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¿Qué no está pasando en la UCV? Miércoles, 4 de abril de 2001 Documentos de la crisis universitaria ![]() La anécdota de la toma del 28 de marzo, la discusión de si hubo o no armas, sobre si algún profesor se autoproclamó rector, no hace sino encubrir lo primordial: la orbitalización de la UCV. Jean Baudrillard ha dicho que el mercado financiero ha perdido contacto con la economía productiva, pues sus vaivenes no afectan a esta. Según esa tesis la especulación financiera se hizo autónoma y se volcó sobre sí misma. Algo similar está pasando con ese principio político y académico capital que es la autonomía universitaria. Las universidades no es solo la UCV se orbitalizaron, es decir, perdieron contacto y responsabilidad ante la sociedad a la que pertenecen. ¿Cómo restablecer esa relación? En los Estados Unidos muchas universidades encuentran contacto con el resto social mediante los trabajos con las empresas que en gran medida las financian. La universidad tiene que desarrollar investigaciones y productos para tal o cual corporación. Ese, entre otros mecanismos, evalúa el rendimiento. En Francia es la honorabilidad académica. Un gran profesor publica un gran tratado, evaluado inmediatamente por la crítica y el público y la universidad vale lo que valen sus estudiosos. En Venezuela era la política la que determinaba ese valor. La Generación del 28, la del 36, la del 58, la del 69. Revisa uno la nómina de las facultades de Derecho, Economía y Humanidades y obtiene la mitad del elenco político del país. Es sorprendente cómo esos políticos, provenientes de la más rancia pericia académica nos hayan dado esta práctica política, en donde campea el más bajo nivel intelectual imaginable. Pero como el ejercicio político que campeaba dentro de la UCV era subversivo y revoltoso, el Estado la puso en una cuarentena indefinida. Salvo el actual, ningún presidente la visitaba. Raras veces un ministro cruzaba las líneas. La misma UCV se acostumbró de tal modo a ese aislamiento que rechazaba como cuerpos extraños a quien no satisficiera su ortodoxia. Cuando en 1969 los estudiantes de Letras invitaron a Arturo Úslar Pietri a conversar, un grupo de extremistas casi lo lincha a él y a sus anfitriones. ¿Qué produjo ese aislamiento? Algo peor que la isla de Laputa que narra Jonathan Swift en sus Viajes de Gulliver. En esa isla voladora vivían unos académicos sapientísimos pero que no producían ningún conocimiento práctico. No veían la realidad sino su propio magín intelectual. El caso de la UCV es más grave y lo que aquí decimos sobre ella vale para casi todas las universidades del país. Ese aislamiento envileció muchas prácticas académicas. Muchos cargos fueron asaltados por el fariseísmo de izquierda, con no poca connivencia con la derecha, que en lugar de combatir aquello con armas académicas solo se dedicó a allanar periódicamente a la UCV con el ejército. Tal Rafael Caldera en 1970, cuando cerró la UCV durante dos años para protegerla de la Renovación Universitaria, que nunca la cerró. Curar la caspa mediante la decapitación. Junto con ascensos legítimos se amañaron concursos, se instauró la intriga como práctica habitual, llegar a decano o a rector era más artimaña de sindicalerismo que de valor y validez intelectual. Así, de Rafael Pizani o Juan David García Bacca se pasó a rectores y decanos que por piedad es mejor no mencionar. A José Ignacio Cabrujas y a Santiago Pol los echaron de Humanidades. Se eligieron rectores sin doctorados. La debilidad intelectual se hizo poder, sobre todo en las facultades de ciencias humanas y sociales. Junto con almas productivas de la más alta calidad, vive un termitario de zancadillas y pequeñeces en donde hay profesores que pasan años sin trabajo de ascenso ni producción visible porque se les va el tiempo en el pasillo. Fue así como las universidades perdieron contacto con el resto del mundo y crearon ese clima de puerta cerrada en que ahora irrumpen unos inquietos a colmar un vacío de poder. El universitario es el más complejo de todos los escenarios nacionales. No será fácil salir de esta conspiración de facilismo en que la universidad, a fuer de dejar hacer y dejar pasar y no hacer olas, dejó que los encapuchados se encargaran de sus relaciones públicas. Solo sabemos de la UCV por lo que hacen los encapuchados, no por las valiosas investigaciones que allí se hacen o por las inapreciables enseñanzas que allí todavía imparten muchos profesores. Algo muy malo debe estar ocurriendo para que casi todos los profesores estén esperando la jubilación como quien espera al Mesías que los libere de la miseria cotidiana de las trapisondas. Ello no revela sino desmoralización. En una institución desmoralizada pueden ocurrir los peores extremos. Pero también los mejores. Ojalá. blog comments powered by Disqus |
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Eduardo Riveros
Francisco Alarcón
Pedro Campos Santos |
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