Uno de los más ingratos recuerdos que para la sociedad mejicana legó el régimen de Porfirio Dìaz (1876 – 1910) es el componente autocrático y personalista ligado al problema de la reelección presidencial.
Frente a esto, los sectores que se agrupan alrededor de Madero en 1910, propugnan un lema que se hará clamor de toda la sociedad: “Sufragio efectivo, no reelección”. Luego de que el asesinato de Madero abrió el camino de la Revolución Mejicana y esta, a su vez, le abrió la vía a la Constitución de 1917 y al dominio hegemónico del partido oficial de la Revolución (PRM – PNR – PRI) esta nueva y sana tradición se ha mantenido hasta nuestros días.
Más allá del evidente autoritarismo del sistema mejicano, que ha terminado hace pocos días con la victoria de Vicente Fox, es interesante comprender y aprehender las raíces de la longevidad de un sistema político que hegemonizó la política y la sociedad mejicana toda durante, prácticamente, todo el siglo XX. Para entender la solidez del dominio priísta es importante destacar este lema: “sufragio efectivo, no reelección”.
Más por lo segundo que por lo primero
El PRI hizo uso de todos los recursos del Estado para ganar las elecciones, por las buenas o por las malas, por lo que de “sufragio efectivo” es evidentemente puesto en duda. Pero, a efectos de la longevidad del sistema, la no reelección ha sido un aspecto clave. En el sistema mejicano la no reelección no sólo se extiende al Presidente de la República sino también a los miembros de los cuerpos legislativos. Esto representó una importante ventaja a la hora de oxigenar el sistema con nuevas generaciones.
Nunca se eternizaron los dirigentes dentro del Legislativo Nacional, no se observó en Méjico a los parlamentarios eternos que son comunes en muchos países de nuestro hemisferio, esto obligaba a una regeneración forzada en el seno del Partido Oficial. Una de las pocas cosas que los países latinoamericanos podrían aprender de su hermano azteca, sobretodo en estos tiempos donde las ambiciones reeleccionistas, por las malas o por la buenas, llegaron, o llegarán a causar importantes problemas en Perú – con el caso Fujimori –, Argentina – Menem tuvo que ser detenido por el propio justicialismo –, Venezuela, donde se consagra la posibilidad de reelección inmediata en la nueva Constitución, y Brasil.
La falta de oxigenación de las organizaciones. El fortalecimiento de los lazos personales, el personalismo, en desmedro de los lazos institucionales, estas son las consecuencias a largo plazo de las reelecciones. Cuidado con esta vieja tradición latinoamericana.