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A propósito del autoritarismo: El último Premio Goncourt Editorial Lunes, 5 de marzo de 2007
El autoritarismo es una enfermedad que aqueja a ciertas sociedades que parecieran no tener la paciencia necesaria para evolucionar con base en la libertad y la pluralidad de ideas. En el pasado esta alteración de la vida democrática, ha ocurrido por general después de grandes cataclismos políticos y sociales.
Es particularmente preocupante escuchar como en nuestro país se hace uso de vetustos argumentos históricos para explicar cómo los males de la sociedad pueden ser resueltos por una persona iluminada que personifica la voluntad popular. Esa simbiosis entre líder, pueblo y ejército, que es el fundamento de la tesis de Norberto Ceresole, ciertamente no es original. El lema del nacionalsocialismo, era similar cuando sostenía “ Ein Volk, Ein reich, Ein Führer” (Un pueblo, un estado, un líder) lo único diferente era que en vez del ejercito se usaba el estado como correa de ejecución de la voluntad del pueblo expresada por Hitler. Tal vez el dictador alemán no confiaba en el ejercito alemán, por algo creo las propias tropas del partido las malfamadas SS. Recientemente, en Francia, ganó el máximo premio de la literatura un libro, escrito por un joven norteamericano- Jonatthan Littel- “ Les bienveillantes” que narra las memorias de un ex oficial de la SS. Este libro, por demás extenso, tiene casi 900 páginas- es una novela esencial, intensa y a veces tan repugnante que cuesta trabajo perseverar en su lectura, sin embargo no se puede abandonar por la profunda inteligencia que transpira en cada página del relato en el cual se descubre la raiz profunda de todo totalitarismo. El sentido de irresponsabilidad individual cuando las personas delegan todo el poder en un hombre que pretende ser la máxima y única expresión de la voluntad popular. A título referencial queremos dejarle a nuestros lectores un diálogo imaginario que en la novela tienen el personaje el Dr. Aue y Eichman en el que Eichman se interroga al leer la critica a la razón práctica de Kant como se concilia el “ trabajo que ellos hacen” con el imperativo kantiano, sobre todo cuando este se convierte en ley moral. En su preocupación sobre lo que les pudiera ocurrir si venciera el enemigo afirma que: ” en tiempo de guerra, en virtud si usted quiere del estado de excepción causado por el peligro, el Imperativo kantiano se suspende, ya que, por supuesto, lo que uno desea hacerle al enemigo, uno no desea que el enemigo nos lo haga, y por lo tanto lo que uno hace no puede convertirse en la base de una ley general”. A lo cual le contesta el Dr.Aue. .” Ahora bien, por mi parte siento que no tiene razón, y que de hecho, por nuestra fidelidad ante el deber, de cierto modo, por obediencia a las órdenes superiores… que justamente hay que colocar nuestra voluntad de modo que cumpla mejor con las órdenes. Y agrega: Sin embargo, es bastante simple, pienso yo. Estamos todos de acuerdo en que en un Estado nacionalsocialista el último fundamento de la ley positiva es la voluntad del Führer. Es el principio bien conocido de que las palabras del Führer tienen fuerza de ley... Por supuesto, reconocemos que en la práctica el Führer no puede ocuparse de todo y que por lo tanto hay otros que deben también actuar y legislar en nombre suyo. En principio, esa idea debería extenderse a todo el Volk. Es así como el Dr. Franck, en su tratado sobre el derecho constitucional, extendió la definición del Führerprinzip de la manera siguiente: Actuad de modo que el Führer, si conociese vuestra acción, la aprobaría. No hay contradicción alguna entre ese principio y el Imperativo de Kant.” — “lo veo, . Frei sein ist Knecht [sein]. Ser libre, es ser un vasallo, como dice el viejo proverbio alemán.” —Precisamente. Ese principio es aplicable a cada miembro de la Volksgemeinschaft [Comunidad del Pueblo]. Uno tiene que vivir su nacionalsocialismo viviendo su propia voluntad como la del Führer y, por ello, retomando los términos de Kant, como fundamento del Volksrecht [derecho del pueblo]”. Cómo se podrá observar de la lectura de este texto en un régimen como el nazi nadie era en realidad responsable sino la voluntad popular de la cual el Führer, no era otra cosa, que su forma de expresión. Y esto lo dice claramente Eichman al final de ese dialogo imaginario cuando sostiene que: “Si nuestra voluntad es servirle a nuestro Führer y a nuestro Volk ( pueblo), entonces, por definición, también somos portadores del principio de la ley del Volk( pueblo), tal como la expresa el Führer o como deriva de su voluntad” |
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