Muchas gracias a todos. Siéntense. Gracias Enrique. Era hora de que se invitara a un presidente a venir aquí. (Risas). Era hora de que alguno aceptara. (Aplauso).
Gracias por su energía y liderazgo en el reto que significa el desarrollo mundial. Me complace estar en el Banco Interamericano de Desarrollo, que tánto bien ha hecho en nuestro hemisferio durante los últimos cuarenta años. Agradezco su trabajo y estoy orgulloso de sus logros.
Junto con muchos de ustedes, estaré la semana próxima en Monterrey, México, cuando líderes de todo el mundo enfocarán su atención en la importante tarea de reducir la pobreza mundial.
Hoy estoy aquí para anunciar un nuevo e importante compromiso de parte de Estados Unidos con el fin de llevar esperanza y oportunidad a los más pobres en el mundo. Junto con los nuevos y considerables recursos para combatir la pobreza en el mundo, insistiremos en las reformas necesarias para hacer que ésta sea una lucha que podamos ganar. (Aplauso).
Como pueden ver, hoy viajo muy bien acompañado: Bono. (Risas y aplauso). Acabamos de tener una entrevista muy agradable en el despacho presidencial. Esto es lo que sé acerca de él: primero, es un buen músico; segundo, está dispuesto a utilizar su posición en forma responsable. Está dispuesto a ser el primero en lograr lo que le dicta su corazón, y esto es que nadie - nadie - debería vivir en la pobreza y desesperación en el mundo.
Bono, agradezco su corazón y quiero que sepa cuánta influencia ha ejercido. Dick Cheney entró en el despacho presidencial diciendo: "Jesse Helms desea que oigamos las ideas de Bono".
(Risas y aplauso)....
Como todos ustedes y todos nosotros sabemos, Estados Unidos está envuelto en una lucha mundial, una lucha enorme contra las fuerzas del terrorismo. Sin embargo, aun mientras luchamos para derrotar el terrorismo, debemos luchar también por los valores que hacen que la vida merezca ser vivida: educación, salud y
oportunidad económica. Esta es la historia de nuestro país y también es la misión de nuestro tiempo.
En la Segunda Guerra Mundial luchamos para hacer que el mundo fuese más seguro, después trabajamos para reconstruirlo. Mientras hoy libramos una guerra para que el mundo esté a salvo del terrorismo, debemos trabajar también para que sea un lugar mejor para todos sus habitantes. (Aplauso).
Los adelantos de los mercados libres, el comercio, la democracia y el imperio de la ley, han traído prosperidad a un círculo cada vez mayor de gente en este mundo. Durante nuestras vidas, el ingreso per cápita en los países más pobres casi se ha
duplicado. El analfabetismo ha sido reducido en un tercio, con lo que más niños tienen la oportunidad de aprender. La mortalidad infantil se redujo casi a la mitad, con lo que más niños tienen una posibilidad de vivir. Países desde la India hasta Chile han cambiado maneras anticuadas y, con ello, han encontrado nuevas riquezas. Países desde Turquía hasta Malí han combinado el Islam con el progreso.
Sin embargo, en muchos países, muchas regiones, la pobreza es amplia y aparentemente ineludible, y echa una sombra oscura - una sombra oscura - sobre un mundo cada vez más iluminado por la oportunidad. La mitad de la población del mundo vive todavía con menos de dos dólares diarios. Para miles de millones de personas, especialmente en Africa y en el mundo islámico, la pobreza se está esparciendo, y el ingreso per cápita está bajando.
En Malawi, miles de maestros mueren todos los años por el SIDA, y la esperanza de vida ha bajado a solamente 38 años. En Sierra Leone, casi un tercio de todos los bebés que nacen hoy no alcanzarán la edad de cinco años. Y en el Sudán, solamente la mitad de los niños va a la escuela.
Esta división creciente entre la riqueza y la pobreza, entre la oportunidad y la miseria, es un reto a nuestra compasión y también una fuente de inestablidad. Debemos enfrentarla. Debemos incluir a cada africano, cada asiático, cada latinoamericano, cada musulmán, en un círculo creciente de desarrollo.
La promoción del desarrollo es un compromiso central de la política exterior estadounidense. Como nación fundada en la dignidad y el valor de cada vida, a Estados Unidos le aflige el sufrimiento y la muerte sin sentido que vemos en nuestro mundo. Nos esforzamos para que haya prosperidad y oportunidad porque son justas. Es lo justo que se debe hacer. También nos esforzamos para que haya prosperidad y oportunidad porque ayudan a derrotar el terrorismo.
La pobreza no causa el terrorismo. Ser pobre no hace que uno sea un asesino. La mayoría de los conspiradores del 11 de septiembre se criaron rodeados de comodidades. Pero la pobreza y opresión persistentes pueden llevar a la desesperanza y la desesperación. Y cuando los gobiernos no satisfacen la mayoría de las necesidades básicas de sus pueblos, estos estados se pueden convertir en refugios del terrorismo.
En Afganistán, la pobreza, la guerra y el caos persistentes crearon condiciones que permitieron que un régimen terrorista tomara el poder. Y en muchos otros países del mundo, la pobreza impide a los gobiernos controlar sus fronteras, mantener el
orden público en sus territorios y aplicar sus leyes. El desarrollo provee los recursos para crear esperanza, prosperidad y seguridad.
El desarrollo no siempre es fácil, pero las condiciones necesarias de un desarrollo firme son claras. La base del desarrollo es la seguridad, porque no puede haber desarrollo en un ambiente de caos y violencia. Hoy, Estados Unidos está al
frente de una amplia y vasta coalición para defender la seguridad mundial al derrotar el terrorismo mundial. Cumplir con este compromiso es costoso, pero lograr la paz y la libertad nunca es demasiado costoso. (Aplauso).
El desarrollo depende también del financiamiento. Contrariamente a la creencia popular, la mayoría de los fondos para el desarrollo no proviene de la ayuda internacional - proviene del capital interno, de la inversión extranjera y,
especialmente, del comercio. Estados Unidos compra e importa todos los años más de 450 mil millones de dólares en productos del mundo en desarrollo - 450 mil millones de dólares cada año. Esto es más de ocho veces la cantidad que los países en desarrollo reciben como ayuda de todas las fuentes. El comercio es la fuerza motriz del desarrollo. Al promoverlo, ayudamos a satisfacer las necesidades de los pobres del mundo.
El éxito del desarrollo requiere también ciudadanos que sepan leer y escribir, que tengan buena salud y que estén preparados y capacitados para trabajar. La asistencia al desarrollo puede ayudar a las naciones pobres satisfacer estas necesidades de educación y cuidado de la salud. Es por esta razón que Estados Unidos provee más de 10 mil millones de dólares anuales en ayuda al desarrollo, para alimentos y asistencia humanitaria. Es también la razón por la que mi administración ha comprometido 500 millones de dólares al fondo mundial para combatir el SIDA y otras enfermedades contagiosas.
Colaboraremos con el Congreso para aumentar este compromiso, para demostrar nuestro amor y nuestra compasión al aumentar nuestro compromiso a medida que se organicen los fondos, se desarrolle una estrategia y se demuestre éxito. Estamos
gastando miles de millones más en la investigación del SIDA y en otros programas para combatir la enfermedad en todo el mundo.
Pero muchos de los modelos viejos de ayuda para el desarrollo económico son anticuados. El dinero que no va acompañado de una reforma jurídica y económica con frecuencia se desperdicia. En muchos países pobres, la corrupción está profundamente arraigada. La propiedad privada no está protegida. Los mercados están cerrados. Las políticas monetarias y fiscales son insostenibles. Los contratos privados no son ejecutables.
Cuando las naciones rehúsan poner en vigor políticas sólidas, el progreso contra la pobreza es casi imposible. En estas situaciones, una mayor ayuda monetaria puede ser realmente contraproducente porque subsidia políticas deficientes, demora
la reforma y echa fuera la inversión privada.
Las necesidades del mundo en desarrollo exigen un nuevo planteamiento. Tenemos en Monterrey una oportunidad tremenda de empezar a actuar sobre un nuevo concepto de desarrollo. Este nuevo concepto libera el potencial de aquellos que son pobres, en lugar de encerrarlos en un ciclo de dependencia. Este nuevo concepto mira más allá de lo que aportan los ricos, y exige resultados tangibles para los pobres.
Estados Unidos apoya las metas del desarrollo internacional expresadas en la Declaración del Milenio de la ONU y cree que estas metas son una responsabilidad que comparten los países desarrollados y en vías de desarrollo. Para lograr progreso, debemos alentar a las naciones y a los líderes a recorrer el áspero camino de la reforma política, jurídica y económica, para que todos sus pueblos puedan beneficiarse.
Pido hoy un nuevo pacto para el desarrollo mundial, definido por una nueva responsabilidad tanto para los países ricos como pobres. Las contribuciones aumentadas de los países desarrollados deben vincularse con una mayor responsabilidad de parte de los países en desarrollo. Estados Unidos dará el ejemplo. Aumentaremos nuestra ayuda para el desarrollo en 5.000 millones de dólares durante los tres... durante los próximos tres ciclos presupuestarios. Este nuevo dinero se suma a las actuales solicitudes de ayuda - es adicional a lo que solicité para la ayuda en el presupuesto que sometí al Congreso.
Estos fondos se depositarán en una nueva Cuenta del Reto del Milenio. Con esta cuenta, entre otros esfuerzos, expandiremos nuestra lucha contra el SIDA; proveeremos instrucción en computación a jóvenes profesionales de los países en desarrollo; ayudaremos a empresas africanas y a su gente a vender sus productos en el exterior; proveeremos textos escolares y capacitación a estudiantes en los países islámicos y africanos; aplicaremos el poder de la ciencia y la tecnología para aumentar las cosechas allí donde hay más hambre.
Estos son algunos ejemplos de lo que intentamos hacer. La meta es proveer a los pueblos de los países en desarrollo las herramientas que necesitan para aprovechar las oportunidades de la economía mundial. A cambio... a cambio de este compromiso
adicional, esperamos que los países adopten las reformas y políticas que permitan que el desarrollo sea efectivo y duradero.
La ayuda del mundo debe alentar a los países en desarrollo a adoptar las alternativas correctas para sus propios pueblos, y estas alternativas son claras. El buen gobierno es una condición esencial del desarrollo. La Cuenta del Reto del Milenio recompensará a los países que erradican la corrupción, respetan los derechos humanos y se adhieren al imperio de la ley. Los ciudadanos saludables y educados son los agentes del desarrollo, por lo tanto, recompensaremos a los países que inviertan en una mejor atención de la salud, mejores escuelas y programas más extensos de inmunización.
Las políticas económicas acertadas desencadenan la iniciativa y creatividad necesarias para el desarrollo. Por lo tanto, recompensaremos a las naciones que tienen mercados más abiertos y políticas presupuestarias sostenibles, naciones donde la gente pueda empezar y operar una pequeña empresa sin sufrir los ataques de la burocracia y el soborno.
He ordenado al secretario (de Estado Colin) Powell y al secretario (de Hacienda Paul) O¦Neill que ayuden a la comunidad del mundo, que desarrollen una serie de criterios claros, concretos y objetivos para medir el progreso. Y, según la Cuenta del Reto del Milenio, aplicaremos estos criterios en forma rigurosa y justa.
Los países que siguen estas tres normas amplias - gobernar con justicia, invertir en su pueblo y alentar la libertad económica, recibirán más ayuda de Norteamérica. Y, lo más importante, con el tiempo no necesitarán realmente ayuda porque las naciones con leyes y políticas sólidas atraerán más inversión extranjera. Recibirán mayores ingresos del comercio. Y descubrirán que todo este capital se invertirá en forma más eficaz y productiva en crear más empleo para su pueblo.
Las pruebas demuestran que cuando los países adoptan políticas acertadas, un dólar de ayuda exterior atrae dos dólares de inversión privada. Y cuando la ayuda al desarrollo recompensa reformas y responsabilidad, se saca de la pobreza a casi cuatro veces más personas, en comparación con el método viejo de escribir cheques sin considerar los resultados.
Vincular políticas acertadas con una ayuda mayor llevó a que Mozambique alcanzara una tasa de crecimiento de 10 por ciento en 2001. Este método ayudó a Uganda abrir sus escuelas a más niños y aumentar los salarios de los maestros un 2.700 por ciento. Bangladesh, país que una vez fue un símbolo del hambre, ha transformado su economía agrícola; su producción arrocera aumentó en casi 70 por ciento desde mediados de la década de1970.
El nuevo pacto que estoy proponiendo multiplicará este progreso. Exhorto a otras naciones, y a los bancos de desarrollo, a que también adopten este método. El apoyo de Estados Unidos al Banco Mundial aumentará en casi un 20 por ciento durante los próximos tres años. Esperamos que el Banco Mundial insista en reformas y resultados, medidos en términos de mejoras en las vidas de los pueblos. Todos los bancos de desarrollo deberían adoptar un programa de crecimiento, aumentar su sostén de empresas del sector privado y concentrarse más en la educación, tal como lo ha hecho el Banco Interamericano de Desarrollo.
Y exhorto a los bancos de desarrollo a proveer como donaciones, más bien que como préstamos, hasta la mitad de su ayuda a los países en desarrollo. (Aplauso). Donaciones en lugar de préstamos que tal vez nunca serán pagados. Muchos han apoyado la idea de perdonar la deuda. Yo digo apoyemos la idea de parar la deuda.
Este nuevo pacto para el desarrollo puede producir beneficios drásticos contra la pobreza y sufrimiento en el mundo. Tengo una meta ambiciosa para el mundo desarrollado, de que debemos duplicar el tamaño de las economías más pobres del mundo en los próximos diez años. (Aplauso). Sé que algunos podrán decir que ésta es una valla demasiado alta para superar - yo no lo creo, no con las reformas y políticas apropiadas. Requerirá que se tripliquen las tasas actuales de crecimiento, pero esto no es inaudito. Después de todo, véase el crecimiento drástico ocurrido en Asia durante la década de 1990.
Con la ayuda del mundo y con políticas acertadas, yo sé - sé que el mundo en desarrollo puede reformar sus propios países. Sé que es posible. Y, por lo tanto, mejorar sus propias vidas. Pueden vivir en un mundo en que los sueños de sus hijos son incentivados por la libertad y la educación, y no socavados por la pobreza y la enfermedad. (Aplauso). Pueden vivir bajo gobiernos que proveen servicios básicos y protegen los derechos básicos. Las exigencias de la dignidad humana no reconocen fronteras ni límites. Son universales. Igual que los dones de la creatividad y la iniciativa que condujeron a la prosperidad.
Cuando los gobiernos suprimen esos dones y castigan por ellos, ninguna ayuda es suficiente para sacar a la gente de la pobreza. Cuando el gobierno respeta estos dones, toda nación puede conocer las bendiciones de la prosperidad.
En todas partes del mundo la gente se esfuerza por aliviar la pobreza y el sufrimiento, y sus esfuerzos me enorgullecen. Agradezco a Bono. Agradezco a grupos como el de las Hermanas de Caridad. Algunos fueron motivados por una simple decencia, algunos sirven a un Dios impaciente por la injusticia. Todos contrajeron este compromiso. No podemos dejar atrás a una mitad de la humanidad mientras procuramos un futuro mejor para nosotros mismos. (Aplauso). No podemos aceptar una pobreza permanente en un mundo de progreso. En la raza humana no hay ciudadanos de segunda clase. (Aplauso).
Yo llevo este compromiso en mi alma. Y lo llevaré conmigo a Monterrey la semana próxima. Así como el mundo civilizado se moviliza contra las fuerzas del terrorismo, debemos adherirnos también a las fuerzas del bien. Al ofrecer esperanza allí donde
no la hay, al aliviar el sufrimiento y el hambre allí donde hay demasiado de ellos, haremos que el mundo no sólo sea más seguro, sino que también mejor.
Muchas gracias. (Aplauso).