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Arturo es el hombre
Especial: Homenaje a Arturo Úslar Pietri

Miércoles, 28 de febrero de 2001


Arturo se fue y con su partida Venezuela ha perdido al hombre que marcó singularmente gran parte del siglo XX venezolano. Arturo es el mejor ejemplo que se me ocurre de las contradicciones del ser venezolano. Era un intelectual que soñaba ser político y era también un político que quería trascender a través del verbo.

Como intelectual dejó su marca, y si su única novela hubiese sido Las lanzas coloradas, ya pertenecería al panteón de los grandes novelistas de nuestra hispanidad; pero Arturo escribió mucho más. Basta sólo recordar sus cuentos, entre los que «Barrabás» siempre estará en mi memoria.

Pero más que comparar a Arturo con otros escritores, lo cual no tiene sentido —las comparaciones no son sino una forma relativa de llenar el ego dando a entender que se ha leído a más de uno— Arturo, como Borges, Carpentier y Asturias, pertenece a una época en la que sus respectivos países luchaban por definir o precisar, según el caso, su identidad. Eran hombres del siglo pasado, testigos de excepción de los grandes cambios sociales y políticos que ocurrían en el mundo. Cada uno a su manera, con sus limitaciones y atributos, dio una respuesta singular.

Especial: Homenaje a Arturo Úslar Pietri

Arturo, además, fue un gran divulgador. Podría, sin temor a equivocarme, decir que fue el primer gran comunicador social de Venezuela. Desde muy temprano entendió la importancia de la radio y luego de la televisión para divulgar sus «Valores Humanos». Muchos venezolanos de todas las edades le deben a él su interés por conocer quién era Leonardo, Carlos V o Madame Curie.

Úslar también fue un hombre que a su manera quiso cambiar al país, le aterraba que los venezolanos en pleno siglo XX quisiéramos ser «toeros», aunque sin darse cuenta él también tuvo que serlo.

Yo lo acompañé de cerca cuando intentó, a través de la campana, despertar a los venezolanos del letargo en que los sumían la retórica populista de Acción Democrática y el narcisismo de un COPEI que era sólo la polea de la ambición de poder de un caudillo frustrado.

Úslar quiso constituir el centro en la política venezolana, pero no pudo porque carecía de la malicia necesaria para entender lo que en verdad el pueblo deseaba. Sin embargo, hoy que se ha ido, estoy más convencido que nunca de que Arturo era el hombre, no sé de qué fecha, pero el hombre que Venezuela debería haber tenido para sacarla del marasmo del que nunca ha salido.

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