![]() |
| Miércoles, 14 de mayo de 2008 | Quiénes Somos | Analitica.com como Página de Inicio | Mapa del Sitio | Registro | Buscador | Contáctenos |
| Home | Editorial | Política | Economía y Petróleo | Internacionales | Global y Social | Arte | Entretenimiento | VPI | Sintesís de Noticias |
| Bitblioteca | Analítica Premium | Analítica TV | Mujer Analítica | Zona Empresarial | Medicina y Salud | La Reforma Constitucional | ||
| Columnistas | Bitácora | Foros | RSS | Noti-tips | Horoscopia | Cronopios | Plaza Global | |
| Internacionales | Actual | 2006 | 2005 | 2004 | 2003 | 2002 | 2001 | 2000 | Documentos |
|
DISMINUIR LETRA
|
AUMENTAR LETRA
|
ENVIAR A UN AMIGO
|
ENVIAR AL EDITOR
Debate en el PEN Club Colombia sobre el cierre de RCTV Ibsen Martínez Martes, 19 de junio de 2007
Excluyendo ciertas muletillas y con una somera corrección ortotipográfica, van los textos, según fueron circulando. Como algunos tenían destinatario particular, se mantuvo el encabezamiento.
De Enrique Santos Molano, el presidente Reciban todas y todos un saludo respetuoso y lleno de afecto. En los últimos días se han enviado varios correos, por parte de miembros del club, sobre lo sucedido en Venezuela con el término de la concesión al canal RCTV y su consiguiente salida del aire, y las consecuencias que ello pueda tener para la libertad de expresión. Los miembros del PEN Club de Venezuela han solicitad un comunicado del PEN Club de Colombia en solidaridad con RCTV y de protesta contra la medida del gobierno venezolano, que consideran un acto dictatorial y arbitrario. Cecilia Balcázar nos ha enviado una copia del comunicado del PEN de Venezuela y ha propuesto: Andrés Hoyos, a su vez, en respuesta a lo sugerido por Cecilia, propone: “Si se puede acordar un texto sucinto y claro, valdría la pena tener un comunicado propio. Al fin y al cabo el asunto atañe al vecindario, no a un remoto país africano. Las violaciones cometidas por el gobierno venezolano contra la libertad de expresión, ahora en vena sistemática, entran de lleno en los terrenos del autoritarismo y son contra la democracia como concepto y como sistema. Dicho de otro modo, hace años que dejaron de ser anecdóticas. Si no se puede llegar a un acuerdo amplio sobre algo claro, pues sugeriría que se estudie la adhesión a lo que elabore la Fundación Iberoamericana del PEN”. Rubén Darío Flórez considera que: “El libreto es conocido: los medios de comunicación son intervenidos porque no son objetivos. Se abren otros que van a contar la ‘verdad’. Esta ‘verdad’ se convierte en la doctrina del régimen. Quienes discrepan de ella, se hacen sospechosos de ir en contra de la ‘verdad’. La ‘verdad’ será entonces sinónima de la ideología del régimen. Se forma un grupo de intérpretes autorizados para identificar tal ‘verdad’. La disponibilidad de la verdad en sus manos les muestra claramente quiénes participan de la mentira. La ficción deberá ser entonces útil a la ideología, a la verdad del régimen. Se premia a unos y se castiga a los que se alejan de tal verdad. ¿Cómo serán llamados y tratados quienes se atrevan a pensar y a escribir discrepando o simplemente viendo las cosas desde un ángulo personal? El camino hacia el totalitarismo está empedrado de ‘verdades’. El absoluto control comienza con la absoluta vigilancia sobre las ideas. Pienso que es oportuno suscribir un documento que exprese nuestra preocupación creciente por las noticias que llegan desde Venezuela”. Finalmente en el día de hoy Cecilia envía un nuevo correo, en comentario al anterior de Rubén Darío, y que dice: “A mí me parece interesante la idea de Andrés de elaborar un comunicado propio e incluir las ideas de Rubén Darío sobre la verdad y las verdades. Realmente como escritores y pensadores no podemos tragar entero este cuento de la verdad única. Ni la de aquí ni la de allá. En lo que sí discrepo es en lo de que África esté lejos y que se trata del vecindario; porque el PEN tiene mucha autoridad moral a nivel internacional. Creo, además, que instar al gobierno venezolano a asumir una posición de diálogo y apertura tiene que ir balanceado con una condena a quienes en ese país, desde la orilla de la oposición, también cometieron errores en el manejo de la información”. Considero propio de escritores, miembros del PEN además, el estar preocupados por un posible atentado contra la libertad de expresión en Venezuela, y si tuviera la convicción de que, en efecto, es un hecho que el gobierno del presidente Hugo Chávez ha cometido un acto de esa naturaleza, no tendría inconveniente en suscribir el más enérgico de los comunicados en contra de una acción que los escritores no podríamos aceptar bajo ningún concepto; pero tengo muchas dudas respecto a que el caso de RCTV constituya un atentado contra la libertad de expresión, y me gustaría que el asunto fuera examinado con cabeza fría por todos y cada uno de los miembros del PEN Club de Colombia. Me parece muy sensato lo que dice Cecilia Balcázar en su última nota, sobre la necesidad de balancear, si se ha de condenar lo actuado por el gobierno venezolano, con una condena igual a la irresponsabilidad con que los medios venezolanos de propiedad privada han utilizado su poder para conspirar y propiciar golpes de Estado, pues aunque nos guste o no, el gobierno del presidente Chávez es un gobierno constitucional, legítimo. Mi propuesta, como presidente del PEN Club de Colombia, es la siguiente: Que sometamos el asunto a votación electrónica —por ahora no hay forma de hacerlo de otro modo—. Los que estén de acuerdo con firmar en solidaridad con el PEN de Venezuela y con RCTV, votarán de acuerdo, y su voto puede venir sustentado o simplemente decir “estoy de acuerdo en apoyar lo dicho por los compañeros del PEN de Venezuela”. Los que no estén de acuerdo, por creer que el cierre de RCTV no atenta contra la libertad de expresión, pueden votar en contrario, y de la misma manera sustentar su voto o no sustentarlo. Cualquiera que sea la mayoría, se emitirá un comunicado, para enviar al PEN de Venezuela, que estará firmado por las dos corrientes, es decir, los que están de acuerdo en condenar el cierre de RCTV y los que no están de acuerdo, y se firmará en grupos separados. Me parece que este modo de obrar nos aleja del unanimismo en que a veces quieren encasillarnos y nos permite mostrar que el PEN Club de Colombia es una agrupación de escritores que practican el pluralismo, la discusión y la diversidad de opiniones dentro de una absoluta fraternidad. Quedan, pues, abiertas la discusión y la votación. *** Enrique: La actuación del gobierno venezolano al no reanudar el contrato a RCTV no se puede entender como represión a la libertad de expresión por los siguientes motivos: no se trata de una suspensión ilegal y arbitraria, sino de no renovar un contrato que no se renueva “automáticamente” como lo pretenden mentirosamente los opositores del gobierno. El Estado venezolano es dueño de la TV y hace contratos con programadoras por determinados periodos de tiempo (en este caso veinte años). Una vez terminado el periodo respectivo, el Estado está en su derecho de renovar o no el contrato, según sus metas de gobierno y el comportamiento del usufructuario. En este caso, el contrato no se renovó porque RCTV fue uno de los medios de comunicación que más respaldó el golpe de Estado a Chávez (el presidente legítimamente elegido) y uno de los que más tergiversan las noticias que tienen que ver con las importantes reformas que el gobierno democrático de Chávez lleva a cabo. Entonces, se trata es de “restaurar la libertad de expresión” no renovando el contrato a un enemigo de ella, puesto que conspira contra un gobierno popular y legítimamente elegido y puesto que tergiversa en forma grave la información, así como de mejorar la calidad de los programas televisivos, no supeditándolos a los criterios comerciales o puramente frívolos. En lo que respecta a los miembros del PEN que ahora están tan interesados en una condena apresurada al gobierno venezolano, yo tendría que preguntarles ¿por qué no han protestado contra las flagrantes violaciones de la libertad de expresión en nuestro país, en donde (como lo hemos dicho varias veces) están amenazados todos los jefes de la oposición y en donde se asesina impunemente a muchos de ellos o se los condena al exilio? ¿Y qué tendrían qué decir sobre las relaciones del paramilitarismo e importantes políticos del gobierno y de muchos de sus seguidores? Eduardo Gómez *** Estimados colegas: Creo que ahora sí estamos entrando en materia, en la materia que garantiza la vigencia o no de una organización como el PEN Colombia. Empecemos por recordar una discusión que teníamos hace menos de un año y en la que, unos con más audacia que otros, concluimos que no debe haber castigos penales por injuria y calumnia, es decir, que la libertad de expresión debe ser muy amplia. Había quien argumentara con aire libertario que ni siquiera debe haber sanción civil en la materia. ¿Y ahora nos parece aceptable que un gobierno, sin el menor recurso en la ley, mande la policía a cerrar un canal de televisión porque no le gusta la línea editorial y que al día siguiente agarre a palos a los estudiantes que protestan por el cierre? Veo una contradicción del tamaño de una catedral. De otro lado, me parece falaz el argumento que utiliza Eduardo Gómez para legitimar la alcaldada de Chávez. Según él, en Colombia se viola la libertad de expresión y, por consiguiente, la violación que se produce en Venezuela no es tan grave. Pues si es así, le sugiero a Eduardo que proponga un comunicado en el que también se proteste contra las violaciones locales, o contra las del régimen de Mugabe en Zimbabwe, para referirnos a la lejana África. Porque si aceptamos que una violación legitima a la vecina, los violadores harán fiesta, ya que su labor se facilitará y una vez todo un continente llegue a perder la libertad de expresión, no habrá cómo protestar. La idea de que un presidente, tras ganar las elecciones en un país, puede hacer lo que le viene en gana tiene una historia macabra. Hay pocas dudas de que Hitler en efecto obtuvo una clara mayoría en 1933. Luego procedió a hacer lo que le vino en gana y... en fin. Por si acaso, lo que define a un régimen como democrático no es que la mayoría elija al presidente, sino la separación de los poderes y la limitación en el ejercicio de los mismos. Dicho de otro modo, que el ganador de unas elecciones no pueda hacer lo que le dé la gana y que tenga límites, entre otras cosas, en el tiempo que puede permanecer en el poder. Nada de esto, por supuesto, se verifica hoy en Venezuela. Allí el ejecutivo controla de facto las tres ramas del poder, como lo demuestran una larguísima y muy variada seguidilla de artículos de periódico, de trasmisiones de televisión y de testimonios personales, que todos conocemos. Lo feo aquí es que una vez más se está recurriendo a una tradición en extremo dañina de la izquierda mamerta, según la cual hay que ser superradical en la defensa de la democracia y de la libertad de expresión mientras se está fuera del poder. Una vez adentro, es aceptable liquidarlas. Así como al ratón se lo reconoce por la cola, a los dictadores se los reconoce desde siempre porque no les gusta en lo más mínimo que los critiquen y porque, más rápido o más despacio, silencian a sus críticos. Se valen de leguleyadas contra las que no hay recurso, como la que acaba de utilizar Chávez contra RCTV, o los compran o los intimidan o los secuestran o los exilian o combinan varias formas de lucha con el fin de acallarlos. Cuando uno pone en igualdad de condiciones a una organización, grande pero privada como RCTV, con los tres poderes del Estado venezolano controlados por Chávez, está procediendo de forma casi chistosa. Esto equivale, digamos, a comparar el tacón de la bota militar con la colilla que éste pisa, disculpando la barbaridad porque ambos están hechos de átomos. ¿Que RCTV tiene esqueletos en el clóset? Bueno, medio mundo tiene esqueletos en el clóset. Pero no me cabe duda de que son un pálido reflejo si se los compara con el montón que está acumulando el aventajado discípulo de Juan Vicente Gómez en el martirizado país que colinda con el nuestro. Pensemos bien si somos una organización de mente independiente, que defiende a los escritores contra el abuso del poder, o si preferimos reverenciar al mandón de turno. En esto no hay términos medios ni medias tintas. Tanto es así, que en mi opinión corremos el riesgo de hacer un osazo internacional si nos ponemos con pelillos y comunicados dobles en un asunto tan claro y tan grave como éste. Aunque indigno, sería preferible callar. Andrés Hoyos *** Para todos los miembros del PEN, un cordial saludo: Respaldo plenamente la posición de Enrique Santos Molano de tener una votación y de que cada grupo exprese su punto de vista, al fin y al cabo en eso consiste la libertad de opinión. Si alguien quiere opinar que está lloviendo cuando sale el sol, pues que opine. Sin embargo, en el caso de Venezuela, la pregunta que debemos hacernos es: ¿a quién estamos apoyando con nuestra opinión? Si partimos de la base de que no existen verdades absolutas, podemos ver que la verdad del esclavo nunca será igual que la verdad del esclavista. Alguna gente apoyaba la ideología esclavista, otros murieron peleando en contra del esclavismo y por la ideología de la libertad. En el caso de Venezuela, como en el de Chile hace más de un cuarto de siglo, la CIA y el Pentágono son los interesados en crear las condiciones para acabar con un gobierno legítimo que es contrario a los intereses estadounidenses. Parte de ello es la guerra ideológica de acusar a Chávez de “dictador” y de referirse al cierre de un medio de comunicaciones burgués como un acto de censura. ¿Se preocupaban los que hoy se rasgan las vestiduras porque la burguesía tiene un medio menos para expresar sus “verdades” cuando el pueblo carecía de voz? Si vemos, por ejemplo, el caso de “Reporteros sin Fronteras”, son un grupo financiado por la CIA, como lo han venido haciendo por décadas, para desprestigiar y atacar a los verdaderos patriotas que luchan por una América Latina libre y soberana. Si consultan los escritos de Eva Golinger, verán cómo se está orquestando una campaña por parte de la CIA para promover un nuevo golpe de Estado en Venezuela, y el reciente canal al que no le renovaron su contrato es uno de sus caballitos de batalla. Además la CIA financia periodistas colombianos y venezolanos para que proclamen las “verdades” del imperio. Está bien, votemos, sobre el tema, cada cual es libre de defender la verdad que quiera, ya sea la del esclavo o al del esclavista. Yo por mi lado me identifico con la verdad del esclavo, no con la de la CIA y del Pentágono. Mario Lamo *** Apreciados colegas: Me parece bien apartarse, en lo posible, de la política menuda; me parece bien que tengamos discrepancias fraternales. Me parece también, sin embargo, que a veces no se pueden eludir los temas de la política, cuando estos tocan con una parte del oficio de escribir: la libertad de hacerlo, de opinar o difundir noticias. Podemos suponer que estamos dedicados al oficio de crear belleza, pero llega un momento en que no se puede seguir mirando para otro lado. Y toca tomar partido. Es una tragedia humana. Hay situaciones (decía Kavafis) en que toca decir el gran sí o el gran no. Además existen discusiones que no tienen punto medio: el ateo y el creyente no pueden ponerse de acuerdo proponiendo un semidiós (la imagen es de Dawkins). Al tomar partido, incluso fraternalmente, se crean discrepancias que, aunque sean humanamente respetables, son irreconciliables dentro de un grupo que no puede actuar como si fueran dos grupos. Sería como si la Iglesia Católica estuviera a favor y en contra del aborto, y el Partido Comunista a favor y en contra de la libre empresa simultáneamente. El PEN está por la libertad de expresión; si se contraponen, sobre esta, dos visiones antagónicas, una de estas dos visiones, por una cuestión de conciencia, tiene que salir del grupo y formar casa aparte. Es lamentable, pero es así. La defensa de la libertad de expresión y de información no puede tener fronteras ni consideraciones según el régimen que cometa los abusos. Si simpatizamos con él, no hay acoso a la libertad; si nos cae mal, sí. Cuando Chávez multa por supuestas calumnias a un periodista o a un periódico venezolano, con el fin no declarado de silenciarlo por angustia económica, está atentando contra estas libertades fundamentales. Esto lo ha hecho ya el gobierno de Chávez, por ejemplo contra el periódico Tal Cual. Ahora clausura una cadena de televisión y amenaza con castigar a otra —la noticia es de ayer—, a causa de sus supuestas calumnias o de su apoyo a un golpe (pero sin condena judicial y varios años después). Creo que habíamos quedado de acuerdo en que no debe haber delitos de opinión: si llamamos calumnia a una opinión, y a la calumnia la multamos o la encarcelamos o la clausuramos, estamos abriendo un boquete que nos puede tragar a todos. A mí me parece bien la reforma agraria que intenta hacer Chávez, en algunos casos, y tampoco me molesta que haya llevado médicos a los barrios miserables. Los programas del canal que clausura me parecen pésimos. Pero su trato con la prensa se parece cada vez más al de su origen militar: el periodismo debe ser obediente. Veo, pues, dos posiciones en mi opinión incompatibles. El PEN no puede, al mismo tiempo, celebrar el cierre del canal y condenarlo. Voy a ir más lejos: creo que debemos votar y que la posición que resulte en minoría se debe plegar a la otra. En el caso de que ganara una posición incompatible con la propia visión del asunto (y este sería mi caso), quien así lo considere debería retirarse del PEN colombiano. Aunque sospecho que estaré con la minoría, mi voto es por la condena a estos actos del gobierno de Chávez, y por el apoyo al PEN venezolano, que por estar más cerca de los acontecimientos, los conoce o padece más a fondo. Sobra decir, me imagino, que estar en contra de los límites a la libertad que están creciendo en Venezuela, no significa estar a favor de los paramilitares colombianos, o de la cadena Fox, como parece que se insinúa. Tampoco soy un periodista pagado por la CIA, y espero que me crean. No dudo que haya periodistas pagados por la CIA en muchas partes; pero también Chávez ha empezado a financiar periódicos, canales y emisoras, lo que es también una manera de comprar conciencias por parte de un gobierno. Héctor Abad Faciolince *** Poder mediático: licencia para matar CNN miente sobre Venezuela Por Matilde Sosa El ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Willian Lara, denunció y pidió investigación al Ministerio Publico este lunes 29 de mayo contra la cadena televisiva CNN y a algunos medios de comunicación de oposición nacional como Globovision en cuyos productos presentan un alto sesgo de incitación al magnicidio mediante la manipulación de imágenes mostradas en su programación con una metodología de Asociación subliminal de la imagen. Sigue un largo texto, enviado por Mario Lamo. *** Un ministro va al circo Si el ministro William Lara del que habla la nota que nos reenvía Mario Lamo no fuera eso, un ministro de Estado, uno pensaría que es tremendo ilusionista. ¿Lo ven, lo ven? Es un tigre... pobre tigre. ¿Lo ven, lo ven? Es un cordero... maldito cordero. Como ustedes pueden comprobarlo, el cordero le está haciendo daño al tigre a pesar de que tiene al tigre pegado del cuello. El tigre hace ruidos, pobre tigre. Dice alguien que los ruidos que el tigre hace son de placer porque está a punto de tragarse un cordero. Pero no, qué va, son calumnias de CNN y de la televisión local. El tigre gime porque el cordero, el avieso cordero, acaba de protestar por el tarascazo, bueno, por el mordisquito, que el tigre le está pegando. ¡No hay derecho! El cordero sangra, traicionero cordero. El cordero sangra, desde luego, porque es tal su rabia con el tigre que ha pensado en matarlo y lo dice con su carita de... tigre degollado. Por fortuna todavía no ha logrado su cometido. ¿Lo ven, lo ven? Es un pobre bolillo. El bolillo estaba tranquilo en las manos del policía antidisturbios, pero la carne del maldito estudiante se le atravesó en el camino y acaba de astillar al pobre bolillo. La diferencia de actitudes es notoria: mientras el bolillo sufre callado, cómo será de pérfido el estudiante que, además, gime. ¡Descarado!
Copio el comienzo de un despacho que acaba de salir: (EFE). Cuatro estudiantes resultaron heridos de bala ayer en una universidad del centro de Venezuela, en el curso de las protestas estudiantiles contra la decisión gubernamental de no renovar la licencia de RCTV, informó el ministro del Interior, Pedro Carreño... ¿La ven, la ven? Es una bala... Esperemos explicaciones graciosas por parte del gobierno venezolano. Andrés Hoyos ***
Colegas del PEN Colombia: Eduardo García Aguilar ***
Apreciados y PENsados amigos: ***
Apreciados colegas: A mí me parece que multar periódicos y periodistas y amenazar de cierre a canales de televisión y de radio (o cerrarlos de hecho) va contra la libertad de expresión; a otros esto les parece que se hace para proteger la libertad del pueblo. No puede haber posiciones más incompatibles. Si en un grupo de vegetarianos ganan los carnívoros (y yo quiero seguir siendo vegetariano), pues me salgo y formo otro grupo de vegetarianos. Defiendo de todo corazón, y con toda mi razón, el derecho del señor Lamo a llamarme fascista. Es una opinión. Lo que no estoy dispuesto es a estar con él en el mismo grupo, pues así como yo no estaría en un grupo donde hay fascistas, tampoco quiero estar en compañía del fanatismo de la estupidez. Héctor Abad Faciolince *** Sustentación de mi voto, solicitado por Enrique Santos Molano, Presidente del PEN de Colombia, en relación con la posición de los escritores del PEN de Venezuela. Estimados escritores: Interesante el debate y las reacciones que se han dado alrededor de la no renovación de la licencia de funcionamiento del canal RCTV en Venezuela donde cada quien ha aportado un discurso revelador para todos los otros. Claro que en el plano del contenido hay distintas maneras de enfocar el problema. Lo que yo he interpretado de la acción del gobierno de Venezuela, y de las que podrían sobrevenir, tiene que ver no tanto con una retaliación por las imágenes transmitidas u omitidas por el canal en el momento del golpe —ese sería el pretexto para legitimar la acción de exclusión, porque se podría haber enjuiciado a los culpables del hecho y no el canal televisivo—, sino con un proyecto de resocialización, de reeducación, de “producción” de un “hombre nuevo”, de una “mujer nueva”; de una identidad personal y colectiva acorde con la ideología de la revolución bolivariana. Son métodos conocidos por todos nosotros en la historia del siglo XX, propiciados por quienes, aun con buena intención, creen tener el conocimiento de las causas y la solución de todos los problemas sociales. Conocí por narraciones de primera mano lo que ocurrió en la Francia ocupada durante la segunda guerra mundial en los programas de reeducación proyectados por el gobierno nazi. También he tenido en mis manos las cartillas de reeducación de adultos y niños elaboradas por la izquierda latinoamericana y adaptadas por las Farc. Y conocí también los proyectos premeditados de reeducación en el gueto de la Universidad pública colombiana de los años 70. Algunos de sus protagonistas se duelen todavía de que por su posición dogmática, por su discurso que fomentó el veneno y el odio, que no midió las consecuencias ni las dimensiones de la tragedia, se produjo, en parte, lo más cruento de las acciones y reacciones de los últimos 40 años. Hay un imaginario internalizado, constitutivo de los valores de la persona, de su concepción del mundo, muy difícil de abrir a visiones abiertas de lo real. Cada vez más, en distintas latitudes, se maneja con mayor conciencia desde el poder el papel del lenguaje en la producción de identidad y el ejemplo paradigmático es el lenguaje de la imagen de la televisión, que crea el mundo en el que vive el espectador. Y moldea a ese espectador en su individualismo, en su deseo de consumidor pasivo, en su identidad capitalista, como lo ha dicho Chávez, que él se propone deconstruir, para proponer y liderar una manera alterna de “ser”, de concebir lo social lo económico, lo político. Lo de si censura o no censura, tergiversación o manipulación de los datos “objetivos” tiene que ver con la idea ya obsoleta de la posibilidad de un lenguaje de la información veraz, a través de un medio que se supone transparente. Allí se ubican las oposiciones de equivalencia entre la izquierda y el pensamiento liberal tradicionales. A mi modo de ver, una resolución de condena de la no prolongación de la licencia, tendría que tener entre sus considerandos el develamiento de los mecanismos usados por el poder de la televisión y la defensa de poder optar por distintas identidades culturales. Allí iría implícita la posibilidad de habitar, por ejemplo, en el lenguaje poético; o en el del hedonismo; o en el de la austeridad y la ascesis; de no tener que someterse a una planificación colectiva del yo desde la escuela, mediante textos cuidadosamente escogidos por tirios y troyanos, que se recitan como letanías y dejan huella indeleble en el inconsciente. De no tener que “creer” en la eficacia de determinados modelos económicos –de libre mercado o de economía planificada— ni comulgar con dogmas de lo social basados en una pretensión de cientificidad que ya no tiene vigencia. Me atrevo a pensar que en ese plano de reflexión podríamos encontrar coincidencias. Allí estaría la posición del PEN Internacional que toma partido por la libertad del ser humano para expresarse, para disentir, para crear, sin que se tomen contra él, contra ella, como escritores libres, represalias de ningún estilo. Allí estamos quienes hemos suscrito denuncias contra el Patriotic act y contra la represión de los escritores de Internet en China, para poner dos ejemplos extremos. O quienes desde la delegación de Colombia en los Congresos Mundiales del PEN hemos preparado resoluciones de condena a la lentitud de nuestra justicia, a la impunidad en los procesos que involucran a periodistas asesinados, desaparecidos. Dos connotados escritores colombianos, no pertenecientes al PEN, se vieron apoyados internacionalmente por nuestra acción en el seno de la Asamblea de delegados ante las amenazas de que habían sido objeto. Desde la coordinación del Comité de Escritores en Prisión, si fuera el caso, dada la queja de su titular, se habría podido poner a consideración del PEN de Colombia una resolución responsable y bien sustentada con casos demostrables, que sindicara, por ejemplo, al gobierno colombiano de ejercer la censura o coaccionar a los medios. Lo que no se puede en el seno de esta organización es tomar partido en asuntos políticos de opinión y de adhesión a distintas ideologías; ni hacer pronunciamientos en aspectos generales cuando no se trate de los derechos humanos de los escritores, ni promover divisiones internas en razón de esas opciones ideológicas de cada cual. Hay en la organización un respeto profundo por las distintas posiciones políticas de los miembros, por disímiles que ellas sean, pero ninguna tolerancia por actos de gobierno que impliquen censura. En el caso de Venezuela lo que condenan distinguidos escritores de ese país cuya filiación política desconozco pero a cuya causa adhiero, es el cierre de un medio que ha constituido un hito cultural importante en la historia contemporánea de ese país y la expresión de una voz disidente; sin perjuicio de que se responsabilice a determinados agentes por violaciones al derecho a la información de los televidentes. Lo que yo personalmente condeno, es el querer cambiar una televisión por otra, inspirada en apariencia en otro lenguaje en otros principios, pero animada por el “no pensamiento y la amnesia”; en vez de, al menos, abrir el espectro y darle a los televidentes, así sea de manera inconsciente, la posibilidad de escoger a cuál canal se suscriben, a qué ideología se someten, a qué “dictadura de los medios de comunicación” a qué esquema o programa de control social —ocultado por la pretendida transparencia y por la supuesta neutralidad de la técnica—, entregan a sus hijos. “...a la dictadura de los medios de comunicación le gustan los ciudadanos horrorizados pero impotentes” (Agamben*, 1998b, citado por F. Bucher en su artículo “Televisión (un discurso)”). Hay un formato al que hay que atenerse en la presentación de resoluciones ante la Asamblea de Delegados del PEN. Yo lo difundí cuando mandé por este mismo medio todas las resoluciones que se produjeron dentro del plazo fijado por los reglamentos, que a tiempo anuncié. Esos mismos reglamentos abren la posibilidad de que si un hecho se ha producido después del plazo, se presenten resoluciones no programadas, dentro de la sesión de la Asamblea, después de pasar por el Comité respectivo que la aprueba, la niega o la modifica. Cecilia Balcázar de Bucher *Agamben, Giorgio (2000b) 'Marginal Notes on Commentaries on the Society of the Spectacle' en Means without Ends: Notes on Politics, Minneapolis: University of Minnesota Press. *** Estimado Andrés: Tu propuesta de votación me parece equilibrada y creo que es el modo acertado de obrar, por lo cual queda a consideración de los miembros del PEN votar nominalmente así: a) condenan sin atenuantes el cierre de RTCV como un claro atentado contra la libertad de expresión por parte del gobierno de Venezuela, o b) Consideran que la no prórroga de la concesión a RCTV no constituye un acto contra la libertad de expresión, y en consecuencia se abstienen de emitir una condena al gobierno de Venezuela por dicho acto específico. Para abreviar, y habiéndose ya expuesto argumentos suficientes, la votación puede reducirse a expresar: Voto A (condena) o Voto B (no condena) A partir de ahí se elaborará un comunicado con los resultados y el voto de cada uno. Es de esperarse que voten todos o la mayor parte de los miembros del PEN, pues hasta el momento no han llegado más de veinte opiniones, que es apenas la tercera parte de la actual composición de socios. Los que no voten se tendrán como abstenciones. Quisiera agregar por qué pienso que la no prórroga de la concesión a RCTV no constituye un atentado a la libertad de expresión, visto desde un aspecto jurídico legal y con independencia de que consideremos al presidente Hugo Chávez un gorila en ciernes, un chafarote, un tirano abominable o un demócrata libertario. Supongamos que hace veinte años los señores Andrés Hoyos y Enrique Santos firmaron un contrato por el cual el primero le arrendó un apartamento de su propiedad al segundo. Al cabo de veinte años, por el motivo que fuere, el arrendador, Andrés Hoyos, le comunica al arrendatario, Enrique Santos, que al cumplirse el término del contrato no le prorrogará el arriendo del apartamento, por lo que el señor Santos, una vez vencido el término, deberá entregar el inmueble a su propietario, Andrés Hoyos. Santos, que ha disfrutado del apartamento y que está amañado con él, resuelve armar un escándalo y gritar a voz en cuello que el señor Hoyos dueño del apartamento, le está violando al señor Santos, inquilino, su derecho a la vivienda, y promueve entre los vecinos un movimiento de condena al señor Andrés Hoyos como violador del derecho del señor Santos a la vivienda. Pregunto: ¿quién tendrá razón en este caso: el señor Santos o el señor Hoyos? Aquí no hay ningún sofisma, sino una cuestión concreta y pragmática. Hemos leído en esta polémica bellos textos literarios como los de Cecilia Balcázar y Héctor Abad, o ingeniosas y divertidas parábolas como la de Andrés Hoyos, pero nada de eso tiene que ver con el asunto de si no concederle la prórroga del arriendo del espacio electromagnético a un canal de televisión, por antiguo que sea, constituye un atentado a la libertad de expresión o es un ejercicio de soberanía por parte del legítimo dueño del espacio electromagnético que es el Estado, sea el venezolano, o el colombiano, o el de cualquier país del planeta. Cuando Andrés Hoyos toma la decisión de no prorrogar el contrato de arriendo de su apartamento al señor Santos, ¿está ejerciendo un acto de soberanía sobre el apartamento de su propiedad o está violándole al señor Santos su derecho a la vivienda? Cuando el Gobierno de Venezuela decide no prorrogar el arriendo del espacio electromagnético al canal RCTV, ¿está ejerciendo un acto de soberanía sobre una propiedad del Estado o está atentando contra la libertad de expresión? Ese me parece que es el meollo de la cuestión, y creo que si condenamos al gobierno de Venezuela por ejercer su derecho de soberanía sobre una propiedad del Estado y le damos a ese ejercicio el carácter de un atentado contra el derecho a la libertad de expresión, tendríamos que condenar a cualquiera que ejerza soberanía sobre su legítima propiedad como atentatorio de otros derechos. Enrique Santos Molano, presidente *** Enrique: Como tú debes saber, existen mil recursos que defienden a un arrendatario contra las pretensiones mercantilistas de cualquier arrendador. Aquí no hubo ninguno, porque se adueñó de los tres poderes nacionales un sólo hombre despótico. Me late que es ante eso ante lo que están los pobres venezolanos, ante un casero abusivo que quiere adueñarse del país para siempre. Andrés Hoyos *** Andrés: Desde luego sé que existen mecanismos legales para defender a un arrendatario de un arrendador abusivo; pero ese no es el caso que nos ocupa. El caso es si la defensa o el ejercicio de un derecho de soberanía sobre la propiedad, cualquier tipo de propiedad sostenida con acuerdo a las leyes vigentes, es violatorio, o no lo es, de otros derechos. Y dentro de este concepto dilucidar si la práctica hecha por el Estado y el gobierno venezolanos de amparar la propiedad de la nación atenta contra la libertad de expresión. El casero abusivo es el que sube los cánones sin autorización legal y por encima de lo estipulado en la ley, el que anula el contrato antes de su vencimiento o se inventa argucias para sacar al arrendatario. Me parece que en el caso del casero venezolano no ha existido ninguno de esos atropellos y que la no prórroga de la concesión a un canal privado de televisión se hizo dentro de los parámetros legales y que así como el arrendatario puede buscar otro apartamento igual de cómodo al que tenía, quizá mejor, RCTV puede emitir, como parece que ya han pensado hacerlo, por televisión satelital o por cable y proseguir libremente su oposición al régimen bolivariano. Enrique Santos Molano *** Mi querido Enrique: Lo mío no pretendió ser un bello texto literario. Ciertamente no he escrito como poeta en el sentido restringido de la palabra. Aunque podría desarrollarse mucho más el argumento —porque sólo fue una carta rápida por correo electrónico—, se trata de una reflexión concebida dentro de parámetros actualizados del pensamiento contemporáneo, crítico de los medios de comunicación, estén ellos al servicio de ideologías de izquierda o de derecha. Esboza, además, el cambio de sentido de “izquierda” y “derecha” en el contexto de la información o comunicación que se ha supuesto hasta ahora como la función primordial del lenguaje. Así espero que se lea, porque lo que intenté expresar es algo que rebasa las consideraciones burocráticas y judiciales y habla desde otro espacio que nos es común a los escritores y toca el asunto de lo cultural y de las construcciones de lo real, un área especialmente sensible del pensamiento. Aludo a lo político atravesado por lo cultural y al problema de la ideología, no ya como la trataba Althusser dentro del estructuralismo marxista, antes del giro de todas las ciencias sociales y humanas, sino como la trata, por ejemplo, el post marxista Ernesto Laclau y muchos otros después de él: desde el discurso. Y específicamente desde el lenguaje de la imagen, como lo hace el texto citado de François Bucher. Las implicaciones para América Latina, donde Chávez quiere ejercer su acción de culturizar son importantes; no sólo por la no prolongación de una licencia de uso del espectro para un medio con el que incidentalmente se puede no comulgar, sino porque pretende acabar con la pluralidad e imponer un pensamiento hegemónico que cree conocer la “Verdad”; estar por fuera de toda contingencia con su dogmatismo soberbio; con su concepción cerrada y esencialista de lo cultural. En el artículo que nos envió Héctor Abad —que he encontrado afín a mi reflexión—, afirma Sergio Ramírez, parafraseando a una funcionaria del gobierno de Chávez que “en su programación la RCTV introducía formas extrañas de cultura, que enajenaban las costumbres y creencias del pueblo venezolano”. Y añade Sergio, a quien no se lo puede calificar de derechista: “Pero saber ahora que también se trata de un acto de represión ideológica y que la medida está destinada a restringir los espacios de convivencia cultural me da una idea de lo que debe esperarse en el futuro. El reclamo de callar todas las voces que atentan contra determinada concepción cultural parte necesariamente de la idea de que es necesario defender una identidad propia, puesta en peligro por todo lo que viene de fuera de las fronteras, unas fronteras que no son sólo territoriales, sino también ideológicas. En este sentido, el Estado se hace cargo de promover y defender esa llamada identidad cultural, que se erige como oficial, y frente a la cual no caben alternativas de expresión. El Estado bolivariano tiene una concepción oficial de su identidad política, que pasa a ser una identidad cultural. La misma definición de ‘Estado bolivariano’ implica ya una definición nacionalista que, de acuerdo con la doctrina del presidente Chávez, reiterada en sus discursos, es popular además de nacionalista. Le he oído anunciar la filmación de superproducciones donde se narrarán la vida y las hazañas de los héroes de Venezuela, para contrarrestar a (sic) las películas enajenantes de Hollywood, por ejemplo, y las emisiones de Telesur, su canal internacional de televisión, vienen a perseguir el mismo propósito”. La propuesta alterna de un nuevo canal de televisión estatal, que promete programas que podrían contener elementos valiosos de cambio cultural –sabemos de la superficialidad y el ánimo de lucro que inspira a muchos medios, de su papel en la discriminación de género, etc. etc.—, se puede dar en coexistencia con otras maneras de pensar y de experimentar la vida. Es el principio de la pluralidad el que defiende un pensamiento liberal que se siente seguro y no tiene que acudir a la imposición y al silenciamiento de los otros, sino a la persuasión y a la largueza, así se trate de la propiedad estatal —que es la propiedad de todos, amigos y opositores—, para ganarse la opinión libre. Cecilia Balcázar *** Querida Cecilia: Quizá no pretendías hacer un bello texto literario; pero lo hiciste. Y muy bello, a mi juicio. Yo lo comparto por completo en su contexto filosófico, en la defensa de la libertad de expresión contra los totalitarismos de derecha y de izquierda. ¿Cómo podríamos estar en desacuerdo con esos principios fundamentales? Pero me gustaría que nos ciñéramos al caso concreto de RCTV y al asunto de si la no concesión de la prorroga del arriendo del espacio electromagnético a un canal privado de televisión, o a cualquier persona o entidad de carácter privado, constituye un atentado contra la libertad de expresión. Como tú dices con acierto, el espacio electromagnético es del Estado y el Estado es de todos, de la oposición y de los amigos del gobierno; pero lo que es de todos en general, no es de nadie en particular. El gobierno ha sido nombrado por el pueblo para que administre el Estado, y esa administración debe efectuarse para el beneficio de todos y no de unos pocos. Aquí me llega tu segundo comunicado, que viene muy al caso. Dices: La lista de escritores que han sido invitados a formar parte del PEN de Colombia, que han sido aprobados en junta o en asamblea y que están a paz y salvo en sus cuotas no llega a 35. Son ellos los que según los estatutos tienen derecho a voto. En este caso, si hay ya una votación de veinte, tenemos más de la mitad más uno. Y me pregunto: al no permitir que, de acuerdo a los estatutos, voten los socios que no han pagado su cuota, ¿no les estaremos violando su derecho a la libertad de expresión? Ellos podrían alegarlo así, del mismo modo que los dueños de RCTV alegan que la no concesión de la prorroga atenta contra la libertad de expresión. Entonces si reconocemos que el Estado venezolano atenta contra la libertad de expresión por ejercer su soberanía sobre un bien público, tendríamos que admitir que el PEN viola el derecho de expresión de sus asociados que no han pagado la cuota, por ejercer sobre ellos y contra ellos su soberanía estatutaria. Por supuesto, yo pienso que hay que cumplir con los estatutos del PEN y con lo que mandan las Constituciones de los Estados. Y si no nos gustan, bregar por cambiarlos, pero no desconocerlos mientras estén vigentes. Enrique Santos Molano *** El PEN Colombia debe reprochar, y considerar inaceptable, el atentado que sufre la democracia, y su derecho a libertad de prensa y expresión en Venezuela, ante la no renovación de la licencia de funcionamiento del canal RCTV; eso no debería generar mayores discusiones por cuanto responde a la filosofía de la institución. De otra parte, el comunicado del PEN debe ir acompañado de una declaración, en el sentido que lo anterior no significa que el PEN no respeta la autodeterminación de los pueblos y sus gobiernos legítimamente constituidos. Sino lo hace, el PEN le estaría siguiendo el juego a aquellos que procuran desprestigiar un gobierno elegido democráticamente y con veeduría internacional. El PEN se convertirá en una especie de caballo de batalla gratuito (es más decoroso que aquello de idiota útil...) de intereses desconocidos de los que sólo nos enteraremos dentro de veinte años cuando la CIA le quite los tachones negros a sus informes de inteligencia: la historia de Noriega y Panamá, con sus correspondientes diferencias, parece la formula histórica que viene a aplicarse hoy en materia de política exterior: fase de desprestigio en la comunidad internacional y subsiguientes estrategias: el eterno retorno de la rueda de la historia, al que Philip Rot tanto le teme. John Junieles *** Por expreso pedido del autor, miembro del PEN Club de Colombia, la siguiente columna suya, aparecida en El Espectador, se incluye en la discusión: SOBRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Por Juan Gabriel Vásquez Hace una semana, en el pueblito de Hay-on-Wye, en Gales, asistí a una lectura de Wole Soyinka, el Premio Nobel nigeriano que estuvo en Cartagena en enero pasado. Su texto giraba alrededor de la libertad de expresión: “La muralla del silencio”, se llamaba, y era una de las reflexiones más combativas y a la vez menos estridentes sobre las posibilidades que tiene un ciudadano de enfrentarse a la censura, pero también sobre las estrategias de que se vale un gobierno cualquiera para censurar. Para justificar la censura, venía a decir Soyinka, los gobiernos suelen acudir a una figura superior —Marx, Dios, Alá— o bien a una idea abstracta, casi siempre escrita en mayúsculas —Patria, Raza, Pueblo—. Y no pude no pensar en lo que ahora mismo ocurre en Venezuela, donde el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información (un título digno de 1984, la novela de George Orwell sobre los totalitarismos que nos esperan) acaba de cerrar una cadena de televisión con modos y argumentos que no permiten presagiar nada bueno. Por supuesto que el Ministerio del Poder Popular (etcétera) no considera que haya hecho nada ni siquiera cuestionable. Es más: para el Ministerio del Poder (etcétera), nadie ha cerrado RCTV; simplemente se ha decidido no renovarle la concesión. En otras palabras, no han matado la cadena: sólo han dejado que se muera. (Tampoco la revista cubana Lunes de Revolución, dirigida por Guillermo Cabrera Infante en 1960, fue cerrada; simplemente, dijo en ese entonces el gobierno de Fidel Castro, se acabó el papel.) Se ha dicho en los medios venezolanos que la decisión es “soberana”, y que las reacciones que ha provocado en la comunidad internacional son una “campaña que se ha desatado contra el país”; se ha dicho que RCTV era una cadena “burguesa” y que estaba financiada “por la CIA y el Pentágono”; se ha dicho que introducía elementos culturales ajenos a la identidad venezolana. Pero cualquiera sabe que la verdad es más simple: RCTV es o era una cadena de la oposición antichavista. Y es por eso que su cierre, se den las justificaciones que se den, no es más que un ataque contra la libertad de expresión. Lo que quiero decir es que uno puede evaluar los argumentos uno por uno, puede encontrar que son verosímiles o paranoicos, puede creer que la identidad venezolana existe y está amenazada o que la invocación de una identidad es el primer recurso de los fascismos de todo el mundo. En resumidas cuentas: uno puede encontrar que todo lo que sale de una cadena como RCTV —o de un periódico, o de una persona— es despreciable y es un ataque contra el gobierno de turno. Pero lo que ese gobierno no puede hacer es silenciar al atacante, o justificar que se silencie apelando a lo que sea. “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”. La frase no es de Voltaire, como se cree, sino de una escritora inglesa a la cual le habría gustado que Voltaire la hubiera dicho; pero lo que sí es cierto es que esas palabras resumen buena parte de las conquistas de las democracias occidentales. En el punto opuesto del espectro se ha ubicado el gobierno de Hugo Chávez: la eliminación del desacuerdo; la búsqueda de una unidad ideológica sin fisuras alrededor del proyecto bolivariano. Nada más peligroso. Peligroso para la libertad de expresión, que en Latinoamérica tiene una larga tradición de enemigos de ambos signos políticos; pero peligroso también para el propio gobierno de Chávez. John Milton (para seguir metiendo a los muertos en el asunto) dijo que todas nuestras convicciones deberían someterse al enfrentamiento con la contradicción, porque sólo en una pelea limpia puede uno demostrar que tiene la razón de su lado. Al Ministerio aquel le puede parecer ventajoso que la oposición vaya perdiendo la voz; no se da cuenta de que, con cada voz que la oposición pierde, el gobierno de Hugo Chávez pierde la razón. *** Respecto al supuesto cierre de RCTV: 1 Existe una campaña de desinformación internacional por parte de los EE. UU. para justificar su ataque contra el pueblo de Venezuela y derrocar su gobierno legítimamente constituido. 2 Parte de esta campaña, como bien lo dice el comunicado suscrito por Pérez Esquivel y otros prestantes intelectuales latinoamericanos, es presentar un acto legal del gobierno de Venezuela de no prorrogar una concesión a una transnacional que monopoliza y distorsiona la información, a la vez que embrutece y manipula conciencias y promueve golpes de Estado, como un “cierre” o acto de censura, cuando en verdad no lo es. 3 Entre el 80 y el 90% de los medios de comunicación venezolanos siguen en poder de la burguesía. 4 Los “censurados” siguen operando libremente en Venezuela, por cable y otros medios, y como lo anuncia El Tiempo de hoy, ahora tienen su noticiero en Globovisión, lo cual hace caer por su peso la desinformación acerca de la “censura”. 5 Los “censurados” han tenido la oportunidad de expresar sus puntos de vista en Telesur, hecho inédito bajo un gobierno “totalitario”. Ver: http://youtube.com/watch?v=L4JufZnBN0Q 6 El nuevo canal que reemplazará a RCTV será un canal de servicio público, que beneficie a todo el pueblo venezolano y no a una transnacional corporativa interesada sólo en sus propias ganancias. 7 RCTV continúa produciendo programas en Venezuela y Miami, lo cual nos hace pensar que como el PEN de Miami dijo de sí mismo “no se trata de una mafia reducida a Miami”. Teniendo en cuenta todo lo anterior, creo que ya hay suficiente información no para votar acerca de la resolución de condena, sino para botarla a la basura, donde pertenece. Mario Lamo *** Apreciados amigos: Por encontrarme deliciosamente aislado en Tabio, sólo hasta ayer me enteré del debate que se ha desarrollado sobre el cierre del canal venezolano. El asunto no es fácil y los argumentos de ustedes tienen todos, como siempre, razones atinadas. La reflexión que me hago puede condensarse así: 1. Chávez encontró una “salida” legal y legítima para ejercer su poder contra alguien que lo incomoda (no importa quién sea). 2. Sin duda alguna, se trata de silenciar. Es decir, ejercer hasta sus últimas consecuencias la censura. 3. Es evidente que una acción tan frentera desencadenará la oposición. Y ello ayudará a polarizar más el país. Lo bueno para Chávez es que consolidará su respaldo. Lo malo, que el riesgo que asume es inmenso y, seguramente, se volverá en su contra. La distancia entre lo que ha ocurrido en Venezuela y lo que tenemos que soportar los colombianos, no es muy grande. Baste con mencionar: 1. ¿Cómo se adjudican las frecuencias de radio (miti-miti)? 2. ¿Quién tiene acceso a los gastos de publicidad que permitan mantener un medio distinto a los conocidos? 3. ¿Qué canales tienen las voces disidentes para hacerse oír, para dejarse ver? 4. ¿Cómo se negocian los espacios de opinión en la TV? Los repartos, que son verdaderos campos de batalla, son a muerte. Silenciar y censurar me parecen repugnantes. Pero no son hechos ocasionales sino constantes en el mundo actual. Y a ello debe contestarse. El problema es cómo hacerlo. Las propuestas se encaminan a atacar al adversario. A mí me parece que esto, si bien es legítimo, no es eficaz. Lo que el político persigue sin desmayo es que se hable de él. No importa si bien o si mal. Pero que se hable. Por eso mi sugerencia es guardar silencio sobre Chávez, al tiempo que se ofrece un respaldo decidido a la búsqueda de vías que permitan la libre expresión. (Los del canal son una circunstancia y no creo que sean angelitos.) Más interesante ayudar a difundir el canal por la Internet que condenar. El discurso tiende a lo inocuo. La acción, a lo contrario. MI VOTO: NO LA APOYO Fernando Barbosa *** Paris, Jun 7 Estimados colegas del PEN COLOMBIA: Si hay que “re-votar” y como esto se ha vuelto un acto vulgar de politiquería barata al interior del PEN Colombia, un enfrentamiento de mezquinos grupitos de poder sin ningún interés para el pensamiento, el arte, la literatura y la dignidad intelectual colombianas, yo me abstengo e invito a todos los miembros del PEN Colombia a abstenerse masivamente. Solicito enviar mi mensaje a todos los votantes y espero que la abstención gane como siempre en Colombia. Eduardo García Aguilar *** Muy apreciado Enrique: Con mucho gusto te envío esta nota en relación con la votación de los socios del PEN que abriste en días pasados. Considero que el gobierno venezolano, al no renovar una licencia de televisión a una empresa a la que ya se le ha vencido el término de su contrato, está simplemente ejerciendo un derecho establecido por la ley. En el caso particular de la no renovación de la licencia a la empresa RCTV, me parece que el gobierno venezolano ha actuado correctamente porque dicha empresa se ha caracterizado siempre por tratar de deformar la opinión pública venezolana induciéndola a apoyar los intereses de las clases dominantes locales y del imperialismo norteamericano contra sus propios intereses nacionales. Es una sana medida de defensa de los intereses nacionales y populares. Por tanto, mi voto es a favor de la medida de no renovación de la licencia a RCTV. Armando Suescún. En los sistemas totalitarios se vota con unanimidad. El pueblo habla a por boca del líder y se escucha en sus discursos. Sin debates, sin opiniones encontradas. Es simple: la voz del líder es la voz del pueblo. Hay una inflación del discurso del conductor y un apocamiento o sofocamiento de otras voces Me ha gustado esta discusión. Seria terriblemente tedioso un escenario con un televisor o la radio encendidas donde el iluminado profeta canta, baila y habla durante siete horas. Voto una condena sin atenuantes de las acciones en Venezuela contra la libertad de expresión. Y me adhiero a la condena presentada por la Fundación Iberoamericana del PEN Internacional. Rubén Darío Flórez Arcila |
|
|
|
|
Opciones : |
||||||||||
|
Enviar Artículo a un amigo |
Comentarios al Director de Sección |
|
||||||||
|
Copyright © 1999 - 2007 por Analítica Consulting 1996 |
Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas. |