Cantan diciendo que quien no tiene de Inga tiene de
Mandinga. A mi no me importaría unirme al coro, si al
menos supiera que los indios o negros me aceptan como
propio. Hijo de criollos, tengo de indio y español, y
nada me importaría si algún gen chino o negro haya
sazonado mi herencia. Aunque al emplazarme con el
espejo, apuesto por ser más cholo que nada,
descendiente de adoradores del Sol y chacchadores de
coca y aún así cuando he penetrado en los Andes, no me
identifico con sus costumbres, danzas y lengua. Si
algún descendiente mío habló quechua o aymará, si usó
taparrabo, no lo sé, ni está en la memoria de mi
familia.
No me interprete mal, no reniego, ni menosprecio al
indígena, ni creo que sea inferior o superior,
simplemente no me hallo dentro de la civilización
andina. No entiendo porque solo para sentirme más
peruano deba gustarme el huayno o la marinera. Yo amo
a mi país sin disfraces, sin discursos políticamente
correctos, eso es amor a la tierra conocida, nada hay
que ver con identidades. ¿El bonaerense que no baila
tango es menos argentino?
Más occidentales los costeños hemos vivido de espalda
a la América andina y sí nos consideramos más hijos de
europeos, entonces ¿Por qué siempre maldecimos nuestra
herencia hispánica? El bastardo nunca habla bien de
sus progenitores.
Tampoco me siento blanco y aunque habló español no me
siento castellano. Dudo que los peninsulares nos
quieran más que los indios o los negros africanos.
Ojalá así fuera, al menos sabría a donde pertenecer.
Para entender al Perú me fui hasta España, me fui al
encuentro de mi otra parte. En España entendí al Perú,
pero ahora no sé dónde encontraré las respuestas para
entender a España.
Desde esa experiencia me siento menos bastardo y un
poco más huérfano. Ahora solo necesito que los indios
me acepten como propio. Si ello pasara, seríamos una
sociedad integrada, una sociedad multiétnica coherente
a decir de Giovanni Sartori.
De España me dijeron que era la Madre Patria, que a
veces se comporta como madrastra, aunque yo la pasé de
puta madre. Yo sigo pensando en la señora de rojo y
blanco que se corona con laureles y lleva a sus pies
el escudo peruano y que mis compatriotas llaman Patria
Madre. Curioso, pero esta figura no es parte de los
símbolos patrios según la legislación. Evidente, somos
unos bastardos. ¿Deberíamos tener una Madre Patria
Negra? Ni los negroides lo mencionan. El hijo siempre
reniega del padre que no lo reconoce.
Siempre se trata el racismo con mucho prejuicio, como
si no bastara tal actitud segregacionista y se olvidan
que negros, chinos y cholos saben discriminar por
igual. Yo no soy racista, siempre he odiado a todos
por igual y como mestizo no me identifico con ninguno
de esos reclamos. A mi solo me gustaría saber a dónde
pertenezco. Los sociólogos afirman que el drama de los
latinoamericanos es su falta de identidad, que por
ello, poco dan la cara por su terruño, que cuando
pueden se marchan al extranjero y siempre estudian
otros idiomas, aunque el español lo balbucen. Dicen
que para desarrollarse como seres humanos, esa es la
parte que más disgusta.
¿Falta identidad? ¿Necesitamos una identidad nacional?
Creo que sí la tenemos, es la identidad del mestizo,
del que es un poco todo y no es nada. La identidad de
los bastardos.