De inminente estreno y arrastrando un bagaje publicitario impresionante ( adquisición por Miramax, productores claves en Hollywood que abren puertas y se expanden) Secuestro Express la ópera prima de Jonathan Jacubowicz es un triunfo de dirección. Autor de cortometrajes y el documental "Los barcos de la esperanza" sobre un grupo de judíos que llegaron a Venezuela escapando el Holocausto, Jacubowicz ha logrado con "Secuestro Express" captar la esencia del malandraje apoyado por una dirección de arte que coadyuva a tal fin: en los gestos, en el argot particular, en la vestimenta, elementos que conforman un submundo tan contundente como revelador.
24 horas en la vida de individuos en la otrora sucursal del cielo. Un día en Caracas donde una pareja de novios, Carla (Mia Maestro) y Martín (Jean Paul Leroux) conducen un automóvil lujoso y están a punto de ser secuestrados por un trío de malandros ( Carlos Madera, Pedro Pérez y Carlos Julio Molina). Los personajes, presentados en forma encapsular, todos ellos drogómanos, se nos acercan, unos dispuestos a secuestrar, otros que sucumben al secuestro por destino.
Filmada originalmente en digital ( ciertas escenas conservan aún este formato) y trasladada luego a 35mm, el espectador persigue la imágen en movimiento a trote hiperkinético, pues el film fluye tanto visual como lo que se propone temáticamente. El guión no ahonda en los personajes pues el film no se presta para estas disquisiciones sicológicas ( una pena) salvo una escena -quizás una de las más memorables al otear la clave del por qué de sus motivaciones, y en este caso, le otorga una connotación de cr´tica social - cuando Carla dialoga en cautiverio con unos de sus secuestradores y éste le recrimina la ostentación de usar un carro lujoso y todo lo que ello arrastra.
Durante el trayecto, cuando el enfoque se torna risible ( y los espectadores ríen de las ocurrencias) el film decae dramáticamente y por momentos daría la impresión que Carla ( pues su rostro no denota angustia) estaría contenta con su secuestro. La escena de Martín con el homosexual, vendedor de droga , es poco plausible y desmejora la secuencia fílmica. Otra escena que impacta es aquella cuando Carla es abandonada en unos matorrales después que el trío hubo cobrado el rescate y una nube de polvo rojizo la envuelve como para librarla del pasado sin saber que un presente ominoso se le presenta al caer en manos de unos policías de igual calaña que a los que supuestamente persiguen.
Jacubowicz es conciso en el lenguaje de ideas, con frases, que salpicadas a lo largo del film revelan mundos que otro director necesitaría extensos parlamentos para explicar.
Existe en "Secuestro Express" una suerte de temor al tiempo real ( y fílmico) que parecería acosar al director con ansias de mostrar todo en el menos tiempo posible.
Estupendamente bien editada adimentada con magníficos primeros planos y juegos de ángulos y encuadres, por la violencia visual recuerda a "Amores perros" de González Iñarrritu y por el juego de las pandillas a sus víctimas a " Lock, stock and 2 smoking barrels" de Guy Ritchie.
De apenas 27 años, Jonathan Jacubowicz tiene en todo momento el control del film y ha logrado un equipo actoral cónsono con la realidad circundante, varios de ellos, habitantes de zonas marginales. Explicaba uno de ellos en la rueda de prensa, que debían de hacer proezas para explicar a los presentes que presenciaban la filmación, que estaban interpretando unos papeles y que no era la vida real pues su cotidianidad es sinónimo de tal comportamiento.
El final es desconcertante por la visión ácida y cínica del entorno que involucra a "Secuestro Express" e inteligente por saberlo captar y expresar en lenguaje cinematográfico sin moralismos ni sentimentalismos pedestres. Anticipamos un futuro pletórico con nuevas ideas y riesgos a Jonathan Jacubowicz, privilegiado con un ojo fílmico innato. Lo mejor está aún por venir.