Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

Sección: Editorial

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Abajo cadenas

Miércoles, 15 de agosto de 2012

Entendemos que el Presidente quiera promocionar su Gobierno. Lo que seguimos sin entender es la forzosa irrupción en los hogares en horas de descanso para repetir propaganda estrictamente ideológica y habitualmente sin dar respuestas concretas a las angustias  de millones de ciudadanos

Se lanzó el Presidente de la República con otra de sus consuetudinarias cadenas de radio y televisión en las cuales hace chistes, anuncia montones de obras, firma recursos de millones para obras y programas de todo tipo, a lo largo de pesadas horas en las cuales, cada vez más, se nota la pérdida de frescura y originalidad que por mucho tiempo fueron características del verbo presidencial.

Muchos hospitales prometió el Presidente además de inaugurar tres centros de salud que serán indudablemente bienvenidos si finalmente se construyen, como el inaugurado Pérez de León II, mostrado limpiecito y nuevo sin un solo paciente tras varios años de retraso. Pero mucho más habló una y otra vez del que parece ser su tema favorito, que el socialismo que él propugna es la gran panacea del pueblo en contraste con aquellos cuarenta años durante los cuales el perverso capitalismo y la depredadora burguesía todo se lo quedaron y nada hicieron.

Nada dijo, en cambio, respecto a la demostrada, constante y peligrosa caída de la agricultura y la producción del campo venezolano –demostrada incluso con las frías cifras oficiales que no forman parte de proclamas electoreras- en contraste con el alarmante crecimiento de la importación que se traga millones de dólares que no contribuyen a soberanía alimentaria alguna.

Nada dijo el Presidente de la alarmante mortandad de policías a manos de la delincuencia, ni de la trágica masacre de ciudadanos, especialmente jóvenes por el incontrolado desborde de asesinos que matan por simplemente robarse un celular. Nada dijo, tampoco, sobre cómo ni por qué las vías de comunicación en todo el país se le siguen derrumbando al Gobierno que las centralizó y que ahora no aguantan ni una lluvia más o menos fuerte. Ni de las decenas de diarias protestas laborales públicas, casi todas de trabajadores de entes del Gobierno Nacional. Y estos son sólo unos pocos ejemplos.

Entendemos que el Presidente quiera promocionar su Gobierno. Lo que seguimos sin entender es la forzosa irrupción en los hogares en horas de descanso para repetir propaganda estrictamente ideológica y habitualmente sin dar respuestas concretas a las angustias que todos los días padecen millones de ciudadanos, muchos de los cuales también salen por televisión llorando el asesinato de un ser querido o reclamando, molestos, demasiadas deudas del Gobierno con sus derechos laborales


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