A juicio de Julio Borges, diputado en la Asamblea Nacional de Primero Justicia, después del 11 y 12 de abril el gobierno se mantiene montado en el ring de boxeo peleando y la oposición, su contrincante, lo fortalece en la medida en que le responde los golpes. En este sentido, apuntó en una conversación con Venezuela Analítica que " si la sociedad fuese capaz de sentarse a observar sin tanta ansiedad lo que este gobierno puede o no hacer, en términos de lo que significa gobernar, nos daríamos cuenta que está sostenido de la nada".
VA: ¿Cuáles son en su criterio los elementos mínimos necesarios para asegurar un pacto de gobernabilidad en Venezuela y por qué cree usted que hemos llegado a la actual situación de crisis en el país?
JB: Con este gobierno, y con cualquier otro, vamos a tener que buscar una zona de entendimiento de la sociedad. Nosotros hemos insistido mucho en la necesidad de que la Organización de Estados Americanos (OEA) esté presente y hemos insistido también en que la agenda que pudiera sustentar ese diálogo sea también el informe preliminar que hizo la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, porque es precisamente lo que se necesita: un tercero imparcial que logre dibujar esa zona intermedia. Esa zona de consenso con una agenda muy concreta, pero también con un destino final muy claro, que es la posibilidad de aterrizar en un proceso electoral sin violencia, con reglas del juego claras, con total transparencia. Eso para mí es parte del camino que hay que recorrer.
VA: Y ese referéndum del que habla Chávez para agosto del año que viene, ¿sería un poco ese aterrizaje que tú mencionas o piensas que no es la manera como se debe dar?
JB: No, yo creo que es todo lo contrario. Cuando el presidente nos dibuja un horizonte en agosto del año 2003, a mi modo de ver, lo que está tratando de decir es que le demos una tregua. Chávez no se está dando cuenta que hay todo un conjunto de situaciones que el país está viviendo que no pueden ser solucionadas ni pueden esperar al 2002.
¿A qué me refiero?
· El tema fundamental de lo que es la confianza para la inversión. No existe ni va a existir
· El tema de lo que es la fractura de la Fuerza Armada. Eso no se va a solventar simplemente por el transcurso del tiempo.
· El problema de la cultura de la violencia que se ha instalado en ciertos sectores de la población, que tampoco se va a solucionar con el transcurso del tiempo.
· El problema de la capacidad para generar empleo, que es crucial.
· El problema de la seguridad social, no ha sido posible tampoco.
Entonces, cuando el presidente Chávez pone el horizonte en el 2003 lo que está pensando es en el disfrute de su permanencia en el poder. No así en la capacidad real de resolver problemas que no pueden esperar hasta ese año.
VA: ¿Es esta una política que el propio gobierno está dejando correr?, ¿o tal vez sea simplemente ineficiencia?
JB: Es simplemente incapacidad, porque yo no creo que el presidente y el gobierno quieran que se ponga mayúsculo el problema económico — no creo que los niveles de irracionalidad sean tan altos. Asimismo, considero que el gobierno está promoviendo el tema de la violencia. En este momento precipitar una salida violenta representa ganancias para el presidente en cualquier escenario: si él sale producto de una intervención militar sería la víctima que está construyendo su expediente a futuro sobre una revolución popular, que fue eclipsada por la derecha o por la oligarquía; si logra ganar de nuevo una intervención militar tendría, entonces, todas las posibilidades de seguir desmantelando la institución armada, que es el único contrapeso que queda en el país, además de la libertad de expresión. Entonces, él es un poco quien está precipitando esa acción radical ya final, porque sabe que el transcurso del tiempo juega en su contra. El promueve por una lado la violencia y, artificialmente, nos presenta el horizonte del referéndum en el 2003 como para que la gente no se desespere tanto.
VA: Es evidente que la oposición se plantean varios caminos para la salida del presidente Chávez. Uno de ellos es la violenta que, como usted afirma, sólo beneficia al propio gobierno. Las otras vías son, o bien la reforma constitucional, el enjuiciamiento del presidente por cualquiera de las querellas que se han sometido al TSJ o el referéndum revocatorio. En esto parece que, al igual que ha pasado en los últimos tiempos, la oposición tampoco se pone de acuerdo sobre cual es el camino más expedito para la salida del presidente, ¿cuál es su posición?
JB: Bueno, esto es producto del desorden que existe en cierta parte de la oposición y de la brújula un poco perdida, que también es una realidad. Es difícil hablar de salidas institucionales cuando no hay instituciones, lo que conlleva a que la actitud de la oposición o de la sociedad sea prácticamente 'darle palo a todo mogote a ver que cae'. Pero si estuviéramos en un país donde las instituciones funcionaran, el problema sería menor y el camino sería mucho más claro. En este momento, todos estamos en un cuarto oscuro. Por eso pareciera que la oposición está en una situación un tanto desesperada, y lo que ocurre es que se trata de una situación donde no hay reglas de juego.
Bajarse del ring
VA: ¿Cómo se organiza la oposición cuando no hay claras reglas de juego ?
JB: Voy a decir algo que puede sonar un poco duro y loco, pero a veces pareciera que a un gobierno tan absolutamente ineficiente y que ha sido tan negativo para la paz social del país — y esto lo digo casi echando broma— lo único que lo sostiene es la oposición. Después del 11 y 12 de abril el gobierno se mantiene montado en el ring de boxeo peleando con todo el mundo. Eso es lo único que lo sujeta. Si nosotros hiciéramos un poco de silencio y si la sociedad fuese capaz de sentarse a observar sin tanta ansiedad lo que este gobierno puede o no hacer en términos de lo que significa gobernar , nos daríamos cuenta que está sostenido de la nada. Es decir, no tiene instituciones , no tiene dinero, no tiene plan de gobierno, no tiene obra, no tiene ni siquiera política social. Ha sido una gestión que ha multiplicado la pobreza, la deuda y el desempleo. Además, ha desmantelado programas sociales, ha creado odio en el país y una saturación de la vida de la mayoría de los venezolanos que es insostenible.
En la medida que nosotros sigamos empeñados en seguir montados en el ring peleando con Chávez lo fortalecemos. Esto lo podemos obervar en los estudos de opinión: el presidente crece cuando está confrontando como el 11 de abril o incluso cuando el paro del 10 de diciembre. Cuando Chávez logra ese boxeo duro tiene unos picos de alzada gigantezcos, porque es un gran luchador, pero es un gran destructor también.
El país esta caminando hacia una situación de anomia total, una lenta agonía hacia el caos. Se vive una situación de desprotección social, económica y política, de tal magnitud, que es muy probable que el presidente salga por aclamación, de la misma forma que entró por aclamación. Por eso yo creo que lo lógico es que esa porción que todavía tiene fe en él, de una forma legítima, se dé cuenta que es la que está sufriendo más, pues fue engañada y manipulada.
VA: Pensando en la época post Chávez, ¿cómo podemos incluir a los partidarios de Chávez en todo esto?
JB: Esa es una de las preguntas de las más desafiantes, porque hay un grupo, que es el violento, sobre el cual nosotros no podemos permitir que exista como milicia paralela, o como grupo armado o como grupo que vaya a asumir una postura en el post-chavismo radical. Aunque después del 11 de abril -obviamente el presidente no lo admite - el post-chavismo ya empezó. Él no quiere darse cuenta de eso. El problema para nosotros está en enamorar a toda una población que tuvo legítimamente fe en el proceso de cambio. Hacerlo sin caer en el engaño de darle a ese sector un mensaje populista, un mensaje de que aquí venimos a salvar a todo el mundo, porque eso sería perpetuar las causas que produjeron un fenómeno como el de Chávez. Yo creo que hay que comenzar un discurso sincero, que la gente lo entiende, basado en tres principios muy importantes:
- El primero, que a Venezuela no la va a salvar ningún Mesías y nosotros como políticos estamos obligados a transmitir ese mensaje. Es decir, no es lo mismo un líder que un Mesías, eso es en lo que el presidente se convirtió para muchos en Venezuela.
- En segundo lugar, que Venezuela no es un país rico, que podría llegar a ser un país rico si cumplimos una tarea que no hemos querido cumplir desde hace más de 20 años, que pasa por abordar el tema petrolero, el tema de la educación para el trabajo, el tema de los mercados laborales, la seguridad social. Esa imagen que hay de que Venezuela es un país rico y que hay a la mitad del camino alguien que se roba el dinero- que ha sido el discurso con el cual llegó Chávez, pero todos los presidentes anteriores también - hay que trabajarlo con mucha honestidad.
- El tercero es el tema de las instituciones, que si nosotros no construimos instituciones donde todos los venezolanos quepan, desde los más ricos hasta los más pobres, instituciones donde todos sean iguales ante la ley, es imposible que el país se desarrolle. Si nosotros no logramos esa sociedad sin privilegios, es imposible que haya desarrollo en el país.
VA: ¿Cuál es el papel de los partidos políticos dentro de la Venezuela post-chavista?
JB: El gran pecado que cometió la democracia venezolana y de alguna manera toda la sociedad, es que en lugar de exigir a los partidos sanamente que se transformaran y se pusieran al día, se dedicaron a caerles a machetazos. Y ese es un problema no solo venezolano. Es el problema más grave de América Latina, donde el subdesarrollo es fundamentalmente político, más que económico. Cuando nosotros hablamos de la crisis política en América Latina y especialmente en Venezuela, estamos hablando de la crisis del modelo político. ¿Qué es lo que ha sucedido? Que lamentablemente los partidos políticos no han logrado evolucionar en esta especie de sociedad moderna. Se han quedado atrás como unos dinosaurios. Los partidos políticos se ven como algo pasado de moda, viejo, que deberían estar guardados en un baúl. Porque no han logrado ponerse a la altura de una sociedad compleja como es la latinoamericana.
Esta situación de los partidos políticos te permite que surjan fenómenos como Toledo en Perú, que ya está muriendo; el mismo Fox en México, que no tiene partido sino una plataforma electoral, que no tiene raíces en la sociedad mexicana; el caso de De la Rúa, en Argentina; el fenómeno de Chávez; Uribe, en Colombia. Son una especie de “llaneros solitarios”, que no tienen plataforma con raíces profundas en la sociedad y es imposible gobernar sin partidos políticos. Estos son precisamente los que evitan que haya violencia en una sociedad, porque permiten que nos sentemos todos en una mesa a discutir, a ponernos de acuerdo. Son como los amortiguadores de un carro, que aguantan los golpes y hacen que no se sientan tanto.
Por eso el tema de los partidos políticos es esencial y si la Venezuela del siglo XXI no logra transformar a los partidos políticos, entonces, Venezuela no entrará en el siglo XXI. Esa es la realidad.
VA: ¿Qué significaría esa transformación?
JB: Aspectos muy importantes como el financiamiento de los partidos políticos, porque ahora no existe financiamiento público para los partidos y creo que sí debería haberlo. No debe seguir la división entre sociedad civil y partidos políticos. El rol en una sociedad sana es que la sociedad civil funje como la gran controladora de los partidos, debe ser como el gran“guachiman” de los partidos políticos. Asimismo, debe ocurrir una transformación en la estructura de los partidos políticos. Estos deberían ser mucho más urbanos, y no elefantes blancos ni verdes, como lo fueron AD y COPEI en su época, que tenían una nómina gigantesca, más grande que la del Banco Mundial o que las Naciones Unidas, estamos hablando de decenas de miles de empleados y eso es imposible. Esa es una relación clientelar que hay que abolirla. El partido democratacristiano alemán, que funciona para 86 millones de alemanes tiene una nómina de 147 personas. Por eso hay que girar hacia estructuras más ágiles, modernas. Además, hay que meterse de lleno en la discusión ideológica y programática que los partidos políticos venezolanos habían olvidado.
Un centroprogresista
Julio Andrés Borges es abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello en 1992. Realizó una maestría en Filosofía Política y Social en el Boston College y otra en Políticas Públicas y Estudios de América Latina en la Universidad de Oxford. Es miembro fundador de Primero Justicia y diputado de la Asamblea Nacional.