(Especial Analitica.com) La reciente cumbre ministerial de los 34 países que negocian el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), realizada en Miami (Estados Unidos), no logró mantener la marcha hacia un acuerdo comercial ambicioso. En el marco de fuertes tensiones entre los diferentes países, y en especial por un distanciamiento entre Estados Unidos y Brasil, los ministros apenas lograron un acuerdo mínimo que les permitió regresar a sus países sin la vergüenza de un fracaso.
El “ALCA mínima” que se aprobó en Miami mantiene el propósito de lograr un tratado de libre comercio en todo el hemisferio buscando en primer lugar un acuerdo básico en aquellas áreas donde puedan existir aproximaciones posibles entre todos los países. De esta manera los temas conflictivos quedan fuera de ese primer paso, y se negociarán posteriormente. Pero el mismo proceso permite que conjuntos de países puedan avanzar en otras negociaciones más ambiciosas.
El nuevo acuerdo es una renuncia a la liberalización comercial sustantiva en todos los sectores para todos los países. Esto significa que Estados Unidos y Canadá no reducirán sus subsidios ni abrirán sus mercados; mientras que Brasil y otros países mantendrán sus privilegios, por ejemplo, en las compras gubernamentales. Justamente estos temas, junto a otros, eran lo que dividían a Brasil y varios países del MERCOSUR, de las posiciones de Washington, y otras naciones afines, como Canadá, Chile y México.
Este acuerdo se logró después de una semana de negociaciones, iniciada en Miami, el pasado 17 de noviembre. El encuentro tuvo lugar bajo un opresivo dispositivo de seguridad, que incluía las más diversas fuerzas policiales y una enorme área de exclusión dentro de la ciudad. Estas respuestas son más y más comunes en estas reuniones dado el creciente nivel de rechazo en la opinión pública contra los acuerdos de libre comercio. En efecto, en Miami se sucedieron algunas manifestaciones ciudadanas, destacándose una gran marcha con más de 10 mil participantes, promovida por la central sindical de Estados Unidos, la AFL-CIO. Algunos incidentes aislados se sucedieron en esos días, pero en general todas las manifestaciones callejeras estuvieron marcadas por una gran sobriedad y corrección.
Se genera así un nuevo acuerdo, bajo nuevas reglas, aunque se mantienen, por un lado la misma meta de liberalizar el comercio hemisférico, y por el otro, el apego a una visión mercantilista del desarrollo. La fecha límite de aprobación del tratado para 2005 se encuentra bajo un signo de interrogación. También son incógnitas los movimientos concretos que harán los países para avanzar en este camino, y casi todas esas cuestiones se trasladaron a una próxima reunión de negociadores.
El costo de evitar el fracaso
Se evitó un fracaso que hubiera puesto en muy mala situación a buena parte de estos gobiernos. Estados Unidos logra mantener en marcha un proceso de negociación mientras gana tiempo, profundizando su estrategia de acuerdos bilaterales. Sus delegados regresan a Washington sin la sombra de un nuevo fracaso, lo que hubiera tenido un impacto negativo en el incipiente debate electoral. Pero además logran mantener algunos de sus sectores protegidos, lo que les renovó la simpatía de varios sectores empresariales. Otro tanto sucede en América Latina: todos deseaban regresar a las capitales con algún tipo de acuerdo, al menos para salvar sus posiciones frente a las opiniones públicas nacionales. Incluso Brasil no podía darse el lujo que una vez más lo responsabilizaran del fracaso de un encuentro comercial internacional.
Este tipo de factores se sumaron para explicar las resoluciones mínimas tomadas en Miami. Aunque los ministros no lo reconocen, algunos de los mandatos que guiaron los últimos años de las negociaciones del ALCA desaparecen. En efecto, el acuerdo logrado en 1998 (primero en la ministerial de Costa Rica y luego en la presidencial de Santiago) de un compromiso único (single undertaking), y la consideración de todos los temas, sin exclusiones, han quedado por el camino.
Por ahora el ALCA se mantiene como un proceso de negociación. Todavía no hay un acuerdo concreto, aunque su marcha está teniendo fuertes repercusiones dentro de América Latina, y en especial presionando sobre los intentos de integración regional.
El nuevo objetivo revisado del proyecto ALCA es lograr un acuerdo sobre un conjunto de derechos y obligaciones mínimas en los diferentes temas comerciales que venían siendo negociados. Se espera lograr un convenio marco para los temas de acceso a mercados, agricultura, inversiones, compras gubernamentales, inversiones, subsidios, derechos de propiedad intelectual, antidumping y medidas compensatorias etc. Quedan pendientes cuestiones clave, como la forma bajo la cual se determinará el mínimo común denominador.
A partir de ese acuerdo básico, que representa un piso mínimo de membresía al ALCA, los países que deseen avanzar en liberalizaciones o disciplinas comerciales lo podrán hacer en el marco de negociaciones plurilaterales.
La posibilidad de acuerdos paralelos o acoplados al ALCA está en marcha, y se realizaron en Miami anuncios concretos. En efecto, el representante de comercio de los EE.UU., Roberto Zoellick anunció el próximo inicio de negociaciones formales con Colombia y Perú para lograr un tratado de libre comercio. Además informó que le seguirán Bolivia y Ecuador, y también anunció conversaciones con Panamá y República Dominicana. En estos últimos casos se observa una expansión de hecho de las negociaciones de un tratado de libre comercio con las naciones centroamericanas (CAFTA), incorporando a nuevos países. Estas medidas refuerzan la postura de Washington de no esperar por el ALCA y avanzar por medio de acuerdos bilaterales con aquellas naciones más interesadas. Esos pasos tienen a la vez el efecto de debilitar más la posición de Brasil y el MERCOSUR en su intento de ampliar las influencias sudamericanas incorporando a las naciones andinas.
El acuerdo en Miami también representa un nuevo paso atrás en incorporar los temas ambientales y laborales. En el último borrador que consideraban los ministros, establecía la creación de un grupo consultivo sobre temas laborales y ambientales, el que debería discutir y desarrollar opciones para abordar esas cuestiones. Todo el párrafo fue excluído de la declaración final.
En materia de participación de la sociedad civil se menciona "el interés" de crear un comité consultivo de la sociedad civil en el marco institucional del acuerdo, pero sólo a partir de su entrada en vigencia, excluyendo la posibilidad de ampliar la participación desde esta etapa del proceso. Por lo tanto permanecen todos los problemas conocidos de limitaciones a la información y a la participación en las negociaciones del ALCA.
La renovación del ALCA
El acuerdo del ALCA en Miami mantiene el objetivo de liberalizar el comercio hemisférico por medio de acuerdos que son esencialmente asimétricos (donde un país más grande impone condiciones a una nación más pequeña apelando a ciertas posibles ventajas exportadoras). La nueva versión revisada del ALCA es funcional con esa postura y con las negociaciones de acuerdos bilaterales que está siguiendo Washington. Por lo tanto en lugar de un gran acuerdo hemisférico, todo parece indicar que seguirán avanzando los acuerdos regionales, y que muchos de ellos podrán incluso cobijarse dentro de este nuevo ALCA. En una línea similar también se mueve Brasil, y los convenios que busca por medio de la ampliación del Mercosur también podrían ser compatibles con este nuevo ALCA. En todos estos casos los temas esenciales del desarrollo siguen pendientes, y los canales de participación ciudadana continúan siendo insuficientes.
Las organizaciones ciudadanas han reaccionado criticando esta propuesta. La Alianza Social Continental sostuvo que la nueva propuesta “puede resultar quizás más peligrosa que el esquema original, puesto que además de mantener los plazos y las formas antidemocráticas para la consecución del ALCA, propone ahora un esquema ‘flexible’ de negociación que traslada al ámbito bilateral las definiciones que no sean posibles de alcanzar en el mínimo común y deja a muchos países en una posición de negociación más desventajosa con Estados Unidos.”
No existe una cambio en las metas conceptuales del ALCA, reforzándose la fe en el comercio como uno de los motores del desarrollo, y en los mecanismos tradicionales de mercado como escenario para construir estrategias de desarrollo. Esa postura se da en todos los países, incluyendo tanto a Estados Unidos como Brasil, en tanto su disputa sólo atiende a las ventajas comerciales nacionales que esperan lograr en estas negociaciones, pero no a un cuestionamiento sobre las bases conceptuales de este tipo de comercio.
Bajo este contexto, se mantiene la marcha hacia una apertura comercial todavía más honda en América Latina. La próxima cumbre extraordinaria de los presidentes de las Américas, que tendrá lugar en Enero en México, cobra así una nueva importancia para promover una verdadera incorporación de los temas de desarrollo.
(*):Eduardo Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina), coordinando un equipo de investigadores en Miami durante esa cumbre. Las fotografías son de D3E. Mas informaciones en Integración Sur.