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Repertorio hispánico

Coletillas al Margen
La madre del cordero
Carlos Angulo Rivas

 
Viernes, 14 de diciembre de 2001

Quienes más se rasgan las vestiduras y en desesperación defienden la libertad de expresión, son los mismos que la pisotearon sin escrúpulos de ninguna clase. Recordemos la misión aceptada por estos mercenarios corruptos del periodismo peruano para avergonzarnos de su virulenta labor de zapa y fraude. Los encargados de burlarse del país obscenamente, no tienen derecho a seguir haciéndolo en nombre de la propiedad privada y las libertades públicas. Menos cuando las licencias continúan siendo el arma del delito para socavar el aún débil sistema democrático. La conspiración de la mafia está en pie, usa los estrechos vínculos construídos por la autocracia Fujimori-Montesinos, entonces ¿por qué el presidente Toledo retrocede?. El castigo a los empresarios y periodistas depravados y pútridos corresponde al Poder Judicial, la sanción a las empresas que transgreden, violan o desobedecen una licencia pública corresponde a un acto administrativo. Otorgar licencias es una medida administrativa, suspenderlas o revocarlas por infracciones punibles es igualmente responsabilidad administrativa de la autoridad competente.

Si una aerolínea viola su licencia realizando vuelos no autorizados, capturan los aviones, multan a la compañía y le cancelan la licencia. Si un colegio privado viola la resolución de su creación ministerial y se burla de los programas de la educación nacional, se le cancela la licencia y se cierra el instituto. Así de simple. Ni la TV ni los periódicos son instrumentos de chantaje para burlarse de la ley o no pagar impuestos. Adulterar el resultado de las elecciones de un país, recibir millonarios sobornos para destruir candidatos opositores y organizar una mafia que todavía continúa haciendo de las suyas, destruye los cimientos de cualquier democracia. Sin embargo, Alejandro Toledo retrocede en su primera intención de lo correcto, suspender las licencias; y lo hace ante acusaciones de la propia mafia y de los que de alguna manera usufructuaron de la bendición de sus poderosos miembros. Saltó la madre del cordero, el ataque artero de García Pérez era de esperarse, después de todo él fue un cadáver político resucitado por las decisiones de los delincuentes en el Poder Judicial (prescripción de sus delitos) y en la televisión mediante las tantísimas entrevistas arregladas con el fin de hacer perder la memoria del pueblo. Ahora pagando favores, el líder aprista dijo que "la cancelación de las licencias sería ilegal e inconstitucional y que pondría en riesgo la reconstrucción de la democracia". Con ello, las sospechas de montesinismo se confirman, ya que luego agregó con mala intención, la medida se debería al bajetón de la popularidad de Toledo. Presentó así el hecho como una venganza similar a la suya, cuando ejecutó la nacionalización de la banca porque los empresarios, alimentados por su gobierno en los enjuagues de los doce apóstoles, se negaron a invertir en medio de la crisis económica aprista. No hay nada más que verlo, lógicamente para García Pérez convivir con la coacción gangsteril sobre el gobierno de Toledo es lo más saludable.

Se necesita un liderazgo democrático, transparente, pero enérgico, alejado de marchas y retrocesos. Los aplazamientos y prórrogas conducen a la perdición. No hay que ser tan suspicaces, personalmente no creo que exista la intención velada de capturar los canales de TV sino de limpiar la casa, cosa que conviene a la gran mayoría de peruanos. Vargas Llosa habla de una licitación pública cristalina y si se quiere supervisada internacionalmente, qué mejor garantía puede existir. El proyecto de ley de telecomunicaciones está bien, pero no soluciona el problema actual. ¿Acaso se quiere un gobierno de postergaciones? Enarbolar en nombre de la libertad de prensa respeto hacia delincuentes como los Crousillat, Schutz Lándazuri y sus secuaces, resulta una siniestra sinrazón, un tinglado incongruente dirigido a la perpetuación de la inmoralidad. En García Pérez se entiende, pero en Lourdes Flores quien afirmó defender la TV mafiosa en las calles y con todo, es un pésimo negocio. Al parecer la señorita del PPC, lidereza de la Unidad Nacional, no distingue cristianamente lo bueno de lo malo, lo sano de lo podrido, la carroña de la pureza, lo prostituído de lo virtuoso, salvo sus compromisos escondidos la lleven por el camino equivocado de la desnaturalización política. Craso error en una mujer que aspira a papeles de dirección y responsabilidad nacional.

 

 

 
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