Estas pasadas elecciones en Estados Unidos han sido históricas. Lo han sido porque, entre otras cosas -en las que se encuentra el supermercado de irregularidades-, quien es el presidente electo, W. Bush, fue: (a) derrotado en el voto popular por más de 300,000 votos, (b) muy probable perdedor en las amañadas votaciones en Florida; y (c) nombrado ganador no por votos, sino por 5 de los 4 jueces de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos.
El hecho de la pérdida en el voto popular le resta legitimidad concreta al hoy mandatario electo. La última vez que esto sucedió fue en 1888. Se pone de manifiesto nuevamente en esta elección, las limitaciones del Colegio Electoral: no todos los votos tienen el mismo valor, en un alambicado sistema que no entiende muy bien ni siquiera la mayoría de los estadounidenses. Es ésta la primera vez que ocurre el fenómeno en una época en que paradojicamente la nación lider en la cibernética moderna, aún utiliza para el recuento de sufragios máquinas más propias de principios de siglo XX.
Que W. Bush haya perdido las votaciones en Florida es algo que no se podrá saber con certeza, pero hay varios indicadores circunstanciales que apuntan a una probable derrota real del hoy presidente electo. Señalo algunas. Primero, ¿Por qué se opusieron tanto los republicanos encabezados por W. Bush al recuento de al menos las papeletas con mayores cuestionamientos, al final unas 9,000? Si hubieran tenido certeza de que ganaban con ellas, ellos mismos hubiesen promovido un recuento completo. Segundo, los republicanos utilizaron todas las maniobras imaginables para evitar un conteo transparente valiéndose de que el hermano del hoy presidente electo es el gobernador, y de que cuentan con el poder en el organismo ejecutivo, legislativo y muchas instancias del poder judicial en ese estado. Tercero, a cada recuento parcial que se había instrumentado, la ventaja de W. Bush sobre Al Gore era menor, siendo la misma algo completamente rebasable al final. Dicha ventaja pasó de cerca de 1,700 la noche del 7 de noviembre, en resultado oficial, a 154 el día en que se pronuncia la Corte Suprema dándole el poder a W. Bush.
Por último lo que sello el ataúd de las esperanzas para Al Gore en esta elección: no es la voluntad mayoritaria la que otorga en este caso el poder a W. Bush, sino jueces republicanos puestos en la inapelable y máxima instancia jurídica del país por presidentes republicanos. El pronunciamiento de los nueve jueces del tribunal supremo estadounidense dió un resultado de 5 a 4. Nótese que sólo dos jueces allí han sido puestos por un presidente demócrata, Bill Clinton, el resto proviene de los nombramientos de Richard Nixon, Gerald Ford, Ronald Reagan y George Bush, padre del hoy candidato ganador. Es esta herencia republicana la que le da las llaves de la Casa Blanca a los republicanos y no la voluntad mayoritaria del pueblo.
Se trata de un antecedente nefasto para una nación que se atribuye el derecho de pasarle exámen de democracia y de derrocar presidentes en otras naciones. No sería difícil imaginar las reacciones en Estados Unidos si esto hubiera pasado en una nación no "amiga del norte". No se hablaría de irregularidades sino que como mínimo se lamentarían las intolerables condiciones antidemocráticas del país cuestionado.-