“Si cumplimos las reglas, no hay riesgo de hiperinflación”
Norma Domínguez
Jueves, 28 de febrero de 2002
Jorge Capitanich (37), un político joven y de la nueva generación democrática –tenía sólo 11 años cuando se iniciaba la dictadura militar de 1976- es hoy el Jefe de Gabinete de Ministros de la Argentina, una suerte de Primer Ministro designado por el Presidente. Hombre clave del gobierno peronista de transición, busca renovar la imagen de la vapuleada clase política argentina. En esta entrevista habla del default, del “efecto contagio” y del “corralito”, entre otros temas. | | | Jorge Capitanich, jefe de Gabinete de Ministros del Gobierno argentino conversando con Norma Domínguez |
¿Se imaginaba hace dos meses que iba a estar ocupando este cargo?
No, jamás hubiésemos pensado en la posibilidad de la interrupción del mandato constitucional del Presidente por renuncia. En octubre yo era electo senador nacional, pero obviamente esta situación modificó substancialmente el escenario político. Inesperadamente, nos vimos obligados a asumir una responsabilidad en el ejercicio del Poder Ejecutivo Nacional en un contexto de profunda crisis.
¿Cómo describiría hoy el escenario político, económico y social de la Argentina?
Sufre el desprestigio de sus instituciones, y una gran falta de credibilidad en los políticos. Y en lo económico, una depresión estructural como consecuencia de cuatro años de recesión, que produce una caída del PBI de entre el 14 y 17% en dicho período, y 38% de la población en la pobreza. Un Estado que no puede hacerse cargo de prestar servicios básicos indelegables, y el quiebre generalizado de las empresas que no pueden producir bienes y servicios, ha originado una debacle del sector público que no recauda impuestos.
Todo esto ha generado un escenario social de extrema complejidad. En la explosión del 20 de diciembre se producen aproximadamente treinta muertes, saqueos a supermercados y disturbios en todo el país. En este contexto, el presidente Eduardo Duhalde asume la responsabilidad de gobernar con tres grandes objetivos: reconstruir la autoridad política, garantizar la paz social y generar las condiciones para un modelo económico y social que permita a la Argentina reactivar su economía y atraer inversiones.
El primer objetivo, reconstruir la autoridad política, se cumple partir de la Asamblea Legislativa, que el 2 de enero por abrumadora mayoría designa al presidente Duhalde. Por la paz social estamos trabajando es varias direcciones: emergencia alimentaria, subsidios de formación profesional y desempleo, un esquema de seguro médico y asistencia en infraestructura social básica, para lo que contaremos con apoyo del Banco Mundial y otros organismos internacionales. Por último, nuestro programa económico se orienta a recuperar la competitividad de la economía argentina, promover un aumento a las exportaciones, recuperar las condiciones para la inversión productiva, defender la producción nacional y devolver a los argentinos la esperanza de obtener un trabajo.
El default de la deuda argentina fue el más grande de la historia. ¿Cómo le explicaría al mundo esta decisión?
Diría que la Argentina ha incumplido sus obligaciones externas en virtud de su imposibilidad de pago, por viejos errores de política económica. En nuestra historia reciente, cada diez años la Argentina vive una crisis de deuda: en el período 81-83, en 90-92, y ahora, en el 2001-2002. El problema central del país, es que en la década del 80 tuvimos un exceso de gasto público, que originó la necesidad de financiarlo vía una emisión monetaria de carácter incontrolado, y que derivó en una hiperinflación. El programa de estabilización de la década del 90, a través de la convertibilidad monetaria, tenía como condición necesaria un gasto público acotado y no ingresar en el terreno de endeudamiento creciente, pero la Argentina tuvo un incremento desmesurado del gasto público y un exceso de endeudamiento que derivó en cesación de pagos.
Obviamente, la conducta fiscal de la Argentina es reprochable. Pero hay dos responsabilidades: por un lado, el incumplimiento y la inconducta fiscal de la Argentina, y por el otro un problema de moral hazard derivado de los acreedores externos que han sobreprestado a la Argentina y no han tenido en cuenta sus capacidades efectivas de pago. Por lo tanto este es un problema mutuo.
¿Y la solución?
La solución del país pasa por tener un programa económico sustentable que le permita tener un crecimiento sistemático, que significa tener regla fiscal, monetaria y cambiaria. Respecto de la regla fiscal, nosotros tenemos que tender no solamente a un equilibrio presupuestario sino también a un superávit. Obviamente, necesitamos una regla monetaria administrada con prudencia, y una política cambiaria, que ahora es de libre flotación, a los efectos de fijar adecuadamente una estructura de precios relativos que sea sustentable. Incentivos claros a las exportaciones, un medio ambiente favorable para las inversiones, y atar la cancelación de deuda al crecimiento del PBI. La única forma que Argentina tenga una salida clara y sustentable es a través de un programa sólido, con disciplina y con cumplimiento de reglas. También necesitamos negociaciones sólidas con los organismos multilaterales de crédito. Y establecer una estrategia de reprogramación de la deuda pública, para que la Argentina inspire confiabilidad y pueda asumir sus compromisos. Porque este es el problema de la credibilidad: de lo contrario, el país paga sobretasas de interés que tienen consecuencias permanentes de transferencias de riquezas.
Históricamente, los países que cayeron en default lo hicieron pidiendo perdón. La clase política argentina, en cambio, aplaudió de pié el anuncio de que no pagaría su deuda externa. ¿Para recuperar la credibilidad, el gobierno de Duhalde debería hacer algún tipo de aclaración con respecto a ese aplauso al default de la deuda?
El mayor gesto que debe hacer este gobierno es precisamente fijar reglas y cumplirlas. Cuando un gobierno fija reglas y las cumple, inspira confianza
Una de las principales cosas que debemos hacer los argentinos para retener las inversiones que aún están y para atraer más inversores extranjeros es dar la respuesta que reclama el mundo sobre la violación del derecho de propiedad que se ha planteado a partir del congelamiento de depósitos (el “corralito”) y que se ha vivido de forma muy grave en el exterior. ¿Cuándo y cómo vamos a poder dar respuesta a este tema?
Restaurando el orden público económico de la forma más inmediata posible. La ruptura generalizada de contratos que se produjo en la Argentina se debe a una salida fáctica de la convertibilidad monetaria por la interrupción en la cadena de pagos –es decir: deudores que no pueden cumplir con acreedores, generando un efecto cascada-. A partir de ahora, con el proceso de devaluación incorporado a las transacciones y los precios, la Argentina se encamina a una mayor libertad.
¿Argentina va hacia un mayor proteccionismo?
 | | | Jorge Capitanich |
No. Vamos a tener un tipo de cambio real y efectivo amplio, pero respetamos claramente los acuerdos. Pretendemos defender el interés nacional -como todos los países del mundo-, incentivando la producción y las exportaciones, atrayendo inversiones y fomentando el ahorro. Pero no vamos a un mayor proteccionismo.
Pasemos al “efecto contagio” de la crisis. Uruguay acaba de perder el investment grade y el presidente Batlle responsabilizó por ello a la Argentina, la bolsa de Madrid cayó abruptamente, Brasil y Chile están temiendo algo similar, y Bolivia y Paraguay padecen una caída de su comercio exterior, entre otros. ¿Cree que la Argentina va a seguir afectando a los países de Iberoamérica?
Es cierto que el comercio y los flujos con muchos países se ha modificado, especialmente en los casos de Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia, porque ahora tenemos una mayor competitividad en nuestra producción local.
Respecto a España, tiene muchas inversiones directas en nuestro país y hay sectores que han sido afectados. El problema en realidad comienza con la recesión de los últimos años. Las empresas españolas que han participado en las privatizaciones argentinas estaban sujetas a la tasa de inflación norteamericana pese a la deflación local. Por lo tanto, el problema no es solamente asumir el impacto devaluatorio. También, hay que asumir que en contratos de concesión de largo plazo, como en este caso, pueden existir este tipo de problemas. Los ciclos económicos existen no solamente en la Argentina sino en el mundo. Obviamente, en países como el nuestro, los ciclos económicos son más duros y generan impactos más fuertes, pero esto no implica que a lo largo de un contrato de concesión no existan momentos de mayor expansión o de mayores dificultades.
Duhalde recibió una invitación del presidente Lagos, a partir de una sugerencia de Bush, para aplicar la estrategia económica que se aplicó en México después del “tequilazo”, y además los gobiernos de Chile y México hablaron de enviar especialistas para colaborar con nuestra crisis.
Si, hemos recibido la asistencia técnica de los organismos multilaterales de crédito, y hemos tenido la posibilidad de entrevistarnos con expertos de todos los países que han vivido crisis similares a la Argentina. La relación con el resto de los países del mundo es óptima, y siempre buscamos afianzar los lazos de comunicación e integración con los países del MERCOSUR, Chile y México. Y lo estamos haciendo.
Muchos economistas dicen que hay riesgo de hiperinflación en la Argentina. ¿Qué les respondería Ud.?
Los analistas económicos hacen muchos pronósticos, y afortunadamente para muchos de ellos, no están sometidos a juicios por mala praxis... Nosotros hemos programado un valor de 1,75 pesos por dólar promedio en el presupuesto 2002, y pretendemos que ese sea su valor. Tenemos que superar la estabilidad cambiaria y de precios: si logramos la primera –cumpliendo las reglas fiscales, monetarias y cambiarias básicas, tendremos la segunda. Estimamos un 15% anual de inflación en un índice de precios combinados, y ya en el primer mes después de la devaluación alcanzó sólo el 2,3%. Si cumplimos las reglas que hemos fijado, no hay riesgo de hiperinflación.
También es cierto que el “corralito” bancario ha ayudado, porque los argentinos no tienen dinero en sus bolsillos para comprar dólares...
Una parte de la población argentina, es cierto, cree que el dólar es un refugio. Pero si logramos, como decía, una estabilidad cambiaria seguida de una estabilidad de precios, esto va a cambiar. Si el pueblo argentino recupera la confianza en sus instituciones económicas, las transacciones se producirán en pesos y no habrá presión alcista respecto del dólar.
Suponiendo que esto no suceda, y pensando en el peor escenario donde el plan económico del gobierno fracase y se diera una hiperinflación en la Argentina, ¿hay alternativas a la dolarización?
No necesariamente deberíamos ir a una dolarización: hay otras alternativas, como un régimen convertible de canasta de monedas. La pretensión debería ser recuperar instrumentos de política económica. El tipo de cambio flotante permite atenuar los shocks externos respecto del comportamiento interno.
Si hubiese que dolarizar, ¿cuáles serían las ventajas y desventajas?
La dolarización tiene efectos contraproducentes: ir a un proceso de dolarización unilateral sin un tratado de unión monetaria con los Estados Unidos es altamente riesgoso. Por otra parte, Argentina quedaría sin prestamista de última instancia, mecanismo que habría que sustituir por un proceso de seguro internacional que habría que ver si efectivamente puede existir. Se podría producir una extranjerización total de la banca, que el prestamista de última instancia sea el país de origen y el banco de origen y que se tomen estas entidades financieras solamente como sucursales. La posibilidad de que se introduzca un mecanismo de seguro de depósitos calzados internacionalmente que tendría un alto costo fiscal que en estas situaciones serían difíciles de financiar. Además se produciría un congelamiento de precios relativos, al actual valor, muy fuerte, con dificultad para recuperar el precio adquisitivo del salario e inclusive un ajuste marginal del mismo. E implicaría asumir el gap de productividad relativa que existe entre la Argentina y los Estados Unidos, y que habría que sustituirlo con un incremento espectacular de nuestra productividad, lo que requiere inversiones, transferencia de tecnología, modelos organizacionales más eficientes, etc. Sólo si existiese un tratado de unión monetaria, un tratado de libre comercio bilateral, la posibilidad de tener un mecanismo de prestamista de última instancia establecido a nivel internacional, y una recuperación del gap de productividad , podría ser factible una dolarización.
¿MERCOSUR fortalecido, Suramérica unida o ALCA?
No son incompatibles, son tres fases: un MERCOSUR fortalecido y una América del Sur integrada, para llegar a un ALCA con alta capacidad de transacción económica.
El presidente Duhalde habló de la posibilidad de una “guerra civil” en la Argentina. ¿Bajo qué condiciones extremas esto podría llegar a suceder?
La pérdida de autoridad política produce caos y anarquía. La anarquía es el preludio de un proceso de disolución nacional y esto obviamente puede desencadenar procesos fraticidas de luchas internas que desembocan en guerra civil. Esto es lo que muestra la experiencia de muchos países del mundo. Pero hoy la Argentina se encamina hacia una recuperación fuerte del poder político, de nueva organización de la economía, de las instituciones y de la sociedad. Creo que ese fantasma se desvanece.
Ficha técnica: Jorge Capitanich (37), casado, dos hijos. Proviene del Chaco, la provincia más pobre de la Argentina. Hace pocos años que se vuelca a la política, y dice que su formación es “a la vez pública y empresarial”: es contador Público, y tiene masters en economía, ciencia política y administración pública. Milita en el peronismo.
Norma Domínguez es Editora en Jefe del Observatorio Electoral Latinoamericano y coordinadora de Contenidos de Nueva Mayoría.com |