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Repertorio hispánico

La Lupe, más agonía que éxtasis
Carlos Yusti

 
Martes, 12 de diciembre de 2000

Para Alonso Gimón


Mi amiga Diana Gámez me hace escuchar, en estos días de Fidel y nostalgia, un disco vinil de la Lupe. Su interpretación de ese “rayado” bolero “Soy la mala”, es más que emblemático, en cuanto a vocalización, se entiende, porque en la vida real la Lupe no era una Vamp, ni una mujer jalonada por las malas pasiones. Los testimonios, de quienes presenciaron sus actuaciones en el escenario, aseguran que no es una mujer que cantaba, sino un terremoto de sensualidad. Freeling y carisma le sobraban, quizás para compensar una no muy correcta vocalización. voluptuosidad y desenfreno insinuante para darle vida y piel a unas canciones en la que su voz parece naufragar sin remedio. No sé si la Lupe estuvo consciente de sus carencias como interprete, lo cierto es que sus actuaciones frenéticas, sus escotes atrevidos y sus pestañas, cabellos, uñas y lunares postizos le permitieron ocupar, primero, un lugar prominente, que hoy todavía dura, en la música caribeña, y, segundo, tener un sitio sobresaliente en la industria cultural como la suma de la cursilería, Susan Sontag lo ha escrito.

La Lupe comenzó cantando con un cuarteto de músicos segundones, “matatigres” improvisados con vocación musical y ganas más que talento, pero sin estilo definido. En el grupo las cosas parecían no marchar del todo bien. Ante esta circunstancia la Lupe decide probar suerte como solista.

A mediados del año 59 debutó en nuevo Night-Club, como se les etiquetaba entonces, llamado “La red”. La decoración del lugar parecía un set de una película mala sobre tobos de mar y bucaneros: un laberinto de redes atrapando una penumbra forzada. Poseía un escenario no muy grande donde se divisa un piano y algunos instrumentos de percusión. Como estaba recién inaugurado la gente y muchos turistas se dejaban caer por allí buscando novedad artística. Estas primeras aspiraciones de la Lupe en La Red desencadenaron “n” comentarios.

La carrera artística de la Lupe fue más bien vertiginosa y turbulenta como sus actuaciones en escena. Sin embargo su vida ha sido contada en algunas oportunidades con un buen número de falsedades y verdades a medias.

Más que cantar la Lupe iba a escena a desmigajar los consabidos valores morales o como bien lo ha escrito Cabrera Infante: ”La Lupe no cantaba ni actuaba, sino que daba una demostración demasiado frecuente de sadismo, masoquismo y sentido del ritmo que mantenía a los espectadores, la mayoría viéndola de pie, el local de “bote en bote” en un final, como describía la propia cantante - presa de una fascinación casi malsana”.

Mi madre me contó que una vez se presentó en “El Show de Renny” y a ella no le resultó tan descocada y aparatosa como la anunciaban. Lo cierto es que debido a sus actuaciones cada vez más subidas de tono decidió exiliarse en Estados Unidos.

En la ciudad de Nueva York ni el ambiente ni los amores se le daban bien. Se apasiona por la brujería y su casa se llena con deidades Orichas entremezcladas con santos cristianos. Vivió con algunos hombres que la maltrataban haciendo muy bien su rol de vividores. A pesar de todo seguía subiendo a los escenarios, proseguía volatilizando su pasión obscura entre luces moribundas. Después fue hacerla de prostituta en las calles. Luego fue lo de la droga. Un día que actuaba en su tugurio del barrio negro, su casa se incendió. Al parecer las velas con la que iluminaba a los santos fue la causa. Sin hogar deambuló de aquí para allá. Su corazón le jugo una mala pasada, quizá cansada de tanto exceso, y en esa oportunidad se salvó de milagro luego de un fuerte ataque.

Prosiguen los viajes, las presentaciones y los amores difíciles. Su corazón finalmente dejo de latir y la Lupe murió para seguir viviendo como leyenda. Su historia, si se escudriña más allá de las luces y los aplausos fue más agonía que éxtasis.

Almodovar desempolvó, hace bastante rato, su voz interpretando “Puro teatro”. Para la industria cultural la Lupe es un paradigma de lo cursi, así y todo vale la pena escuchar su voz medio guapa. Como artista trato de estar por encima de los prejuicios de su época. Para su momento fue una innovadora y como todo aquel que promueve lo nuevo se vio un tanto fuera de lugar, cuestión que por otra parte la hace contemporánea.

La vida de la Lupe es después de todo más fascinante que su voz. Su mito de mujer obscena le sobrevivirá más que sus interpretaciones. Por otra parte prodigó los malos ejemplos con la sencilla intención de trasmitir su arte. La Lupe, tachada como obscena en su momento, hoy es apenas un rumor leve iconociastía artística. Su mito sirve para llenar páginas y páginas en las revistas amarillistas de farándula, su música y su estilo, en todo caso, son parte ya de una leyenda que difícilmente podemos sujetar.

 

 

 
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