La vigencia de Calderón De La Barca en el cuatricentenario de su nacimiento María Ramírez Ribes
Miércoles, 6 de diciembre de 2000
Se están cumpliendo este año cuatrocientos
años del nacimiento de Pedro
Calderón de la Barca, a quien Goethe consideraba "el genio que ha
tenido más entendimiento". Su vida y su obra cubren el siglo del barroco
en España, el siglo de
Oro de la creación española y uno de los más nefastos en la historia de
España. Estas son precisamente las contradicciones del barroco que están
presentes en la obra de Calderón quizá con más intensidad que en la de
cualquier otro escritor de su época. Y son quizá estos contrastes y sus
variadas manifestaciones los que han dado a algunos críticos perspectivas tan
diversas en torno a su obra.
La obra de Calderón no posee la brillantez
anecdótica que tiene la de Lope
de Vega. No es un costumbrista que intenta retratar la España imperial y
cosmopolita del momento como puede hacerlo Lope. La vida discreta, estoica y
prolongada de Calderón, vivió más de ochenta años, fue una continua
invitación a la reflexión que hizo de la alegoría, del símbolo y de la
crítica la esencia de su obra. En él está presente lo subjetivo, la época y
la universalidad del mundo. Sus autos sacramentales, sus dramas y sus comedias
se pasean por las grandes escenografías del momento en donde ingenio, pensar y
pensamiento como sinónimos de imaginar e imaginación hablan en su obra de la
transitoriedad, de la fugacidad de los valores mundanos, del vacío de la vida,
del poder, de la gloria, del honor y de la honra a la vez que de la prudencia y
de la compasión y de lo que implica el engaño de la aparente felicidad.
Si bien se podría decir que Calderón es el
poeta por esencia del siglo XVII, es también el más actual. La riqueza,
complejidad y dificultad que representa hacer una clasificación unívoca de su
obra unida a la vigencia filosófica de sus planteamientos lo sitúan entre uno
de los clásicos más actuales del momento. En él se conjuga el más
intrínseco espíritu tradicionalista y convencional con elementos heterodoxos
de crítica reformista y alcances de sarcasmo. Mundo efímero de contrastes y de
interrogantes sin respuestas categóricas. La formación jesuítica y religiosa
tan presente en su obra se entrelaza con linderos brumosos del pensamiento
mágico o esotérico. La marca ineludible de Séneca tiene su contrapartida en
manifestaciones de vehemencia apasionada en donde aparece un Calderón casi
prerromántico, idealista al lado de uno pragmático, uno de temperamento frío,
"cerebral junto a arrebatos del más exquisito lirismo o a las no raras
manifestaciones de un pujante erotismo casi lujurioso y a veces equívoco"
(1).
Junto al espíritu estoico que lo acompañó
hasta los últimos días de su vida a donde llega, como él mismo afirma en su
testamento cinco días antes de su muerte, "sin más cercano peligro de la
vida que la vida misma, y en mi entero y cabal juicio", está el contraste
propio del barroco en todas sus manifestaciones. Contraste que se manifiesta a
veces a manera del claroscuro de la pintura del momento, como en el caso de La
Vida es sueño, el contraste entre las galas de palacio y los honores y la
atmósfera de encierro en la torre, la oscuridad de la prisión y las cadenas.
Y, en toda la obra entre la realidad y el sueño. Clarín, por ejemplo,
reflexiona sobre la gloria y afirma "La gloria es una sombra de la vida y
una llama de la muerte". Sombras y llamas se entremezclan como en los
cuadros del Greco. A veces otras escenas recuerdan los tonos oscuros en la
pintura de Ribera como el reflejo de la lumbre en la prisión que hace más
tenebrosa la oscura habitación con luz dudosa.
En palabras de Valbuena Prat "En el barroco
de Calderón se encuentra un poderoso dinamismo, un retorcimiento
conceptual y metafórico; una movilidad en la misma acción y los personajes,
una violencia; un equilibrio inestable, análogo al de las formas
inacabadas, abiertas, del arte coetáneo; un contraste, entre los
personajes, entre las acciones opuestas y las actitudes de éstos, que en la
forma exterior coincide con las antítesis y paradojas, y que tiene por
equivalente el claroscuro en pintura, con el que literalmente coinciden
determinadas descripciones y efectos escénicos de luz y sombras; una
derivación hacia la ternura, al sentimiento, a la nostalgia, que puede
parecer prerromántica, pero contenida; tendencia a la hipérbole, a lodesmesurado;
en el drama domina un eje central, y una ley desubordinación; y
se da un abundante elemento decorativo, metáforas brillantes, en que se funden
con la acción misma o se sobreponen como algo inseparable a ella, lo pintoresco
y lo poético" (2).
Los cielos se oscurecieron,
temblaron los edificios,
llovieron piedras las nubes,
corrieron sangre los ríos.
Esta estrofa de La Vida es sueño remite
al dinamismo, retorsión y violencia de la forma barroca. Aunque, el dinamismo
esencial del drama se halla en la trama misma de esta obra, en el pensamiento y
en la acción de Segismundo y en su reacción ante la vida, contenida y a la vez
violenta, en la atmósfera metafórica que entorna a Astolfo, a Rosaura, a su
caballo, ese caballo desbocado que corre como el viento, que se despeña y
arrastra pero al que se quiere contener y obligar a quedarse en el monte. O en
el ensañamiento entre el sol y la luna en el momento de nacer Segismundo:
el sol, en su sangre tinto,
entraba, sañudamente,
con la luna en desafío,
y siendo valla la tierra,
los dos faroles divinos
a la luz entera luchaban
ya que no a brazo partido.
Ya desde su primera obra Amor, honor y poder,
que estrena a finales de junio de 1623 a propósito de la visita a España del
Príncipe de Gales, el futuro Carlos I, al que decapitarán en 1649, aparecen
los grandes interrogantes que recorren la obra de Calderón. ¿Cuáles son los
impedimentos oscuros e inasibles que interfieren en la realización vital del
ser humano? ¿Por qué la frustración impera ante la aparente imposibilidad de
deshacerse de las barreras sociales, de los prejuicios ideológicos y del manto
del poder? En Amor, honor y poder Eduardo III dice:
De qué me sirve ser Rey
si hay contra la fuerza industria
y hay honor contra el poder.
Estos rasgos le dan un tono de equilibrio
inestable a la obra que se acentúa en los detalles, como el cambio constante de
la indumentaria de Rosaura en La vida es sueño, o la manera como el
sirviente Clarín pasa a ser sirviente primero de Rosaura y luego de Segismundo.
O en la acción misma en donde lo que se consideraría moral en ese momento por
convencionalismos adquiridos se impone a lo natural. Si Segismundo está
enamorado de Rosaura, lo lógico era que se casase con ella y Estrella con
Astolfo, pero el honor interfiere y el cambio forzado obliga a una solución
violenta, inestable, típicamente barroca en donde Segismundo se vencerá a sí
mismo para entregarse a Estrella y Astolfo reparará la afrenta de Rosaura
uniéndose en matrimonio a ella.
El dinamismo contenido
Una de las características esenciales de la
cultura del siglo XVII español es lo que se ha llamado el "dinamismo
contenido". "Contenido de arrebatos, desde la ascética a la poesía
lírica; y Segismundo, todo ímpetu y rebeldía, reprime su fiereza, con el
desengaño del sueño, y desde ese
soliloquio del final del acto segundo va derechamente por el camino de la
contención, del dominio de sí. A través del acto tercero, podemos notar un
enorme soliloquio dividido en varias partes e interrumpido por la acción; en
él vemos al personaje entre alternativas de entusiasmo, de reflexión, de duda,
de nuevos ánimos y vacilaciones; del orgullo se parte para la contención del
orgullo; del amor, para la contención del amor; la victoria está en ‘acudir
a lo eterno’, en buscar otro centro de gravedad, meditativa, de satisfacción
interior, aparte del dinamismo de la vida. La última parte de su discurso; el
solo ante el pueblo, con metáforas de fiera dormida, la espada envainada, la
borrasca del mar amenazante, para llegar al vencimiento de la voluntad, es la
solución lógica gradualmente preparada de la contención del dinamismo del
héroe. Lo mismo pudiéramos decir de la forma de concebir el tema del El
médico de su honra aunque en lo externo se siga paso a paso el original de
Lope; todo es en la obra, la lucha entre un dinámico estallar de amor y celos,
y una cautelosa casuística tendencia a una venganza contenida, unas veces por
compasión, otras por refinamiento de rencor, que culmina en la muerte final; la
venganza violenta ha sido contenida hasta convertirse en un prudente y ejemplar
castigo según la época" (3). La tragedia en el teatro de calderón surge
cuando el hombre de honor del barroco ve perdida su honra y se siente obligado a
luchar por ella, incluso, a veces quizá en contra de sus propias convicciones,
hasta el punto de autodestruirse.
Quizá todo esto esté relacionado con los
planteamientos del estoicismo de la tradición senequista española en donde
también se sitúan Quevedo y Gracián y el concepto estoico de la comedia de la
vida, tan presente en el ambiente de todo el renacimiento europeo, en donde por
encima de todo se exige el respeto a ciertos principios fundamentales como puede
ser la honra. Todo esto configura un abanico de preguntas sin respuestas o de
respuestas que conducen a una serie de preguntas no enunciadas, muy propio del
pensamiento de Calderón y muy propio también de este siglo XXI. Esa
afirmación de que "el delito mayor del hombre es haber nacido" que
recogió el pensamiento filosófico de Schopenhauer puede interpretarse, como ha
hecho la crítica tradicional de Calderón, como una queja y elaboración del
sentido del pecado del origen. Pero también puede verse como una crítica a El
gran teatro del mundo en el que nos toca vivir, en donde los
convencionalismos sociales imperan por encima de la autenticidad, en donde a
cada uno le toca representar su papel en esa comedia que es la vida y en ese
teatro que es el mundo, en donde todos somos actores y responsables para bien o
para mal de lo que hacemos con nuestra actuación. Escena en donde la línea que
separa la realidad de la ficción se desdibuja:
No olvides que es comedia nuestra
vida
y teatro de farsa el mundo todo,
que muda el aparato por instantes
y que todos en él somos farsantes;
acuérdate que Dios de esta comedia,
de argumento tan grande y tan difuso,
es autor que la hizo y la compuso.
Al que dio papel breve
sólo le tocó hacerlo como debe;
y al que se lo dio largo,
sólo el hacer [le] bien dejó a su encargo;
si te mandó que hicieses
la persona de un pobre o de un esclavo,
de un rey o de un tullido,
haz el papel que Dios te ha repartido;
pues sólo está a tu cuenta
hacer con perfección tu personaje,
en obras, en acciones, en lenguaje;
que el repartir las dichas o papeles,
la representación o mucha o poca
sólo al autor de la comedia toca.
(El gran teatro del mundo)
La vida es sueño
es de 1635, ahí Calderón intuye el hondo problema del sueño y la vigilia que
está en el eje de los planteamientos del gran filósofo del siglo, Descartes.
El Discurso del Método es de 1637 y las Meditaciones Metafísicas
de 1641. No sabemos si Calderón llegó a leer a Descartes o si Descartes
conoció la obra de Calderón. Valbuena Prat afirma que "La coincidencia en
ciertos puntos con el cartesianismo se debe a la comunidad de fuentes
filosóficas, neotomistas, de jesuitas, especialmente del dramaturgo y el
metafísico. Respecto a otros pensadores del siglo XVII, Calderón coincide con
el tema de la continuidad del sueño que aparece en uno de los Pensées
de Pascal, y con la armonía de la naturaleza y la obra del creador de las Conversaciones
de Malebranche" (4). La preocupación por discernir entre lo pensado en la
vigilia y en el sueño fue común a muchos filósofos del momento por la
conciencia de que mucho de lo imaginado en el sueño podía llegar a ser más lo
vivido que lo pensado en la vigilia. En este sentido la comedia La Vida es
Sueño elaboró poéticamente, ya en el siglo XVII algo muy actual en
nuestros días como puede ser la diferenciación entre lo soñado, que podría
ser lo virtual, y lo real.
Ya
otra vez vi aquesto mesmo
tan clara y distintamente,
como ahora lo estoy viendo,
y fue sueño…
……………¿Tan parecidas
a los sueños son las glorias
que las verdaderas son
tenidas por mentirosas,
y las fingidas por ciertas?
¿Tan poco hay de unas a otras
que hay cuestión sobre saber
si lo que se ve y se goza
es mentira o es verdad?
¿Tan semejante es la copia
al original que hay duda
en saber si es ella propia?
………………………….
¿Que quizá soñando estoy
aunque despierto me veo?
No sueño, pues toco y creo
lo que he sido y lo que soy…
Pero La Vida es sueño es también una
invitación a la acción, a actuar, es una invitación a la vida. Y es una
reivindicación del amor como el único elemento de afirmación de la vida y del
sentido de realidad. Es la permanencia del amor en la vida de Segismundo una vez
que es devuelto a la torre narcotizado y duda sobre si lo que ha ocurrido en
palacio cuando intentó violarla sucedió o no. "¿He soñado o he
vivido?" Se pregunta. Y es la permanencia del amor en su conciencia la que
le devuelve la clave que le indica que ha vivido y no ha soñado. Porque:
Sólo a una mujer amaba…
Que fue verdad creo yo,
en que todo se acabó
y esto sólo no se acaba.
La afirmación del amor como emoción, ternura y
compasión unida a la complejidad y riqueza de su extensa producción literaria,
que incluye ciento veinte comedias, ochenta autos sacramentales y veinte piezas
de teatro menor, hacen de Pedro Calderón de la Barca uno de los clásicos de
mayor vigencia en el panorama de las letras actuales. Hoy, cuatro siglos
después de su nacimiento, aquellas famosas décimas con las que acaba la
jornada segunda de La vida es sueño, continúan haciéndonos reflexionar.
Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y si haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es , hasta despertar….
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N O T A S
1.- ALCALA-ZAMORA Y QUEIPO DE LLANO, José, Estudios
Calderonianos, Real Academia de la Historia, Madrid, 2000, pag. 103
2.- VALBUENA PRAT, Angel, Historia de la
literatura española,Editorial Gustavo Gili S. A., Barcelona, 1963,
pag. 488