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Sección: Editorial
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A Brito le expropiaron la vidaEditorialMiércoles, 1 de septiembre de 2010
Su lucha más auténtica fue la que libró contra todo un sistema sectario que arrebata, expropia e irrespeta hasta la condición humana
Murió por sus convicciones y en defensa de sus derechos, que finalmente, son derechos de todos los venezolanos. Su ayuno mayor fue el de no recibir ni justicia ni atención del Estado. Su lucha más auténtica fue la que libró contra todo un sistema sectario que arrebata, expropia e irrespeta hasta la condición humana. Franklin Brito falleció de inanición de justicia, pero como sus parientes aseguran, dejó erguida la bandera del tesón, la constancia, el convencimiento y la lucha. Como era de esperarse, ya los voceros de la nomenclatura salieron a expiar sus propias culpas y a intentar afanosamente de que no le carguen esa muerte, cuando fue precisamente la soberbia del Gobierno, su autoritarismo y su sed de arrebatar cualquier ápice que implique propiedad la causante de una huelga de hambre que hará historia por tratarse Brito del primer fallecido en estas condiciones. ¿De quiénes, entonces, son las responsabilidades de esta lamentable suceso? Brito fue, primero desoído, luego hasta tomado por demente y finalmente secuestrado en el hospital Militar sin acceso a los médicos y el tratamiento que estaba exigiendo. Del comunicado de la familia resaltamos por su elocuencia y claridad, lo siguiente: “sepa Venezuela que a Franklin Brito no pudo vencerlo la agresión, no pudo atemorizarlo la amenaza ni pudo doblegarlo la oferta corrupta”. Paz a sus restos. Y que se haga justicia.
Sensación de derrota
El tiempo de las argucias, los espejitos y las promesas a futuro ya se les pasó. El Gobierno ha desatado una campaña, más publicitaria que efectiva, sobre su supuesto interés por la seguridad ciudadana, algo que en estos once años estuvo ausente tanto en la acción como en el discurso, y en el mejor de los casos, minimizado en la agenda de prioridades, siendo –como lo reportan todos los estudios de opinión desde hace años- el principal problema que aqueja al común de los venezolanos. Despliegues de policías y guardias nacionales de última hora, y hasta el disparate de llevar la Milicia al metro, no harán desaparecer como por arte de magia la cifra oficial (del INE) de más de 19.000 homicidios ocurridos en año pasado, precisamente por su dejadez en el tema y su tozudez en la ideologización. Ningún discurso que pretenda deshacerse de toda responsabilidad en esta materia, como lo ha señalado el Presidente para quien el problema es el modelo capitalista o culpa de la Cuarta República, es capaz de borrar las historias que a diario siguen sucediéndose, aunque la justicia revolucionaria quiera ponerle sordina a los medios de comunicación. Es muy burda la maniobra electorera. El problema se les fue de las manos y ha tocado la médula de lo que más le duele al Gobierno: su propia incompetencia traducida en historias de dolor y tragedia. ¿Será que todavía piensan en la llamada Sala Situacional que llenando las calles de uniformados y atrapando a tres ladronzuelos de baja monta (porque los grandes se le escapan disfrazados de mujer), se elimina la “sensación” de inseguridad o regresan esos votos a los predios socialistas? Habrá que ser demasiado ingenuo o harto militante de la ineficacia para olvidar tanto desgobierno ante la brutal evidencia de muerte y horror que, quiérase o no, nos llega al duodeno de la patria. Aunque algunos prefieran reírse. La reacción del Gobierno lo que pone en evidencia es, efectivamente, que nunca ha sabido afrontar seriamente la inseguridad, que no existe un plan coherente y pensado para abatir los índices de delincuencia (más allá de la censura y el maquillaje oficial) y que, como es de esperarse, el pueblo y sus propios votantes resienten el vacío de más de una década en este tema. Electoralmente, para el gobierno, ya es tarde. Probablemente tengan en Miraflores una “sensación” de derrota muy cercana. |
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