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Opinión y Análisis

La escena geopolítica
Bush y la nueva Europa
Roberto Palmitesta D.

 
Martes, 19 de junio de 2001

George W. Bush arribando a Madrid

Foro sobre los caminos europeos

Foro sobre el papel de los Estados Unidos

Foro sobre la Globalización

OTAN

Unión Europea


Quizás ningún otro presidente estadounidense haya generado tanta polémica en su primer viaje a Europa, región tradicionalmente amistosa hacia EUA tanto por haber sido la potencia determinante de la victoria aliada en las guerras mundiales, como por los estrechos lazos militares y comerciales que han tenido en tiempos recientes. A juzgar por los discursos de Bush en Madrid y Bruselas, el nuevo presidente se mostró siempre a la defensiva, tratando de justificar sus primeros actos de gobierno, en los cuales asumió posiciones controvertidas frente a la problemática mundial, a veces usando argumentos simplistas y poco convincentes para apoyar sus políticas en el campo de la ecología, la defensa, las alianzas y los derechos humanos. Como lo resumió un alto funcionario de la actual administración, para justificar el periplo de Bush : "La percepción usual de los europeos sobre Bush es la de una mezcla de tejano chistoso, superficial y arrogante, con la de un fanático cristiano anti-aborto; el viaje está diseñado para disipar esa imagen".

George W. Bush con José María Aznar, presidente del Gobierno Español
No hay duda que Bush está consciente del rol de EUA como principal potencia militar y económica del nuevo siglo, después de la debacle del mundo comunista a principios de los 90, eventos que fueron acelerados por su propio padre y seguramente su consejero cercano en sus decisiones trascendentes. Pero Bush, al ir contra la corriente, ignoró en sus primeros meses que su victoria electoral fue por estrecho margen, y que la mayoría popular votó por los demócratas, generalmente más moderados en su política internacional y ambiental. Ahora deberá tomar en cuenta el hecho de que su partido acaba de perder la mayoría en el Senado debido a algunas discrepancias internas hacia sus políticas económicas, en las cuales se evidencia un desprecio por el aspecto ecológico y un deseo de favorecer a los grandes intereses industriales.

En sus diálogos con los líderes europeos, Bush trató de defender -sin mucho éxito, al menos según los primeros comentarios periodísticos-- su plan defensivo basado en un ambicioso proyecto, propuesto por Reagan y descartado luego por su padre al constatar su irrevelanca a la luz de la desintegración del imperio soviético. Ante las críticas iniciales de los aliados europeos de la OTAN -que no participaron en el proyecto-- Bush tuvo que agregar ahora que dicho plan sería para proteger también a Europa, una modificación obviamente hecha a destiempo para dorar la píldora. La nueva versión del plan implica que se trata de un escudo defensivo del mundo "euro-atlántico" (que incluiría a Rusia, si esta nación se integra eventualmente a la EU y la OTAN) para defenderlo de un ataque de parte de paises agresivos y recalcitrantes, refiriéndose a Irán, Iraq, Libia y Norcorea. Pero aunque éstos poseen cierto potencial para constituirse en una amenaza creíble, en la práctica es poco probable que lo logren en el cambiante panorama geopolítico y en plena era de la globalización cultural y económica, donde los diversos intereses nacionales están muy relacionados con la estabilidad regional y la paz mundial. De hecho, recientemente se ha notado una aproximación de dichos países hacia Occidente, y en especial hacia EUA, quizán reconociendo en que el conflicto permanente no produce resultados concretos para sus pueblos.

George W. Bush con Tony Blair en Bruselas
Como era de esperarse, su aliado incondicional -el Reino Unido- defendió el plan a cuenta de la tradicional solidaridad del mundo anglosajón, siendo EUA el heredero lógico del "glorioso imperialismo británico". Y en la España conservadora de Aznar, Bush también recibió cierto apoyo, aunque se desvió hacia el aspecto económico, con una clara referencia a la cooperación en sus inversiones actuales en América Latina, donde ambos países llevan la delantera. Quizás también lo vio con simpatía el novel primer ministro italiano Berlusconi, con un gobierno de centro-derecha integrado por partidos de tendencia claramente xenófoba, separatista y neoliberal. Pero países claves de la UE como Francia y Alemania, siguieron manifestando su oposición al debatible escudo defensivo, máxime cuando ambos favorecen una fuerza regional propia y pretenden liderar la política europea en el futuro inmediato, aunque imprimiéndoles una tendencia más liberal para complacer a las facciones ecologistas en sus respectivos gobiernos y el creciente sentimiento populista de sus electorados.

Como era de esperarse, en los sitios donde estuvo Bush durante su gira europea, se presentaron las usuales manifestaciones de jóvenes activistas, que vociferaron -a veces con inusitada violencia - su protesta tanto contra la globalización económica como contra las políticas militares, ecologicas y de derechos humanos de la nueva administración norteamericana. En ningún otro país se hizo más evidente que en Suecia, nación tradicionamente neutral y moderadamente socialista, donde grupos anárquicos manifestaron violentamente contra el escudo defensivo de Bush y su renuencia a cumplir el acuerdo de Kyoto para combatir el calentamiento global, así como contra la postura norteamericana hacia la pena de muerte.

George W. Bush con Goeran Persson de Suecia
En Gotemburgo también hubo una reunión trascendente de los 15 países de la Unión Europea, que decidieron incluir en su próximo parlamento a los 12 vecinos europeos aspirantes al ingresar al bloque regional, para así formar eventualmente una "gran Europa" de 27 estados democráticos y autónomos, pero unidos por el interés común de la paz y la prosperidad. O sea, una reedición del ambicioso sueño de Napoleón Bonaparte, esta vez sin la dominación de un solo estado, y claramente diferenciado de la América allende el Atlántico. Curiosamente, no se incluía a Rusia dentro de ese plan, como si no perteneciera a Europa, y tampoco se habló de la "comunidad euro-atlántica" que proponía Bush como oyente, invitado a asistir a la reunión europea pero algo ignorado, al igual que su polémico plan defensivo, que Europa parece no aprobar ni necesitar en forma unánime.

Es comprensible que Bush, quien recuerda que su padre perdió la reelección por el pobre estado de la economía, no quiera correr la misma suerte en el 2004, y haga énfasis tanto en el papel reactivador del costoso plan defensivo, como en resolver a como dé lugar las deficiencias energéticas actuales de EUA, heredadas del largo período de petróleo barato y abundante de los últimos tres lustros. Como empresario petrolero que fue antes de meterse en política, Bush sabe que la economía estadounidense se mueve gracias a la amplia disponibilidad de energía, y no tiene escrúpulos ambientalistas en favorecer cualquier iniciativa tendiente a evitar las carestías energéticas, aunque tenga que recurrir a la desprestigiada energía nuclear o la explotación petrolera de parajes con una ecologia delicada. Pero consciente de la polémica generada, Bush suavizó su posición ofreciendo discutir "una alternativa más práctica al acuerdo de Kyoto".

George W. Bush con Vladimir Putin de Rusia
El punto culminante del periplo de Bush se presentó en Eslovenia con la esperada reunión cumbre con Vladimir Putin. En Varsovia, un día antes, Bush propuso intensificar la política de apertura hacia el este de Europa, y como buen diplomático trató de borrar la impresión que se tiene de los recientes intentos de la OTAN para aislar a Rusia por temor de un resurgimiento militarista que pueda atentar contra la seguridad atlántica.

Seguramente, el sitio de su discurso fue escogido para enfatizar el inminente ingreso de Polonia en la OTAN, habiendo sido este país un satélite soviético antes de reafirmar su autonomía y catalizar los eventos que condujeron al derrumbe del comunismo en Europa Oriental.

George W. Bush con Alexander Kwasniewski, presidente polaco
En el mismo discurso, Bush recalcó la oferta a Rusia - esbozado anteriormente en la era de Clinton y Yetsin - de que se integre eventualmente a la OTAN y a su "comunidad euro-atlántica", algo que Putin siempre ha visto con reservas, aunque a veces pareciera que trata de acercarse a Europa Occidental y hasta capitalizar su todavía formidable arsenal nuclear para ofrecer a Europa el liderazgo y la protección militar rusa, sin necesidad de la presencia paternalista de EUA. Bush también debe estar viendo con suspicacia el creciente acercamiento de Rusia hacia las ex repúblicas soviéticas de Asia Central, tratando de revitalizar las estrechas relaciones que disfrutaban en otra época, todo mientras Putin muestra una preocupante afinidad con China Popular, potencia emergente y ahora el principal antagonista de EUA en el contexto mundial.

Precisamente, la reciente visita de Putin a Shanghai, justo días antes de su encuentro con Bush, no podía ser mejor planeada por el astuto ex funcionario de la KGB, para así fortalecer la posición contraria al debatido escudo antimisilístico, compartida plenamente por la potencia asiática, con la cual ha firmado sendos acuerdos de cooperación económica, tecnológica y militar. Y a pesar de las frases conciliatorias de Bush en su trascendente discurso de Varsovia ("América y Europa ya no son enemigos de Rusia"), repetidos luego en Liubliana frente a Putin en la conferencia de prensa, no es un secreto que tanto la derecha como la izquierda rusas siguen viendo con recelo el ingreso a la OTAN de las repúblicas que antes eran aliadas incondicionales de la URSS. Al ingresar eventualmente las tres naciones Bálticas y Ucrania, todas limítrofes con Rusia y antes parte del imperio soviético, es obvio que el territorio ruso estaría más expuesto al acoso militar de Occidente, algo que no debe gustar al influyente estamento militar ruso, pilar de la política nacionalista de Putin y habitualmente suspicaz de las intenciones occidentales. Consciente de la relativa importancia de Rusia en el contexto europeo, Putin insistió que si se van a echar por la borda el acuerdo antimisilístico de 1972, y si van a ser socios constuctivos, las decisiones en materia defensiva deberían tomarse conjuntamente y no el la forma unilateral en que se han anunciado desde Washington.

George W. Bush con Vladimir Putin de Rusia
En suma, Bush y Putin salieron ambos fortalecidos de la cumbre de Eslovenia, demostrando al mismo tiempo una inesperada capacidad para la diplomacia y una disposición para desactivar los estertores negativos de la guerra fría, dirimiendo las diferencias que separó a los dos potencias durante ocho décadas, y que en cierta manera todavía persisten. Prueba de ellos es el hecho de que ambas naciones siguen apuntándose los misiles a sus principales ciudades, y no han reducido sustancialmente su respectivos arsenales nucleares. Y el acceso de la nueva administración republicana, con su enfoque conservador y miitarista, no ha contribuído mucho en suavizar las tensiones naturales del período de transición, marcado todavía por la desonfianza entre naciones con ideologías contrastantes y que se amenazaron por medio siglo con la destrucción mutua.

Pasará algún tiempo antes de que se pueda evaluar los resultados de la reciente gira de Bush por la nueva Europa, pero -aparte de reanudar el acercamiento entre Rusia y EUA, casi interrumpido desde el acceso de Putin al poder- esperamos se haya dado cuenta que el viejo mundo ya no está compuesta por naciones que se recuperan de la vorágine fascista, y que éstas no parecen satisfechas de seguir en una posición subalterna en los asuntos mundiales. Europa está formada ahora por países generalmente prósperos y democráticos que tratan de formar una estrecha alianza política y económica de 27 naciones, el bloque más pujante del planeta, no sólo para recuperar el papel predominante que han tenido los europeos en épocas pasadas, sino para convertir la UE en un nuevo polo de poder en el cambiante mundo posterior a la guerra fría. Muchos observadores le dan la bienvenida a una nueva Europa, unida y poderosa, que pueda hacer un contrapeso efectivo a la actual superpotencia mundial, y así evitar los vicios siempre asociados con la arrogancia del poderío hegemónico.

palmit@cantv.net

 

 

 
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