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Opinión y Análisis

La Escena Geopolítica
¿Nuevos polos de poder en América?
Roberto Palmitesta D.

 
Viernes, 3 de noviembre de 2000

Recientemente, los medios reseñaron alusiones a la creacion de un nuevo polo de poder que hiciera contrapeso a la desmedida infuencia norteamericana en los asuntos hemisféricos. Ciertamente, este proyecto se ha reavivado en vista de la creciente amistad del mandatario venezolano con el carismático líder cubano, y tiene que ver tanto con las ambiciones frustradas de Castro como con los deseos de Chávez de llenar el crónico vacío de liderazgo en el ámbito latinoamericano. Este vacío ha permitido una constante interferencia del coloso del norte en el sector latino del continente, que a menudo se considera despectivamente como “el patio trasero de EE.UU.”. Es interesante analizar primero en qué medida sería posible el ambicioso proyecto de desafiar al coloso del norte, en base tanto a las realidades de la geopolítica como a las experiencias del último medio siglo, lleno de conflictos y altibajos en las relaciones hemisféricas, y durante el cual Estados Unidos ha progresado rápidamente hasta convertirse en la única superpotencia global después de la debacle del imperio soviético.

Antetodo, cabe recordar que la Doctrina Monroe, desde 1823, ya reservaba para la potencia emergente anglosajona el control y la supervisión de los asuntos hemisféricos, aunque formalmente se dijera que era para proteger la soberania de las nuevas naciones latinoamericanas y evitar nuevas colonizaciones europeas en el continente. Luego, a finales del siglo XIX, EE.UU. desaloja militarmente de América a los últimos reductos del imperio español (Cuba y Puerto Rico), aunque permite que la Gran Bretaña, Francia y Holanda conserven sus colonias en Centro, Sudamérica y el Caribe. Finalmente, en los inicios de la Guerra Fría, se firma el famoso tratado de seguridad interamericana de Rio de Janeiro , donde EE.UU. se erige prácticamente en el protector del resto del continente, y aunque la fraseología habla de cooperación militar para resolver conflictos regionales y evitar la interferencia de potencias extranjeras, es obvio que está dirigido a prevenir la incipiente infiltración comunista a Latinoamérica , que se intensificaría en las décadas siguientes.

Aquí es donde entra la figura de Castro, al tomar el poder en Cuba y convertirse en una potencia militar mediana en el ámbito latinoamericano, gracias al apoyo soviético. Con una excesiva dependencia hacia su padrino ruso, Cuba se convierte en otro satélite de la URSS -como las repúblicas títeres de Europa Oriental- y se vuelve una base para la interferencia comunista en los asuntos latinoamericanos, al propiciar guerrillas en diversos países, la mayoría de las cuales fueron derrotadas con la ayuda económica y militar norteamericana a lo largo de casi tres décadas. Aún después de la debacle soviética, con una Rusia que abraza el libre mercado, todavía quedan algunos reductos guerrilleros en Perú, México y particularmente en Colombia, donde existe una compleja situación política y militar, con un estado democrático pero con grupos guerrilleros y paramilitares le disputan parcelas de autoridad al gobierno central, apuntalado ahora por Washington con un paquete de ayuda financiera con un fuerte componente militar. Y, a pesar de que se alega que el plan es para la erradicación del narcotráfico, es evidente que –indirectamente- ayudará al gobierno a evitar el triunfo de las guerrillas marxistas y la aparición de una nueva Cuba.

Con un ímpetu renovado gracias al apoyo moral y económco venezolano, y aunque Cuba no tiene ya recursos para exportar su revolución, Castro incita con un verbo inflamado a seguir su ejemplo, a pesar de que su revolución no haya sido enteramente exitosa, excepto en aspectos como la educación, la medicina, las artes y los deportes, ya que tanto sus aventuras bélicas en Africa y Latinomérica como sus políticas económicas no han mejorado sustancialmente la calidad e vida de su pueblo. Castro, como ninguna otra figura política desde Bolívar, hubiera querido eregirse en el líder continental y hacer contrapeso a la dominación norteamericana, pero no pudo lograrlo ni siquiera con los recursos y la protección que le brindaba la URSS. Con ese apoyo, se pudo dar el lujo de ser brevemente una potencia nuclear, al permitir la instalación en suelo cubano de bases misilísticas, con varias decenas de cohetes con ojivas atómicas, que hubieran amenazado facilmente el este y el centro de Norteamérica, pero que luego fueron desmanteladas por los mismos rusos en 1962, ante la enérgica reacción militar de Estados Unidos.

Castro incluso trató de tener aliados democráticos, aprovechando el triunfo electoral de líderes socialistas o izquierdistas en países como República Dominicana (Bosch), Brasil (Goulart), Chile (Allende) y Nicaragua (Ortega), o la toma del poder por parte de militares izquierdistas como en Perú (Velasco), Granada (Hudson) y Panamá (Noriega), pero las iniciativas norteamericanas –en el campo militar, económico o conspirativo- convirtió esos casos en situaciones de corta duración, sin que tuvieran mucha relevancia en el panorama ideológico continental. México nunca trató de erigirse en líder continental, ejerciendo una política relativamente autónoma en el hemisferio, sin romper relaciones con Cuba, aún cuando EE.UU. obligó a las demás naciones a aislar el régimen castrista en el contexto latinoamericano. De todos modos, la proximidad de México con el coloso del norte, con sustanciales intereses comunes en el área económica, y con una décima parte de su población emigrada a EE.UU., hacen que esa nación sea poco inclinada a desafiar la hegemonía norteamericana.

Argentina trató de tomar el liderazgo latino en la lucha contra intereses anglo-norteamericanos, con su fallido intento de recuperar las islas Malvinas, pero sus recursos militares fueron muy inferiores y eventualmente tuvo que renunciar a su intento. Descartando Argentina, que recientemente se ha acercado mucho a EE.UU., la única nación con potencial de líder en Latinoamérica, es sin duda Brasil, con recursos militares e industriales típicos de una potencia mediana, aunque difícilmente podría embarcarse en proyectos bélicos por ahora, siendo su economía un flanco débil desde hace algún tiempo. Sin embargo, recientemente convocó a una reunión sudamericana sobre el tema defensivo, donde trató de tomar el liderazgo en cuestiones militares, especialmente a raiz de los efectos potenciales del Plan Colombia, aunque no se llegó a nada concreto y de esa reunión salieron sólo declaraciones generales sobre los riesgos de una intervención masiva de E.UU. en el conflicto colombiano.

En años recientes, se ha hablado insistentemente de formar un “frente militar latino” para hacer contrapeso a la superpotencia, algo que viene hablándose desde tiempos de Bolívar, pero cualquiera puede observar que es una idea poco factible, y hasta suicida, al comparar los escasos recursos militares de que disponen las naciones latinoamericanas. Así, aún sumando todo el equipamiento militar y las tropas de todas las naciones latinas, se llegaría a reunir apenas una fracción del poderío que posee el coloso norteamericano. Sólo para dar una idea, la flota de submarinos convencionales (diesel) de toda latinoamérica no llega a las 30 unidades, mientras la de EE.UU. es tres veces superior pero en submarinos atómicos, todos equipados con misiles teledirigidos y muchos con ojivas nucleares. Luego, con cualquiera de sus 42 portaaviones, cada uno con decenas de cazabombarderos, esa potencia es capaz de amenazar cualquier país enemigo u obligarla a rendirse en cuestión de horas. Incluso sumando el número total de efectivos militares de todos los países de Latinoamérica y el Caribe, no se llega a las tres cuartas partes de la cifra de militares activos de EE.UU. Pero más importante que las simples cifras, está la experiencia y el entrenamiento del personal, sin olvidar la modernidad de las armas y el equipamiento de inteligencia militar, siempre factores claves en cualquier confrontación.

De este análisis, se deriva que ningún grupo de países latinoamericanos podría formar un frente militar contra EEUU sin contar con el apoyo de alguna potencia extra-continental, como lo tuvo Cuba durante la Guerra Fría. Se descarta que cualquier potencia europea cumpla ese papel, dado la congruencia de intereses con Norteamérica, su protector natural durante y después de la última guerra mundial, así que sólo quedarían Rusia y China como candidatos potenciales. Sin embargo estas naciones, son actualmente muy dependientes del capital y el comercio con Occidente para pensar en antagonizar a EE.UU, especialmente después de la triste experiencia soviética, que empleó demasiados recursos en el área militar con consecuencias desastrosas en el ámbito económico. Y aunque Rusia tiene todavía un enorme potencial nuclear, su infraestructura militar está muy deteriorada por falta de mantenimiento, y por mucho tiempo apenas podrá librar guerras limitadas, mayormente en su zona circundante. Por su parte, China está muy lejos de compararse con EE.UU. en el aspecto militar y por el momento sólo puede aspirar a ser una potencia regional. Su apoyo a las guerrillas maoístas del Perú no han dado los resultados esperados, --ante la enérgica acción del gobierno de Fujimori- y es dudoso que se involucre ahora en Colombia ante la creciente intervención norteamericana.

Estas consideraciones pueden servir para descartar cualquier intento de desafiar a la superpotencia en el hemisferio occidental, en especial siendo Latinoamérica tan dependiente de equipos, repuestos y asesoría provenientes del norte, difícilmente sustituibles en poco tiempo por los de manufactura europea o asiática. Esto no quiere decir que Latinoamérica no se aboque a una mayor integración política, comercial y cultural, o utilice la cooperación militar entre países de la región para desactivar ciertos focos de inestabilidad del subcontinente, como ha hecho en diversas ocasiones a través de la OEA. Por ejemplo, la crisis colombiana posiblemente puede ser mejor mitigada por una fuerza de paz latinoamericana, quizás con una ocasional intermediación europea, que con la enérgica intervención norteamericana. Los tristes antecedentes de arrogantes intervenciones estadounidenses en el hemisferio, a lo largo de los dos últimos siglos, deberían inhibir a EE.UU. a seguir siendo el gendarme del continente, por la natural suspicacia que genera entre pueblos con idiosincrasia y cultura.bien distintas Además, un sólido bloque latinoamericano en la ONU sería un buen contrapeso al predominio de las grandes potencias, aunque las presiones económicas del norte tratarán de romper la unidad y dividir lealtades..

Asimismo, una integración de mercados latinoamericanos y caribeños también podría ser una cercana realidad con un poco de buena voluntad, perseverancia y flexibilidad, pero aunque se pueda integrar un importante bloque regional –a la manera del mercado común europeo- el tamaño y vitalidad del mercado estadounidense es difícil de ignorar y todavía dominará las relaciones comerciales hemisfericas, a pesar del creciente desafío de la Unión Europea y de varias naciones asiáticas.. Finalmente, en el plano cultural, un mayor intercambio y cooperación entre países con idiomas y culturas iberoamericanas, podría compensar la desmedida influencia norteamericana, que está erosionando sustancialmente las identidades culturales al sur del Rio Grande. Sin embargo, siendo tan descomunal el poder de los medios audiovisuales e informáticos, mayormente controlados desde el norte, es poco probable que esto suceda en el futuro previsible. Es obvio que sólo de un modo inteligente -y no en gestos de fútil desafío a una potencia visiblemente superior en todo sentido- la integración latinoamericana podría convertirse en un polo constructivo de poder, que contribuya realmente al bienestar de nuestros pueblos y a disminuir los crónicos problemas de pobreza, ignorancia, insalubridad, desempleo e inseguridad que tanto afectan la calidad de vida en la región, problemas de por sí bastante formidables y que deberían inhibir la consideración de bloques o aventuras militares de alto costo y dudoso beneficio.

palmit@cantv.net

 

 

 
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