamente sus costos operativos para poder cancelar los pasivos financieros, o pereciendo.

A través de todos estos procesos los bancos han sido los “beneficiarios”, quizás indirectos, de una política de Estado que, ya bien de forma explicita ha intentado apuntalarlos por la situación tan comprometida en que quedo el sistema financiero a partir de la crisis de 1994, o como consecuencia de la pasividad, como resultado de las propias distorsiones de la política económica.

Transferencia de riqueza al sector financiero

Los bancos han sido los beneficiarios de una política que ha conducido a una transferencia de riqueza del sector productivo al sector financiero. La banca en términos globales no presenta mejorías drásticas de eficiencia respecto a los demás sectores de la economía, y es difícil explicar las diferencias de rentabilidad entre la banca y los demás sectores por mejoras en la eficiencia. Por ejemplo, el informe del Fondo Monetario Internacional a raíz de su última visita, le dedica un capítulo entero a la preocupación que tienen sobre la salud del sector financiero, particularmente lo que ellos llaman el sector medio de la banca.

La impresión que se tiene es la del resultado de una política de Estado, ya sea por diseño, por pasividad, o como consecuencia indeseada de las malas políticas, que se ha aplicado en estos últimos siete años y agravada en la actualidad. Esta política es un fracaso. No sólo no ha servido para apuntalar a la banca, al menos al sistema en su totalidad, sino que ha hecho un daño tremendo al sector productivo, a la economía real. El sistema financiero se ha venido divorciando de un problema que les atañe directamente y les atañe gravemente: la salud del sector productivo real. Para nadie es un secreto la proporción de activos públicos que tiene la banca.

Utilidades, títulos públicos y tasas reales

Se pueden comparar las utilidades del sector real y el financiero desde 1997, a través de una proxy, una muestra de todas las empresas del sector industrial productivo que se cotizan en la bolsa, y comparar sus utilidades con la evolución de las utilidades del sector bancario. Las utilidades del sector industrial muestran una curva decreciente en grado importante, y la curva de la banca es entre creciente y estable. Sí hacemos otra comparación, por la rentabilidad sobre el patrimonio, el comportamiento del sector productivo de la muestra refleja un desplome importante desde 1997, mientras que el comportamiento del sector bancario, si bien es cíclico siempre se encuentra dentro de niveles positivos. Y no creo que ello se deba a problemas de diferenciales de eficiencia. En este sentido, operan problemas graves de ineficiencia en todos los sectores.

La banca se ha achicado de una forma importante comparada con otros sistemas bancarios de la región. El proceso de redimensionamiento no es producto un proceso de búsqueda de eficiencia, sino más bien del desplome de la economía. Y a mi parecer, es el producto también de una actividad cada vez más sesgada a privilegiar operaciones de compra de títulos de deuda pública en detrimento de una activad de verdadera intermediación financiera. Lo banca aduce que eso es una consecuencia de la crisis, lo cual es cierto, pero creo que tiene una posición poco activa para superar los problemas.

Es un círculo vicioso porque no hay quien pueda tomar para un negocio lícito créditos a tasas reales de 15% ó 20%. Si creen que esto es una exageración, nosotros nos dimos a la tarea de graficar para el quinquenio 1997 – 2002 lo que ha sido el nivel de tasa reales activas y llegamos a determinar que el promedio de las tasa reales para ese horizonte de tiempo es de aproximadamente 16%.

Obviamente, esto explica en buena medida el tema de los beneficios. En realidad sorprende el que la banca venezolana sea después de la banca chilena la que en términos reales tenga la más alta rentabilidad de la región, una banca que se viene achicando drásticamente en sus dimensiones tanto de cartera activa como de captación de depósitos. Por ejemplo, en lo que al año 2002, en el primer semestre, la variación de la cartera de crédito de los bancos es -14%, un catorce por ciento negativo, la variación de los depósitos del públicos es de -11%, pero el aumento en el resultado neto es de 143% positivo. Un negocio donde a pesar de perder mercado, perder volumen de ventas, perder clientes, se ganas más.

En términos reales, el sistema bancario venezolano tiene la utilidad más alta de toda la región latinoamericana, mientras que su posición y su ranking en todos los índices de cartera, de créditos, de depósitos, etc; es de las más bajas. En principio podría pensarse que es una banca sumamente eficiente, tanto que achicándose aumenta su rentabilidad. Curiosamente, por estadísticas de la propia Asociación Bancaria, el sistema bancario venezolano es el que tiene el peor índice de total activos por número de empelados, el peor índice de cartera total bruta por número de empleados, el tercer peor índice de número total de empleados por número total de oficina, pero el segundo mejor índice de utilidad neta sobre total activo. Entonces hay algo que no calza. Se tiene los peores índices de toda la región en materia de eficiencia. Por ejemplo, la banca venezolana en costos operativos tiene el índice más alto de la región, que es 4,5% del activo mientras que, a título ilustrativo, Chile es de 2%, Perú es 3,7% y Argentina es 2,1%. Es difícil suponer que la alta utilidad relativa de la banca se debe a una eficiencia superior a los demás sectores.

Externalidad económica negativa

Desearía resaltar la importancia que tiene que desde la misma banca se comience a discutir con seriedad este tema, que quisiera calificarlo como una externalidad económica negativa. Nos rasgamos las vestiduras en cuanto a las externalidades negativas que sufre nuestra economía por la mala infraestructura, por la falta de competitividad de nuestro sector productivo, las externalidades negativas producto de la ausencia de educación adecuada, etc. Pero quisiera agregar a la lista de externalidades negativas la que puede representar un sector bancario que, por una razón u otra, a lo mejor con todas las razones que pudieran justificar que eso sea así, no puede cumplir su papel de intermediación a costos razonables. Al final está el hecho de que nuestro sistema financiero no está jugando el papel que debería: Este es un tema que debe debatir seriamente porque el costo social es excesivamente alto.

AR: Dr. Oberto, una pregunta. Hay un aspecto macroeconómico importante. El gobierno para financiar el desbalance fiscal acude al endeudamiento interno y coloca papeles en la banca. Se produce desplazamiento financiero, suben las tasas de interés, la banca mantiene su rentabilidad y sufre la economía real privada. Además, las altas tasas tendrían el propósito de disminuir la fuga de capitales. Habría que actuar para cambiar la política macroeconómica y algunos suponen que esa es un área donde la banca es inerme. ¿Comparte esta idea?

IO: Discrepo de esa visión macroeconómica, que es muy nítida en cuanto a que la banca no puede hacer mucho frente a las distorsiones macroeconómicas. Creo que la banca puede hacer mucho, contrario a lo que se nos ha hecho creer con respecto a que la banca está totalmente contra la pared por las decisiones del gobierno. Sí la causa principal es la política del gobierno, la banca debería tener una posición más activa para influir en su corrección.

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.