Hablemos de Economía La gasolina barata enriquece Golfredo Masini P.
Martes, 19 de octubre de 2004
Cuando una mercancía como la gasolina es producida monopólicamente por el Estado, su precio depende del contenido ideológico-político de los gobernantes, quienes acertada o erróneamente tienen la discrecionalidad de imponerlo.
Tratándose de un país de reducidas dimensiones, de poca densidad demográfica, con poder adquisitivo muy reducido, con escasa preparación técnica, altamente dependiente de un segmentado comercio internacional, con instituciones jurídico-políticas vetustas y dependientes y con un esquema político-partidista que no ha evolucionado en términos de progreso y modernidad, aumentar el precio de la gasolina es un desatino y un desacierto que debe descartarse porque la rentabilidad del ente que lo produce no puede estar en función sólo del precio, sino del complejo conjunto de condiciones socio-políticas.
1. Si la estratificación económica de Venezuela indicara que la mayor parte de la población tiene satisfechas con cierta holgura sus necesidades básicas tendría sentido estudiar la imposición de un precio más elevado para la gasolina, pero como es lo contrario, es decir, la mayor parte de la población vive en condiciones de pobreza extrema, el desempleo es el más alto de la región, así como el índice inflacionario, elevar el precio empobrece, detiene la reactivación económica, aniquila, porque la cadena de aumentos no se detiene y se estimula la especulación. Si además la sensibilidad social es aparente, la gente sucumbe y las olvidadas esperanzas desaparecen.
2. La gasolina, sin la cual no habría transporte urbano ni gandolas de alto volumen y menos vehículos particulares hoy imprescindibles, debe ser un bien económico tratado con profunda reflexión, ya que si Pdvsa incurre en pérdida al venderlo a un precio inferior al costo de producción, ha de tenerse presente que no hay alternativas para la población en la compra del combustible, además de que nominalmente debe corresponderle a todos los habitantes, lo cual solo es un silogismo porque los beneficiados son pocos, en consecuencia, lo único que producimos con relativa productividad debe beneficiar a sus dueños –el pueblo- y no sólo a los ricos gobernantes.
Si el Estado dona un cierto volumen diario de petróleo a un vecino país en aras de una solidaridad ideológica, tiene que serlo con más intensidad con su propio pueblo que languidece, esperando una redención que solo fue verbal. La gasolina barata enriquece porque detiene el abuso especulativo, porque le hace saber a los gobernantes que la prioridad no debe ser equívoca, porque su deber es conducirnos a la prosperidad. Así, que sean otros los que corrijan el equivocado rumbo de Pdvsa, no los inocentes.