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Opinión y Análisis

La Escena Geopolítica
Sigue el suspenso en EE.UU.
Roberto Palmitesta D.

 
Lunes, 4 de diciembre de 2000

Las elecciones norteamericanas siguen en un suspenso digno de Hitchcock, poniendo en entredicho el curioso sistema electoral que han usado desde hace más de dos siglos, El resultado de la controversia entre ambos candidatos es que muchos dudarán de su legitimidad en ocupar la Casa Blanca, debilitando así su efectividad en cuestiones internacionales y estratégicas. Sin un mandato claro, el resto del mundo –y especialmente los aliados europeos y anglosajones- no será tan respetuosos de las decisiones que se tomen en Washington. Aún si nadie haya hecho trampa, es lógico que ganar una eleccion por una diferencia de unos centenares de votos, dentro de 100 millones de sufragios, no indica una clara preferencia del electorado y el país seguirá dividido por un tiempo hasta que el ganador afiance su autoridad como lider de mundo desarrollado y la única superpotencia planetaria. En un estado en pugna como el de Florida, con autoridades regionales republicanas, es lógico que las decisiones de sus funcionarios –y especialmente el del gobernador Jeb Bush, hermano del candidato- provoquen ciertos resquemores. Y con el congreso dividido en partes iguales entre los bandos en pugna, si llegara el asunto hasta esa isntancia el voto de desempate sería quizás el del vicepresidente Gore, que la constitucion lo pone en la curiosa posición de ser también el presidente del Senado. En estas situaciones conflictivas -dignas de la columna de Ripley- el resto del mundo ya se encuentra fastidiado de la minuciososa batalla legal por lo recuentos en cortes supremas estatal y nacional, y sólo espera que pronto saldrá humo blanco que anuncie “habemus presidente”, para que la superpotencia se dedique a la transición y a asumir sus graves responsabilidades como gendarme autoimpuesto en un mundo globalizado.

El desprestigio de Fujimori

En Perú, la noticia de la renuncia de Fujimori hizo regresar al país a una relativa normalidad democrática, poniendo fin a una década de un gobierno tecnocrático, insensible e inmoral, lleno de aciertos pero también de desmanes, cometidos evidentemente al amparo de un presidente autoritario y ambicioso. La gota que derramó el vaso fue la insistencia de Fujimori en reelegirse para un tercer período, enmendando autoritariamente la constitución gracias a su mayoría parlamentaria. Este año, su estrecha y cuestionada victoria electoral no fue aceptada de buen grado por las masas, que al principio aceptaron sus logros en las cifras macroeconómicas y la doma de la guerrilla, pero no le perdonaron los altos indices de pobreza y desempleo, ni la arrogancia y arbitrariedad con que gobernó, ni el haber involucrado al Perú en una guerra innecesaria con Ecuador para elevar su menguada popularidad. Y si bien logró controlar el cultivo de coca, éste se trasladó al sur de Colombia, desde la zona selvática peruana que antes perteneció a Ecuador.

Todos concuerdan en que las fechorías de Montesinos en materia de derechos humanos, que antes apenas se rumoraban pero que finalmente salieron a la luz pública, no pudieran haberse cometido sin el consentimiento del presidente.

Pero fue el soborno de parlamentarios -comprobado por el famoso video- para lograr una mayoría circunstancial en el congreso, lo que terminó de descalificar al Perú dentro del contexto de las democracias mundiales. La lección está clara, y se repite el famoso dicho de Lord Acton, sobre el trriste potencial del poder total para corromper totalmente, como se ha comprobado tantas veces en la historia, pero pareciera que nunca termina de ser digerido por los autócratas. Todo para pasar a la historia por la puerta trasera, como hizo Fujimori al refugiarse en Japón después de un viaje oficial, para no encarar la justicia peruana y a sabiendas que no tiene tratados de extradición con Perú. Lo cual incita necesariamente a comentarios maliciosos, especialmente a la luz de los pingues negocios de armas que –ya se sabe- hizo su protegido Montesinos al amparo del gobierno, y que pusieron a Fujimori en las malas con Washigton, en un principio esperanzado por sus políticas neoliberales. Como ingeniero, Fujimori quizás hubiera hecho un buen papel dirigiendo un ministerio como el de obras públicas o el ambiente, pero al meterse de lleno en la política y al ejercer sus aficiones autoritarias, no le dejó un legado edificante a su país adoptivo, aquejado en el pasado tanto por dictaduras de derecha e izquierda, como por desastrosos gobiernos populistas, que lo mantienen claramente dentro de los países menos desarrollados del hemisferio. Con el balance negativo de la era Fujimori, Perú comprobó que un gobierno neoliberal y autoritario tampoco es la respuesta a sus males, y todos esperan que en el período democrático que se inicia, se logre reclutar a mejores líderes y funcionarios, que sean capaces y éticos a la vez.

Sigue estancado el proceso de paz en el Medio Oriente

Con nuevos enfrentamientos en las zonas ocupadas y actos terroristas en pleno Israel, la región sigue atribulada por la violencia, que quizás sólo disminuya al aproximnarse la época navideña pero que luego se reanudará seguramente con el nuevo año si no se concretan mejores iniciativas. Un nuevo intermediario apareción hace poco, la Rusia de Putin, que aprovechó la confusion por la disyuntiva en las elecciones norteamericanas para entrar en la escena y tratar de ganar puntos en la diplomacia internacional. Conociendo Putin la ascendencia con el movimiento palestino en la época soviética, invitó a Arafat a Moscú y lo convenció que llamara a Barak desde allá para reiniciar las conversaciones de paz. Pero el plan ruso no convenció al gobierno israelí, ahora ocupado de lleno en religitimar su mandato con elecciones anticipadas, en vista de las grandes diferencias que existen en el seno de esla sociedad sobre la conducción de las relaciones con Palestina. Posiblemente regrese al poder el “duro” Netanyahu, promotor de los asentamientos israelíes en las zonas ocupadas, que actualmente han causado tantos enfrentamientos y cerca de 300 muertos en los tres meses de a nueva Intifada. Es evidente que esa nefasta política fue un gran desacierto, en vista de los acuerdos de convivencia de Oslo y Washington, y ante la eventualidad del regreso total de las zonas ocupadas a los palestinos. No es de extrañar, entonces, que éstos hayan rechazado la última oferta de Barak, de entregar un poco más e territorio a cambio de una tregua, puesto que cualquier acuerdo tendría que esperar el resutado de las elecciones parlamentarias. No olvidemos que las zonas ocupadas formaban parte de la región árabe en los planes de partición de la ONU en el 47, con una Jerusalén internacionalizada, pero luego los israelíes se apropiaron de ellas durante las guerras del 48 y 67. Siendo las guerras de conquista un acto anacrónico en estos tiempos, los israelíes harían bien en aceptar lo inevitable y acelerar su entrega definitiva si realmente quieren vivir en paz con sus vecinos arabes. Ambas comunidades se han ganado el derecho a tener una patria estable y segura, así que no tiene sentido prolongar más las absurdas fricciones entre los pueblos arabes e israelíes. Despues de todo, cabe recordar que ambas razas son hermanas y –según la Biblia- descienden del patriarca Abraham, quien a su vez emigró de la región de Mesopotamia.

palmit@cantv.net

 

 

 
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