Ibsen Martínez busca tiempo para trabajar en una telenovela, para escribir dos libros y glosar las ideas de los mejores venezolanos
“Debemos hacer un esfuerzo por problematizar lo que nos ocurre”
Ibsen Martínez es un jugador impenitente. Un personaje incómodo.
Un opinador que no busca sonrisas en el lector, sino un punto de inflexión en donde sus ideas se confronten con la realidad más esquiva. Huye de los pensamientos fáciles, de los consensos de una sociedad que busca salidas con excesiva facilidad y apremio. Por eso escoge una metáfora, que bien puede ser un partido de fútbol en una autopista, para afrontar todos los lugares comunes que suelen asfixiar a la opinión pública.
Ahora busca tiempo para trabajar en una telenovela, para escribir dos libros y para glosar las ideas de los mejores venezolanos que han intentado entender al país. Siempre con un estilo zumbón, que deja con la boca abierta a más de un lector.
–Mucha gente quiso ver en el partido de fútbol que se improvisó en la autopista algo esencial:
nuestra capacidad de convivencia.
No estoy en condiciones de juzgar cómo fue que se armó esa caimanera, pero lo que vi allí fue la frivolización de lo que somos capaces aún en medio de una situación extremadamente violenta.
–Ese partido de fútbol paradójicamente no le gustó a los violentos de ambos lados.
Había gente que esperaba un enfrentamiento y se decepcionó con una caimanera.
–Capturar ese hecho de la realidad y convertirlo en esencial es el tipo de banalización, de reduccionismo, de moralismo, de exaltación de emociones fácilmente discernibles, incanjeables, promovida por los medios. Hablo de Chávez y, caramba, tengo que hablar de los canales de noticias, que han dificultado el hallazgo de una salida política en Venezuela.
Esta supremacía de lo mediático televisivo, y subrayo lo televisivo, ha impedido una cosa que es crucial para un acuerdo, la elemental discreción que acompaña, desde que se inventó la política, las negociaciones.
–Lo que dice, se refiere a la propuesta aquella de “por qué no se pone una cámara en frente de la Mesa de Negociación y Acuerdos”.
–Esa demencia, la demencia sobre todo radioeléctrica, es la que ha hecho que mengüe la figura del analista de los medios impresos, que han devenido, sin ánimo de injuriar a nadie, en cajas de resonancia o en generadores de temas para la televisión.
Entonces, sí, creo estar entre la minoría de los que no vimos en el caso del partido de futbol ningún indicio alentador:
se juega futbol en las cárceles, cualquier hombre de la generación del 58, que haya estado preso en la Isla del Burro, te contará que los captores jugaban pelota con los detenidos.
–Cómo escapar de esa banalización de la realidad. Cómo evitar esta cultura moderna de convertir el drama de los seres comunes en un show en donde tienen que meter la nariz millones de personas.
–Debemos hacer un esfuerzo por problematizar lo que nos ocurre, o el pensamiento sobre lo que nos ocurre, y nótese que quienes han tratado de confrontarnos con la complejidad han sido invariablemente recusados por toda la sociedad venezolana espectadora, por la contenta barbarie chavista y antichavista.
Te hablo de Luis Castro Leiva y Manuel Caballero, o las cosas que sobre nuestra realidad petrolera puede haber dicho en otro registro un tipo como Ramón Espinasa.
–Es inevitable no referir entonces el tema del papel que juegan los intelectuales en un momento tan grave como el que vive Venezuela.
–Entendemos que un intelectual es tanto más valioso cuando más maximalista es y ese es el tema terrible de Arturo Uslar Pietri, que es insoslayable en esta conversación. Si Uslar Pietri propuso “sembrar el petróleo”, basta que tu te familiarices con el tema un poquito para darte cuenta de que no hemos hecho sino sembrar el petróleo y sin embargo, quienes lo citan o lo invocan, lo invocan, repito, con un marcado sesgo moralista y sobre todo imaginario, vinculado a la imaginación económica, que es una de las componentes más feroces de nuestra contenta barbarie: imaginar la economía de una cierta manera que no tiene nada que ver con la realidad.
Visión turística
–Resulta curioso cómo la crisis venezolana refleja tan encontradas interpretaciones. Un ciudadano puede pensar que no existe el estado de derecho, tomando en cuenta incluso informes de la OEA
, mientras que un corresponsal extranjero puede advertir al mismo tiempo una lucha entre ricos y pobres.
–El caso venezolano muy pronto se va a constituir en tema de estudio de muchas formas de tiranía sancionadas por constituciones que muestran un aparente miramiento por lo constitucional y por lo legal. Esa calidad atípica de tiranía es lo que ha descaminado a los analistas extranjeros de buena fe. Pero la mayoría de ellos incurre en su visión turística. Lo que nos ocurre con la prensa extranjera es un avatar más del “vine a observar el proceso”, de una de las peores supercherías del Tercer Mundo, que es la superchería de las originalidades de las revoluciones.
V.S. Naipaul ha escrito una obra sobre la originalidad de las revoluciones.
Sartre visitaba países atento a la originalidad de los procesos. Lo terrible es que se atiende a la originalidad y se olvidan cosas que ya están bien probadas como es la separación de los poderes y la alternabilidad en el ejercicio del poder.
–Su propia experiencia como columnista de opinión se ha confrontado también con lo que se espera que interprete y lo que es su particular punto de vista.
–En estos días escribí una de mis últimas columnas, en la que me sentí muy a gusto porque recuperé el tono zumbón que había perdido, sobre la ineptitud y la disfuncionalidad de Carlos Ortega como cabeza visible de la oposición. ¿Cuál fue la respuesta que encontré en la mayor parte de mis amigos? Escuché una que me dejó patidifuso. Me dijo: “Eso es lo que tenemos, no debemos, no está bien que lo critiques”.
Y entonces no me quedó más remedio que decir bueno, si eso es lo que tenemos, tendremos aún más violencia porque la siguiente declaración de Carlos Ortega fue que no va a haber elecciones mientras Chávez esté en el poder.
–¿Cómo salimos entonces de este dilema que se parece a un juego trancado?
–Acabo de leerme una propuesta que es una de las cosas más valiosas, no solamente como mapa caminero de lo que puede ser una negociación, sino también como un elemento importantísimo que contribuye a que se le baje la presión de la imaginación violenta en Venezuela.
La imaginación de la salida violenta. Por eso se le debe dar la difusión debida a un trabajo tan serio como el de Francisco Monaldi y Michael Penfold
Si yo fuera Alberto Federico Ravell, dedicaría un especial dominical muy pronto para que Monaldi y Penfold hagan una exposición de una hora sin interrupciones acerca de las perspectivas que tienen las cuatro o cinco fórmulas de avenimiento que, sin haberlas diseñado, han sido consideradas por estos expertos para bajar la tensión y salir de la crisis.
–Monaldi y Pendfold han estudiado las posibles salidas.
Pero la voluntad del país no camina hacia esa dirección.
–Durante una marcha que convocó el oficialismo escuché a un chavista, a quien una joven periodista de la televisión le hacía ver que no había habido ningún logro económico en estos cuatro años. Él respondió:
“Sí, pero yo mando en mi hambre”.
Sentí que estaba a años luz de ese compatriota, que de verdad es un enigma para mí lo que está en la base de la realidad que nos sustenta. Estuve en el grupo de quienes pensaban que aunque la Constitución no me parecía una gran cosa íbamos a poder entendernos sobre los temas primordiales. Nuestra clase política corrupta o tan denostada se puso de acuerdo parcialmente en que Pdvsa
era algo, sino intocado (sería ingenuo decir que no hubo injerencia política en el pasado) que merecía un trato distinto. Esa Venezuela del consenso se fue al diablo y vamos hacia una cosa que a mí me inquieta mucho. El único consenso que entiende Chávez es una cadena donde él habla sin parar. Por eso quiere los medios.
Imaginario venezolano
“Hasta septiembre de 2001, hasta el atentado de World Trade Center, la oposición venezolana se había empezado a organizar en torno a grandes temas, de una gran pertinencia nacional: la pretensión intervencionista de la educación por parte del Estado hizo que se movilizara y se consolidara uno de los núcleos más importantes de oposición en Venezuela.
El modo banalizador y simplista con el que Chávez abordaba el tema de los medios era otro de los elementos dinamizadores de la oposición.
Hasta esa fecha el imaginario de ambas facciones era un imaginario venezolano, doméstico. El atentado del 11 de septiembre y las aseveraciones de Bush de que iba a luchar contra el terrorismo internacional desató en la masa opositora una de nuestras supercherías nacionales:
la idea de que los gringos iban a venir por la cabeza de Chávez.
Esta idea no la encontrarás expresada en ningún periódico, pero sin duda reavivó el ánimo de la oposición de demostrar que Chávez era un agente del mal. Él ayudó con sus peroratas anti Afganistán, cuando habló de los bombardeos.
En ese momento, buena parte de los factores de oposición sintieron un apremio; sintieron que venía el séptimo de caballería, igual que en las películas cuando se oye la trompeta de los séptimos de caballería y los asediados redoblan sus esfuerzos. Se redoblaron los esfuerzos en el peor de los sentidos, en el sentido de remover a Chávez a como diese lugar. Y eso tuvo por supuesto una reacción por parte del chavismo actuante en política. Pienso que desde entonces no hemos podido salir de este espiral.
La contenta barbarie
Ibsen Martínez se cansó de seguirle el pulso a la realidad todos los sábados del año. Cuando uno le pregunta por qué, él responde con un personaje de Ernest Hemingway (Muerte en la tarde ) . “En realidad ese libro es un manual de tauromaquia para americanos. Pero en esa obra Hemingway creó un personaje, la señora de pelo azul, una mujer mayor que se ha teñido el pelo de azul, y que hace las preguntas que hace una señora de edad en una boda. Esa señora de pelo azul, en Venezuela, es muy impaciente con las ideas complejas, ahora entrevista a gente por televisión, lee la prensa todas las mañanas y es muy impaciente con todo aquel que trata de articular algo fatalmente complejo, como es compleja la realidad.
Por qué dejo la columna de los sábados?: estoy huyendo de la señora de pelo azul’ ’ .
¿Hacia donde se dirige Ibsen?
Hacia una telenovela que realizará con Román Chalbaud, para Telemundo NBC, con quien cerró un contrato recientemente.
Y mientras ese proyecto avanza, escribirá en El Nacional de manera más esporádica, alejado de la tiranía de la opinión inmediatista. “Hay una expresión de Alvaro Vargas Llosa, que está en el título de un libro de él, La contenta barbarie, sobre los primeros años del fujimorato, y él se sorprendía del modo como las masas peruanas se habían volcado sobre un desconocido ‘nuevo’ .
Lo que les quisiera prometer a los lectores de El Naciona l es que voy a escribir sobre nuestra contentísima barbarie y sobre su noción de lo ‘nuevo’ como talismán, y de que toda experiencia es inútil. Esta contenta barbarie en la que chapoteamos los venezolanos, de la que no escapa ni Globovisión ni Aló Presidente, ni quienes esperan que la solución sea militar, por ejemplo, en materia política.
Voy a tratar de exorcizar en mí mismo esos temas que por la premura y por la dinámica misma de la columna semanal uno aplaza’ ’ .
Ibsen Martínez promete, sí, mantener su estatus de pensador independiente. Quiere escribir sobre otras cosas, por ejemplo desea dilucidar si un petrolero, si un gerente petrolero, es un intelectual. ¿Qué cosas han discurrido las personas que armaron Pdvsa e hicieron de Pdvsa lo que fue?, ¿cómo vieron el mundo petrolero?, ¿qué cosas hay allí?, ¿cómo concibieron las reformas institucionales?, ¿cómo concibieron el negocio?
“Lamentablemente, eso está opacado por la querella entre los huelguistas golpistas y el gobierno salvador’ ’ .
¿Hay oportunidad para estas ideas en Venezuela hoy? Ibsen Martínez cree que sí. Dos temas le preocupan: ¿de qué vamos a vivir? y ¿por qué vivimos tan mal? “Una de las primeras cosas que prometo para esta nueva etapa en El Nacional es glosar este trabajo póstumo de Susana Rotker, Ciudadanías del miedo (Nueva Sociedad/Rutgers), en el que solicitó a muchos latinoamericanos, incluyendo a varios venezolanos, reflexiones de fondo, no especulaciones, sobre el modo especial de violencia que se da en nuestras grandes urbes y que ya es una realidad en el país.
A Susana se le tiene con razón como una investigadora literaria, como una investigadora del papel de la literatura en el periodismo, pero poca gente conoce este trabajo y bueno, este es el tipo de cosas que me va a provocar hacer, escribir sobre lo que los mejores venezolanos han pensado de nosotros’ ’ . Que así sea.
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