En los años 60 y comienzos de los 70, el gobierno de Estados Unidos se dedicó a liquidar el movimiento negro de aquel país. Los derechos civiles conquistados ponían en movimiento una fuerza social y cultural que resultaba muy radical para los patrones norteamericanos y, en especial, para épocas como la de la guerra de Vietnam y la asunción de Richard Nixon.
El movimiento negro fue liquidado, en todas sus vertientes, del pacifismo de Martín Luther King al radicalismo de los Black Panthers, pasando por Malcolm X. Apenas algunas décadas después, la juventud negra es diezmada por el crack, protagoniza
abiertamente la crisis social de la violencia urbana, llevando a que ciudades predominantemente negras en la composición de su población, como Washington, tengan toque de queda permanente.
Los negros hoy viven peor que en los años 60, desplazados de los puestos de trabajo por los trabajadores inmigrantes, que son obligados a trabajar en cualquier condición, por no tener la tarjeta de trabajo, al contrario de los negros, rebeldes, pasibles de sindicalización.
Habría sido mucho mejor para la construcción de una democracia con alma social en los Estados Unidos, la convivencia -si bien que difícil- con los movimientos negros, que representaban sus expresiones políticas organizadas, aquellas que daban racionalidad a sus reivindicaciones. Lo peor son las expresiones desordenadas,
en el enfrentamiento violento con la policía, que lleva a gran parte de ellos a ser parte de la mayor población carcelaria del mundo, otros a vegetar en los guetos urbanos de la droga, mientras otro sector sigue la difícil lucha por la conquista de la
ciudadanía.
Los Sin Tierra en Brasil
Algo parecido sucede hoy con los sin tierra en Brasil. Las élites bien puestas se dedican a tratar de liquidar al movimiento que busca rescatar la ciudadanía de las personas más pobres, más humildes, más masacradas del país, con todo el peso de su fuerza. Gobierno, Policías Militares, Ejército, grandes medios de comunicación, se juntan para tratar de criminalizar al más bello y meritorio movimiento social que la historia del Brasil haya tenido.
Un movimiento que, conforme reconocen las Naciones Unidas en su último informe sobre el Indice de Desarrollo Humano, con su lucha, hace que un millón de personas tengan acceso a la tierra, contra la voluntad de las élites y de los gobiernos, que en 500 años, solo concentraron la tierra y la protegieron con la violencia. Más aún: en los asentamientos de los sin tierra, no hay un niño fuera de la escuela, el único lugar en Brasil donde todos los niños están en la escuela, en un sistema escolar formulado y organizado por ellos mismos, con profesores pagados por las alcaldías, con un currículo decidido por ellos, pero autorizado por el Ministerio de Educación. Como dice José Claudio Todorov, responsable de alfabetización del Ministerio: los sin tierra hicieron por la alfabetización en Brasil más de lo que 500 años de historia.
Es a este movimiento que las élites conjugadas quieren destruir, para que Pará vuelva a ser como era, según testimonio de la Pastoral de la Tierra de ese Estado: una zona del lejano oeste, donde los trabajadores rurales eran masacrados cotidianamente, sin siquiera constituir noticia en los periódicos. Quieren que
proliferen guerrillas rurales en Brasil, como en Colombia, como anhela el General Alberto Cardoso (Ministro Jefe de Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia de la República), deseoso de militarizar aún más los conflictos rurales en Brasil, al decir que los sin tierra van a "apelar a otros medios". Si Brasil no se ha transformado en una Colombia en el campo, no es gracias a los Cardosos y a su muchacho, Raúl Jungmann (Ministro de Desarrollo Agrario), sino gracias al Movimiento Sin Tierra.
¿Es eso lo que quieren los asesinos de lo poco de democracia que construimos? ¿Es eso lo que quieren de nuevo, todos los magnates de la gran prensa que -con la única excepción de Ultima Hora- apoyaron y propagaron el golpe militar, escondieron sus crímenes y actuaron juntos en la dilapidación del país?
Defender a los sin tierra en su lucha pasó a ser un certificado de carácter en el Brasil de hoy. Dígame lo que piensa de los sin tierra y yo le diré quién es, de tal forma se presenta el combate entre pobres y ricos, poderosos y débiles, trabajadores y especuladores, pueblo y élites.