Queridísimas majestades de Oriente, o de donde quisiera que fueran, como cada año me dirijo a ustedes con la esperanza de que sus excelsas personas tengan a bien atender a esta ínfima porción de población mundial que es el que suscribe.
Mi misiva se dirige desde la distancia del tiempo y el espacio de los dos mil años que nos separan, pero no os preocupéis que ya no os volveré a pedir la paz mundial, porque se que vuestra magia es extensa, pero sólo el todopoderoso podría solucionar las diferencias entre humanos que hace que cada cierto tiempo, a algún jefecillo de estado se le fundan los plomos y “comprenda” que sólo el entrenado en guerra podrá adueñarse de aquella colina que siempre fue indispensable para la existencia de su pueblo.
¿Desde qué óptica verían sus excelencias a los que se dedican a matar? Supongo que desde las cavernas hasta hoy, pasando por la época en que sus majestades llegaron hasta Belén a adorar a Hijo de Dios, el concepto de guerra, o de violencia en si, ha ido variando desde aquellos Cro-magnon que se matarían por un territorio de caza, o por una caverna para aliviar el frío, a la lucha por territorios, trozos de tierra que ya no son indispensables para seguir viviendo, pero que sin embargo, se hacen necesarios para mantener el orgullo de una nación, o para demostrar que el pueblo de al lado no es más que nosotros, o tal vez por que nuestras creencias nos indican que debemos de hacer algo contra los de otras creencias.
Cuanta estupidez, que por lo que he mencionado aquí arriba tenga que morir gente, personas que seguramente preferirían seguir viviendo entre los suyos antes que conseguir un pedazo de tierra.
Se que es el tiempo de la felicidad y que quizás mi pensamiento sea utópico, pero precisamente por estar en las fechas en las que estamos pienso lo que me da la gana, y si durante el año quiero ser feliz, ahora más me invade el risueño elixir de la no aflicción, sin embargo sigo viendo injusticia, hambre y atrocidades por doquier; y sólo una idea me ronda la cabeza, como alguien puede hacer daño a otro alguien y comer y dormir como si no hubieran hecho nada; como alguien puede ser extensamente rico sabiendo que hay otros que son extensamente pobres; como alguien puede entregar su vida por las buenas siendo el bien más preciado que tiene, como la mitad de la humanidad puede morir de hambre y la otra mitad de obesidad, como yo sigo en el paro con un curriculum muy extenso y mi presidente sigue diciendo que “España va bien”, también es egoísmo por mi parte, pero me da igual, porque esta sigue siendo mi carta a los Reyes y en ella escribo lo que quiero.
¿Qué podemos esperar de un mundo en el que el supuesto nuevo líder mundial y Personaje del año para la revista TIME (y digo supuesto por el suspense que ha rodeado su elección) sigue firmando penas de muerte como el padre que le firma las calificaciones del colegio a un niño, y si sale en algo a su progenitor, seguramente hará del “Semper Fidelis” de los ‘Marines’ su lema de cabecera contra el aburrimiento?
La incomprensión, y la intolerancia siguen siendo las palabras más nocivas contra el ser humano, porque me duele tanto cualquier vida que no soporto una muerte por muy lejos que me pille; Hemingway a pesar de ser un misógino, no sabía lo que se perdía, comprendía perfectamente el significado de una sola vida humana, y sabía perfectamente por quién doblaban las campanas.
Por tanto, espero que vuestros cuerpos sigan descansando allá en tierras germánicas, donde la Contrarreforma os llevó, y que vuestros espíritus dentro de sus posibilidades sigan trayendo cada año algo de amor al mundo del que estamos tan necesitados; pero claro, quizás en esta épocas es cuando más complicado lo tendrían sus majestades para dicho fin.
Y para mi no quiero nada, sólo seguir teniendo a mi alrededor a las personas que quiero y un poquito de salud, y ya salir del paro sería alucinante; pero si lo del trabajo no es factible, me conformaría con unos calcetines que los del año pasado no estuvieron mal.
GRACIAS MIL, sin más atentamente espero que al recibo de la presente se encuentren bien de sus achaques.