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Carta Abierta:
Con motivo de los 25 años del Golpe de 1976
Adrián Salbuchi

 
Lunes, 26 de marzo de 2001

Este 24 de marzo se cumplen 25 años del golpe militar que destituyó al gobierno Justicialista democráticamente elegido en 1973. Por estos días, un amplio espectro de organizaciones de izquierda se proponen recordar ese cuarto de siglo poniendo casi excluyente énfasis sobre la lucha antisubversiva emprendida por las juntas militares entre 1976 y 1983 y las consiguientes violaciones de los derechos humanos. Allí hallamos a las Madres de la Plaza de Mayo, la Agrupación HIJOS, las Abuelas, el CELS, Página 12, la Internacional Socialdemócrata y muchos, muchos más. Y lo hacen aprovechando la pasividad de los millones de argentinos que sabemos que las cosas fueron mucho más complejas, con lo que se desdibuja el hecho de que en la Argentina de entonces hubo una verdadera guerra, con sus héroes y mártires; sus crimenes y excesos.

Notablemente, esta prédica de la izquierda se inserta muy elocuentemente dentro del proyecto de globalización que impera desde la caída del Imperio Soviético a principios de los años noventa y que pretende entronizar sobre el mundo, por un lado al neoliberalismo usurero como modelo de control económico y financiero, y por el otro al socialismo marxista como mecanismo de control socio-cultural.

Esto no tiene nada de nuevo: la fusión entre ambas ideologías - la marxista y la neoliberal - las vienen pregonando geopolíticos como Zbigniew Brzezinski, y los centros de planeamiento como la Trilateral Comisión y el Council on Foreign Relations (CFR) desde hace ya muchas décadas.

Es más: la utilización de los derechos humanos (en un sentido absolutamente individualista, atomizador y ateo pero jamás en el sentido de los auténticos derechos de la comunidad), ya formaba parte de la propuesta "An Agenda for the Eighties" como instrumento de ingerencia y dominio sobre países soberanos, preparado por el Council on Foreign Relations para el gobierno trilateralista de Jimmy Carter entre 1977 y 1981.

Lo que padeció la Argentina entre 1976 y 1983 fue una dictadura CIVICO-militar. No lo olvidemos, pues los civiles fueron tan o más importantes que los militares que la integraron. Pues mientras los militares de entonces cumplieron la tarea sucia de aniquilar a la guerrilla marxista porque ella contradecía la lógica - entonces aún vigente -de los acuerdos de Yalta que en 1945 dividieron al mundo entre Estados Unidos-Gran Bretaña y la Unión Soviética; los civiles de aquella dictadura cumplieron la función de iniciar y profundizar la destrucción de la economía nacional, sacrificando a la Argentina ante el altar del capitalismo usurero. Aquella acción militar duró siete años mientras que, un cuarto de siglo después, los efectos económicos los padecemos cada vez más.

Notable fue la manera en que la guerrilla marxista y el capitalismo neoliberal - ambos declaradamente "democráticos" - unieron y sutilmente coordinaron sus fuerzas para lograr un objetivo que hoy se nos presenta como claro y nítido: la destrucción de la Nación Argentina. Ello se debió a que las fuerzas promotoras del actual inicuo modelo de globalización bien sabían que la Argentina era uno de los focos más peligrosos (para los dueños del mundo), de aquello que Juan Perón denominó la "Tercera Posición" (o sea, la voluntad de no subordinarse ni a uno ni a otro bloque hegemónico imperialista surgido en 1945 tras la segunda guerra mundial).

En rigor de verdad, el principal crimen de la dictadura cívico-militar que usurpó el poder el 24 de marzo de 1976 fue la destrucción de la economía a manos de civiles nombrados por la Trilateral Commission de David Rockefeller.

Si el Gral. Videla fue el circunstancial presidente de ese Proceso, encarnando el poder formal político avalado por el Depto. de Estado en Washington, claramente José A Martínez de Hoz fue el primer ministro por cuyas manos pasaba el poder real de las finanzas y la economía. Así, el modelo aprobado por la entonces incipiente globalizacion dirigida desde el CFR y la Trilateral Commission para la Argentina necesitaba mantener al pueblo bien callado, derrotado y con la cabeza baja.

Por eso permitieron que en 1976 se nombraran militares en todos - salvo una - de las áreas de gobierno: presidente, ministros, gobernadores, intendentes, secretarios de Estado, interventores de empresas y organismos públicos, radios, televisión, y hasta en los teatros Colón y San Martin! Pero había un área que quedaba totalmente "hands-off" para los militares: el Ministerio de Economía.

Así fue que durante todo el gobierno del Proceso vimos desfilar únicamente a civiles por los pasillos de Economía, como el ya mencionado Martínez de Hoz (miembro del CARI y Acindar), Guillermo Walter Klein (abogado de bancos internacionales), Lorenzo Sigaut, Adolfo Diz, Alejandro Reynal (grupo Austral), Juan Alemann (banca suiza), Roberto Alemann (banca suiza), Jorge Jebe (CARI), Domingo Caballo (Fundacion Mediterranea), José M. Dagnino Pastore (CARI), Jose Luis Machinea, Manuel Solanet (FIEL), Francisco Soldati, Enrique Folcini, y muchos, muchos más.

O sea, que mientras los militares desarrollaban sus campañas antiguerrilleras, los civiles se hacían cargo de sus tareas de desmantelamiento de la industria y la economía nacional, iniciando el gravísimo endeudamiento externo que hoy nos tiene postrados, todo según un modelo diseñado por la Trilateral. Jamás una estrategia de pinzas fue tan efectiva...

Y fíjese el lector que mientras los militares vinieron y se fueron, Alfonsín vino y se fue al igual que Menem e, indudablemente, también de la Rua, el modelo economico inaugurado por Martínez de Hoz, vino Y SE QUEDÓ...y hoy más que nunca!!!

Por eso, al cumplirse un cuarto de siglo de aquél infausto 24 de marzo, evitemos caer en el simplismo infantil de una izquierda acéfala, confundida y huérfana, que tan solo recuerda la tragedia de sus desaparecidos (que no fueron 30.000 como repite la propaganda del sistema reflejando vaya uno a saber qué factor de corrección inflacionaria!!). Lo que en 1976 comenzó fue un gigantesco GENOCIDIO infinitamente peor que el sufrido por la izquierda perseguida por los militares, y que continúa vigente hoy: el GENOCIDIO ECONóMICO que sigue matando a 55 niños por día en nuestros país - ¡¡20.000 chicos muertos cada año!! -, a lo que debemos agregar los MILLONES de muertos y "muertos vivos" ocasionados por la falta de salud, de bienestar, de seguridad, de educación, de esperanza y de desarrollo en esta desvastada Argentina.

Ese GENOCIDIO ECONóMICO iniciado por Martínez de Hoz mantiene su continuidad absoluta, creciente e inintertrumpida hasta hoy. Desde las figuras emblemáticas del Proceso ya mencionadas, y luego a partir de 1983 por sus sucesores y compañeros de viaje como Sourrouille, Jesús Rodriguez, Portnoy, Tróccoli, Rapanelli, Erman, Cavallo, R Fernandez, Daniel Marx, Pou, Machinea, Artana, López Murphy y todo el ejército de consultores, analistas, "expertos", economistas, formadores de opinion y embaucadores de toda calaña provenientes de los think tanks del sistema, como FIEL, Universidad del CEMA, UADE, Fundacion Mediterranea, Econométrica, IDEA, CARI y Broda, que parecieran tener un único objetivo: justificar, avalar y fortalecer los ejes doctrinarios de una política economico- financiera demoliberal que se alinea sistematicamente con los paradigmas del actual modelo de globalizacion impulsado desde el CFR y la Trilateral Comisión. Este modelo se basa sobre dos ejes fundamentales:

  1. la privatizacion del poder a nivel planetario y
  2. la destrucción del Estado-nación soberano.
Así llegamos a la actual Argentina moribunda, próxima a su desaparición si no despertamos y empezamos a comprender quién es quién, y como funciona realmente el mundo.

Sería entonces muy importante que los sindicatos, la Iglesia, los industriales nacionales (los pocos que aún quedan), los medios de comunicacion (los pocos aún independientes), las universidades, y por sobre todo el pueblo trabajador en general aprovechara este aniversario del golpe de 1976 para recapacitar y comprender que ahí se inició este GENOCIDIO ECONÓMICO que rige hasta nuestros días.

Los ejecutores y voceros de ese modelo los seguimos viendo enquistados en el Gobierno, en ciertos sectores empresarios (esos que el sábado 17 de marzo lo aplaudieron a rabiar a López Murphy) y en la gran prensa canalla, que hoy se empeñan en arrastrar a la Argentina hacia su definitiva muerte.

El Golpe de 1976 instauró una dictadura cívico-militar neoliberal y genocida que cumplió con las exigencias del mundo bipolar de entonces. A partir de 1983 cuando los poderes fácticos mundiales ya habían decidido la actual etapa unipolar de la globalización, aquella dictadura que se perpetúa sobre nuestro país dejó caer su brazo militar y pasó a ser la actual dictadura neoliberal genocida en lo económico que nos mantiene de rodillas y postrados ante la usura institucionalizada por la estructura financiera mundial, el FMI y Banco Mundial, el CFR y la Trilateral Comisión.

Pero no lo olvidemos: esto sólo lo han podido lograr gracias a que tuvieron - y tienen- el permanente apoyo de una minoría traidora local que hace honor a aquellas palabras de Hipólito Irigoyen cuando decía que "no temo tanto a los de afuera que nos quieren comprar como a los de adentro que nos quieren vender".

salbuchi@infovia.com.ar

 

 

 
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