Las victorias iniciales de la guerra en Afganistán parecían augurar un pronto desenlace contra el dúo Talibán-Al Qaeda, pero las operaciones han encontrado algunos tropiezos y sorpresas en la última semana. Aunque la Alianza del Norte ya controla las tres cuartas partes del país, queda todavía el fuerte bastión de Kandahar, donde quizás está escondido el mismo Bin Laden, y se espera una feroz resistencia para la toma de esa ciudad. Aun si el grupo Talibán la desalojara o se rindiera, se teme que se reagrupen como guerrillas, con lo cual el desolado país no tendrá mucha tranquilidad en los años por venir, debido a la dificultad de derrotarlos en las montañas. Mientras tanto la Alianza dominante trata de asegurar en Bonn su preponderancia en el gobierno provisional que se está formando, a pesar de los esfuerzos de la coalición occidental para que estén representados todos los grupos políticos y sociales relevantes.
La entrada de los periodistas a las zonas liberadas está revelando el alcance del cruel totalitarismo que imperaba durante la dominación del régimen Talibán, con una fuerte discriminación hacia las mujeres y un tratamiento bárbaro hacia los disidentes, mientras se trataba de imponer una teocracia deshumanizada y arcaica. Así, todo indica que el derrocamiento del funesto gobierno habrá sido un acto positivo y progresista para ese desafortunado país, que lo insertará en la modernidad, a pesar del drama de los refugiados y las inevitables bajas civiles, típicas de cualquier guerra. Al menos los medios, con su actitud crítica y vigilante, han contribuido a lograr que el número de víctimas inocentes fuera muy reducido, pues los reportajes tienen mucha influencia en la formulación de políticas y el comportamiento de las potencias involucradas, que no quieren afectar su imagen ni antagonizar a los países árabes, para que colaboren en las fases posteriores de la campaña antiterrorista.
La búsqueda de Bin Laden
Mientras la guerra entra en su fase final (que podría durar hasta la próxima primavera si el invierno interfiere mucho en las operaciones), se está intensificando la búsqueda del escurridizo líder terrorista, que bien pudiera haberse fugado al exterior aprovechando la confusión generada por el conflicto y el tráfico de refugiados en las fronteras. Pero, aun si fuera capturado o ejecutado, se teme que alguno de sus acólitos tomará su lugar y seguirá con su funesta labor destructora en el mundo occidental. Sea cual fuere su destino, Bin Laden pudiera ser convertido en un héroe o mártir y motivar a cometer mayores represalias terroristas. Este no es sólo una sospecha lógica, ya que en esos mismos términos lo anunciaron algunos comunicados de la tenebrosa organización Al Qaeda, difundidos a través de la cadena Al Jazeera.
De este modo, la incertidumbre en Estados Unidos y sus aliados no ha cesado y esas naciones se preparan para otros sangrientos atentados, obligando a reforzar la vigilancia en toda instalación susceptible de sufrir algún ataque suicida o sabotaje. Los monumentos nacionales, las aerolíneas, las plantas eléctricas (especialmente las nucleares) y las atracciones turísticas son, obviamente, los objetivos más susceptibles de sufrir daños importantes, y no es extraño que los juegos de béisbol y fútbol, o el concurrido parque Disney World, sean protegidos militarmente por constituir blancos espectaculares en la mente enfermiza de los terroristas. A pesar del tenso ambiente, los norteamericanos están tratando de regresar a la normalidad, volviendo a viajar en aviones y frecuentando masivamente los grandes centros comerciales en vísperas de las fiestas navideñas, esperando de esta manera ayudar a la recuperación de su debilitada economía. Mientras tanto, Washington, en un desesperado operativo con sus mejores comandos, ha desplegado miles de efectivos en tierra para tratar de cazar a Bin Laden, y capturarlo lo antes posible, casi a manera de un regalo navideño para los norteamericanos. Ya se han acumulado suficientes pruebas de sus actividades terroristas, y se espera pueda ser juzgado y condenado prontamente, si es capturado vivo (o incluso póstumamente), para así cumplir con el deseo de justicia –y venganza– de los ciudadanos estadounidenses.
El conflicto árabe-israelí
En el Mediano Oriente, se pensaba que la confrontación entre israelíes y palestinos iba a tener una pronta solución, ya que ese conflicto ha estado al centro de toda actividad terrorista durante el último medio siglo, incluyendo el fatídico ataque a las torres gemelas. El aguerrido primer ministro israelí, aprovechando el sentimiento antiterrorista, ha intensificado la búsqueda y eliminación física de líderes de las organizaciones extremistas, particularmente los de Hamas y Jihad, que circulan libremente y tienen una fuerte ascendencia sobre las masas palestinas, e incluso compiten con el liderazgo de Arafat, quien poco ha podido hacer para controlar sus actividades. Esto, a pesar de sus deseos de aprovechar el conflicto afgano para obtener algunas concesiones de Israel, gracias a la tardía presión norteamericana hacia una pronta reanudación de negociaciones de paz.
De hecho, tanto Bush como Powell han anunciado que favorecen la pronta formación de un gobierno autónomo palestino en todos los territorios ocupados, algo que no ha caído muy bien en los círculos derechistas israelíes. Se sabe que estos últimos pensaban seguir con la política de asentamientos, con la consecuente conversión los territorios disputados en virtuales colonias judías, en aras de la ansiada seguridad nacional, algo que siempre ha sido fuertemente criticado por la opinión pública internacional a pesar de la lógica de los argumentos israelíes. Pero se avizora que los negociadores estadounidenses enviados por Bush para tratar de implementar el Plan Mitchell, lograrán una distensión entre los grupos en pugna, aunque tendrán muchas dificultades para desactivar la animosidad causada por las últimas escaramuzas, donde murieron no sólo altos dirigentes de Hamas sino también numerosas víctimas civiles. El incesante círculo vicioso parece continuar sin tregua, pero ambos lados saben que no hay mucha alternativa a aceptar tres puntos clave: a) reconocer plenamente el estado de Israel; b) regresar a los palestinos las tierras ocupadas en 1967; y c) la aceptación de Jerusalén como capital de los dos estados. Son términos equitativos a la luz de los acontecimientos históricos de los últimos dos milenios, a pesar que los grupos más intransigentes no lo quieran reconocer. Ojalá que la actual coyuntura mundial haga progresar en la solución de este espinoso problema mundial, que ha causado demasiada sangre e intranquilidad a tantas naciones, vecinas y lejanas, como bien lo están comprendiendo los norteamericanos a raíz de los trágicos hechos de Nueva York y Washington.
Iraq, de nuevo en la palestra
Lo que empieza a preocupar a la opinión pública es la continuación de la guerra hacia otras naciones que puedan estar cobijando organizaciones terroristas o fabricando armas de destrucción masiva. Ya Washington ha anunciado que exigirá a Iraq una exhaustiva inspección de su territorio, algo a lo cual seguramente se negará Saddam Hussein para no perder popularidad ante los pueblos árabes. En ese caso se arriesga a una nueva racha de bombardeos estadounidenses (una invasión se descarta por ahora), aunque sus aliados han manifestado su oposición a ese plan. La situación se complicaría si Iraq vuelve a enviar misiles explosivos (o con ojivas más destructivas, quizás con bombas biológicas) hacia el vecino Israel, como hizo durante la guerra del Golfo, con lo cual Sharon seguramente no sería tan tolerante y contestaría la agresión con todo su poderío, y quizás provocaría la intervención de otras naciones árabes en el conflicto. En ese caso, EE.UU. perdería su cooperación en la guerra al terrorismo y la situación en el mediano Oriente pudiera convertirse en un inmenso polvorín con todas sus implicaciones geopolíticas.
Otros países que pudieran involucrarse en la lucha antiterrorista son Siria, Yemen, Libia y Sudán, que han cooperado con diversas organizaciones extremistas en el pasado. Pero, siendo tan débiles militarmente, se espera que cooperarán con Washington, a riesgo de sufrir serias represalias del poderío militar y económico norteamericano. Pero la nación más inestable, aunque tenga una apariencia monolítica, es Arabia Saudita, con fuertes facciones fundamentalistas en su seno, que buscan derrocar el tradicional régimen feudal e instalar una república teocrática al estilo iraní o afgano. Sin embargo la presencia militar estadounidense en su territorio, seguramente frenará cualquier aventura en este sentido. No olvidemos que es el primer productor del Mediano Oriente y el mayor exportador de petróleo para Occidente, especialmente para Europa, así que cualquier intento de cambiar ese estado de cosas recibirá una enérgica respuesta de parte de las naciones occidentales y hasta de Japón, también muy dependiente del crudo árabe.
El terrorismo europeo
Otros focos de terrorismo han sufrido consecuencias desiguales a raíz de la guerra. En Irlanda del Norte se avanzó decididamente hacia una solución negociada, aunque se nota todavía las usuales suspicacias y algunos actos de violencia entre las comunidades católicas y protestantes, que –después de décadas de enemistad-- siguen como perros y gatos a pesar del acuerdo político. Pero en el continente europeo, España no ha tenido la misma suerte, pues han seguido los atentados de la organización separatista vasca ETA, a pesar del enérgico rechazo que causan sus bárbaras tácticas entre la población española, incluyendo la de las provincias vascas. Realmente nadie puede entender lo que persiguen los fanatizados miembros de dicha organización, pues está visto que la mayoría de los vascos favorece continuar su asociación con el estado español, una relación que representa muchas ventajas para dichas provincias.
Los separatistas harían bien en inyectarse una buena dosis de realismo político, e integrarse a una lucha civilizada por lo que ellos consideran sus derechos, en lugar de acudir a métodos enérgicamente sancionados por la comunidad mundial, especialmente después de los sucesos del pasado septiembre, que ha creado una fuerte corriente de opinión contraria a toda actividad terrorista. Si dichos inadaptados recurrieran a los principios democráticos, se comprobaría nuevamente lo que han indicado sendas votaciones y encuestas, o sea que la mayor parte de la población vasca solo aspira a vivir y prosperar en paz, dentro del progresista estado español.
Terrorismo y narcotráfico en América
Los avances logrados en materia de democracia y derechos humanos, junto con la novedosa situación internacional que existe después del fin de la guerra fría, exige que se deseche la violencia como medio para dirimir diferencias políticas y se respete la voluntad mayoritaria. Estos mismos principios deberían aplicarse también en Colombia, donde existe una incomprensible resistencia de las facciones guerrilleras y paramilitares en abandonar las armas e integrarse pacíficamente a la lucha política. Si esto sucediera, ganarían todos los sectores y especialmente la sufrida población civil, que ha tenido que aguantar por décadas los efectos de la sangrienta guerra civil y los actos terroristas que se han escenificado en ese país.
La actual coyuntura mundial, con la superpotencia y sus aliados en pie de guerra contra toda organización terrorista (ya la FARC, el ELN y las AUC han sido definidas como tales por EE.UU.), debería ayudar a los lideres de grupos ilegales a que recapaciten y terminen de una buena vez otro de los persistentes y absurdos conflictos de la era contemporánea. La actual actitud dura del gobierno colombiano –al darle un ultimátum a los grupos guerrilleros- es comprensible ya que ahora está mucho más apoyado por EE.UU. en su doble empeño de erradicar tanto el terrorismo como el narcotráfico –dos lacras sociales que afectan grandemente a ese país–, por lo cual se esperan decisiones trascendentes dentro de la guerra civil, posiblemente antes de termine el conciliador período presidencial de Pastrana. El vecino Perú podría recibir un tratamiento similar, al considerarse los debilitados grupos guerrilleros Sendero Luminoso y Tupac Amaru como organizaciones terroristas, frecuentemente asociados con el cultivo y trafico de plantas psicotrópicas.
En fin, la presente guerra total al terrorismo, declarada por EE.UU. con el apoyo de sus aliados europeos, quizás tenga una consecuencia positiva en América, ya que los conflictos en Colombia y Perú pueden estarse dirigiendo finalmente hacia soluciones duraderas. Sin embargo en Asia la situación es mucho mas compleja, que hace temer encarnizados enfrentamientos militares, muchas convulsiones sociopolíticas y renovadas tensiones entre la cultura occidental y la islámica, a pesar de que muchos se empeñen en negar el “choque de civilizaciones” que pronostico Huntington hace unos años.