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Repertorio hispánico

Yo, el bastardo
José Musse Torres

 
Domingo, 1 de diciembre de 2002

Cantan diciendo que quien no tiene de Inga tiene de Mandinga. A mi no me importaría unirme al coro, si al menos supiera que los indios o negros me aceptan como propio. Hijo de criollos, tengo de indio y español, y nada me importaría si algún gen chino o negro haya sazonado mi herencia. Aunque al emplazarme con el espejo, apuesto por ser más cholo que nada, descendiente de adoradores del Sol y chacchadores de coca y aún así cuando he penetrado en los Andes, no me identifico con sus costumbres, danzas y lengua. Si algún descendiente mío habló quechua o aymará, si usó taparrabo, no lo sé, ni está en la memoria de mi familia.

No me interprete mal, no reniego, ni menosprecio al indígena, ni creo que sea inferior o superior, simplemente no me hallo dentro de la civilización andina. No entiendo porque solo para sentirme más peruano deba gustarme el huayno o la marinera. Yo amo a mi país sin disfraces, sin discursos políticamente correctos, eso es amor a la tierra conocida, nada hay que ver con identidades. ¿El bonaerense que no baila tango es menos argentino?

Más occidentales los costeños hemos vivido de espalda a la América andina y sí nos consideramos más hijos de europeos, entonces ¿Por qué siempre maldecimos nuestra herencia hispánica? El bastardo nunca habla bien de sus progenitores.

Tampoco me siento blanco y aunque habló español no me siento castellano. Dudo que los peninsulares nos quieran más que los indios o los negros africanos.

Ojalá así fuera, al menos sabría a donde pertenecer.

Para entender al Perú me fui hasta España, me fui al encuentro de mi otra parte. En España entendí al Perú, pero ahora no sé dónde encontraré las respuestas para entender a España.

Desde esa experiencia me siento menos bastardo y un poco más huérfano. Ahora solo necesito que los indios me acepten como propio. Si ello pasara, seríamos una sociedad integrada, una sociedad multiétnica coherente a decir de Giovanni Sartori.

De España me dijeron que era la Madre Patria, que a veces se comporta como madrastra, aunque yo la pasé de puta madre. Yo sigo pensando en la señora de rojo y blanco que se corona con laureles y lleva a sus pies el escudo peruano y que mis compatriotas llaman Patria Madre. Curioso, pero esta figura no es parte de los símbolos patrios según la legislación. Evidente, somos unos bastardos. ¿Deberíamos tener una Madre Patria Negra? Ni los negroides lo mencionan. El hijo siempre reniega del padre que no lo reconoce.

Siempre se trata el racismo con mucho prejuicio, como si no bastara tal actitud segregacionista y se olvidan que negros, chinos y cholos saben discriminar por igual. Yo no soy racista, siempre he odiado a todos por igual y como mestizo no me identifico con ninguno de esos reclamos. A mi solo me gustaría saber a dónde pertenezco. Los sociólogos afirman que el drama de los latinoamericanos es su falta de identidad, que por ello, poco dan la cara por su terruño, que cuando pueden se marchan al extranjero y siempre estudian otros idiomas, aunque el español lo balbucen. Dicen que para desarrollarse como seres humanos, esa es la parte que más disgusta.

¿Falta identidad? ¿Necesitamos una identidad nacional? Creo que sí la tenemos, es la identidad del mestizo, del que es un poco todo y no es nada. La identidad de los bastardos.

email:josemusse@yahoo.com

 

 

 
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