Hemos dado un paso al frente y obtenido un triunfo relevante al forzar al régimen a reconocer públicamente que en agosto habrá un referéndum revocatorio del mandato del presidente Chávez.
Este es, sin lugar a dudas, un paso importante en el recorrido de las estaciones del vía crucis que tiene que recorrer el país para recuperar la paz social. Sin embargo, no se puede cantar victoria hasta tanto no se hayan logrado franquear todos los obstáculos que aún quedan por superar antes de que el pueblo soberano pueda expresar libremente su deseo de revocarle el mandato al presidente.
Entre los múltiples escollos que podemos avizorar está la automatización del voto, que puede dar lugar a manipulaciones más difíciles de detectar que la totalización manual de las actas. Y la imperante necesidad de que la observación internacional de la OEA y del Centro Carter puedan verificar, de antemano, la transparencia de las reglas, condiciones y método de contabilización de la voluntad popular.
Otro aspecto esencial en la lucha por lograr el restablecimiento de una verdadera democracia en Venezuela es la necesidad de proyectar un programa político de reformas y cambios sociales que favorezcan a la inmensa mayoría de los excluidos.Asimismo, es imprescindible la designación, mediante elecciones primarias a doble vuelta, de las personas que deberán asumir el reto de lograr una victoria electoral en el referéndum, quienes deben representar una alternativa viable y creíble hacia un régimen de reconciliación nacional, y de progreso social y económico.
Para lograr el triunfo final será indispensable mantener y consolidar la unidad, demostrar que la tolerancia política no es un mero ejercicio retórico y que se tiene la voluntad y la capacidad para asegurar que el ejercicio del poder por parte del nuevo gobierno se hará en función de los intereses y necesidades de la mayoría de los venezolanos, estén éstos ubicados en cualquier lugar del vasto espectro político nacional.
Los venezolanos hemos aprendido mucho en estos últimos cinco años y sabemos que es lo que se puede y lo que no se debe hacer. La democracia, en su sentido más amplio, es el único camino para reconstruir. La justicia social y el respeto al estado de derecho deben ser el único código de conducta que sirva de guía a los gobernantes y gobernados.