Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

Plumas y letras hispánicas

Se sabe que el que vuelve no se fue
Roger Vilain

 
Viernes, 22 de diciembre de 2000

Un día, ya cercana la fecha de Navidad, el hombre que llevaba un libro bajo el brazo tomó la dirección de la casa de mis padres. Tan cercana, tan lejana en la memoria, fue testigo de los primeros encuentros, de las primeras batallas con dragones, duendes y fantasmas que poco a poco irían a acentuarse más y más, precisamente gracias al amigo cuyos versos colmaban de interrogantes la vida sosegada de un muchacho de pueblo.

Un día, después de entrar y apoltronarse en el sofá que estaba frente al televisor, Neruda se quedó para siempre en el sabor que la “palabra” fue cobrando en mí luego de su primer regalo: “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Y es que como buen compinche, extendió el libro apolillado que guardaba y leyó el poema que hablaba de amores -así lo recuerdo todavía- a la luz de la luna y a la orilla de un mar entumecido por el frío de un otoño en Isla Negra.

Neruda, quien llegaba antes de la fecha de Navidad, se quedaba como un latido o como un vendaval justo en medio del tren de la memoria. Entonces le conté de los espectros que durante muchas noches espantaban mi sueño, y le hablé de las princesas que aún no lograba rescatar. También le dije de otras cosas, por ejemplo del reloj sin tiempo que Toto, mi perro, había destrozado a dentelladas. Así de a poco, de a ratos robados a la realidad de la pelota y del colegio, Neruda dibujó los rostros, perfiles, siluetas, colores y sonidos de sus palabras, y las palabras, de este modo, pudieron servir más que para decir el nombre de las cosas.

El señor que llevaba un libro bajo el brazo caminó hasta la esquina de la plaza y luego cruzó la calle Sucre. Con una media sonrisa tomó dirección hacia la casa de mis padres para después, días o meses después, guardar su pipa ennegrecida y todavía cargado de poemas salir tranquilo por la misma puerta que una vez golpeó con sus nudillos. “Se sabe que el que vuelve no se fue”, le oí decir entre dientes.

Han pasado las horas, han caído muchas hojas, han llegado otros libros y otras navidades. Esta tarde y su lluvia y su infusión de manzanilla y Ana que me mira con sus ojos orientales logra vislumbrar el mismo poema, la página cuarenta, el verso arrellanado en el sofá: “Se sabe que el que vuelve no se fue, y así la vida anduve y desanduve mudándome de traje y de planeta, acostumbrándome a la compañía, a la gran muchedumbre del destierro, a la gran soledad de las campanas”.

rvilain@ucab.edu.ve

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.