¿Estrategia “made in USA”? Edmundo López Gómez - El Espectador, Colombia
Viernes, 8 de diciembre de 2000
Nuevamente el inefable general Barry McCaffrey ocupa las primeras páginas de nuestros periódicos, esta vez acolitado por la prudente embajadora Anne Patterson. Habrá que recordar que en agosto de 1999, McCaffrey expresó que los rebeldes constituían una “narcoguerrilla” en Colombia, mientras que el presidente Pastrana lo negaba en declaraciones al diario Clarín de Buenos Aires, declaraciones que consideró necesarias para despejar el equívoco de que él estuviera negociando con narcotraficantes disfrazados de guerrilleros.
Con todo, los personajes anteriormente nombrados y el señor Richard Boucher, vocero del Departamento de Estado, según versiones publicadas en nuestra prensa, han insistido en calificar a los rebeldes de las Farc y a los paras como integrantes de nuevos carteles de la droga, con la advertencia de la embajadora de que podrían ser extraditados por sus actividades en el negocio del narcotráfico. Y para sustentar tan graves acusaciones se remiten a supuestas pruebas que los servicios de inteligencia de Estados Unidos tendrían para demostrar la responsabilidad que les cabría a esos grupos alzados en armas.
Hacer esas afirmaciones contra las Farc, puede tener un significado concreto: quitarle piso moral al proceso de paz y justificar, de esa manera, una eventual intervención en nuestro conflicto interno, por aquello de que el “narcotráfico atenta contra la seguridad nacional de Estados Unidos”, pero cabría observar que tal intervención ya fue pactada a través del Plan Colombia, cuyo componente militar está dirigido contra los cultivadores de coca y narcotraficantes, y si los guerrilleros son considerados como tales, dentro del enfoque del imperio, “blanco es y gallina lo pone”: la guerra será contra las “Farc”, cuyos integrantes estarían cubiertos bajo ese estigma.
Preocupa que las cosas hayan tomado ese giro y que los publicitados nexos que se le atribuyen a los hombres de Tirofijo con el más poderoso cartel mexicano, puedan conducir a que los patrones imperiales le exijan al presidente Pastrana, que se les quite el reconocimiento político de que hoy gozan los insurgentes para combatirlos como vulgares narcotraficantes.
Ante esas serias perspectivas, nuestro Presidente, que contribuyó (¡y de qué manera!) a la aprobación del Plan Colombia, debe sentirse colocado contra la pared o en un callejón sin salida, ya que las acusaciones de McCaffrey, de la embajadora Patterson y del vocero del Departamento de Estado, señor Boucher, le han dado la vuelta al mundo, repercusiones que no favorecerán las relaciones Gobierno-Farc.
La situación, por su gravedad, amerita un profundo examen de la Comisión Nacional de Paz recientemente revivida por el Gobierno y como producto de la gestión del jefe del liberalismo, doctor Serpa Uribe. Pensamos (acá en la cocina), que la estrategia “made in USA”, puede conducir a la guerra total, sin que dentro de las previsiones se haya contemplado que pierda la vida un solo soldado norteamericano, por cuanto está implícito en el Plan Colombia, que los muertos debemos seguirlos poniendo nosotros... ¡a nombre de la seguridad nacional de los Estados Unidos! y por supuesto de la propia.
Con todo, son muchos los colombianos que según las encuestas prefieren la intervención extranjera, hastiados como están de esta confrontación interminable y terriblemente inhumana. Cuántas contradicciones, cuánta confusión.