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El progreso de actores negros en el cine

Roberto Palmitesta D.

Miércoles, 11 de febrero de 2009

La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca no representa la primera vez que ve en la pantalla grande a un presidente negro –o afroamericano como prefieren decir allá en el norte--, pues ya algunas películas habían presagiado la presencia de un hombre de esa minoría étnica al mando de la superpotencia mundial. En efecto, en décadas recientes no menos de cuatro cintas mostraban a un negro como presidente en ejercicio, y los analistas políticos creen que esas obras de ficción sirvieron para que la ciudadanía se acostumbrara a la idea de ser gobernados por un político de ascendencia negra.

Las películas
Irving Wallace, uno de los autores más leídos en el mundo (tiene en su haber 12 best-sellers), escribió en 1964 una novela en el que un senador negro accede a la Casa Blanca tras accidentes en que pierden la vida tanto el presidente y el vicepresidente y él era el siguiente en la línea de sucesión como presidente temporal del Senado. La novela se titulaba “El hombre”, y fue llevado al cine en 1972 con el actor James Earl Jones interpretando al presidente negro. Es interesante observar que Wallace no se atreviera en esa época a que su presidente negro fuera electo para ese cargo, sino que llega al poder por avatares del destino.

Mucho después, en 1998, otro actores “presidenciable” como Morgan Freemam interpretaba en “impacto profundo” a un presidente encargado de salvar al país de un cometa que impactaría justamente en el océano frente a Washington, causando un tsunami arrollador. Un lustro después, Chris Rock dirigiría la cinta “Jefe de Estado”, en el que interpretaba a un comediante contratado por políticos inescrupulosos para ser el candidato perdedor en una elección presidencial, algo que no sucede pues el tipo llega a ganar y resulta incluso un buen presidente. Además de esas cintas, en varios episodios de la popular serie de acción “24”, hay un presidente negro en funciones, interpretado por Dennis Haysbert, que finalmente muere en un ataque terrorista.

En realidad, esas cintas no sólo allanaron el camino a la ascensión al poder en muchos puestos importantes en el congreso, gabinete, gobernaciones y alcaldías, sino que machacaron el principio de igualdad en los derechos políticos de personas que pertenecen a una minoría racial. En este caso es aún más simbólico debido a que hasta 1964 los negros no disfrutaban de ciertos derechos civiles en muchos estados de EEUU, incluyendo el voto y el matrimonio con blancos, que fueron permitidos sólo después de iniciativas promovidas por Kennedy y plasmadas en leyes puestas en vigor durante el mandato de Johnson.

El progreso del negro en el cine
En gran parte del siglo XX, el cine de Hollywood no ha tratado muy bien a los actores negros, relegándolos a papeles secundarios y generalmente como sirvientes o malhechores. Un ejemplo fue el caso de la actriz Hattie McDaniel, que ganó en 1939 el Oscar secundario en la superproducción “Lo que el viento se llevó”, donde desempeñó el papel de la sirvienta de la impetuosa Scarlett O’Hara. Aunque McDaniels se merecía plenamente su galardón, algunos críticos aseguran que fue una concesión “políticamente correcta” de la Academia, dado que la cinta –que trataba sobre la guerra civil que abolió de la esclavitud-- se estrenó en Atlanta, capital de un estado sureño todavía bastante racista.

No sería hasta 1963 que otro negro ganaría un Oscar por “Los lirios del valle”, esta vez recibiéndole como mejor actor del año. Aunque interpretaba a albañil contratado para construir una iglesia, Sidney Poitier sería un héroe para su raza, ya que aparecía en primer lugar de un reparto, algo impensable hasta entonces. En 1967 Poitier actuó en una cinta impactante que expondría los prejuicios raciales de la sociedad norteamericana, al interpretar a un médico negro que iba a casarse con la hija de un matrimonio burgués blanco. El hecho de que el protagonista fuera un médico ayudó a suavizar la receptividad de una película que causó mucho revuelo, en un país todavía no preparado para aceptar la idea de un matrimonio interracial.

Ese mismo año, en pleno fermento de los derechos civiles, Portier fue el primer negro en interpretar a un héroe policial en la cinta de 1967 “En el calor de la noche”, y su nombre aparecía incluso por encima del de Rod Steiger, un actor blanco y de relativa fama, que encarnaba a un inepto policía sureño. La cinta incluso llegó a ganar el Oscar de ese año, marcando así la aceptación del hecho de un negro dominara la escena. En la década de los 70 crearon un personaje de igual estatura que el popular James Bond, en la serie “Shaft”, donde Richard Roundtree encarnaba a un invencible detective que arrincona a malhechores por doquier.

La nueva generación
Muchos actores negros se destacaron en los 80 y 90 (Richard Pryor, Eddie Murphy, Wesley Snipes, Danny Glover) pero no fue sino hasta el 2002 en que los ganadores del Oscar fueron dos actores negros, Denzel Washington y Halle Berry, que se dieron el gusto de retratarse con el célebre Sidney Poiter, a quien le dieron ese año un Oscar honorífico por su prestigiosa carrera. En años sucesivos, Jamie Foxx ganaría el suyo por su interpretación del legendario músico Ray Charles, y Forest Whitaker recibiría el suyo por encarnar al dictador ugandés Idi Amin en la cinta británica “El último rey de Escocia”. En el área femenina, ya Whoopi Goldberg habia recibido un Oscar secundario por “Ghost” en 1990, pero hubo que esperar ahsta 2006 para que Jennifer Hudson ganara un galardón similar por el musical “Dreamgirls”.

Mientras Denzel Washington luchaba por heredar el puesto dejado por Poitier, otro actor empezó a competir para ganarse ese honor. Se trata de Will Smith, quien tuvo un ascenso meteórico desde que interpretó a un hijo ficticio de Poitier en “Seis grados de separación”, y se convirtió pronto en uno de los actores mejor pagados, al obtener el rol de un aviador que trata de salvar al país después de una invasión marciana en “Día de Independencia”, para luego obtener jugosos papeles en “Wild Wild West” y “Hombres de negro”, para luego encarnar al legendario boxeador Muhammad Ali en su biografía fílmica. Deseoso de aclamación critica, aceptó trabajar con el director italiano Gabriela Muccino en “En busca de la felicidad”, para la cual fue nominado al Oscar en 2007.

Aprovechando el potencial de Muccino, Smith actuó nuevamente bajo su dirección en “Siete Almas”, en busca de una nominación, que finalmente no lo favoreció. No hay duda que Smith tiene la habilidad para convertirse en el actor negro de mayor estatura de esta época, ya que ha hecho nada menos que 20 filmes taquilleros en los últimos tres lustros. Su ambición: interpretar a Barack Obama cuando se haga una biografía fílmica del nuevo presidente.

rpalmi@yahoo.com


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