A juicio de Rafael Simón Jiménez, vicepresidente de la Asamblea Nacional y dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS), Venezuela atraviesa una situación borderline en la cual las fronteras del enfrentamiento armado o de una solución cívica pueden presentarse peligrosamente confusas.
En una conversación con Venezuela AnalíticaRafael Simón Jiménez apuntó que el gobierno, la oposición y los sectores comprometidos con la democracia podrían encontrar la viabilidad en: “una amnistía general que incluya a los militares que estuvieron comprometidos con los hechos del 11 de abril. No comparto la idea de que se diga que el 11 y 12 de abril en Venezuela no pasó nada, porque, repito, me parece cínico, desafiante, ante un país que presenció lo que aquí ocurrió. En todo caso la disyuntiva es
muy clara y además muy trágica y para decirlo con la frase ya manida: o nos
entendemos o nos matamos”.
Venezuela Analítica (VA): Podemos iniciar con un tema que aparentemente en este momento ha disminuído en interés, pero que no ha perdido vigencia. ¿Cuáles son para ti los elementos mínimos para asegurar un pacto de gobernabilidad en Venezuela?
Rafael Simón Jiménez (RSJ): Lo primero que tiene que haber es un objetivo compartido. Yo particularmente pienso que un país caotizado, un país con una economía tan
deteriorada como la que tenemos hoy día, no debería convenirle, a ninguna de
las dos partes, que se contienda en el terreno político. A Chávez no
debería convenirle porque, en buena medida, las expectativas populares y
el liderazgo que la gente le ha asignado al Presidente descansa sobre el
ideario de que puede haber una mejoría, que puede generar una
reactivación económica que permita una mejor calidad de vida. Creo que esa
es la aspiración de sus partidarios y es imposible de alcanzar dentro de
un clima político de tanta conflictividad que lo que está generando es lo contrario, pobreza por la vía de la
pérdida de plazas de trabajo, de la desinversión y tantos elementos más
que afectan a la economía. Eso desde la perspectiva de Chávez.
Desde la perspectiva de la oposición, si se propone de verdad una
alternativa para el post chavismo - que deberá producirse en algún momento-
la idea es que mientras menos conflictivizado y caotizado esté el país, mejor va a ser el proceso de reconstrucción que ella misma se ha autoasignado. Ese
sentido, por lógica, es lo que ha alumbrado el camino para el entendimiento
en Perú. Pareciera ilógico, si lo juzgamos a la luz de cómo razonan en
Venezuela las partes en conflicto, que Alan García y el APRA, por
ejemplo, que lucen como la primera opción de gobierno en la próxima
contienda electoral, aparezcan metiéndole el hombro al pacto de
gobernabilidad en la nación peruana.
Ahora, ¿cuál es el razonamiento que seguramente lleva a Alan García y al APRA a
eso? Es la idea de que si les tocara, como parece indicar el péndulo electoral, que el país se pronunciara a favor de una candidatura de él, mientras menos deteriorado esté el Perú, mientras menos deteriorada esté su economía, más fácil va a ser su futura gestión de gobierno.
Tiene que haber un piso, un razonamiento común que sea lo que alumbre el
camino del diálogo y de un acuerdo mínimo. Pero además deben preservarse
otras cosas fundamentales .Debe prefigurarse el escenario, las herramientas y
yo creo que están dadas las condiciones para que el Centro Carter, el PNUD, la OEA se conviertan de cierta forma en garantes de una cuestión que si bien es potestativa de los venezolanos, el grado de conflictividad y de desconfianza entre los factores que convergen en la disputa que hay en Venezuela, obligan a buscar ese tipo de garantía. Debe buscarse también una visión integrática, un juego gana-gana, que no implique de
ninguna manera abdicar posiciones, que no implique dejar a un lado posturas, sino que implique privilegiar los intereses del país sobre los intereses particulares.
¿ Cómo trazo yo el futuro de Venezuela para lo que yo considero esa
salida ideal, la que preserva la paz y la libertad en Venezuela? Como un
proceso de negociación donde se ponga sobre la mesa un conjunto de temas
obvios: el tema de la economía, de la violencia, de la relegitimación de
los poderes públicos, el respeto por la oposición y la disidencia, el tema
del poder lectoral, el tema de la prefiguración de un escenario - incluso
se pudiera pactar hasta una fecha - donde se dirima democráticamente si
Chávez debe seguir al frente de los destinos públicos o si debe ser
sacado. Así veo yo el camino - y creo que es el único de paso- estoy
casado con esa solución y pienso que es la única capaz de garantizar la paz
y el sosiego que tanto requerimos los venezolanos.
VA: Más allá de estar discutiendo si Chávez debe continuar siendo o no
quien conduzca los destinos del país, ¿qué piensas tú de ese problema nuestro de no tener una visión de futuro acerca de nuestro país y repensar a Venezuela en una forma colectiva?
RSJ: Eso descansa en un fenómeno que se ha exacerbado en los últimos
tiempos, pero que estuvo presente en la creación del Pacto de Punto Fijo, que es la idea
excluyente. "Punto Fijo", que es un pacto muy representativo - y que yo creo
que fue pertinente y justo en su debido momento- tuvo, sin embargo, un
sustrato excluyente, que fue dejar de lado a las fuerzas de izquierda que
en aquel momento representaban una parte importante del país. Pero luego,
dado que se rompió incluso el esquema de "Punto Fijo" y que fuimos a los gobiernos monopartidistas, se puso más de manifiesto la visión sectaria, la visión excluyente, la visión hegemónica que se ha exacerbado durante estos últimos tres años.
Yo creo que lo que tenemos que pensar los venezolanos hacia el futuro es un proyecto de país compartido, que lo ideal es que tuviera relevancia la Constitución, que debe ser un paradigma, un modelo, pero por supuesto dentro de una visión incluyente. Yo creo que han sido derrotadas por la práctica, y en cierto modo han sido los factores
causantes de la situación que hoy vive Venezuela, las visiones hegemónicas,
las pretensiones de imponernos unos sobre otro, yo creo que cualquier salida
para el país tiene que abrir espacios para lo que es la esencia de la
democracia: una visión compartida, la tolerancia, una visión de que el
país es diverso, que el país es plural y que estamos obligados a
respetarnos y tolerarnos unos y otros, pero más importante que eso, a tener
en el interés del país el punto de referencia y de inspiración de una
visión largoplacista - que es otra cosa que nunca hemos tenido en Venezuela- que parta de unos compromisos esenciales.
Creo que todas las sociedades que han podido reconstruirse - hay algunos modelos que nosotros no los tomamos mucho como referencia, pero creo que hay elementos que por lo menos pudieran alumbrarnos el camino-: la transición española, por ejemplo, cómo
España pasó de vivir en primer término ese desgarramiento de la guerra civil
que causó más de un millón de muertos y luego 40 años de la dictadura
franquista y luego la transición y lo más importante, la modernización de
España que inicia, nada más y nada menos, que el partido socialista español
a la cabeza de cuyo liderazgo estaba Felipe González y que son quienes
ingresan a España a la Comunidad Europea, ingresan a la OTAN, es
decir, los que inician el proceso de modernización español. Por allí veo yo
un motivo de inspiración que puede servirnos de modelo de un país para
construir.
Pienso de verdad que estamos obligados a superar la visión excluyente,
cortoplacista y coyuntural, y comprometernos con un país que implique, por
supuesto, sucesivos gobiernos, matices, acentos, posiciones del signo que
sea, pero que tenga unos objetivos permanentes de país. Sin eso
evidentemente el país va a marchar al garete y siempre vamos a estar
enfrentados a dificultades y coyunturas difíciles de superar.
VA: Pero en un momento de polarización como el que estamos
viviendo en la actualidad y de exacerbación de los ánimos, ¿quién es el que
puede impulsar ese proceso de inclusión?, ¿quién puede promover y quien puede
lanzarse a la palestra a efectivamente convencer al país de la necesidad de
que los tirios y troyanos se entiendan, o tú crees que todavía es prematuro para que se
den las condiciones de ese entendimiento?
RSJ: No, no creo que sea prematuro, evidentemente que faltan
interlocutores. Yo, desde mi modesto espacio, he procurado actuar en esa
dirección y creo que están dadas las condiciones, porque en Venezuela, si bien es
cierto que hay una radicalización y si bien es cierto que hay una fractura
de la sociedad, también hay muchas reservas que descansan sobre todo en los
valores colectivos que los venezolanos hemos acerado durante 44 años de
ejercicio democrático. Este es un país con vocación histórica a la paz, al
entendimiento, a la libertad. Y cuando vemos quiénes generan el conflicto nos
damos cuenta que son minorías radicalizadas, que no tienen ningún peso
fundamental sobre el país, por supuesto, minorías bullarangozas, minorías
organizadas, incluso armadas, pero yo siento que hay un
inmenso país, una mayoría donde hay chavismo,
antichavismo, hay indiferencia, que no quiere conflicto, guerra o
enfrentamientos.
El problema es que se trata de un país desactivado, porque es un país que ve en la
indiferencia una manera de protesta ante las cosas que están pasando. A ese
país hay que activarlo. Lo único que puede salvar a Venezuela de la
coyuntura actual y lo único que puede crear las bases de un país distinto
es precisamente que esa mayoría se active y en esa mayoría hay factores a
quienes yo particularmente le he hecho un llamado, porque creo que son
fundamentales, como son las iglesias. Pero refiriéndome a la Iglesia
católica, que es la fundamental en Venezuela, creo que tiene un rol que yo
lo juzgo de primer orden. Ninguna otra institución está en
condiciones de relanzar la idea de un país compartido, de resaltar los
valores de la paz, la tolerancia, la diversidad, del pluralismo, de todos
esos valores democráticos que la iglesia católica comparte. Y creo que hay
individualidades en ese sentido también. Lo que hay es que activar
ese país, hacer que se imponga el país consciente, el responsable, el
que puede estar con Chávez o contra Chávez, pero que apuesta a la paz,
a la tranquilidad, al progreso y al bienestar de Venezuela.
EFP: ¿La decisión del Tribunal Supremo de Justicia sobre lo acontecido el
pasado 11 de abril, de qué manera puede afectar la búsqueda de soluciones
que demanda el país?
RSJ: Yo creo que eso hay que asumirlo con absoluta normalidad. Mi visión,
no solamente como político sino como abogado litigante de muchos años, es
que la democracia se edifica, entre otros valores, en el respeto a la
independencia y autonomía de los poderes. Los magistrados deberán decidir
conforme a su conciencia jurídica y conforme - como es el mandato legal- a
los probado en alegatos y en autos- y la decisión que tomen, gústenos o no, hay
que respetarla, hay que asumirla. Para mí se me crea en este tema un
conflicto entre el político y el jurídico. Uno también siente que en el
país hay un sentido de frustración si se llegara a señalar una impunidad
hacia quienes actuaron visiblemente en un hecho que, entre otras
connotaciones, disolvió el propio Tribunal Supremo de Justicia. Y existe el
testimonio. Yo siento un gran respeto por la Fuerza Armada y por la
institucionalidad, pero aquí el 12 de abril se hicieron entrevistas y
recuerdo haber oído al almirante Ramírez Pérez con Ibéyise Pacheco, donde
él dice que tenía 6 meses conspirando, ahora no puede salir con su cara muy
lavada a decir ante el TSJ que lo que hubo fue una orden del General Lucas
Rincón.
Ahora, nosotros tenemos que sacar a la Fuerza Armada de los problemas
políticos del país. Y eso no sólo lo decía yo desde antes del 11 de abril,
sino que fue una recomendación incluso del propio César Gaviria de la OEA,
quien dijo que había que dejar a la Fuerza Armada como no deliberante, y yo
creo que debe ser una fuerza disciplinada, obediente, que no esté al
servicio de un proyecto político, sino al servicio de la Constitución ,
comprometida con la defensa de la soberanía, de la democracia y sacarla del
debate político. La Fuerza Armada no puede estar colocada al frente de un
proyecto político de uno u otro lado, no puede estar colocada frente a la
posición de decidir los destinos de un país, porque si colocamos a la FAN
en plan de intervenir, de tutelar, de arbitrar,nos puede llevar a una situación mucho peor que la que estamos viviendo ahora.
De manera que yo, como jurista, respeto la decisión del TSJ y llamo a
todo el país a respetarla. Sin embargo pienso, desde el punto de vista
político, que evidentemente los magistrados tampoco pueden cerrarse en un coto, tienen
que ver la perspectiva del país y la significación de su sentencia.
VA: Una decisión que exonere a los militares hace más difícil el diálogo y una decisión que los condene hace igualmente difícil el entendimiento.
RSJ: Yo soy partidario - y lo planteé en la Asamblea Nacional- de ir a una
amnistía, de buscar, por la vía del perdón, esta solución, que la ubiquemos
en el plano de la conflictividad exacerbada y que busquemos una solución.
Porque estamos en una disyuntiva, se conecta una cosa con la otra, tal como
tú lo estás planteando. Si nosotros vamos de nuevo a radicalizar la
disputa, no va a haber reconciliación, no va a haber diálogo. Yo creo que
al presidente Chávez le ha faltado habilidad. Porque no es lo mismo que tú
perdones, que tú digas: se cometió un hecho, pero lo perdonas, como ha
ocurrido varias veces en la historia de Venezuela en situaciones de esta
naturaleza, a que tú digas: No hubo el hecho.
Yo creo que desde los distintos puntos de vista, el gobierno, la oposición,
los sectores comprometidos con la democracia debemos reflexionar sobre
esto. Personalmente soy partidario de acordar una amnistía general que incluya
a los militares que estuvieron comprometidos con los hechos del 11 de
abril. No comparto la idea de que se diga que el 11 y 12 de abril en
Venezuela no pasó nada, porque, repito, me parece cínico, desafiante, ante
un país que presenció lo que aquí ocurrió. En todo caso la disyuntiva es
muy clara y además muy trágica y para decirlo con la frase ya manida: o nos
entendemos o nos matamos. Aquí estamos exactamente en la frontera, en el
límite, en el borderline entre afirmar a través del civismo, la salida
democrática o irnos por el despeñadero del enfrentamiento, con todo lo que
puede traer para Venezuela.