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Gobernabilidad cubana. Luis Marín Domingo, 14 de diciembre de 2008
Gobernabilidad e ingobernabilidad tradicionalmente se asocian con el tema de la estabilidad de los sistemas políticos. Se perciben simplemente en el hecho de que haya o no ciertos disturbios. Pero últimamente se vincula con la capacidad de la administración para satisfacer las demandas crecientes de la población.
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El modelo cubano consiste en proporcionarle a la población satisfacciones simbólicas sustitutivas. Ellos creen y quieren hacer creer que se encuentran en una guerra universal contra el imperialismo, al que identifican con los Estados Unidos (para ellos, Rusia, China o Persia, no son imperios). Pero no solo eso: cada día le propinan clamorosas derrotas. En su visión, Cuba está ganando esa guerra: EEUU ha sido humillado y se encuentra de rodillas; pero para la victoria final, hace falta resistir solo un poquito más. De manera que todas las penalidades que sufre la gente cotidianamente: los apagones, la falta de transporte público, de comida, de servicios básicos, el racionamiento, son consecuencias de aquella guerra mitológica, no de las desastrosas políticas del gobierno y de la asfixia de la iniciativa privada. Cuba se percibe a sí misma como si fuera una plaza sitiada por fuerzas enemigas y el deber de todo cubano en estas circunstancias es resistir, aportar su cuota de sacrificio y soportar las calamidades como un soldado. De manera que el régimen no le resuelve ningún problema a la población, sino que le exige cada vez mayores sacrificios. Eso sí, si alguien reclama algo o intenta alguna crítica, está resquebrajando la moral de la tropa y se convierte en un traidor, en un quinta columna, en un agente del imperio. En tiempos de guerra, dicen los carteles en La Habana, la disidencia es traición. La respuesta cubana a problema de la ingobernabilidad es una mezcla de ideología y represión. Cuando una colectividad reclama trabajo, seguridad, servicios públicos, vivienda: se le puede dar casa, dotarla de servicios, etcétera; o bien decirle que se espere hasta que llegue el socialismo, porque aquellos son males del capitalismo, etcétera. Ese es el modelo que se quiere implantar en Venezuela: Postergar la satisfacción de las expectativas hacia un futuro que nunca llegará. PARADOJAS CUBANAS. Miguel Ángel Moratinos y José Miguel Insulza, en sus roles de canciller de la Internacional Socialista y Secretario General del Foro de Sao Paulo, respectivamente, abogan porque Estados Unidos suspenda de manera unilateral y sin condiciones el "bloqueo" contra Cuba; aunque deberían saber, por la profesión que ejercen, que en EEUU se prefiere utilizar la expresión "embargo", económico y financiero, que no es lo mismo ni se escribe igual. Y es que esta palabra tiene resonancias jurídicas que no les conviene recordar a unos sujetos que no dicen ni una palabra sobre las compensaciones que el régimen tiene que pagar a los cubanos y a las empresas extranjeras que fueron confiscadas sin compensación alguna por la dictadura de los hermanos Castro. Los primeros en demandar el embargo fueron los mismos cubanos, que ante la inoperancia de los tribunales cubanos acudieron a instancias internacionales para conseguir satisfacción a sus derechos, que eran atropellados en la isla. Así consiguieron la congelación de cuentas y el embargo de activos cubanos en el exterior, que resultaron insuficientes para cubrir todo lo que se robaba la familia Castro en el interior. Pero es el caso que a Moratinos e Insulza todo esto les da risa, porque, como buenos socialistas que son, les tienen sin cuidado los derechos ajenos; pero es que tampoco dicen ni una palabra por los fusilados, exiliados, presos políticos y sus familias; mientras quieren seguir apareciendo como defensores de los derechos humanos y partidarios de un socialismo "humanista", lo cual, ya más que risa, lo que produce es repugnancia. Pero por otra parte, como diplomáticos profesionales no tienen excusa para no saber que el "bloqueo" es una institución propia de un estado de guerra, por lo que con su actitud, avalan y confirman el mito de la guerra antiimperialista, que no existe en la realidad ni nunca ha existido. Parece mentira que haya que decirlo pero, señores: no hay tal guerra entre Cuba y EEUU. Además de estado de guerra el bloqueo tiene que ser declarado por la potencia bloqueante y hacerse efectivo en el sitio, mediante escuadras de bloqueo, que en forma material y visible impidan el acceso a las costas enemigas. ¿Algo así está ocurriendo en Cuba? Que el régimen cubano opere sobre la base de mentiras y propaganda es algo propio de su naturaleza; pero no deja de sorprender que sean secundados en sus trapisondas por tantos socialistas en el mundo entero, que se hacen pasar por personas serias e intelectuales de mucho lustre. Pero lo más sorprendente es que todos los días el régimen castrista proclama su victoria sobre el bloqueo y que es EEUU quien se encuentra "aislado" en su política hacia Cuba. 150 países, dicen, tienen relaciones normales con Cuba en desacato a las leyes gringas. No advierten que, para que haya bloqueo, éste tiene que ser efectivo, de lo contrario, tanto como que no hay bloqueo; pero es que el régimen cubano nunca ha entendido de principios, tanto menos va a entender del principio de efectividad. Nada es tan preciado como la libertad y la independencia, de manera que todos estos sacrificios de medio siglo no son nada frente a estos valores que han sido conquistados a sangre y fuego, etcétera; pero todas las penalidades de la población encuentran explicación en el bloqueo, todos los fracasos económicos del régimen tienen allí su justificación. Finalmente, EEUU tiene que suspender ese bloqueo ineficaz porque es la única manera de que el país despegue económicamente, o sea, Cuba como que no es tan independiente. Pero lo que riza el rizo es la proclama de Raúl Castro de que los esfuerzos de esta etapa están dirigidos a reducir la dependencia alimentaria del exterior, es decir, ¡de los EEUU!, de donde importan el 80% de los alimentos esenciales para la supervivencia diaria de los cubanos. IGUALDAD CUBANA. Todos los socialistas, de aquí y de allá, juran que van a establecer "la igualdad", que nos van a hacer iguales; pero no responden las preguntas esenciales: ¿Iguales a quién? ¿Iguales en qué? Porque desafortunadamente para los socialistas, una igualdad universal y en todos los aspectos no sólo parece imposible sino que resulta indeseable, no sea que pasemos de las consideraciones estrictamente económicas, de poder y prestigio, a las que conciernen a la cultura, la estética, el peso y la medida. Pero por suerte tenemos allí al lado un experimento de ingeniería social que lleva ya dos generaciones y en el que ya se podría observar algún rasgo de lo que es o debería ser la "igualdad socialista" que tanto se proclama. No nos detengamos en el hecho de que Fidel Castro tiene ya años en terapia intensiva y sería cuestión de irse preguntando no sólo quién paga esa cuenta en la clínica, sino esa otra más acuciante de: ¿Cuántos cubanos pueden darse ese lujo? Porque todo el que haya tenido un familiar en terapia intensiva sabe lo que eso significa, al menos económicamente hablando. Hemos visto, con cierta perplejidad, a médicos españoles que viajan a La Habana a atender a Castro y luego aparecen orgullosamente dando testimonio sobre su estado de salud, pero ninguno dice cuánto cuestan esas consultas, aunque siendo comunistas renunciaran a sus honorarios, ni a cuantos pobres cubanos ellos atienden con tanta diligencia. La sociedad cubana ha devenido en un régimen de castas, con un fuerte componente racial, político y cultural, en el que hay que colocar en la cúspide a la casta militar. Ciertamente, los militares controlan no sólo el territorio propiamente dicho y a todos los que viven en él, sino que se reservan los mejores lugares para vivir y para el esparcimiento. Controlan además las rutas de comercio de importación y exportación, por lo que sus despensas nunca están vacías, pero además pueden decidir quién tiene qué, cuanto y cuando. Durante la aventura africana, lograron experticia en el tráfico de armas, marfil y diamantes (todos ilegales) y los cambiaban en el mercado negro por todo el avituallamiento que necesitaba un ejército mercenario. En virtud del tráfico que montaron con Noriega en Panamá, fue que Castro encontró la excusa para fusilar al General Arnaldo Ochoa y sus colaboradores, por tener contactos con los narcos colombianos, pero en realidad porque tenía el apoyo soviético para convertirse en su sucesor. Los militares son una casta privilegiada que acapara los cargos de poder, sólo equiparable al partido comunista y a los servicios de seguridad del estado o policía política. Es proverbial la competencia entre el MINDEF y el MININ por controlar la burocracia, que con el ascenso de Raúl Castro parece haberse decidido a favor del ejército. Al contrario de lo que ocurrió en la URSS, en que el poder fue tomado por la KGB, desde los tiempos de Andropov, pero que ha alcanzado su clímax con la "dictadura de la ley" de Vladimir Putin. Cuba es el país con las desigualdades sociales más abrumadoras de todo el continente americano, con el agravante de que no hay esperanza de movilidad social sino a través de la molienda de un sistema totalitario en el que todos los caminos conducen al incondicional sometimiento a la familia Castro. Los militares son directamente responsables por respaldar con la fuerza de las armas la dictadura y haberlas puesto al servicio, no de la defensa nacional y la soberanía del pueblo, sino al despojo de los bienes y derechos de los cubanos. El pago que han tenido, de ser dueños de vidas y haciendas, no compensará para nada la condena que les tiene reservada la conciencia de la humanidad, cuando se haga el balance del régimen más oprobioso y más cruel que jamás haya existido en la historia de América Latina, ciertamente prolija en dictadores extravagantes y atrabiliarios, pero que hasta ahora no habían logrado constituir una sucesión como la de los Castro. Cualquier parecido con otras realidades NO es pura casualidad.
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Juan Pablo Pérez Castillo
Carlos R. Padilla L.
Miguel González Marregot |
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