Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014


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Pedro León Zapata

“Mi única aspiración es ser un perdedor”

Vicglamar Torres León

Martes, 5 de junio de 2001

A pesar de que es uno de los artistas plásticos contemporáneos más importantes de Venezuela, se considera un fracasado a medias. Además asegura que como buen andino quiere ser Presidente de la República, eso sí, quiere llegar a Miraflores a caballo, viajando en barco desde su Táchira natal.

“No hay nada mejor que ser un perdedor . Lo único que tengo claro es que soy un fracasado y eso lo defiendo a toda costa. Yo aspiro, deseo y quiero ser un perdedor perfecto. Por ahora lo soy a medias. Mi única aspiración es ser un perdedor ejemplar. Desprecio enormemente el éxito y a la gente exitosa”. Aún a pesar de sí mismo, Pedro León Zapata es lo más distante a un fracasado porque - hombre y obra- forma parte de la historia contemporánea venezolana. Se trata sin duda alguna, de un artista emblemático de nuestra cultura .

Zapata, hecho el loco, tiene su feligresía, sus devotos. Eso sí, no compite con José Gregorio Hernández. Día a día y, durante más de treinta años su caricatura diaria es la excusa para que una multitudinaria cofradía de amas de casa, empresarios, políticos, estudiantes y demás lectores se asome a una reflexión profunda y certera que retrata al país. A través de los trazos del artista puede adivinarse cuál es el hecho noticioso o cotidiano que acontece en la nación. Claro, no ha faltado en estos años quien crea que el triunfo de los dibujos de Zapata radica en que esconden los números ganadores de la loería.

Quiera o no quiera su éxito es rotundo, si se asume que la Real Academia de la Lengua Española tiene razón al definir el término como: “resultado de una empresa, acción o suceso con buen resultado. Aprobación del público”. Como dos y dos son cuatro, basta husmear la trayectoria del sujeto para enrostrarle una triste verdad: es un hombre exitoso.

-Las sendas que conducen al éxito, al triunfo, son absolutamente desconocidas – asegura el artista-. La mayoría de los mediocres siguen el camino de los triunfadores para obtener un resultado similar y, no es siguiendo los pasos que ha andado alguien por donde se llega al éxito, sino por una vía completamente nueva. Cada cual sigue su propia ruta. Cada camino encuentra su caminante, porque no es el triunfador el que traza la vereda sino que se hace camino al andar, como bien lo dijo Machado”.

- Es precisamente caminando como uno se entera que va dejando rastro, que es lo que te indica el paso del tiempo, porque nunca se sabe que hay adelante, si es que hay algo”.

Cada vez que abre la boca se hunde más. Su culpabilidad es explícita. Aunque se esfuerza, no tiene coartada. A su espalda Pedro León Zapata tiene innovaciones en el campo plástico, premios y seguidores que lo acreditan como un artista a carta cabal y delante de él ya hay un legado artístico que sobrepasa sus intenciones de fracasar.

Su memoria tiene un poco desdibujadas sus andanzas iniciales en la expresión plástica. Siente que así como no hay respuesta para saber cómo alguien llega a hacerse sepulturero, tampoco puede adivinarse cómo se puede ser artista. “Hay personas en las que la vocación se descubre desde muy temprano. Comencé a dibujar relativamente tarde. No sé, tendría doce o trece años. Aunque inmediatamente me metí a estudiar pintura. A los quince años ya estaba en la Escuela de Bellas Artes. Desde entonces no he hecho otra cosa”.

Vestido de mariachi

Con su título bajo el brazo, recibe su primer trancazo: se ganó una beca que lo llevó a México. “Yo no quería ir, pero nos becaron a los integrantes de un grupo del cual yo formaba parte: Se llamaba la Barraca de Maripérez. Ese grupo había hecho una huelga en la escuela de pintura. Nosotros éramos simplemente unos huelguistas. No teníamos ningún criterio plástico. Estábamos unidos por las circunstancias, pero no porque pensáramos igual”.

- Yo insistí mucho en que nos enviaran a Europa. Estaba negado a estudiar en México, no me interesaba; pero, quien nos otorgaba la beca era el gobierno y éste no tenía ningún interés en enviarnos a otro lugar que no fuese la tierra azteca. Nos dijeron que nos fuéramos a México un año y que si después nos queríamos ir a Pekín era asunto nuestro. Pensaba que durante ese año pagaría parte de mis deudas con el cielo, que sería un purgatorio. Estaría allí contra mi voluntad, porque no me interesaría nada, sobre todo no me interesaba el arte mexicano. Al transcurrir ese año, las circunstancias habían cambiado, no sólo porque habían derrocado al gobierno de Rómulo Gallegos, sino porque yo había comenzado a comprender el país en el que estaba. Con mucho placer continúe viviendo allí hasta completar más de diez años”.

- Hubo momentos en los que me sentí mexicano. Este país ejerció y ejerce una gran influencia en mi obra. Casi todo mi trabajo deriva de mi estadía allá. Mi aprendizaje fue callejero, cotidiano, vivencial. El conocimiento que más me nutrió no fue el que aprendí en escuelas e institutos, sino el que se dio en mi relación directa con la gente. Su manera de expresarse a través del humor. Los mexicanos marcaron mi concepción del mundo desde el punto de vista humano. Hablaba con toda clase de gente, no tan sólo con intelectuales o pintores. Aunque, también es verdad que la pintura mexicana me maravilló, sobre todo por la actitud de los pintores, su preocupación por la gente. Los intelectuales mexicanos – a diferencia de los venezolanos de aquella época- tenían una preocupación por lo mexicano, pero no por temas trascendentes, sino por la cotidianidad del país, por sus costumbres. Eso me pareció ejemplar, porque había temas que en la Venezuela de ese entonces eran ajenos al mundo de la intelectualidad y a los mexicanos les importaban muchísimo. Eso me impactó y me marcó, porque entendí que no hay que salir del globo terráqueo, para descubrir qué le interesa a la gente, tanto a público como a creadores.”

- Estuve plenamente integrado al país. Me había instalado allá. De hecho, habían nacido dos de mis hijos y se puede decir que tenía un futuro más o menos claro. Tenía más de un año dictando clases en Acapulco”.

¡Vuelvan caras!

Como a Zapata todo le llega o le pasa “sin querer queriendo” – como diría el popular Chavo del 8, para seguir en la onda mexicana-, le llegó la hora de regresar a Venezuela. Tras la caída de Pérez Jiménez, el país se perfilaba como una tierra de gracia en la que cualquier árbol daría frutos. “No es que no quisiera regresar porque había dictadura en Venezuela, lo cual también es cierto, sino que tenía una vida más o menos hecha en México. Pero, el país me ofrecía muchas ventajas para regresarme. De hecho, me permitieron volver con las ventajas que le otorgaban a los exiliados, a lo que yo no tenía ningún derecho, porque mi exilio- si es que puede llamársele así- fue voluntario. Me regalaron hasta el pasaje y, yo como soy vivo no desprecié ese chance”.

De México traía en su portafolios una etapa de abstraccionista poco conocida en nuestro país. No sabe dónde están esas piezas “se habrán perdido, desaparecieron, pero sé que existieron porque yo las hice. Eran francamente abstractas, pero fue un período. A partir de allí en mi trabajo predomina lo figurativo. Aunque en las exposiciones, lo abstracto es casi siempre lo que más me llama la atención” .

Dice que sigue siendo buen espectador y en su cara no se asoma ni un resquicio de falsa modestia o una pose de maestro benevolente y complaciente. Parece que es verdad , que además de ser pintor, es público. “Ser buen público es tan difícil como pintar. Voy a un museo y me emociono frente a una obra de arte. Sé que puede establecerse un diálogo entre la obra y el espectador. Surge una dialéctica, una relación de sobreentendidos donde uno cree comunicarse con el artista, cuando es él el que se comunica con uno. Claro siempre está bien que haya comunicación, sobre todo en estos tiempos en los que está de moda comunicar algo, manía que estuvo en desuso, así que los pintores se acostumbraron a no expresar nada y ahora dicen los lugares comunes que dejaron de decir durante años”.

Hasta con una brocha

En su cabeza hay un chip que le indica su necesidad de comunicarse. Eso lo entiende bien, lo que no sabe ni le interesa es definir su trabajo, tal y como lo expresó en una entrevista que le hiciera José Pulido:“Por no definirlo es que trabajo tan libremente. Ni siquiera se me ha ocurrido pensar en eso. Soy un pintor indefinido que busca ante todo pasarla bien. No pasarla bien con el producto de la venta de mis cuadros, sino que el hecho de pintar me haga sentir pleno, vivo, feliz. Que pintar vaya en una dirección o en otra, eso no me preocupa: podría sentir gran placer hasta pintando una pared con una brocha.”

Entre una frase y otra, sus gatos –los dueños de la casa- parecieran pedir que les desocupen el lugar. Que ya está bueno de tanta conversadera. Forman parte de la familia Zapata Comerlati o viceversa. De repente, el artista exclama: “¡Mosca, bájate de ahí!”. Aunque parecía lo contrario, el aviso no era para la visita sino para su gato, cuyo nombre viene de un personaje teatral. “Yo estaba haciendo unos bocetos para un vestuario y había un personaje llamado Mosca, pero no por lo vivo”. Un buen día, en plena sesión de trabajo, el ronroneo de este felino lo desconcentró y a partir de allí la familia creció. Aunque la verdad sea dicha: en esa casa la apasionada por los animales es Mara, su esposa. Así que como buen marido obediente ha tenido que convivir con los maullidos. Aunque como bien dice él, quien convive con los animales, es el otro Zapata, el que va al supermercado, tiene una familia y hasta dolores de muela. Sucede que el artista milita en la otredad mucho antes de que los científicos se rompieran la cabeza descubriendo el genoma. Pedro León, resolvió su asunto a través del cuento de Jorge Luis Borges que habla del otro. “Creo que me cuesta trabajo desligarme del que pinta cuadros, tiene programas de radio, dicta conferencias, concede entrevistas y tantas otras cosas. He logrado desligarme de esa persona más o menos conocida y quedarme dentro de este ser más bien introvertido que también se llama Pedro León Zapata y que soy yo”.

La caricatura: sinónimo de libertad

- La caricatura como género desde el punto de vista estético, le ofrece a uno la posibilidad de trabajar de una manera desparpajada como en la pintura no se atreve. El caricaturista que también es pintor, cuando pinta lo hace con un respeto por esa superficie de tela –llamada lienzo-, cuando de pintar se trata. La pintura se vuelve óleo, porque así es como lo llama el pintor. El acto de pintar se convierte en un ritual que obliga o conlleva una actitud de veneración que impide esa libertad que la caricatura proporciona. Si el pintor logra vencer esa veneración y pinta como le da la gana, entonces ese pintor probablemente se llamara Pablo Picasso y eso no es frecuente. Particularmente en el campo de la intura me expreso cada vez de una forma más desprejuiciada. Cada vez me importa menos lo que he aprendido. Aunque hacer alarde de que uno es honesto es una ridiculez”.

- La pintura conlleva toda una puesta en escena. Lo que los demás creen que ha de ser la pintura ejerce sobre uno una influencia muy fuerte. Uno carga con toda esa mediocridad encima hasta el punto que te impide mover el pincel. Mientras que en la caricatura no sucede eso. No tiene nada que ver con críticos, ni con museos, ni con curadores, no tiene nada que ver con ese lastre que la pintura carga y le permite expresarse a uno con absoluta libertad. Cuál es el resultado de esa libertad: un mayor placer para el que ejerce el dibujo. En mi caso, el placer es tan absoluto que no estoy dispuesto a cedérselo a nadie. Jamás diría: haz una caricatura por mí, porque lo mío es el placer de hacer la caricatura, no el de cobrarla. Aunque de todas maneras no lo paguen bien en Venezuela, ni tampoco tenga el reconocimiento artístico porque se considera fuera de este campo; sin embargo, el caricaturista sabe que no está fuera de lo artístico y que además ahí está reflejado lo más hondo de su pensamiento y de su expresión. Lógicamente esos que se arrodillan frente a la pintura no lo saben ver. Ser caricaturista es una gran cosa”.

Humor indefinible

- El humor es muy difícil de definir, tanto que he inventado varias definiciones humorísticas que no tienen ninguna validez científica, porque lo científico, lo dogmático, lo académico cuando de humor se trata no funciona y, cuando a uno le preguntan no puede sino dar definiciones académicas porque toda definición implica academicismo. La gracia del humor está en ser indefinible. Es algo así como explicar un chiste: pierde todo sentido.”

- Opino que el humorista es un cómico fracasado, que no es como se ha pensado siempre que el cómico no tiene nada que ver con lo humorístico. El cómico tiene como único objetivo conseguir la risa y para eso hace cualquier cosa. Mientras que el humorista carece de objetivos, le da lo mismo que haya o no risa. Si la gente se ríe es , entre otras razones, porque quiere, porque el humorista hace lo que hace sin darse cuenta de lo que está haciendo. A veces es el primer sorprendido de que la gente se ría de una cosa completamente seria que él está diciendo. Pero como todo este discurso es de una invalidez absoluta, voy a cambiar de opinión: El humorista persigue hacer reír a la gente, pero como fracasa, entonces dice: no, lo que pasa es que yo soy humorista, no soy cómico. El humorista es un cómico que fracasó”.

Perfil

Nació en La Grita, estado Táchira, el 27 de febrero de 1929/ Estudios En 1945 ingresó en la Escuela de Artes Aplicadas de Caracas. En 1947 viaja a México, ingresa al Instituto Politécnico Nacional ; en la Escuela de Pintura de La Esmeralda y en el Taller Siqueiros. 1958 Regresa a Venezuela y ejerce la docencia en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela. Publicaciones Sus caricaturas y dibujos han aparecido en Fantoches; La Pava Macha; Dominguito; Una señora en apuros; El fósforo; Cascabel, La hallaca enfurecida; Coromotico, entre otras. Reconocimientos Premio Municipal de Artes Escénicas ; Premio Armando Reverón ; Premio Nacional de Artes Plásticas, entre otros. Exposiciones: Su obra ha sido expuesta tanto en Venezuela como en el extranjero. En 1992 se encargó de la imegen gráfica de los festivales de cine latinoamericano de Biarritz en Francia y de Trieste en Italia. También ha publicado libros.


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