"Con la concordia crecen las cosas pequeñas,
con la discordia se hunden las más grandes"
Salustio
Acordar es de sabios, mucho más cuando la realidad se impone como ocurrió en éste lluvioso fin de semana del 28 al 30 de mayo. En un interesante libro, titulado La Seducción de las Palabras, Alex Grijelmo afirma que el concepto de “acuerdo lo percibimos con un perfume positivo porque arranca de cor, cordis, corazón. El acorde musical aúna los corazones de los sonidos, el acuerdo entre dos personas las aproxima, logra un trato cordial (de corazón), busca la concordia y rechaza el incordio.” El venezolano, sea caraquista o magallanero, siempre da con una cordial vía para celebrar en equipo. Así se evidenció en las mesas de los reparos, donde los oficialistas y opositores antepusieron a sus creencias la ‘voluntad de acordarse’ ante la realidad de los hechos.
Hoy el país es diferente. Una inmensa mayoría de los venezolanos desea, de corazón , que se logre un acuerdo, que se busque una salida pacífica y electoral a las divisiones que subsisten en el seno de la sociedad. Ir en contra de ese sentimiento mayoritario sería una señal de brutalidad y torpeza política, que necesariamente impactará en contra de aquellos que pretendan tapar el sol con un dedo.
El gobierno debe, lo más pronto posible, reconocer la realidad. El CNE no puede ni debe demorar más de lo indispensable lo que refleja la voluntad soberana del pueblo. La oposición debe seguir transitando la vía democrática que la legitima nacional e internacionalmente, mientras que deslegitima a todo aquel que quiera falsear la verdad mediante el uso de la fuerza y de la mentira.