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¿Estamos construyendo el socialismo? Pedro Campos Santos Jueves, 24 de julio de 2008 La dirección actual pudiera estarse acercando ya a un efectivo abordaje del problema fundamental: qué tipo de socialismo queremos.
Esa pregunta la hizo el General de Ejército Raúl Castro en su importante primer discurso como nuevo Presidente de Cuba ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 11 de julio pasado, Esta interrogante y otros elementos del discurso sugieren que la dirección actual de la Revolución pudiera estarse acercando ya a un efectivo abordaje del problema fundamental, el determinante, el que tiene que ver con todos los demás problemas de la sociedad cubana y de los cubanos: qué tipo de socialismo queremos.
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El tema subyace y se desplaza difusamente por toda la intervención del líder revolucionario cuando se refiere al sentido de pertenencia de los trabajadores; al criticar el burocratismo, el igualitarismo y los excesivos subsidios fuentes de corrupción; al estimular la validez del poder soberano de la Asamblea Nacional por encima del Consejo de Estado; al promover que las leyes sean discutidas por todo el pueblo; al mostrar modesto respeto en el trato hacia los funcionarios; al evidenciar un estilo de dirección colectiva; al llamar nuevamente a todos a pensar y a aportar sobre las soluciones a los problemas planteados, al señalar que las regiones deben resolver ellas mismas sus constructores, maestro y policías y especialmente al reconocer cabida en el socialismo al cooperativismo y al trabajo por cuenta propia además de a las empresa estatales. También al llamar a “virarse para la tierra”, está haciendo un planteamiento de fondo, más allá de la simple convocatoria a aumentar la producción agrícola. Ya se había dicho: la autosuficiencia alimentaria es un problema de seguridad nacional. Se trataría de un cambio en el esquema que pretende resolver los problemas del país a partir de “una economía de servicios mercantiles” para un mercado capitalista externo y el reconocimiento tácito de su fracaso. Con este discurso, donde hay un tratamiento a fenómenos medulares de la problemática actual cubana, quedan en un segundo plano los simples llamados a la disciplina y a combatir el “robo” que han estado caracterizando las apelaciones de una parte del aparato burocrático. Para Raúl, los problemas son mucho más graves y complejos, como se observa cuando trata de explicarse la actitud indiferente de los trabajadores y sus soluciones apuntan a las relaciones de producción, propiedad, distribución y consumo, más que a la arenga exhortativa inmovilista. La propuesta del nuevo anteproyecto de ley de seguridad social contiene algunos elementos que beneficiarían a los trabajadores, pero otros son muy controvertidos, por lo cual pudiera no ser éste el momento más oportuno para su discusión, cuando la gente espera decisiones que claramente beneficien a las mayorías y nos encontramos abocados a un proceso de transformaciones que demandarán mucho apoyo popular. El propio concepto de seguridad social y sus vías de realización en el socialismo merecerían ser reconsiderados. Aún cuando el nuevo gobierno ha eliminado algunas viejas y absurdas prohibiciones, ha mostrado un estilo de dirección más flexible y tolerante y ha estado dando pasos para tratar de aligerar los problemas más agobiantes como la alimentación, el transporte y la vivienda, todo lo realizado hasta aquí no ha cambiado en nada el esquema básico del cada vez más resquebrajado sistema estatal asalariado que, ya sabemos, conduce al desastre. La recién anunciada repartición de tierras ociosas pudiera ser un paso en un nuevo camino, si es acompañada de la liberación de la tutela burocrática estatal que frena y desestimula las iniciativas de los colectivos laborales y en cambio, éstos reciben apoyo y créditos del estado. Para el 26 de Julio próximo muchos esperamos otras medidas, de nueva orientación socialista. Socialismo por la vida
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Edmundo Font
Miguel Molero
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