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Neruda y un canto para Bolívar
Domingo A. Labarca Prieto

 
Martes, 17 de diciembre de 2002

“La América …se hizo hombre y fue Bolívar” (Martí)

En un Canto para Bolívar , el bardo ateo Pablo Neruda, magnífico escultor de la palabra, se atreve sublime y místicamente a rezar-poéticamente al Libertador, produciendo un Poema que es una Oración o una Oración que es un Poema. Bolívar es en su canto el Padre Omnipresente: “Padre Nuestro que estás en la tierra, en el agua, en ‘el aire’ de toda nuestra extensa latitud silenciosa”. Es para el poeta chileno el gran arquitecto, alfarero de repúblicas, constructor de naciones, creador e ingeniero social. Lo ve, como del mismo modo lo vio José Domingo Choquehuanca; el que para todos los tiempos afirmó en su Arenga: “... Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina...” “Nada de lo hecho antes de Vos (retumban para siempre las palabras de Choquehuanca), se parece a lo que habéis hecho, y para que alguno pueda imitaros, será preciso que haya un mundo por libertar”. ¡O un mundo por hacer, diríamos nosotros! Neruda hace coro con Martí. Este último, con otros poetas eleva centenares de admirables y admiradores cantos a Bolívar: “Pensar en él, señala Martí en bella prosa, asomarse a su vida, leer una arenga es como sentirse orlado de oro el pensamiento. Su ardor fue el de nuestra redención, su lenguaje fue el de nuestra naturaleza, su cúspide fue la de nuestro Continente; su caída para el corazón. Dícese Bolívar y ya se ve delante el monte a que, más que la nieve, sirve el encapotado jinete de corona; ya el pantano en que se revuelven, con tres repúblicas en el morral, los libertadores que van a rematar la redención de un Mundo”.

Bolívar en Neruda, es ciertamente la palabra. La palabra máxima que se convierte en canto-poesía-oración, y transforma a Bolívar en la dulzura de la caña, en el fulgor del estaño, en el plumaje y el mismo canto del pájaro libre , en la furia del volcán, en la patata salvadora del pobre, porque en su oración Bolívar es el “pan nuestro de cada día, Padre”. Bolívar es la justicia social, la esperanza del pobre que en su choza demanda justicia. Bolívar se manifiesta en el mágico pez luminoso, aquél que para Anaximandro, el filósofo naturalista griego constituye el remoto ancestro del hombre. Ese pez, que según el Premio Nobel salta de las redes del austral pescador, generando la feliz aparición del pan que se hace sonrisa. El Canto de Neruda es el mismo canto de Alí Primera cuando canta a la justicia, a la esperanza, a la defensa del ambiente, a la paz entre pueblos hermanos. Bolívar en la ‘poética nerudiana’ es la sal que da olor y sabor a las sombras nocturnas de nuestros mares y que está en todo tipo de corriente, en toda piedra… en la fosfórica, y en aquéllas sobre las cuales construiremos la gran patria: Porque tu eres Bolívar, diría Neruda, esa gran piedra y sobre ella, tu obra, tu pensamiento y tu ejemplo heroico, construiremos con ladrillos de sueños, de arcilla de voluntad, tu gran utopía americana de justicia, moral y luces, libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad.

El Bolívar de Neruda, en efecto, es corriente de aguas, llanuras infinitas, lugar de encuentros, de llegadas permanencias y partidas: campanarios que lanzan mensajes vibrantes, infinitos y eternos, como himnos inmarcesibles hacia los cuatro puntos cardinales, más allá de los tiempos y de los lugares. Porque para el poeta, de él venimos y vamos hacia él.

Tu legado es Bolívar-desideratum. Somos tu axiología: Moral y luces, polos y valores fundamentales de la República. La República a construir por y para hombres probos, virtuosos, patriotas, ilustrados. Moral pública y política inextricablemente unidas, para una República de auténtica concreción ética. Porque para Bolívar, “sin moral republicana no puede haber gobierno libre”; y “la destrucción de la moral pública causa bien pronto la disolución del Estado”. Por eso, “los hombres de luces y honrados son los que debieran fijar la opinión pública. El talento sin probidad, considera El Libertador, es un azote”.

¡Justicia!: Valor jurídico-político primario, porque para Bolívar, ciertamente, “la justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad y la libertad” y “la igualdad legal indispensable donde hay desigualdad física, para corregir en cierto modo la injusticia de la naturaleza”. Por eso, “hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad”. Bolívar es la libertad de los esclavos, es Las Casas redivivo, que lucha por los derechos del indígena y quiere repartir tierras a los soldados de la patria.

Bolívar es lección y enseñanza mediante el ejemplo para la concreción de valores: Grandeza, nobleza, constancia, trabajo, abnegación, entrega, desprendimiento, lucha sin descanso, lealtad, honestidad, ciencia, sabiduría, para construir la soñada patria americana, la patria de la poesía.

Bolívar en Neruda es herencia, es el polen que fecunda, es la rosa roja que se hace alma y copa que celebra las batallas y los triunfos de los pueblos oprimidos. Bolívar es en Neruda el espíritu que se levanta sobre las cenizas convertidas en la belleza de la flor que no se marchita. Es la figura solar de la cual nos habla Martí. Martí considera como Neruda que “así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el as de banderas a los pies, así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hoy: ¡Porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!” Bolívar es para ambos el gran Padre del cual nos habla Martí en “La Edad de Oro”.

Es también la estrella polar que guía y orienta a nuestros pueblos. Es brújula, fanal, inmenso cauce que nos conduce a oceánicos escenarios. Es el Cid que dirige batallas y alcanza triunfos, aún después de muertos: “Todo lo nuestro, sentencia Neruda, viene de tu vida apagada”.

Bolívar es el Padre de nuestro ser, deber ser, hacer y quehacer. Todo de consuno. ¡Él es todo. Todo es él! Por su obra, Bolívar se hizo deidad humana. Midas que convierte por su obra inconmensurable los reinos en poseía. Es Bolívar para Neruda ‘el Creador’: “Todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada, / tu apellido la cana levanta a la dulzura, /el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar, / el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar, / la patata, el salitre, las sombras espaciales, /las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,/ tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios; / tu herencia es el pan nuestro de cada día padre. / Tu pequeño cadáver de Capitán valiente /ha extendido en lo inmenso su metálica forma, /de pronto salen dedos tuyos entre la nieve /y el austral pescador saca a la luz de pronto / tu sonrisa, tu voz, palpitando en las redes”.

Bolívar es entonces en Neruda, la rosa que honra su alma infinita y que ofrece a sus amados pueblos, telos de sus desvelos. Es la ceniza milagrosa que se convierte en manos que florecen en el cotidiano vivir y construir. Es el corazón muerto que es semilla de vida: roja semilla de un corazón siempre vivo.

Por eso, Bolívar y Neruda no mueren un 17 de diciembre de 1830. Todo lo contrario, nace de nuevo para cabalgar eternamente, como diría el poeta Manuel Felipe Rugeles, para transformarse en Centauro de mágica luz infatigable, cabalgando en caballo luminoso, levantando banderas indeclinables, construyendo senderos radiantes y espectrales de infinitas esperanzas de redención para el sufrimiento de nuestros pueblos y su hambre de justicia, ‘moral y luces’.

Bolívar en Neruda no muere: Es la carne que se hace verbo. Es el hombre que hace y se hace historia, que divide los tiempos en pasado, presente y futuro. Es pueblo, es y hace época. Que es épica individual y colectiva: Biografía hecha y por hacerse. Historia hecha de sangre, sudor y heroísmo de pueblos; de pueblos haciéndose y haciendo historia. Por eso, Bolívar en Neruda no muere, como no mueren los pueblos y su historia. Nace y renace… Es un continuo renacer o eterno retornar, es esencia y existencia; materia y energía. Bolívar es el epicentro de un Continente de manos que se unen a la suya y que en ronda eterna se juntan al poeta para estar en todas partes, donde su presencia y su grito de libertad, como un trueno, cubre con su capa de caballero de la luz los espacios todos. Es la bandera que se hace sangre para abrir nuevos ríos y fecundar nuevas tierras. Es la espada incansable que se transforma en pólvora. Es el Cristo hijo del hombre. Redentor sin ser Dios. ¡Majadero! Superhombre que nació para enderezar cadenas y enderezar entuertos. Casi eres una Deidad. Crucificado fuistes por los perversos, pero una vez más, con su indomable voluntad, resucitaste de entre los muertos, para seguir conduciendo los pueblos en sus sueños y esperanzas: “Los malvados atacan tu semilla de nuevo,/ clavado en otra cruz está el hijo del hombre/ pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,/ el laurel y la luz de tu ejército rojo,/ a través de la noche de América, con tu mirada,/ Tus ojos que vigilan más allá de los mares/ más allá de los pueblos oprimidos y heridos/ más allá de las negras ciudades incendiadas…” Por eso, también Martí lo vio como resucitado. Siempre dispuesto a nuevas batallas, como hacedor de lo inconcluso.

Bolívar es el renacer, la savia, es la palabra que no ha dejado de ser y que será. Es la palabra del seguro devenir. Es el clarín que conduce los ejércitos que cabalgan en potros de fe y esperanza en pos de la hermosura, la justicia y la libertad. Es Bolívar en el Canto de Neruda la voz que anuncia el amanecer. “Tu voz otra vez nace; / tu ejército defiende las banderas sagradas: / La libertad sacude las campanas sangrientas/ y un sonido terrible de dolores precede / la aurora enrojecida por la sangre del hombre…”

Baja de la Cruz Bolívar, el hijo del hombre y siembra la paz y el trigo. Porque para Neruda sus brazos son fuente de paz y de justicia. Todo regado por su sangre, su divina sangre. La que heredamos. Somos su eterna sangre: “Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos. / La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron;/ de nuestra joven sangre venida de tu sangre/ saldrá paz, pan y trigo para el mundo que haremos”.

Venimos, entonces Bolívar, del maíz que sembraste, de la mezcla de razas que estimulaste. De ese pequeño género humano que genialmente identificaste. Somos la masa del maíz que sembraste mezclada con el barro de esta tierra a la que diste vida para que surgiera con ese pan de maíz, regado con el sudor de las batallas que comandaste, el nuevo el hombre americano. Como diría El Quijote: Fuiste más hombre porque distes más que los demás. ¿Cuánto diste? ¡Todo lo diste! Por eso, ese 17 de diciembre de 1830, cuando expirabas, con tu último aliento resucitabas entre los muertos, para estar eternamente entre nosotros. Es posible que estés durmiendo, pero no estás muerto. Por eso dices a través de Neruda: “¡Despierto cada cien años, cuando despierta el pueblo!”.

En síntesis, somos hijos de tus luchas por la justicia y la libertad; de las banderas que tremolan aún y que convocan a los pueblos en nuevas luchas.

Bolívar es el compañero de todas las rutas. Es la presencia sin espacio y sin tiempo. Es el pueblo que canta, ríe y llora. Porque Bolívar encarna al pueblo y el pueblo encarna a Bolívar.

De ti venimos porque somos tu biografía, carne de tu carne, sangre de la tuya, tu espíritu nos hace uno, porque tú, según Neruda, habitas en nosotros y nos amalgamas con tu amor de padre eterno e inmenso. Por eso no ha de extrañarnos encontrarlo en nuevas latitudes, batallas y amaneceres: “Yo conocí a Bolívar una mañana larga/ en Madrid en la boca del Quinto Regimiento / Padre le dije: ¿Eres o no eres o quién eres? Y mirando el Cuartel de la Montaña dijo: “Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.

Neruda ora poéticamente a Bolívar. Al Padre Eterno: Nuestro Padre Libertador: Es en su canto, la oración, la expresión hermosa de la palabra convertida en Bolívar. La obra de Bolívar es la obra para y por la poesía, para la palabra y la música que se hace escultura y no es más estatua sino incansable cabalgata, para la inspiración del .poeta que asume estéticamente la obra del héroe. ¡Quien también fue poeta de la palabra y de los hechos! Así lo cantó Neruda.

(*): Profesor Titular Emérito y Ex Director del Instituto de Filosofía de la Universidad del Zulia.

email:aileonlara@hotmail.com

 

 

 
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