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Repertorio hispánico

Coletillas al Margen
Trampolín a la Fama o al Descalabro
Carlos Angulo Rivas

 
Miércoles, 5 de diciembre de 2001

La XI Cumbre de Presidentes de Iberoamérica realizada en Lima la semana pasada, terminó con un poco más de lo mismo. Discusiones protocolares, saludos respetuosos, abrazos y grandes comilonas. Faltó como siempre ocurre el aspecto autocrítico de nuestras débiles y dóciles democracias institucionalizadas, más como la moda del momento que como la reconstrucción de un continente que aspira a una vida mejor. Y no podía ser de otra manera, porque los compromisos adquiridos por los gobiernos, a excepción de Cuba y tibiamente de Venezuela, los tiene sometidos de antemano a los designios de la política impuesta por Estados Unidos a través de los organismos clave, el Fondo Monetario Interncional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y ahora en cuanto a nosotros concierne, el ALCA, Asociación de Libre Comercio para las Américas impulsada por el mismísimo presidente George W. Bush desde la reunión de Quebec. En las circunstancias descritas, los cinco acápites de la ahora llamada Declaración de Lima, el acuerdo Político contra el Terrorismo, el acuerdo sobre la Situación Económica Mundial y el Comercio Internacional, la declaración sobre los procesos electorales en Perú y Nicaragua y la declaración especial sobre las Islas Malvinas, suscritas por el rey de España Juan Carlos I, y los presidentes iberoamericanos, son meramente enunciativas y en rigor castrense un mero saludo a la bandera.

Sin embargo, aprovechando el efecto de la reunión de Jefes de Estado y apartándonos un poco de los aspectos declarativos triunfalistas, principistas y sagrados, los que casi nunca se cumplen, la convocatoria ha servido para destacar situaciones puntuales tales como la lucha contra la corrupción endémica de nuestros países (la más destacada desde luego, la de la dupla Fujimori-Montesinos, como antes lo fueron las de Pinochet, Salinas de Gortari, Carlos Andrés Pérez, Alan García y Carlos Menen); la iniciativa del presidente Alejandro Toledo sobre reducción de los gastos militares a fin de canalizar los recortes a la lucha contra la pobreza; la enésima exhortación hecha al gobierno de Estados Unidos para que ponga fin a la aplicación del embargo a Cuba y de la ilegal ley Helms-Burton; la necesidad de prevención, tratamiento y cooperación para combatir el SIDA; y por último la reiteración de la condena a todas las formas del terrorismo en la versión norteamericana, la misma que no distingue entre una acción revolucionaria (derecho a la insurgencia) y el terrorismo a secas. En el tema de los derechos humanos, además de la condena unánime a toda forma de violación a la Declaración Universal, se acordó exhortar a la adhesión al Estatuto de Roma que propone crear la Corte Penal Internacional.

En realidad la reunión de los 21 representantes Iberoamericanos realizada en Lima, vuelve a refrescar la memoria sobre lo ya acordado en otras oportunidades. Sin embargo, en el Perú ha disipado por el momento el runrún del increíble bajetón en las encuestas de Alejandro Toledo en sus apenas cuatro meses de gobierno, dándole la posibilidad de recomponer su figura más aún en concordancia con el acuerdo de consolidar la democracia y la vigencia del Estado de Derecho en el nuevo siglo. Acuerdo que le cayó como anillo al dedo, en virtud de haber sido su candidatura presidencial el eje principal de la lucha contra la corrupta autocracia de Alberto Fujimori y sus secuaces. Esta coyuntura especial, aunada a la rueda de conversaciones con los principales representantes de las fuerzas políticas del país con la finalidad de arribar a un Acuerdo Nacional de Gobernabilidad, ubica a Toledo en un resucitar que de no ser aprovechado en toda su magnitud lo hará perder el tren de la historia. La verdad sea dicha. Habiendo culminado la primera rueda de conversaciones para la concertación, todo ha sido lucimiento de las partes. Desfile peliculero de buenas intenciones y agua para los molinos de cada cual. Y, si así se comienza mal se termina. El inefable García Pérez por ejemplo, quien sigue en campaña electoral y seguirá hasta el 2006 si es que los parlamentarios y jueces no toman en serio su caso y se deciden a llevarlo a los tribunales por sus latrocinios y los crímenes de lesa humanidad, salió de Palacio de Gobierno con la pose del gran perdonavidas. Quiso pasar de buena gente como se dice. Anunció muy regocijante que no habría interpelación y todo se transformaría en una simple invitación a los ministros Olivera, Rospigliosi y Waisman. El ujier mayor, Jorge del Castillo, al unísono desde el Congreso coincidió, cuándo no, con su jefe, amo y señor. Felizmente, los rápidos reflejos del presidente del Congreso, Carlos Ferrero y del líder de Perú Posible, Luis Solari, desinflaron la maniobra aprista empujando el voto por la interpelación. Por supuesto esta maniobra puesta al descubierto fue unilateral, pues según sus cálculos el perenne candidato aprista no necesitaba, esta vez, de la ingenua Lourdes Flores Nano.

Repito y repetiré hasta el cansancio, el gobierno de transición a la democracia necesita de una base sólida, la misma que no fue elaborada por el gobierno provisorio de Valentín Paniagua. No necesitamos de morisquetas palaciegas ni apretones de mano con elementos poco serios. Para ir a los planteamientos concretos, un buen comienzo no sólo de concertación sino de gobierno democrático liderado por el presidente de la República, debe ser el Acuerdo de Gobernabilidad ya firmado por casi todas las fuerzas políticas que combatieron contra las aspiraciones de perpetuación de la mafia cívico – militar de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Algunas innovaciones serán bienvenidas, pero una nueva agenda de visionario a veinte años es simplemente pasar el problema presente a las calendas griegas. La visión de encaminar el país hacia el futuro puede ser muy loable, de magnifica buena voluntad, inclusive admisible en tiempos normales, pero impracticable y hasta estéril como salida al caos dejado por el gobierno de la narco-política en el Perú. La lucha encarnizada contra la corrupción convertida en motivo central de los gobiernos de Paniagua y Toledo, abarca casi todo el espectro de la sociedad peruana, pero curiosamente a la fecha no hay un solo sentenciado y le siguen dando tribuna a uno de los principales delincuentes de la mafia: Vladimiro Montesinos. El otro, es decir, Alberto Fujimori, goza a plenitud con el desastre que dejó y se da el lujo de pontificar, desde Japón, vía internet. Lo grave del asunto es la acogida que todavía tienen estos bandoleros criminales en ciertos medios masivos de comunicación, sobre todo en las cadenas de televisión. ¿También será necesario concertar con ellos?. De repente sí, uno nunca sabe. ¿Acaso no estamos viendo salir mondo y lirondo al reo contumaz de Palacio de Gobierno?.

La reconstrucción del Estado es un imperativo paralelo a la lucha contra la corrupción. Ahora o nunca. La llegada de Alejandro Toledo a Palacio, aunque él no se de cuenta todavía, nace de un pueblo extenuado por la tragedia de soportar el todo vale desde el poder. Doctrina autocrática de seguidores concientes e inconcientes, de vivos y de ciegos, quienes además no pierden la esperanza de regresar a las mismas. Observemos que su apuesta es desestabilizar la incipiente democracia peruana con miras a salir libres los que están presos y a no ser juzgados los que aún están libres. La mafia Fujimori-Montesinos cuentan con los medios, los enlaces y la estructura corrupta dejada en el conjunto del Estado y sus Instituciones, además tienen un plan que involucra a muchos a muchísimos diríamos mejor, civiles y militares, quienes conociendo la historia reciente y pasada del Perú buscan sentencias leves cuando no la prescripción de sus delitos. El caso Alan García Pérez, una verdadera vergüenza nacional, es típico e ilustrativo. Volvió a ser candidato como si nada hubiera pasado. Mejor ejemplo de lo que hablamos no puede haber. La prensa nacional ayudó bastante en este despropósito para decirnos luego amnésicos, nostalgicos, incomprensibles. ¿Por qué la historia no podría repetirse, ya no como tragedia sino como una comedia de lo ya vivido?. Todos vuelven es un vals peruano de muy simpática letra musical.

Si el presidente Toledo no aprovecha el nuevo envión de popularidad que le ha dado la cumbre Iberoamericana y los apretones de mano de la gastada concertación, está totoalmente perdido. Lo digo sinceramente, porque mucho tiempo para ponerse las pilas no le queda. En agosto un pueblo lleno de expectativas le daba 60% de aprobación, en noviembre el cansancio de esperar y la insensatez de su sueldo, las tardanzas y los sobrinísismos, lo colocó en 32%. No falto de reflejos, en esta coyuntura de la cita cumbre y la concertación puede haber mejorado su imagen, pero éso no es suficiente. Se necesita transparencia y liderazgo enérgico. El pluralismo y la tolerancia fortalecen a la democracia, siempre y cuando exista en la crítica y el análisis político una vocación constructiva, pero el canibalismo al que la mayoría de los periodistas y líderes de oposición están acostumbrados desdice demasiado de esta positiva inclinación. La confrontación por lo general es el ataque personal y hasta familiar, no de planes y programas. Lo hemos visto en la campaña electoral y lo seguimos viendo ahora. De ahí la difícil cuando no imposible concertación, más cuando algunos protagonistas buscan el perdón personal y el de sus partidarios, socios y compinches, solicitando implícitamente al gobierno "hacerse de la vista gorda". Si se quiere gobernar el país de manera distinta, ejecutivamente y con menos saludos sonrientes, ya se tiene un Acuerdo de Gobernabilidad vigente y suscrito, faltándole sólo ponerlo en acción hasta alcanzar las metas propuestas. ¿Por qué y para qué una nueva Agenda?. Nosotros no queremos otro gobierno provisorio como el de Paniagua sino uno de transición, cuyos cimientos están esperando la construcción del edificio.

Los símbolos del "cholo terco", Pachacutec, "todas las sangres", los Apus y la Pachamama, estuvieron de moda para ganar las elecciones. Ahora es tiempo de volcar las ambiciones presidenciales en servicios a la nación. Dañino, Kuczynski, Quijandría, Webb, representan a Wall Street no a los pobres del Perú, pero en ellos como salida económica cree Toledo así llame economía con rostro humano a su esbozo de proyecto. Desde un punto de vista ideológico esto tiene mucha importancia, pero no debe llevarnos a la desesperación si es que existe honestidad en la continuación del neoliberalismo. A veces la honradez es más importante en la consecución de objetivos. Los promotores de la salida capitalista a raja tabla (Kuczynski y compañía) siempre y cuando se estimen a sí mismos, no pueden tener dos facetas. Pues son o no son. Me explico, por ejemplo, si no quieren normar la estabilidad laboral en el país, existen otros medios de protección a los trabajadores como son el seguro del desempleo y la asistencia social a sus familias; si el eje de la política económica es la privatización y todo debe funcionar de acuerdo a las grandes, medianas y pequeñas corporaciones, la recaudación fiscal no debe ni puede tener exoneraciones caprichosas ni favoritismos especiales; si no deben existir bancos estatales de promoción como antes el Minero, Industrial, Agropecuario, por ir contra los principios de la privatización, deben promoverse lineas de crédito especiales en los bancos privados y en el Banco de la Nación. Y así por el estilo, porque ellos saben perfectamente que en los países capitalistas y en Esatdos Unidos donde han vivido y trabajado, las cosas funcionan de esa manera y al trabajador, por ningún motivo, se le deja en medio de la calle.

Si no, cómo financiar los proyectos sociales de los ministros sectoriales si el equipo Dañino-Kuczynski actúa como capitalista a media tinta, a conveniencia de empresarios, amigos y socios, es decir, no recaudando los impuestos suficientes de los grandes consorcios transnacionales y nacionales. Un artículo del parlamentario Javier Diez Canseco publicado en La República es bastante claro al respecto, aquí va un acápite: "La ineficiencia de un sistema tributario se aprecia en el bajo porcentaje del PBI recaudado (ojo, se refiere a los impuestos directos). El Perú, en América Latina, recauda en impuestos directos apenas 2.8% del PBI. Venezuela alcanza 11.5%, Ecuador 7.5% y en Panamá, Chile, México y Brasil entre 4% y 4.5%. Según el BCR, Perú recaudó en 1980, en impuesto a la renta, 6.0% del PBI y en el año 1990 apenas 0.5%. (ojo con Alan García). Bajo el fujimorismo creció hasta 3.6% del PBI en el año 1996. El 97 se estanca y desde el 98 cae hasta el 2.8% del PBI actual. Fueron las grandes empresas las principales responsables de que caiga la tributación directa, aunque obtuvieron grandes utilidades. Las 60 empresas más grandes tributaron US$ 714 millones de impuesto a la renta en el año 1997; 3 años después, en el 2000, su tributación bajó a menos de la mitad: US$ 350 millones. En el mismo periodo las medianas empresas (del puesto 201 al 2,300) se mantuvieron pagando $ 405 millones. ¿Resultaron las grandes empresas ineficientes, o es que hay gato encerrado?.

Las cifras hablan por sí solas. En casi todos los países del mundo, el monto de lo recaudado cada año aumenta, paradójicamente en el Perú ha disminuido. Por lo extenso del artículo, no podemos ingresar al tema de las indebidas "exoneraciones" tributarias o compadrazgos gubernamentales que nada tiene que ver con la aplicación del neoliberalismo. El gabinete ministerial de Toledo se ha dado en llamar de "todas las sangres" creando una gran confusión, puesto que hasta la fecha no define una política acertada y ya no sabemos si el apelativo es racial, indios, cholos, blancos, chinos, zambos y negros; o en su defecto ideológico, conservadores, neoliberales, liberales, socialdemócratas, izquierditas y neomarxistas. Si es lo segundo, como parece ser, la coexistencia pacífica es necesaria, pero ya es hora que los ministros sociales pongan los puntos sobre la mesa. Para ello no es necesario salirse de la cancha de Kuczynski, sino exigirle que sea un capitalista cabal para que el presupuesto nacional alcance y se cubran las demandas sociales y populares.

 

 

 
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