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Venezuela Analítica - Entrevistas
Entrevista al Embajador de los Estados Unidos Mexicanos: Jesús Puente Leyva
Jesús Puente Leyva: “La globalidad es el paradigma indiscutible de nuestro tiempo”

Foro sobre la transición mexicana

Sitio oficial del gobierno mexicano

Constitución Mexicana (1917)



Ysrrael Camero / José Roversi

Jueves, 16 de agosto de 2001

Jesús Puente Leyva, embajador de México en Venezuela
"México es hoy el país, entre todos los que existen, más integrado a los mercados del mundo"


México y Venezuela tienen fuertes lazos económicos y culturales. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez los exiliados políticos hicieron de México su segundo hogar. En el marco del Grupo de los 3 y de un Tratado de Libre Comercio suscrito hace una década sus relaciones económicas se han fortalecido. Más allá de que la cultura mexicana y la cultura venezolana tienen una relación fluida durante la segunda mitad del siglo pasado.

Hoy ambos países pasan por importantes y contrastantes procesos de transición política. Luego de más de setenta años de dominio hegemónico del Partido Revolucionario Institucional en el gobierno y en la sociedad azteca, la presidencia de Vicente Fox Quesada, del PAN, abre un importante proceso de democratización política. En Venezuela la elección de Hugo Chávez a la Presidencia inicia un proceso de transformación de inciertas características.

México ha venido adelantando su integración con la globalidad desde hace décadas, la firma y puesta en práctica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con los Estados Unidos y con Canadá es la culminación definitiva de un proceso de modernización de la estructura económica azteca de largo aliento. De esta manera México se ha convertido en la puerta latinoamericana de entrada a las grandes ligas de la economía mundial.

México destaca en Latinoamérica, es el segundo país, en tamaño, con un área de casi dos millones de kilómetros cuadrados y una población de cerca de noventa y ocho millones tiene una densidad poblacional de cincuenta habitantes por kilómetro cuadrado. Puede ser considerada la locomotora de la economía latinoamericana. Con una población activa de cerca de cuarenta millones de personas su economía, integrada en el seno de la globalidad, ha crecido a una tasa cercana al dos por ciento anual desde 1990 hasta el 2000, alcanzando durante 1999 un PIB de 483.671.7 millones de dólares. Cuenta con una producción de crudo de tres millones de barriles diarios (2000). Tiene una economía diversificada, siendo sus principales productos de exportación, el petróleo, café, plata, motores, vehículos, algodón y artículos electrónicos. Destina para los Estados Unidos el ochenta y cinco por ciento de sus exportaciones, de donde toma cerca de las tres cuartas partes de sus importaciones. Por eso, durante el año 2001, la desaceleración de la economía de los Estados Unidos ha venido afectando duramente el funcionamiento normal del sistema económico mexicano, llegando a temerse una recesión. Importantes datos a destacar: México se encuentra entre los primeros países exportadores de productos de alta tecnología, 38 millones de dólares, convirtiéndose en un líder potencial en innovación y adelanto tecnológico a nivel mundial; alcanzó, en el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el puesto 51 en índice de desarrollo humano.

Conversamos con Jesús Puente Leyva, intelectual, economista y diplomático, académico prestado a la carrera política. Militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde los 17 años y figura destacada de la política mexicana, por sus aulas pasaron expresidentes y dirigentes políticos aztecas en trance de formación profesional. Puente Leyva derrocha una impactante personalidad y una amplia y profunda cultura como Embajador de México en Venezuela. La integración latinoamericana, el ALCA, la importancia del G3, las características de la transición en el país azteca son las temáticas que repasamos en un amable diálogo en su despacho.

Para Jesús Puente Leyva entre ambos países transcurre una gran tradición de concertaciones políticas, considera que la imagen de México en nuestro país se ha manejado con excesiva austeridad “lo que ha hecho que mucha gente no sepa cual es el orden de prioridades donde están colocadas las relaciones entre México y Venezuela”.

Iniciamos nuestra discusión con una reflexión de Puente Leyva sobre el desconocimiento de la opinión pública venezolana en torno al tratado de libre comercio entre México y Venezuela que data de 1991, firmado entre Carlos Salinas de Gortari y Carlos Andrés Pérez. Pasando a repasar las relaciones entre ambos países y el Grupo de los Tres, del que también forma parte Colombia.

YC: México y Venezuela imbricados en muchos aspectos, los antecedentes confluyen evidentemente en el Grupo de los Tres, el cual entró en vigor el 1° de enero de 1995, y se incorpora a un proceso de integración hemisférico. ¿Cómo se ha desarrollado el G3?

"A México no se le ha estudiado a fondo, desde hace mucho tiempo, y cuando se le quiere estudiar a fondo se le estudia a partir de premisas muy viciadas"
“El Grupo de los Tres viene de hace mucho tiempo como concertación política, se le da materia objetiva en el ochenta y cinco, ya para que tenga carácter y para que sea una plataforma de operación de intereses objetivos y comunes en el comercio, en las inversiones, en toda una serie de elementos de las relaciones económicas bilaterales.

México es, después de Estados Unidos y de Colombia, el principal cliente de Venezuela, y de hecho Colombia y México son los principales clientes de Venezuela en el área de productos no tradicionales, que son los productos del área donde Venezuela puede diversificar su base productiva.

La gente no sabe que, en el ámbito del G3, como cliente integrado, Colombia y México le compran más a Venezuela que todo el MERCOSUR, que todo el Grupo Andino. Poca gente sabe que México, en los últimos siete años ha hecho una inversión en participación accionaria y en soporte crediticio en balances que representa más de cuatro mil millones de dólares. Ignoran que las empresas mexicanas aquí le dan empleo a casi quince mil personas, lo cual representa siete por ciento del empleo formal en la industria manufacturera. Hay muchas cosas que la gente ignora.

México es hoy el país, entre todos los que existen, más integrado a los mercados del mundo. Tenemos once tratados de libre comercio que nos vinculan operativa y funcionalmente con treinta y un países de América Latina”.

JR: ¿México es el puente latinoamericano hacia la globalización y hacia el libre comercio?

“Lo importante en ese contexto es, en lo que concierne a los intereses de América Latina es una plataforma la existencia económica de México; para América Latina lo importante es la iniciativa hemisférica. En relación con eso, la experiencia de México es muy importante, porque involucra a la economía más grande del mundo, su experiencia, en virtud de esa experiencia durante la última década, cada cinco años se está triplicando el comercio en México”.

JR: Era interanual hasta 1996

Jesús Puente Leyva, embajador de México en Venezuela
“Probablemente ese ritmo no podrá mantenerse pero, por lo pronto es una experiencia. Algo más, es que en medio de esta experiencia, las exportaciones de México, que hoy ascienden en orden de magnitud a ciento sesenta mil millones de dólares, representan casi la mitad de todas las exportaciones de todos los demás países de América Latina. En ese contexto de experiencia mexicana se plantea la globalidad como paradigma indiscutible de nuestro tiempo, con sus virtudes y con sus defectos, y también la viabilidad para que los países de América Latina se incorporen a ese esquema.

Mi tesis es que México pudo hacer su enorme vinculación de mercados abiertos competitivos al tenor de dos premisas: el deliberado sentido, el deliberado expediente, de sacrificar parte de su sector productivo porque no tenían condiciones de competitividad, y no las tendría en la integración; segundo, sabiendo que la globalidad es una ola enorme, ineludible, en la cual se deben montar los países por su propia iniciativa, o la ola los desborda, sin consultarles.

Dicho esto, volvemos a la experiencia. México pudo lanzarse a una integración sin precedentes universales, como lo ha hecho en la última década, por una razón que la gente ignora. Diez años antes de que México se incorporara al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, había estado recibiendo gran cantidad de inversiones directas en sectores y ramas estratégicas que preparaban los nichos de exportación de esas mismas inversiones hacia Estados Unidos, hacia Canadá y hacia otros países, ese flujo de inversiones ha sido tan importante que los últimos cinco, seis o siete años ha promediado doce mil millones de dólares, en uno de los últimos años, a mediados de los noventa, llegó a más de catorce mil millones. Es uno de los países con mayor atracción de capitales para inversión directa y, desafortunadamente también, para el dinero de corto plazo.

Pero con esa experiencia, la de las inversiones, de inversión directa, productiva, que precedieron al TLCAN, se pudo firmar el tratado a partir de una plataforma de lanzamiento ya existente. Ningún país de América Latina recibió capitales de esa magnitud, ni tuvo esa experiencia. Por lo tanto ningún país de América Latina, excepto México, tuvo la oportunidad de reconversión industrial que le permitiera acceder al mercado más ambiciosamente integrado del mundo.

Por esto es que sostengo que la reciente propuesta del Presidente George W. Bush de los Estados Unidos para anticipar para el 2003 la negociación del Tratado de Libre Comercio de las Américas era irrelevante. Era relevante en el sentido de que daba testimonio público del interés político de los Estados Unidos, y de su actual administración, hacia América Latina. Pero era irrelevante porque 2003 ó 2005 es lo mismo, para cualquier país de América Latina que no haya generado las precondiciones competitivas que le permitan acceder al mercado mundial, lo que no se ha hecho hasta ahora no se puede hacer en dos años. Los países no van a desarrollar en ese lapso, ni en algo más, primero, la reconversión industrial, segundo, la capacidad competitiva que les permita incorporarse al mercado hemisférico.

¿Cuál es la alternativa? La alternativa es la que ya los países han descubierto, y han puesto en práctica, un esquema de integración subregional, en donde generar su propia plataforma de fortalecimiento y de lanzamiento para las vísperas de una integración de más amplio alcance. Esa es la estrategia. Más allá de la estrategia, puntualmente, lo que importa es que los esquemas hoy existentes de integración subregional, los bilaterales, que ya existen, de cualquier naturaleza se conciban como esquemas que pueden convivir sumando intereses, objetivos, procedimientos y acuerdos, es lo que se llamaría una estrategia de integración subregional de convergencia. Si esto se hace bien es porque los países, primero, no ignoran que el desafío es el de la competencia en mercados abiertos, que los países están conscientes de los problemas que plantea la globalidad, y de las oportunidades que ofrece, y tratan en ese esquema de subregionalización convergente de enfrentar, y de resolver, lo problemas y los inconvenientes que plantea la globalidad. Pero la globalidad está para quedarse. No se puede renunciar a la globalidad en un mundo que no admite experiencias autárquicas.

El presidente Chávez ha dicho, y yo estoy de acuerdo con él, por ejemplo, que el tratado de libre comercio hemisférico, que el ALCA, no es el destino, es una opción. Yo diría que eso es cierto, por lo pronto y a corto plazo, a mediano plazo la integración hemisférica y de la globalidad es ineludible.

La experiencia de México en la integración es sumamente interesante. En la década de los noventas anduvimos criticando las exportaciones, que de hecho la liberalización de mercados en México, nacionalmente hablando, no viene de los noventa, viene de los ochenta, en que nos incorporamos al GATT.

A principios de los ochentas las exportaciones de México tenían características petroleras, casi noventa por ciento de nuestras exportaciones eran hidrocarburos, tres lustros después, de mediados de los ochenta para acá, la representación del petróleo en la captación de divisas exportadoras de México no pasa del diez por ciento y, globalmente, las exportaciones de México que representaban a principios de los ochenta casi diez por ciento, poco más, del PIB, hoy representan aproximadamente el treinta y cinco por ciento. Cuando un país acrecienta el coeficiente de exportación respecto a su PIB madura como país exportador en un entorno de integración competitiva mundial, en donde todos los días está a prueba su capacidad de mantener mercados, o de ser penetrados por ofertas internacionales, es la lucha de México hoy, es una lucha muy, muy fuerte”.

JR: Aunque el proceso se inicia durante el gobierno de Miguel de la Madrid el arranque formal podría ubicarse en 1989, año de la caída del Muro de Berlín, se levanta el sureste asiático, la Unión Europea se potencia. Carlos Salinas estrena sexenio…

Jesús Puente Leyva, embajador de México en Venezuela
“Cuando toma posesión Carlos Salinas de Gortari le beneficia que lo peor de los embates económicos y de la recesión que tuvo México en los 80s prácticamente había pasado. Crisis que era consecuencia, exógena por supuesto, de la baja de los precios de petróleo a principios de los ochentas, y la brutal crisis del mercado petrolero en el 86.

La magnitud de esta crisis se expresa de manera muy sencilla, en 1986 los precios del crudo bajan a la mitad, y todo esto genera para México una década de precios bajos del petróleo, precisamente en la década en que preveía un auge petrolero, expresado en los precios para impulsar la economía, para lo cual se estaba preparando desde la década de los setenta. Después de la expropiación petrolera de 1938 del Presidente Lázaro Cárdenas, México empezó a exportar petróleo de manera significativa hasta 1975, aproximadamente, después de la Guerra del Yom Kippur, es interesante señalarlo porque México es el único país que en las décadas que cubren la preguerra y la posguerra, durante tres décadas o cuatro, no vendió petróleo a precios miserables. No vendimos petróleo, como el resto de los países del mundo, a dos dólares el barril. Lo empezamos a vender a 14, 18, 20, 25 y 30 dólares el barril.

Lo peor había pasado para Carlos Salinas. Con la economía estabilizada, que se había mantenido en equilibrio estable. Carlos Salinas tiene en sus manos una reserva mínima de divisas que se habían acumulado durante el sexenio de Miguel de la Madrid. Con esto y con una visión muy pragmática de lo que estaba por venir, Salinas encuentra en el camino algo más, una recuperación de los precios del petróleo que va haciéndose cada vez más interesante hasta que llega 1997. La convicción de que ya ha habido un proceso de inversiones masivas y una reconversión industrial en México, que permite ver y percibir hacia delante las oportunidades de una integración competitiva de alcances importantes. Esto se dice rápido pero toma tiempo, tanto tiempo como que de esto no se percató Europa hasta esta década, en que, rendidos a la evidencia de que México se ha convertido en un múltiple camino de convergencia, o ámbito de convergencia, Europa sabe que México puede ser la plataforma para acceder a los mercados de los Estados Unidos y de Canadá. Igual que Estados Unidos y Canadá saben que México puede ser el camino para la conducción de sus exportaciones con valor agregado, muy competitivo en México hacia Europa. Los bienes y servicios que son insumos básicos pueden llegar de EEUU y de Europa a México, agregárseles valor, y moverse respectivamente a EEUU y a Europa.

Esta es la oportunidad que, también hoy, México le ofrece a los países de América Latina. En lugar de que un país cualquiera de América Latina pague el oneroso peaje de acceso a mercados como el de Estados Unidos, con un Tratado de Libre Comercio que no podría soportar competitivamente, hace un acuerdo bilateral de libre comercio con México, y los insumos en México, con valor agregado se mueven a todas partes.

Esto es de lo que tiene que percatarse seriamente Venezuela, en el entorno de lo que ya es su conquista de historia breve, el G3. Sobretodo considerando algo muy importante, México, en América Latina es el país que menos compite en áreas de interés esencial con Venezuela: no nos competimos en petróleo, no tenemos aluminio, cuarenta por ciento del aluminio que importamos lo hacemos de Venezuela, México no tiene condiciones altamente competitivas para la siderurgia, por eso estamos con mayoría de capital en SIDOR – para México, SIDOR es un off shore competitivo, para su abastecimiento – en esquemas de integración que Venezuela no tiene con otros países, que es la integración, no en el comercio, sino en la base productiva real.

Todo esto se sabe poco en Venezuela. Se sabe poco porque no ha habido quien lo exprese de manera inteligente y oportuna. Y porque además involucra demasiados elementos, que no tienen plataforma de expresión si no hay el interés político de ambos países a los más altos niveles. Hoy existe a pesar de los pesares. A pesar de los pesares quiere decir, a pesar de los interrogantes que hay en cualquier país, en este caso los nuestros, respecto a lo que significa la globalidad.

Estos intereses compartidos y toda esta información tiene plataforma de expresión solamente si hay un acuerdo político, una empatía y un diálogo político de alto nivel, hoy existe. El hecho de que haya estado aquí Vicente Fox en la cumbre de los tres es una evidencia testimonial de eso”.

JR: Podemos atribuir a dos cosas el éxito de México en la globalidad. Se encontraba preparada para dar el salto y la voluntad y el pragmatismo de Carlos Salinas de Gortari, y de su equipo económico para adelantar la integración. ¿Cómo fue el proceso de convencer a la sociedad? ¿Cómo asumir para el pueblo mexicano una relación que ha sido históricamente tan conflictiva con EEUU?

Jesús Puente Leyva, embajador de México en Venezuela
“Es una conciencia histórica, que sigue teniendo validez, pero que se vuelve anacrónica.

Fui de los que en el año 92, el año en que nació como idea el tratado de libre comercio del norte, en conferencia que di ante el senado mexicano, expuse mis dudas sobre el convenio. Puse mis dudas en la mesa. Señalé que quienes tenían la información puntual sobre tecnología y cadenas de producción, que quienes tenían información sobre demanda y proyecciones de demanda a futuro, por ramas y sectores, quienes tenían información, bien educada sobre interrelaciones interindustriales, quienes tenían información sobre condicionantes y características de la oferta, por ramas y sectores, y quienes tenían las computadoras, los programas para hacer de esto una regulación global, de conveniencias e inconveniencias, eran los Estados Unidos, no nosotros. Y que nosotros no podíamos correr el riesgo de aceptar un tratado de libre comercio de amplio frente, porque estar negociando en todos lo frentes, en todas las ramas – no teníamos, ni siquiera, el personal técnicamente calificado para emprender negociaciones en cada una de ellas –, que lo que yo recomendaba, dije frente al Senado, era que negociáramos sectores, selectivamente, pero no todo el gran frente, y que después, conforme fuéramos negociando unos u otros, con eso fuéramos integrando un pacto un acuerdo total.

Ahora lo puedo comentar, esto no le gustó al secretario de industria y comercio, Sierra Pucci, estratega del acuerdo. Al día siguiente vi al presidente de México, estuve conversando con él. Entonces me enteré de que la iniciativa de hablar ante el congreso habia sido del presidente. Y Salinas me dijo algo que, para mí, sigue siendo santo y seña de esta decisión, “Chucho, yo estoy de acuerdo contigo absolutamente, pero hay algo más importante que eso, esto se llama la globalidad, es una enorme ola que está encima de nosotros, a la cual urge que con nuestras premisas, las que tengamos, nos montemos, porque si no nos desborda, y no nos consulta, y no toma en cuenta nuestras opiniones, simplemente nos desborda. Hay que ir deprisa”, y creo que tenía razón, ahora, esos son los antecedentes.

En el senado había mayoría priísta, al igual que hoy. El hecho de que en México haya un partido fuerte, y el hecho que hasta ahora las viejas militancias y partidos, no sólo el PRI, se hayan visto violentados por los acontecimientos, no significa que hayan desaparecido. El PRI sigue siendo, en más de un aspecto, el partido más fuerte de México. Día con día va disminuyendo su fuerza. En aquel tiempo la ventaja para Salinas era que tenía un congreso con mayoría”.

YC: Con una tradición presidencialista en México muy fuerte…

“Con los cambios ocurridos el presidente Fox ha hecho famosa la expresión de que en México “el Ejecutivo propone y el Legislativo dispone”. Hablando del tiempo de Salinas, que tenía un Congreso que le daría aprobación al proyecto.

Hubo una dura oposición, pero no en el área de las decisiones políticas, sino en el de las expresiones de intereses, en las expresiones de controversia política. Pero el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, dígase lo que se diga, se ha vuelto un instrumento básico de la política económica de México.

No hubo problema mayor, con la fuerza de un partido como el PRI, con control de cámaras y las condiciones que prevalecían entonces, para que el TLCAN saliera adelante. De hecho, en un momento crítico de la coyuntura hacia la aprobación del tratado, el problema no estaba en México, estaba en los Estados Unidos. En el Congreso de EEUU había corrientes, que hacían un gran escándalo, como Ross Perot, candidato a la presidencia, que rechazaban el tratado. En el congreso estadounidense había una fuerte controversia, existiendo el riesgo, incluso, de que no se aprobara.

Yo entonces era embajador en la Argentina, y solicité al presidente Menem que hiciera un pronunciamiento sobre este tema, y lo hizo en cadena nacional, yo lo acompañé. Menem estuvo acompañado de los embajadores de los EEUU, Canadá y México, y señaló de manera sucinta, reconociendo, previendo, que el TLCAN era una ventana que abría México para América Latina, en el contexto de las nuevas condiciones de competencia que reclamaba la comercialización, el tráfico comercial y económico, en general, de los países.

En consecuencia, las cosas sucedieron con facilidad para Salinas de Gortari. Hoy, lo importante, es hacer un poco el balance de las cosas. Nos hemos percatado a estas alturas de que México tiene todavía desafíos muy grandes que enfrentar con el Tratado de Libre Comercio, con los tratados de libre comercio en que se ha comprometido, porque eso es la autoexigencia autoaplicada de ser comprometidos, no solamente frente a EEUU, sino ante el mundo. Hay quienes denuncian, o evalúan, como desfavorables a algunos efectos las consecuencias del TLCAN, entre otros, por ejemplo, el hecho de que la mayor y creciente integración económica de EEUU implica una creciente dependencia, de oscilaciones coyunturales para México, cada vez que en los EEUU hay problemas, como está ocurriendo exactamente en este momento. Lo que está pasando ahora en EEUU, la desaceleración económica en el norte evidencia esta debilidad. Por otra parte es un hecho que la actividad exportadora de México se concentra en un número reducido de empresas instaladas en nuestro país y que yo diría que principalmente extranjeras. Además hay evaluaciones preliminares que indicarían que el auge exportador de México no se asocia necesariamente con aumentos significativos del empleo, hay que recordar que la tecnología moderna es “capital intensive” y es ahorradora de mano de obra. Y además hay la evidencia, estadística, de que los salarios reales promedios en el país, de hecho, después de la crisis profunda de mediados de los noventas, y hasta ahora, no han subido significativamente, más bien están relativamente estabilizados. Han crecido muy poco y todavía estamos al nivel en que estábamos a mediados de los años ochentas”.

YC: ¿Tenemos una situación de pleno empleo en México?

“Habría que ver como se mide el desempleo. Lo que es cierto es que en donde se requiere mano de obra altamente calificada y semicalificada tenemos problemas de oferta. Es un hecho que en algunos sectores nos hace daño la migración de mano de obra hacia EEUU, porque reduce la oferta interna, recordando a este respecto que, por lo general, según las investigaciones disponibles, la mitad de la población migrante que va a buscar trabajo a EEUU, de manera documentada o indocumentada, tenía trabajo antes de llegar a EEUU. El problema no es sólo la capacidad de crear empleo en México, sino los desniveles de ingreso que ofrecen nuestras economías.

Finalmente habría otra observación de reserva respecto de los beneficios del tratado de libre comercio, y es el hecho de que, como preocupación general, sucede que las exportaciones mexicanas demandan un alto y creciente grado de insumos importados, eso se aplica desde luego a la maquila; esto, desde ahora, es uno de los principales obstáculos para la sustentabilidad del crecimiento económico del país, o lo sería, sobre la base del mercado externo, lo cual hace necesario e inaplazable que la actividad exportadora genere encadenamientos crecientes con el resto de la economía, esa es parte de la estrategia sustantiva que tenemos que generar. Lo mismo respecto de una política agresiva de crecimiento hacia adentro, los mercados internos, porque de otra manera, tenemos una economía dual: una locomotora exportadora y otra que es la economía interna, en donde las políticas económicas que aplica el Estado difieren inclusive, pero no hacen convergencia funcional necesariamente, reconocer esto es reconocer con realismo cuales son las verdaderas condiciones en las que estamos incorporándonos de manera absolutamente ambiciosa al nuevo paradigma de la globalidad”.

JR: Se percibe un optimismo general en México. De no existir el TLCAN no hubiera llegado la ayuda financiera en 1995. ¿No hay razones para sentirse optimista?

“Sin duda, un país con cien millones de habitantes que logra, a mediados de la década pasada, superar la peor crisis que hubiera conocido en medio siglo, y hacerlo en seis meses, es una experiencia histórica sin precedentes, en cualquier parte del mundo. La crisis que ocurre entre diciembre y enero del 94-95 es una crisis que hace que ese año el país reduzca en el año 95 su PIB en un poco más del ocho por ciento, sin embargo ya para mediados del año México estaba otra vez en los mercados internacionales de capital. Había antes de que acabara el año logrado equilibrar las variables macroeconómicas básicas, y estaba generando iniciativas para una recuperación global de la economía”.

YC: Varias cosas se debaten en el México de la transición. Incluso la reforma constitucional y la apertura política. Por primera vez un presidente mexicano tiene problemas para pasar sus iniciativas por el Congreso.

“El problema político de México no es tener, o no, mayoría en el Congreso. El problema de México es que desde el poder se cuente o no con el consenso social, que no es lo mismo que mayoría en el Congreso. Esto merece lecturas diversas, que van desde lo político hasta lo eminentemente social, que tiene que ver con la visión de proyecto histórico de país, en el imaginario popular, que tiene que ver con la capacidad del país para convivir en la gobernabilidad, tácticamente y entre partidos, y para imaginar, primero, un país con un liderazgo político, con una conducción política, a nivel del Estado, diferente a la de las últimas siete décadas. De que esta conducción política adquiera la experiencia de gobierno. De que el partido en el poder hoy descubra y ponga en práctica los mejores elementos de gobernabilidad que conciernen a ese rol y que, por su parte, la oposición, que hasta ahora había gobernado al país, aprenda a ser oposición, y yo creo que el aprendizaje está ocurriendo, y de manera rápida. El problema esencial no está en la conciliación de intereses para cogobernar tácticamente el país, por las tendencias, grupos y partidos políticos. El problema está en que, como ocurre hasta ahora, haya la confianza en el imaginario social, haya la convicción de que el país tiene futuro, y de que tiene futuro a partir de las condiciones que hoy gobiernan al país. Eso yo confío que está ocurriendo, hay confianza”.

YC: ¿Cómo destacaría usted el papel del sexenio de Ernesto Zedillo en la transición política actual?

“Debo decir dos cosas, uno, a ningún presidente conozco mejor que a los dos últimos, Zedillo no era mi alumno en la universidad, pero me visitaba con frecuencia para consultarme desde que era muchacho. Salinas no era mi alumno pero iba a mis clases de oyente. Los conozco muy bien. Lo que te puedo decir, en ese contexto, es que lo que ocurrió en México como cambio político, institucional y jurídicamente en los últimos años no acontece por generación espontánea, ni solamente al amparo de las virtudes y buen trabajo del presidente Zedillo, viene desde los años setentas, yo fui miembro del Congreso Nacional como diputado y nosotros le dimos cauce a la primera reforma política. Fue un proceso en el cual se fueron abriendo espacios a la oposición, o con los cuales la oposición se fue abriendo espacio, y además un cambio institucional en el cual lo esencial es que el aparato u organismo electoral, que estaba en manos y bajo el control del Estado, del gobierno, y del Ejecutivo, se pone en manos de, ni siquiera de los partidos, sino de la ciudadanía. Eso es un avance fundamental que se da en el gobierno del presidente Zedillo, y es producto de muchos elementos que hacen convergencia en ese sexenio, que se consuman en ese sexenio, pero que son producto de una fuerte lucha, yo diría que de la oposición en México, y de la capacidad del partido oficial para asimilar en esa lucha la convicción de que México requería cambios en estos campos”.

YC: ¿Incluso de las acusaciones de fraude de 1988?

México es hoy el país, entre todos los que existen, más integrado a los mercados del mundo
“Creo que el PRI, como práctica general, no ha necesitado del fraude para tener victorias electorales"
“Creo que el PRI, como práctica general, no ha necesitado del fraude para tener victorias electorales. El gran aparato que tenía le permitía, en las urnas, dominar.

En la debilidad del PRI, amén de otras consideraciones que cuentan, se fue acrecentando la representatividad y la capacidad de convocatoria de los partidos de oposición. La reforma política se inicia, en esencia, desde Echeverría.

YC: Un antiguo embajador de Venezuela en México, refiriéndose a la crisis mexicana del año 1994, expresó que uno de los problemas de México era pretender llegar al siglo XXI arrastrando problemas del siglo XVI. ¿Cuál es su opinión?

Es el problema de todos los países de América Latina, lo que ha dicho el embajador, en ese sentido, no es más que la pura obviedad expresada de una manera que pretende ser imaginativa. Sin duda es así, no está descubriendo nada.

Para empezar arrastramos un volumen de población de varios millones de habitantes, muchos de los cuales no hablan español y viven en otro idioma…”

YC: Las diferencias entre el Norte y el Sur de México son abismales.

“Son contrastantes cultural y económicamente, pero que además tienen otro referente que es importante comentar, tienen vocaciones diferentes para una vida cultural profunda diferente y tienen precondiciones que son diferentes para ver al futuro. Aquí está gran parte de lo que sorprende y estimula de la experiencia mexicana, usted tiene que resolver problemas del futuro arrastrando problemas del remoto pasado, sin convertir ese remoto pasado en un desecho histórico, sino asimilándolo al proceso. En México esa ha sido una lucha enorme por avanzar hacia el futuro sin perder la memoria. Hay países que no ha sabido hacerlo.

Hablemos de un país emanado de una revolución social, la primera que conoció el siglo XX, la cual tuvo un alto costo humano, se estima un millón de muertos, que tardó para estabilizarse en el poder casi dos décadas y un país que actuó con un pragmatismo enorme para poder enfrentar las condiciones del naciente siglo XX. El gobierno de México, es decir, la revolución en el poder, para conciliar a las corrientes, grupos y tendencias triunfantes en la Revolución, que se expresan desde una posición popular social y política de izquierda, por llamarlo de alguna manera, que sería el zapatismo y Villa, hasta una posición institucional modernizante, como sería el grupo del norte, Carranza, Obregón, y Plutarco Elías Calles, prevalecen los segundos, porque están hechos para cambiar los escenarios de guerra a los escenarios de la paz y de la institucionalidad. Prevalecen ellos, y con pragmatismo enorme convocan a la formación de una partido en donde la negociación hace que ese partido, contra lo que algunos piensan, no sea un partido de ideología petrificada, sino un partido que en la vida práctica fue de frente muy amplio, en el cual convivieron posiciones, de derecha y de izquierda inclusive. Un partido donde la gran concertación nacional se hacía hacia dentro del partido, y después todo el mundo se alineaba a las decisiones, eso perdió vigencia a tal punto que hoy no gobierna ese partido.

A México no se le ha estudiado a fondo, desde hace mucho tiempo, y cuando se le quiere estudiar a fondo se le estudia a partir de premisas muy viciadas, la historia de México en la segunda mitad del siglo XX, y yo diría que en todo el siglo XX, está todavía por hacer. Hoy no tenemos perspectiva histórica para hablar con autoridad de lo que aconteció en los últimos diez años”.

JR: ¿2 de julio del año 2000, punto de quiebre en la historia mexicana?

“Hacen convergencia y se suman todos los pasivos políticos que se venían acumulando y se confrontan con todas las perspectivas de cambio y la evaluación de posibilidades históricas hacia delante que el país requería, y en esa instancia vienen los cambios. Si alguna lección histórica queda, en este contexto es que la institucionalidad es una premisa de estabilidad para los países como lo demuestran estos setenta años; y que no se pueden acumular pasivos sociales de manera importante sin que esto cobre precio en las urnas; y que la vieja tradición priísta pragmática a profundidad para enfrentar los problemas del país se vio totalmente atrapada y desgastada, amén de otros vicios que no me corresponde analizar – tal vez los periodistas ya lo han hecho en exceso – se vio atrapada en la incapacidad económica del estado para responder a los requerimientos sociales.

Se cuenta la anécdota, probablemente no sea realista, de que Obregón le pregunta a Vasconcelos, en un momento dado, “¿Dónde esta el programa de gobierno para el país que ya logró estabilizarse como revolución en el poder? ¿Dónde la revolución, estabilizada en el poder, tiene su programa de gobierno?”, y le responde de manera lúcida, históricamente, uno de los hombres más importantes que tuvo, como ideólogo, la revolución, le contesta Vasconcelos, “es que ya está hecho: pan, jabón y alfabeto, lo demás se dará por añadidura”.

Los gobiernos de la revolución, así llamados, tuvieron la gran visión de resolver y actuar enfática y eficazmente en esos campos. Para México era muy sencillo, desde muchos puntos de vista, habilitar un programa alimentario nacional con subsidio al maíz, porque el maíz es la base de la dieta cotidiana de los mexicanos, porque es un producto no perecedero y se puede conducir fácilmente, y porque además las condiciones se hacen propicias, las propias comunidades producen su pan con su maíz todos los días. Si usted da un subsidio a la producción, si usted da un subsidio al consumidor lo resuelve. Eso se hizo con una gran eficacia históricamente.

Respecto del jabón, tenemos el mejor servicio médico institucional que hay en cualquier país de América Latina. Si en México usted es un hombre rico y quiere el mejor servicio médico que se puede dar para atender su corazón, no lo puede buscar en la clínica privada, tiene que hacerlo en la gran institución de crédito mundial, que es el Instituto Nacional de Cardiología, que es del Estado y de los trabajadores. Las grandes instituciones médicas de México son del Estado y de los trabajadores y no de la iniciativa privada. Tenemos a los mejores expertos y la mejor infraestructura médica en el área de medicina interna lo hace en el Instituto Nacional de la Nutrición. Eso lo logró hacer México.

En cuanto al alfabeto la revolución educativa que imaginó y puso en práctica el mismo Vasconcelos, a todos los niveles, empezó desde la educación para un país que en aquel tiempo era mayoritariamente de analfabetos, Vasconcelos concibió dos cosas: la educación para la recuperación histórica de la memoria, como paradigma nacional en el muralismo, los murales como libros abiertos en los cuales el pueblo aprendiera su historia. Yo a los diez años era experto en la historia de México con todos los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional, en la Secretaría de Ecuación Pública, y podía leer perfectamente, para los turistas que iban al Palacio Nacional, toda la historia de México, y me daban un peso de plata por hacer eso.

Todo esto habla de un país que pasó por una revolución auténtica, profunda, y todo eso habla de que hoy mismo el proyecto de país no cambia de un sexenio para otro. Es un proyecto de una revolución transformada brutalmente, pero hoy el proyecto de México, de competencia abierta, de apertura económica, de desregulación institucional y administrativa, de inserción en la globalidad, es un proyecto que se mantiene con el Presidente Vicente Fox.

Los retos son crecientes, ¿Puede México mantener hoy las tasa aceleradas de crecimiento de las exportaciones como hasta ahora lo ha venido haciendo? ¿Puede México articular de manera eficaz en su propio territorio y con su base productiva, las convergencias de los grandes mercados mundiales como espera poder hacerlo?”

YC: El PRI cosechó en las elecciones del 2 de julio del 2000 los frutos de una transformación que se dio en toda la sociedad mexicana. El PRI, mayoritariamente ligado a los sectores rurales del interior de México, la capital está ahora en manos del PRD, hay un México que se ha ido urbanizando, modernizando y allí se gestó el triunfo de Vicente Fox.

"El pragmatismo de Fox requiere reconocimiento, al menos yo se lo concedo"
“En el México esencialmente urbano hay otro reto. Tiene enfrente el desafío de seguir generando empleos en el ámbito urbano para población que ya no tiene sustentación que la retenga, laboral y económicamente, en sus lugares de origen. Entonces, el país está enfrentado a una serie importante de retos, lo relevante en este contexto es que se ha preparado de alguna manera para esto”.

YC: Se ha abierto el debate en torno a la reforma de la constitución mexicana de 1917, revolucionaria en su momento por sus alcances sociales, ¿Cuál es la perspectiva de dicha reforma?

“La Constitución Mexicana del 17 fue la primera constitución del mundo, antes de Weimar, antes de la Revolución Bolchevique, que incorporó a los derechos constitucionales los derechos sociales. El derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda, a la tierra. Derechos que no se iban a consumar de un día para otro, porque eran la utopía constitucional como un recurso de reclamo social. El Proyecto Nacional de la Revolución Mexicana”.

YC: ¿Y la reforma? ¿Hacia donde se dirige la reforma constitucional?

“Esa es una incógnita que no se hacia donde va. Depende del peso y de la composición política que tengan los partidos y los sectores de influencia en México en muy corto plazo. Hay quienes han hablado de una reforma constitucional de fondo, hay quienes han hablado de una nueva constitución. Yo creo que un país que tuvo una revolución como en México, con una constitución como la que tiene México, lo que requiere es hacer reformas sustantivas en sectores definidos. Pero no soy de los que favorecería la convocatoria a la redacción de una nueva constitución porque se abriría un debate de muchos aspectos, sería pirotécnico, perdiéndose en ese contexto el grano y la paja. Habría que saber en donde conviene hacer los cambios sustantivos y específicos y emprender la tarea”.

YC: Fox está adelantando el proceso de reforma constitucional.

“Hay una comisión estudiando todo esto. Creo que es del interés no solo del partido en el poder y del gobierno del Presidente Fox, es un interés compartido por todos los partidos y por la sociedad en su conjunto”.

YC: La paz en Chiapas, hemos sido testigos del Zapatour, una confluencia de protagonismos entre Fox y Marcos, ¿Cómo se está resolviendo la deuda social que lleva a la rebelión en Chiapas, reflejo de la diferencia norte/sur en México?

"Prefiero a los zapatistas encapuchados en la tribuna del Congreso de la Nación a un problema como el de Colombia"
“Es un problema fundamentalmente social, sociocultural, que tiene expresión política. Es un problema que, en su momento tuvo una expresión armada pero, usando una expresión del canciller Jorge Castañeda, “el neozapatismo – del subcomandante Marcos – utilizó la violencia como llave para abrir la puerta al diálogo y a la negociación política”, a partir de eso lo que se registra es una lucha política a través de medios, una lucha política de carácter conceptual, un emplazamiento de carácter político que se hace novedoso y exigente, en su momento en el tono de la iniciativa de una Ley Indígena, y que el Presidente Fox resuelve simplemente abriendo las puertas para que los zapatistas lleguen en una manifestación masiva a la capital, sede de los poderes de la nación y, en donde, el PRI apoyando al presidente Fox acepta que comparezcan en la tribuna del Congreso los zapatistas. Esto es pragmatismo puro. No apoya a Fox su propio partido para dicho propósito, lo hace la oposición, el PRI, y la experiencia está a la vista. Los zapatistas pueden decir su verdad y sus verdades, desde el corazón del país, vuelven a los lugares de origen. Se aprueba una ley que está en este momento en proceso de ratificación y los ámbitos estatales. Es una ley que no satisface a los zapatistas, pero que ha sido aprobada por la representación nacional, donde el PRI no tiene mayoría.

El pragmatismo de Fox requiere reconocimiento, al menos yo se lo concedo. Prefiero a los zapatistas encapuchados en la tribuna del Congreso de la Nación a un problema como el de Colombia. Por lo demás, la presencia de los zapatistas en el Congreso no violentaba elementos formales y de fondo de carácter legal”.

JVR: ¿Llegó este pragmatismo para quedarse en la política mexicana?

“Es una pregunta a la que puedo responder con las mejores emociones de buena voluntad, espero que así sea”.

YC: PAN en el gobierno. PRI en la oposición, ¿Qué está pasando dentro del PRI? ¿Lucha interna? ¿Pase de factura contra Zedillo?

“El PRI está aprendiendo a ser partido de oposición. Tan sencillo como eso. El PRI está haciendo una suma algebraica de intereses, de opiniones, de militancias, que en muchos sentidos son militancias informales. El PRI no necesitó históricamente de un registro de militantes para poder convocar y para poder llevar a cabo sus proyectos. Hoy, dentro del PRI hay una discusión muy enérgica entre corrientes, de protagonistas destacados, de tendencias, de iniciativas, todas las cuales no tienen más que un solo vector que las conduce, táctica o deliberadamente, ¿cómo hacer del PRI un partido que permanezca y un partido que, en el contexto histórico de hoy, sepa y pueda actuar como partido de oposición. En el equilibrio de fuerzas que hay en México es probable que el PRI pueda convencerse de que está dispuesto y sabe como coadyuvar con el actual gobierno para llevar a cabo los objetivos nacionales. Algunos hablarían de un cogobierno fáctico”.

YC: ¿Es eso positivo para México?

“Sin duda. La prueba y los desafíos están del lado del PRI, que dicho entre paréntesis es el partido al que pertenezco desde que tenía 17 años…”

YC: ¿Hay un pase de factura contra Zedillo?

“Creo que hay muchos priístas, no digo mayoría, que le cobrarían a Zedillo la factura por haber permitido que, de alguna manera, para ellos, era la exagerada, el desarrollo de un proceso político en el cual históricamente la presencia, fuerza y opinión del presidente en turno era determinante.

JR: En diciembre apareció la primera justificación del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, en forma del libro “México, un difícil paso a la modernidad”…

Sobre eso no me gustaría pronunciarme, implica demasiadas cosas. Por varias razones, me une el conocimiento hacia Salinas, el estudiante universitario, mis diálogos con él desde que era estudiante, mis permanente diálogos con él y con su equipo mientras fue presidente, y siento que el trabajo que él hizo, primero fue un trabajo muy ambicioso – hablo del libro que él hizo –. Es uno de los pocos trabajos que he visto en México que se mueven con igual énfasis entre la visión política y el compromiso de la objetividad, hasta donde permiten los acontecimientos de la objetividad cronológica, estadística, metodológica. Es un libro extrañamente académico. Me temo que fue elaborado por un equipo de trabajo muy importante. Pero también habla de un presidente que tenía un archivo metódicamente elaborado para hablar de su experiencia al terminar el sexenio. No creo que ningún presidente, hasta ahora, haya tenido el método, la capacidad de información y el acopio de información que tuvo Salinas de Gortari, para hacer ese libro. Es un libro sobre el cual no me atrevo a pronunciarme, por ahora, pero es un libro que era necesario para México. Habrá ahora quienes, críticamente, exhibieran o se quejaran de que, deben hacerlo – yo espero que lo hagan – de las lagunas que tenga ese libro, de las omisiones y, ni las aseveraciones discutibles, polémicas que tiene el libro. Pero el libro es una verdadera aportación a la muy fresca memoria histórica del país, y creo que es un libro sobre el cual deberían hacerse debates de importancia”.

YC: ¿Cuáles son los patrones de la nueva gobernabilidad en México?

“Los patrones, las pautas de hoy están a la vista, son el testimonio que se pueda dar de eficacia administrativa y política desde el poder, y en ese amplio entorno la capacidad del país, partidos, gobierno y sectores sociales, para dialogar respecto a los problemas que el país debe resolver: la metodología, los cauces y las formas deben de resolverse. Allí está todo, desde la experiencia de gobierno, para la cual se reclama honestidad y eficacia y, en ese entorno, la capacidad, del gobierno y de la sociedad en su conjunto, para dialogar y negociar sobre las soluciones que el país reclama, primero del diagnóstico de los problemas actualizado, y de las soluciones que el país reclama.

El concurso político, en cualquier país con democracia, se da en las urnas, se está dando en las urnas. En las urnas cobrándosele al PRI los pasivos acumulados del pasado”.

YC: ¿El PRI ha tocado fondo?

“No. Como militante del PRI, cuya lealtad institucional se la debo al Estado mexicano, diría que existe una tarea muy difícil por delante, y que esa tarea tendrá que culminar este mismo año. Las vísperas son cercanas y el tiempo para el PRI es muy breve, desafortunadamente”.

YC: ¿Está condenado a la desaparición?

“El PRI se mantiene como un partido de importancia en México”.

YC: ¿Y si no lo resuelve este año?

“Tendrá problemas muy serios”.

YC: Se está discutiendo entre México y los Estados Unidos un nuevo acuerdo migratorio. En materia migratoria la relación que existe entre el norte mexicano y el sur de EEUU es muy fuerte. ¿Cuál debe ser esta nueva política migratoria entre ambos países?

“Una relación en la cual Estados Unidos reconociera algo importante, que los paradigmas de la globalidad involucrados en las premisas de la competencia perfecta exigen la movilidad libre de los factores entre país y país, y entre región y región, no solamente en lo que concierne a capital, comercio, a la existencia de nuevos paradigmas, de derechos humanos, que se montan sobre la vieja tradición de soberanías y autodeterminaciones. Los óptimos de la globalidad involucran, necesariamente, la libre movilidad de la mano de obra, en ese contexto como dijera Carlos Fuentes “el futuro será migratorio o no será”. De hecho, hoy mismo es que en los EEUU la demanda genera la oferta, la gente no se mueve a EEUU simplemente porque quiera hacerlo, voluntariosamente, se mueve a pesar de que en el 50% de los casos tiene empleo en México, se mueven por diferencial de salarios y, destacadamente, porque tiene una demanda. En California, si no existiera mano de obra inmigrante trabajando las tierras, la región de la cual depende el grueso de la producción agrícola, en muy diversas ramas, no podría producir; así de sencillo, y eso, en dimensión mayor o menor, se da en diferentes ramas de producción, diferentes sectores y regiones del país que van desde Laredo, México, y El Paso, Texas, hasta Chicago, Nueva York y otras regiones del país. El óptimo económico no se puede dar entre naciones, y por lo tanto la globalidad, en ese aspecto, será inequitativa si no se incorpora al esquema de la competencia perfecta, que es el supuesto básico de la globalidad si a ello no se incorpora la libre movilidad de la mano de obra”.

ycamero@analitica.com / jroversi@yahoo.com
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