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Opinión y Análisis

El disfraz del príncipe
Paulina Gamus

 
Sábado, 22 de enero de 2005

“Desde que visité Auschwitz, no he dejado de llorar cada día de mi vida”
Stuart C. Nichols, autor de “Un cristiano en Auschwitz


El escándalo provocado por la imagen del joven príncipe Harry con un disfraz de militar nazi, merece un análisis mucho más serio que el de los titulares de prensa condenatorios del hecho o los castigos a que lo ha sometido su padre. Entre éstos, ya el hijo menor del heredero Carlos y la difunta Diana ha tenido que hacer trabajos de granjero un fin de semana, y próximamente deberá conocer el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia (hoy un Museo para la Memoria del Holocausto) en una visita privada con miembros de la comunidad judía británica.

Comencemos por esto último: ¿por qué se delimita o circunscribe el hecho a un problema de judíos o a una ofensa solo contra los judíos? Más allá de que la mitad de los casi cuatro millones de seres humanos aniquilados en Auschwitz fueran judíos, y de que fuese éste el único grupo o conjunto de seres a quienes se aplicó la solución final; la ideología hitleriana y su concreción en persecuciones, ejecuciones, campos de exterminio y de trabajos forzados; se ensañó contra todo aquel que no encajara en los cánones de la pureza de sangre aria, del pensamiento nazi- fascista o del concepto que el nazismo tenía del arte en sus diversas manifestaciones. Los gitanos y los eslavos fueron declarados razas inferiores y como tal indignos de vivir. Pero igualmente tuvieron vetado el derecho a la vida los comunistas, los Testigos de Jehová, los discapacitados físicos y mentales, los homosexuales y los creadores de arte “degenerado”.

Al autoproclamar a los arios como la única raza pura, por consiguiente superior y con el derecho de dominar el mundo, Adolfo Hitler dio inicio a una guerra que causó 55 millones de muertes y la destrucción casi total de ciudades y pueblos a lo largo y ancho de Europa, incluidos los de la Alemania derrotada. ¿Concierne esa tragedia solo a los judíos o solo a sus victimarios? Si estos últimos hubiesen sido apenas los alemanes nazis, podría decirse que su derrota puso punto final al problema del antisemitismo y lo erradicó para siempre. Pero la verdad es que ese flagelo, en estado de hibernación durante los años inmediatamente posteriores al Holocausto, renace hoy con fuerza en Europa. En los tiempos de la guerra los nazis encontraron entusiastas colaboradores -en su propósito de borrar a los judíos de la faz de la tierra- en muchos de los países que invadieron y sojuzgaron. Hitler no inventó el odio antijudío sino que lo llevó a sus últimas consecuencias: el exterminio.

Culpar a un joven de veinte años (por más esmerada que haya sido su educación como tercero en la línea sucesoral del Reino Unido) de herir los sentimientos de los judíos con su disfraz nazi, obliga a tratar el tema de la Memoria, con mayúscula y el de la Responsabilidad, también con mayúscula.

Inglaterra toda: su gobierno encabezado por Winston Churchill; sus Reyes, bisabuelos del joven Harry y su pueblo, dieron una lección de heroísmo y dignidad al resto de Europa y al mundo. Contra ese país se ensañó la fuerza aérea nazi en su afán de doblegarlo, pero militares y civiles resistieron con valor singular.

Entre los recuerdos imborrables de mi niñez están los noticieros de cine que mostraban a los Reyes visitando a soldados y civiles heridos; a Churchill haciendo la señal de la victoria con sus dedos índice y medio y a las jóvenes princesas Elizabeth y Margarita, vestidas con uniformes militares, cumpliendo tareas de asistencia humanitaria. ¿Existe ese capítulo de dignidad y entereza en las lecciones de historia que han recibido las generaciones de la posguerra? Por debajo de la mesa han pasado dos encuestas recientes hechas en ese país; en la primera el 60% de la población dijo ignorar lo que significaba la palabra Auschwitz; en la segunda, el 52% de los jóvenes ingleses coetáneos de Harry, aprobaron su disfraz.

Es cierto que nadie puede ser obligado a llorar eternamente una tragedia personal o colectiva ni a vivir obsesionado por ella, pero borrar del recuerdo los símbolos de los causantes de esa tragedia resulta -más que una banalización del mal- un acto de irresponsabilidad colectiva. La culpa no es de Harry ni de los jóvenes que aplauden su conducta, sino de sus mayores que no supieron transmitirles los valores éticos que se requieren, para abominar de los genocidios y de las ideologías totalitarias que los provocaron, en cualquier tiempo y espacio.

El Gobierno de Suecia, en la figura de su primer ministro Goram Persson, comprendió la necesidad imperativa de rescatar la memoria del Holocausto como un problema no solo judío, sino como "una tragedia que cambió las bases de la humanidad”. La reaparición del antisemitismo en casi toda Europa, incluida Suecia, se transformó para el gobierno de ese país en un asunto de responsabilidad colectiva y fue así que decidió convocar en enero de 2000, el “Foro para la Memoria del Holocausto y contra todo genocidio causado por odios étnicos, raciales o religiosos”. Los Jefes de Estado de toda Europa, de EEUU, Canadá, Sudáfrica, Turquía, Israel, Brasil, Argentina, Uruguay, la ONU, la Unión Europea y El Vaticano, como Estado observador, concurrieron al Foro. El 27 de enero, fecha de 1945 en que las tropas rusas liberaron Auschwitz, quedó instituido por el Foro de Estocolmo, como el Día para la Memoria del Holocausto y las naciones firmantes de la Declaración de Estocolmo se comprometieron a destinar los mayores esfuerzos educativos e informativos, para hacer conocer a las nuevas generaciones la dimensión de esa catástrofe.

Este jueves 27 de enero se cumplen 60 años del día en que el ejército ruso encontró en Auschwitz a siete mil quinientos prisioneros esqueléticos y muchos moribundos, como únicos sobrevivientes de los casi cuatro millones asesinados en las cámaras de gas, por fusilamientos y ahorcamientos masivos; por los aberrantes experimentos médicos del doctor Joseph Mengele -“El ángel de la muerte”- o víctimas del hambre y de epidemias. En todas las capitales y distintas ciudades de Europa y de otras latitudes, se realizarán actos conmemorativos. La ONU celebrará una sesión especial el 24 de enero y al propio Campo de Auschwitz acudirán -en la fecha aniversaria- los mandatarios de la Unión Europea, la Reina de Inglaterra y el Presidente Bush, entre otros, para la conmemoración central.

En Caracas, la comunidad judía se sumará con un acto abierto a venezolanos de todos los credos e ideologías, el jueves 27 de enero a las 7 y 30 PM, en la Unión Israelita de Caracas de San Bernardino. Todo por la Memoria y la Responsabilidad.

Paulina Gamus

 

 

 
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