Diplomacia viajera y protagónica María Teresa Romero
Lunes, 28 de agosto de 2000
En el mundo globalizado de hoy es cada vez más frecuente que los presidentes viajen en promoción de sus intereses nacionales. Los viajes presidenciales constituyen instrumentos de alto nivel diplomático que pueden llegar a tener un impacto muy positivo en el posicionamiento global de un país y en la consolidación de sus relaciones internacionales. El problema está en su abuso y/o mal uso.
Durante el período 1958-1998, un asunto sujeto a crítica permanente fue precisamente el de los viajes presidenciales por su alta frecuencia, sus elevados costos, su excesiva retórica y desproporcionada búsqueda de liderazgo internacional, en el Tercer Mundo en particular. Muy criticado fue el papel jugado por Carlos A. Pérez en su primer gobierno cuando los excesos de la diplomacia viajera y el afán protagónico llevaron a Venezuela -un país pobre a pesar de sus riquezas naturales y la bonanza petrolera de aquel entonces- a embarcarse en una serie de innecesarios compromisos políticos y económicos que poco se correspondían con nuestro verdadero poder y capacidades como Estado-nación.
A este patrón de conducta no escapa el presidente Chávez quien, en tan sólo 18 meses de gobierno, es el presidente venezolano que más ha viajado (29 países), superando el registro de viajes que dejaron los presidentes Herrera (17 viajes), Lusinchi (6), Caldera (12) y Pérez (27) (Tal Cual, 8 de agosto pasado). El actual mandatario ya casi supera también a los presidentes "puntofijistas" en lo que se refiere a discursos, promesas y propuestas autonomistas/tercermundistas en pro de su liderazgo y de un nuevo orden multipolar capaz de romper con la hegemonía estadounidense. Una de las desventajas de Chávez, a diferencia de varios de sus antecesores, es que tiene que moverse en una coyuntura global en que los movimientos tercermundistas y multipolaristas gozan de poco poder y prestigio.
Los excesos retóricos, protagónicos y viajeros del "puntofijismo" nunca llegaron tan lejos como los del actual Presidente porque, mal que bien, aquellos mandatarios siempre buscaron el equilibrio entre las múltiples identidades e intereses de Venezuela. Por tanto, además de tercermundista, latinoamericano, subdesarrollado y petrolero, nuestro país se valoraba como americano, occidental y democrático (en su sentido moderno liberal). El presidente Chávez, o no parece tener claro ese carácter multifacético, o simplemente hace caso omiso de ello porque persigue un proyecto internacional de naturaleza ideológica distinta (¿izquierdismo militarista de postguerra fría?). De allí que en su más reciente gira haya vuelto a desafiar a Estados Unidos (nuestro principal comprador de petróleo a la vez que principal fuente de inversiones directas) y de paso a la ONU con su visita a Hussein y Kadaffi y al pedir el cese del bloqueo a Irak, subestimando de esta forma aquellos intereses que se desprenden de sus identidades como país petrolero occidental y americano.
En todo caso, ahora como antes, no se trata de criticar por criticar los viajes presidenciales sino la forma cómo se hacen y el propósito que tienen. En buena parte, su mal uso y abuso deriva de la falta de una evaluación previa, integral y realista acerca de la necesidad de la presencia presidencial en el exterior, y debido a la carencia de un diagnóstico sobre el impacto de lo dicho y lo hecho en un determinado momento y escenario. De tal forma, en el caso, de nuevo, del maratónico viaje del presidente Chávez a 10 países de Africa, Medio Oriente e Indonesia no hubiese sido sensato preguntarse, entre otras interrogantes, ¿era imprescindible que el propio Presidente invitara personalmente a esos países a la cumbre OPEP, luego de los dos viajes realizados por el ministro de Energía, y a pesar de que los países que confirmaron su asistencia durante la visita presidencial ya lo habían hecho con anterioridad?
El Presidente está por levantar vuelo nuevamente; ahora por 10 días, en un viaje que incluye Bolivia, Brasil y Estados Unidos para asistir a la cumbre de Suramérica y la del milenio. Ojalá que esta nueva salida presidencial se haya ponderado como correspondía, y ojalá que está vez, para beneficio de nuestras relaciones tanto con el sur como con el norte del hemisferio, nuestro principal representante en el exterior pueda evitar los excesos retóricos y protagónicos.
Prof. de Política Extrior. UCV. Email: mteresa@analitica.com