Brasil es hoy por hoy una de las insurgentes nuevas potencias económicas mundiales, a pesar de estar agobiado por una deuda externa enorme y de contar dentro de sus límites territoriales con una pobreza de grandes dimensiones, posee a la vez un gigantesco potencial económico, que está basado en su gran extensión territorial, un parque industrial fuerte moderno y actualizado, enormes recursos naturales no explotados y una masa de población (la mayor de Latinoamérica) medianamente capacitada, pero a la vez preparada para asumir su rol de mano de obra barata.
Todo esto es lo deseable dentro de una economía capitalista, para catapultar a una nación dentro del concierto de las naciones industrializadas, prósperas y por ende poderosas; sin embargo, ¿Qué pasa? ¿Por qué Brasil no hace su disparo definitivo hacia este destino?
La explicación, probablemente, se halla dentro de las dos afirmaciones con las que inicio esta disertación, el dinero y la pobreza.
A diferencia de Venezuela, Brasil no contó en el pasado con recursos monetarios abundantes y fáciles, como si hemos contado nosotros desde hace casi un siglo, provenientes del petróleo. Esto llevó a Brasil a establecer políticas de desarrollo sustentables a largo plazo con escasos recursos, es así como vemos que en los últimos años esta nación ha explotado de manera lenta y gradual dentro del concierto económico mundial.
La era de los coroneles, al igual que en Venezuela la era perezjimenista , permitió la construcción de un parque industrial fuerte, apoyado en una inmigración selectiva que manejaba ese parque industrial, armado con capital extranjero, que deseaba ganancias inmediatas, esto no se dio y por lo tanto esos famosos capitales golondrinas volaron, las autoridades Brasileñas asumieron en buena medida los costos de lo que se había logrado a expensas de una deuda externa enorme.
Es así como la realidad actual establece a Brasil como un gigante con pies de barro, es decir, está en capacidad de ser todo lo que desea ser pero se halla clavado a la tierra porque sus dos fuerzas vitales, el dinero y la población, no se hallan a la par del resto de sus procesos.
Brasil necesita dinero, Brasil necesita que su mano de obra barata esté dispuesta a asumir su rol de sacrificio para que la nación alcance los retos establecidos.
Estas dos cosas las tiene muy claras Luis Ignacio da Silva, y su tarea fundamental es lograr estos dos objetivos; conseguir dinero como y donde sea, no importando las repercusiones que este cometido genere en el sitio donde se consiga al mismo.
A Lula lo tiene sin cuidado si apoya o no a Chávez vendiéndole gasolina, Lula no es chavista, así como también dejo de ser socialista o trotskista, él es un político, elegido presidente de una economía capitalista, neoliberal gigante, que tiene ante si el deber de llevar a su país adelante. Eso lo tiene muy claro cuando le vende gasolina a Venezuela. Le vende gasolina a Venezuela, no a Chávez, se gana un dinero que no estaba previsto, que le permite además arrancar con una pequeña dosis de oxígeno económico y con dos victorias psicológicas ante su pueblo. en primer lugar un gesto “humanitario” hacia un vecino necesitado y en segundo lugar le vendiste gasolina a uno de los más grandes productores de gasolina del mundo, algo así como venderle arena a los árabes o hielo a los esquimales.
El trasfondo es otro, si esto fuera una operación humanitaria, no vendes, donas la gasolina, si estuvieras de acuerdo con Chávez no le vendes, le regalas la gasolina, tal como prácticamente hace Venezuela con Cuba. Esto no es mas que una sencilla operación comercial de un comerciante audaz y ávido de dinero, más nada, aquí no hay implicaciones políticas, solo neoliberalismo del más salvaje y elemental.
Donde sí puede haber una implicación política, es dentro del mismo Brasil. Esta operación comercial demuestra cual es la fibra política actual de da Silva, no es socialista, es neoliberal, es expansionista (como siempre ha sido Brasil) y es, por encima de todo, altamente nacionalista.
Luis Ignacio da Silva es el producto de la evolución política de una nación, no es un accidente, es el hombre con el arraigo necesario en este instante, para convencer de alguna manera a una población para que se entregue sin condiciones a un proceso de desarrollo de tipo desarrollista, de corte neoliberal y expansionista en el cual las posiciones políticas, sindicales y sociales son secundarias, lo primario es obtener dinero, expandir mercados, abrir la economía y mejorar posteriormente las condiciones sociales, educativas, sanitarias, etc. Si hacemos una analogía en el tiempo probablemente observaremos similitudes entre el Brasil actual y los Estados Unidos de finales del siglo XIX.
Eso es lo que pasa con Lula, esto no es político, no es apoyo a Chávez, no es enemistad contra la Coordinadora Democrática, no va contra el pueblo Venezolano, es solo el primer anuncio de una política económica agresiva, que va a ser el norte de la gestión presidencial de Luis Ignacio da Silva, yo particularmente lo felicito y le deseo suerte en su gestión, y envidio a los Brasileños, hubiera deseado que Chávez hubiese hecho en su momento lo mismo.