Juan Bosch al cumplir sus 92 años Leonel Fernández
Lunes, 2 de julio de 2001
Al cumplir sus noventa y dos años, el pasado sábado, 30 de junio, el profesor Juan Bosch debe albergar la satisfacción de haber tenido una larga y productiva existencia al servicio del bien común y del engrandecimiento de la sociedad dominicana.
Artista por vocación, especialmente en el ámbito de la literature de ficción, el profesor Bosch terminó convirtiéndose, sin embargo, en el más notable e influyente pensador político que ha dado la República Dominicana en toda su historia.
De todos los que se han dedicado al análisis, estudio y reflexión de la realidad nacional, Juan Bosch es el único que tiene un cuerpo organizado de ideas en forma de una teoría coherente y sistemática acerca de la sociedad dominicana.
Eso no quiere decir, por supuesto, que no haya habido otros pensadores sociales de importancia en la República Dominicana. Sin duda que los ha habido, como nos lo recuerdan los nombres de Ulises Francisco Espaillat, Pedro F. Bonó, José Ramón López, Américo Lugo, Manuel Arturo Peña Batlle y Joaquín Balaguer, para solo mencionar algunos, tanto de tendencia democrática liberal como de inclinación conservadora.
Lo que hemos querido significar, más bien, es que Juan Bosch es el único que ha llegado a elaborar, en forma racional y lógica, un conjunto de ideas explicativas en torno al alma nacional dominicana.
Esa capacidad de desarrollar una teoría de la sociedad dominicana se produjo en el fundador del Partido Revolucionario Dominicano y del Partido de la Liberación Dominicana, debido, en primer término, a sus condiciones naturales de agudo observador de todas las manifestaciones de la realidad nacional, en segundo, a sus grandes conocimientos y erudición adquiridos a través de una ávida lectura de textos tanto literarios como científicos, y en tercer lugar, a sus facultades creativas e imaginativas, que le permitían presentar una perspectiva analítica innovadora de todo el drama del devenir histórico de la República Dominicana.
La capacidad de observación de Juan Bosch se puso de manifiesto, por vez primera, con la publicación de su novela, La Mañosa, en el 1935, en la que a través del manejo simbólico de una mula (a la que denomina, precisamente, la mañosa), y de la figura del general Fello Macario, otro personaje ficiticio de la obra, presenta las causas que condujeron al país a una situación de caos perpetuo como consecuencia de las luchas intestinas que se desataban entre distintos caudillos regionales por razones de ascenso o de movilidad social.
Pero es a partir de la publicación de un conjunto de textos que en la actualidad constituyen una referencia ineludible de nuestra literatura sociológica e histórica, como son, por ejemplo, Trujillo: Causas de una Tiranía sin Ejemplo, Crisis de la Democracia de América, Composición Social Dominicana, Dictadura con Respaldo Popular, Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo y De Cristóbal Colón a Fidel Castro, que Juan Bosch desarrolla el instrumento analítico y conceptual que le sirve de fundamento para exponer algunas de las más agudas e inteligentes interpretaciones que se hayan elaborado acerca de la República Dominicana.
En el libro sobre Trujillo, hace un recuento de toda la historia nacional, desde la época del descubrimiento, la conquista y colonización, hasta la llegada del sátrapa al poder, para poner en evidencia que, desde el punto de vista biológico, psicológico, político y militar, el régimen de Trujillo fue el resultado de la acumulación de todos los males históricos de nuestro país.
Era, obviamente, una interpretación audaz, de un valor político incalculable.
Más adelante, durante la época en la que se estaba bajo la influencia de algunos pensadores marxistas ortodoxos nacionales, Juan Bosch fue capaz de desafiar todo su andamiaje teórico, al formular la tesis de que la sociedad dominicana no era una sociedad típicamente capitalista sino precapitalista, así como de que en lugar de una burguesía, el sector social que había regido los destinos nacionales, desde nuestra fundación como República, había sido una oligarquía, obstáculo principal al desarrollo capitalista del país.
Todo eso resultaba novedoso. Nunca antes se había abordado el estudio de la historia nacional desde una perspectiva semejante. Nunca se había trascendido la mera narración descriptiva de nuestra relidad, y todo eso, además, era estimulante desde el punto de vista intelectual, pues no solo se exponía con nuevos conceptos y criterios, sino con un nuevo lenguaje, el cual, sin perder su rigor analítico, estaba impregnado de una notable elegancia artística.
Juan Bosch elaboró muchos otros conceptos. Algunos sobre la naturaleza imperial de la sociedad norteamericana, la cual llegó a bautizar con el nombre de sociedad pentagonista, otros sobre las distintas capas de la pequeña burguesía dominicana, sobre su psicología social y sus formas de comportamiento. Sin embargo, lo más esencial es que con sus escritos y sus prédicas contribuyó a enseñarnos a pensar en forma analítica acerca de nuestra realidad nacional así como de nuestro contexto internacional, a derivar lecciones de ese razonamiento y a diseñar planes concretos para una acción política honesta y responsable que tuviese como resultado final la realización del bien común para beneficio de la sociedad dominicana.
Su pensamiento y enseñanzas trascendieron las fronteras nacionales y lo han convertido en un ineludible punto de referencia de todo el ámbito iberoamericano.
No todos los pueblos tienen el privilegio de contar entre sus hijos a un gigante de las ideas y de la acción como lo es el profesor Juan Bosch. Por eso, al cumplir sus 92 años nos inclinamos en forma reverente, como acto de reconocimiento a una figura ilustre que ha aportado lo mejor de su talento para brindarnos a los dominicanos un lugar de honor y un motivo de orgullo.
¡Felicidades, profesor!
El autor es expresidente de la República Dominicana