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Sección: Internacionales
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Para el colombiano Willian Ospina, el diálogo es el único secreto de la supervivencia
La globalización se inició con la conquista de América
Viernes, 16 de noviembre de 2001
Encuentro Latinoamericano y Caribeño sobre el Diálogo de Civilizaciones
En el continente americano, nada es tan representativo, como su vocación de universalidad y su deleite en la diversidad, que se deriva del cruce de las razas, de las tradiciones y de la fusión de culturas, indicó el escritor colombiano William Ospina, en el Encuentro Latinoamericano y Caribeño sobre el Diálogo de Civilizaciones.
Ospina explicó que la historia del mundo, es una historia de fusiones y de mestizajes culturales. “Hoy se habla mucho de globalización, y se pretende que el auge de unas técnicas de comunicación y de unos sistemas de transporte, que la expansión por el mundo de unas estrategias de mercado, están fundando ese proceso de hacer global nuestra vida y de hacer interdependientes nuestras tradiciones”, dijo.
A su juicio, la conquista de América fue un acto eficaz de globalización en el doble sentido de avasallamiento político y militar de unos pueblos por otros, pero también de encuentro de razas, de cruce de tradiciones y de diálogo de civilizaciones.
Para Ospina, el diálogo de civilizaciones es la obra de los artistas del continente, por ejemplo, la música popular latinoamericana y la fusión que los cubanos hicieron de las figuras del santoral católico con las divinidades de África, creando ese complejo y misterioso rito sincrético que es la santería.
Ospina define al arte moderno como el fruto del diálogo de las civilizaciones, porque en el mismo se percibe la influencia de las máscaras y tallas africanas en las obras de Picasso, así como los intercambios y fusiones que mostraron sucesivamente a Jesucristo en la pintura europea como un emperador romano, como un monje gótico, como un patriarca bizantino, como un adonis griego, o como un rubio jovencito británico.
Durante su ponencia, el poeta colombiano se preguntó cómo es que existen tantas palabras árabes entretejidas en la lengua española desde hace varios siglos, si fuera cierto que la globalización comenzó sólo hace unas décadas. “¿Y cómo entender la obra de Boscán y Garcilazo en español sin la música itálica de Dante y de Petrarca? ¿Y cómo entender la novela de Dostoievski en Rusia sin la labor previa de Cervantes en España, de Balzac en Francia, de Dickens en Inglaterra?”, preguntó.
No obstante, explicó que la globalización fue descubierta recientemente por algunos teóricos, justo cuando se la plantea sólo como un fenómeno de la tecnología y como una estrategia de mercado.
Sin embargo, indicó que ello no significa que no haya que hablar de globalización, incluso que no haya que pensar en cómo actuar ante ella, pero exige que tengamos noción de nuestra historia, que entendamos los caminos que nos han traído hasta el presente, y que advirtamos cuán ricos en experiencia son estos pueblos que, forzados primero al choque cultural, han tenido que aprender que el diálogo de civilizaciones es el único secreto de la supervivencia, tras experimentar desde siempre las virtudes indudables pero también los desvíos tortuosos de la globalización.
Lo cierto, es que las mejores fusiones históricas las logra el arte y que a menudo las peores las obra la política. Ello se debe a que el arte sólo es posible como un acercamiento respetuoso entre lenguajes distintos. El arte lleva siglos emprendiendo esos diálogos culturales que son los que en realidad han permitido la convivencia de los pueblos. “Sólo por ellos hemos podido llegar hasta este momento crucial de la historia, cuando imperiosas necesidades de supervivencia de la especie exigen al mismo tiempo el respeto por cada tradición local y la definición de las cosas esenciales que nos unen a despecho de nuestra exquisita diversidad”, aseguró el escritor colombiano.
Por último Ospina recomendó superar el desconocimiento, la indiferencia y el menosprecio por todo aquello que no se nos parece, que se debe aprender del arte la divina capacidad de dialogar con lo desconocido, y de aprender de él, ya que sólo si persistimos en ese intercambio creador nos hará posible y habitable el futuro, y sólo él permitirá que ese futuro cumpla sus mejores promesas.
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