Sección: Entretenimiento
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35 Años de Serenata
Víctor Manuel Pérez MartínezJueves, 31 de agosto de 2006
Si algo es difícil en Venezuela, y en cualquier lugar del mundo, es que una agrupación musical dure tanto tiempo unida y en ejercicio de su arte. Las dificultades por las que ha atravesado el país no pone nada fácil a quien quiera hacer arte, y un arte del nuestro; aquel, que nace en las calles de nuestras ciudades, pueblos y caseríos. Serenata Guayanesa ha sido un ejemplo, no siempre reconocido como debería ser, pero han estado año tras año ofreciendo un ejemplo de que el arte tiene el objetivo de reunir a todos sin distinción de razas, credos o ideologías políticas.
Las palabras de Iván Pérez Rossi sintetizan que es Serenata Guayanesa: “Amor por el país, por el trabajo y por la música”. La realidad es que han sido un símbolo de Venezuela para todo el mundo y para los venezolanos. Si existen diferencias entre sus integrantes, porque es normal que eso exista, saben perfectamente que por encima está un país, un público que los quiere ver unidos para permitir un poco de esperanza en una sociedad tan dividida como la nuestra. Una división inútil y sin razón.
Otro aspecto, que considero importante señalar, es el reflejo por una patria distinta. Ese concepto de patria que se refleja en el folklore venezolano y en las letras de los autores de sus canciones. Hay crítica social pero también hay sueños, hay ilusiones y hay esperanzas. Eso, hoy en Venezuela, está ausente de la vida pública; y aunque cueste admitirlo (no se cuál sería el porcentaje, espero que poco) de la vida privada de muchos venezolanos.
Hay una deuda con Mauricio Castro, Miguel Ángel Bosch y con los hermanos Iván y César Pérez Rossi. Hay una deuda con nuestros artistas venezolanos que nunca podremos pagar. Afortunadamente al igual que Serenata Guayanesa hay otros muchos que han creído en este país, y siguen creyendo. Algunos conocidos, otros anónimos. Escritores, músicos, pintores, cuenta cuentos, poetas, que esperan simplemente que su mensaje traspase las fronteras de los privado y sea conocido por los demás. No obstante, al margen de que es necesaria una política que dignifique nuestra cultura, es indispensable que desde nuestras familias nos sintamos orgullosos de nuestra cultura y de nuestra identidad como venezolanos.








