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Sección: Economía y Petróleo
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Barack y la crisisDomingo FontiverosMartes, 11 de noviembre de 2008
Obama va a recibir un país hipotecado. La deuda del gobierno aumentará por lo menos en $1,5 billones en poca más de un año, mientras el déficit fiscal de 2008 se ubicó en $455 millardos, y el del año próximo puede superar los $700 millardos. La filosofía republicana descansó siempre en la noción de reducir la brecha financiera del gobierno por la vía de más crecimiento de la economía. La visión demócrata pone el énfasis en impuestos redistributivos para lograr este objetivo. Los republicanos, desde Reagan, han creado déficit fiscales predicando lo contrario; los demócratas con Clinton generaron superávit mientras su tradición era la contraria. ¿Por dónde avanzará el nuevo presidente americano?. Conocer la respuesta a esta pregunta es crucial para anticipar el curso de la economía mundial en 2009. Las tendencias actuales y las proyecciones apuntan hacia una recesión en los principales países industrializados. Que ello ocurra simultáneamente en estas economías involucra riesgos considerables de estancamiento para el resto del mundo. Una recesión planetaria sería catastrófica para los exportadores de materias primas, desde el petróleo hasta el trigo. Para Venezuela ello implicaría un precio de exportación para crudo y productos por debajo del mínimo nivel de seguridad de $50/b. Otros de OPEP están en mejores condiciones de afrontar el colapso de liquidez interna que ello acarrearía. Obama ha adelantado ofertas sociales de alto costo fiscal, que puede incumplir en las primeras fases de su gobierno por los desequilibrios existentes. Esta posibilidad no está totalmente clara, sin embargo, porque los compromisos de su campaña apuntan en otra dirección. Prevenir una recesión prolongada obligaría a fuertes estímulos fiscales que en su doble "standard" son apoyados ahora por el FMI, tanto para los EE.UU. como para Europa. Vocación y realidades parecen estar juntas para llevar a la nueva administración norteña a ejecutar un plan expansivo de gasto público, ya que parece poco lo que la política monetaria pueda lograr en adición a lo alcanzado cuando las tasas de interés clave del sistema están en nuevos mínimos. Si los demócratas se van por este último camino, sería afortunado para los países exportadores al mundo industrial, desde China hasta Venezuela. La inflación mundial será en este caso más elevada, pero el crecimiento podrá continuar en el futuro previsible y se protegerá el nivel de empleo. Los planes antiinflacionarios vendrán después, no obstante. Tan o más importante que la coyuntura es la solución del enorme desequilibrio creado por el encarecimiento anterior del petróleo y la permanente subvaluación del yuán chino, aparte del precario desempeño americano en sus cuentas monetarias. Si estas circunstancias se pierden de vista, la economía americana puede quedar condenada a una nueva crisis más adelante. Es temprano todavía para cerrar posibilidades. Quizá lo más urgente ha sido atendido para frenar el efecto dominó en las mayores economías. América Latina, Africa y algunas regiones de Asia y Europa están quedando, sin embargo, fuera de los arreglos logrados hasta el momento. Veremos si Obama toma iniciativas políticas en este aspecto, o concentrará sus esfuerzos en retribuir a sus propios votantes. ¿Será la persona correcta para el momento?. Esperemos que sí. |
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